lunes, 29 de abril de 2013

Asu Mare: la película

No podemos no comentar la sensación del momento en el cine peruano, película que va por los 2 millones de espectadores y ha roto récords nacionales. No por ser una cinta compleja o de autor sino por supuesto una de orden masivo, del agrado del público que solo quiere entretenerse y pasar un buen rato, la que ha logrado la hazaña de convocarlo en un logro para el cine que se hace en nuestro país, que como se entiende y deseamos ayudará a proyectar más en su ruta pero además la diversidad del séptimo arte con el respaldo que contienen los fuertes ingresos del mercado (a lo que debemos sumar necesaria y realísticamente el apoyo del estado y cuanto haga eficiente y solvente el arte en la gran pantalla), que la gente vaya a verlo y disfrute/respalde lo suyo con justificación y en carácter ecléctico. Un cine peruano que merece contener un nicho sólido en el cine comercial y también en el más artístico de cara a las salas de exhibición.

Pero ¿a qué se debe el éxito?, mucho de este proviene de una buena inversión de publicidad y marcas que han puesto contundente interés en el filme; empresas que valoran su gasto económico han contribuido con la motivación poderosa de los negocios, sumando casi 200 salas de cine proyectando la película, creyendo en el background de 4 años de trabajo del stand-up comedy del protagonista, de Carlos “Cachín” Alcántara que es una figura querida por todos desde Pataclaun, pasando por La gran sangre (las artes marciales) y ser jurado en un programa de Gisela que lo mostró inteligente, hasta consolidar una fama individual en la comedia y el espectáculo. Después poner en el ecran una biografía en la que muchos se puedan sentir tocados, el hombre salido de un barrio humilde sin vocación por los estudios más que el sueño de ser un gran artista, que es palomilla y simpático de personalidad, que ha tenido una vida común a muchos, uno de los nuestros diríamos, que cae en las drogas (asunto desconocido para muchos) y que de aspirar a ser un chico in (un surfer, un muchacho de Miraflores) construye su propia historia y se haya a sí mismo, se convierte en una estrella nacional pero bailando al son de la música negra con su novia, más tarde su esposa, que viene del Colegio San Silvestre pero que tiene más barrio que él según termina calificándola.

¿Y cómo es el filme? Está bastante claro que juega con el lugar común y la sencillez argumental, son su base, su fuerza, muy al contrario del cine de arte, aquí los tópicos funcionan, la buena vibra, el relajo, todo fácil para el espectador, pero hay que notar que hay un equilibrio, la broma o la comedia no llega al estado de vulgaridad o de gratuidad, mantiene su llanura pero sin caer en el pozo de lo indecible, no tropieza y se hunde en lo bajo. Hay unas pocas lisuras, y se tratan los complejos nacionales de forma leve, como quien pasa y no quiere hacerse problemas; más al ritmo general de la propuesta, de lo intrascendente porque lo es en buena medida, de lo normal, como un trance a sortear y punto, como detalles que ubicar en el trato común. Ahonda en algunas ideas molestas con gracia, y hasta inocencia, viéndose centralmente el no poder pronunciar bien el inglés en la canción de Queen que se hace un estribillo de la discriminación (mejor a mi ver, más carismático, que lo de mestizo en el cuartel aunque no es que esté mal igual), y a pesar de que no se trata -ninguna de las dos- de mucha originalidad sirve al propósito (estudiarnos y remontarlo sin dificultad), porque es suave como el conjunto. Todo el asunto va de suelto, de tranquilo, hay que recalcarlo porque se tiende a magnificar, quizá en la interpretación propia pero más es algo pequeño, que fluye y es muy criollo pero a su vez muy universal, nuestra versión del cine americano.

