lunes, 20 de junio de 2011

Canino


Una realización extravagante, la de ésta nominada al Oscar 2011, a mejor película en lengua no inglesa, los padres de tres adolescentes, dos mujeres y un hombre, crían a sus hijos con una educación que surge de sus pensamientos particulares, alteran toda su formación por una extraña forma de ideología personal, quieren cuidar de ellos y que no se vean influenciados por el mundo, para ello cambian definiciones, mienten y permiten relaciones sexuales lésbicas y hasta incestuosas, los tienen confinados a una enorme casa de campo prohibiéndoles la salida bajo engaños, uno de estos es que solo cuando se les caiga el canino derecho podrán considerarse adultos y ser libres, también para salir del hogar han de usar un vehículo.

Entre las extrañezas impartidas está ser tratados como perros, ladran en posición de cuatro patas y hacen pruebas absurdas, el padre incentiva su extraña atmósfera viniendo falsamente herido de la calle, haciéndoles creer que los gatos son demoniacos por lo que deben matarlos. La competencia entre hermanos es fuerte, incluso llegan a agredirse, los valores son endebles y la inocencia roza la inmoralidad ya que están en sus consciencias enseñanzas especiales. El padre permite solamente que una mujer joven de su trabajo de nombre Christina visite a sus vástagos y ella a cambio de regalos minúsculos tiene relaciones con ellos. El padre les habla de traer a un perro o a un hijo como compensación de su actos, su mujer lo apaña en su comportamiento e incrementa la confusión de sus hijos, por ejemplo ante una pregunta de curiosidad de uno de ellos describe a la vagina con su propios términos disimiles al verdadero significado. La madre está embarazada y en general es un ente pasivo que observa y permite el patriarcado autoritario y absoluto de su marido. El hombre no duda en golpearlos si faltan a su concepción de moral como ver vídeos de fuera de su familia.

En resumen la película intenta dar a entender que la manera de conducirnos típicamente no nos viene natural, no existe un desarrollo único sino el hombre es lo que aprende y si se le aísla no discute nada sino obedece ante sus maestros, es un mutante del contexto que lo rodea y es como el niño criado por lobos que deja de practicar el lenguaje y andar de pie para convertirse en un salvaje que imita la imagen próxima