Propone mucho de superación y de gratitud, esencia y sentido del filme, no todo es únicamente ordinario vivencial (que hay que decir que es muy agradable su rememoración aun sin que valgan algunas escenas mucho en profundidad, entre otras Cachín de niño tocando pésimo el cajón o el viaje de promoción a la playa). Ostenta de vida que ha padecido, a veces sin notarlo o minimizándolo como nos pasa a los seres humanos (mejor así que con la obviedad de las drogas) y que ha logrado salir de la senda del perdedor (el tocar las puertas con la venta de la lustradora, el fallar dos veces el ingreso a la universidad, carecer de oficio o profesión, el no merecer el desayuno). Y valora a la madre fuerte que los crió sin marido al lado aunque con temperamento y correazos que iban deletreando el castigo, una forma chistosa de la memoria, la que coge el conjunto y lo pone por delante, es decir el indudable amor y la entrega de la progenitora por sobre el mal rato, la razón de ser una carga constante para ella.

El mensaje universal rinde fruto, es optimista y despliega alegría, porque el filme lo es, feliz de vivir y el resto son contratiempos y experiencias salvando la caída que es más un recurso de la historia hacía la redención, que sutilmente viene desde atrás pero que aquí se hace necesario para el público menos atento. Toca temas serios pero sin tomarlos por demasiado importantes o abrumadores pero  sin perderles el respeto y de ahí que todo funcione, porque mantiene la dignidad en todo momento aun exhibiendo las fallas humanas, las limitaciones o siendo engañado el personaje principal tras el sueño de ser actor de cine. Cójase la enseñanza de la voluntad de la fe y la perseverancia, de esperar vislumbrar el camino, nuevamente con un artificio muy manido, el niño entregándole la nariz de clown – el instante emotivo, del que no dudamos de su efectividad masiva-, factor que en parte criticamos ya que a continuación el punto de inflexión –su carrera empieza con su creación de Machín- se toca levemente aunque se entiende porque esa es la idea de todo lo que estamos presenciando, no es que sea incongruente aunque hubiéramos querido conocerlo con mayor alcance, no solo el personaje sino el curso del inicio de la carrera de Alcántara, pero es la decisión de un tono y no de una biografía que quiera ser compleja.

El respeto subyace tanto representado como de quien maneja los hilos detrás de la película. El director Ricardo Maldonado que viene de la publicidad y de hacer el exitoso comercial  “Perú, Nebraska” sabe tocar la fibra sentimental y la sonrisa amable pero de a pie, mostrar a Alcántara triunfador– en el aplauso de su último show- y en otros humilde que es casi la totalidad del metraje, le da su lugar y lo hace de carne y hueso, sabe llegar al pueblo y mantiene la altura de lo que describe y lo provee de un toque de reflexión.

Se da que el stand-up comedy de Cachín es superior a lo recreado y parece la norma, se coteja con algunas pocas escenas en que observamos su espectáculo individual. La madre joven en la imagen de Gisela Ponce de León no podría mostrar el aplomo y la rudeza necesaria que implica la memoria de Alcántara, nos quedamos mejor con su facilidad de palabra en el escenario y vemos el recuerdo predominante en la simpatía que emana la actriz, en el inconmensurable afecto que le produce. Sin embargo aunque en otros casos se percibe lo mismo, hay lejanía entre la mirada que produce Emilia Drago con lo que parece una persona real o más enriquecida, del show al cine nunca habrá demasiado arte, son líneas cómicas que son muy funcionales, y en lo que termina siendo y eligiendo el filme no es desechable ya que ella aparte de bastante guapa muestra esa indudable belleza interior que podemos pensar de su compañera sentimental. Y en general, el filme tiene cierto valor escenificado pero menor en sus posibilidades porque su aspiración y lugar de origen es ese, siendo ante todo simpático, como denota la magnitud del show personal, tampoco lo sobre-dimensionemos si bien muchos lo dicen y se siente como un elogio justo al magma de la película. Una que no va a ser un hito interpretativo o argumental sino de asistencia, en una obra que apreciar sin el rigor de algo más allá del puro entretenimiento, solo eso pero uno bueno como tal.

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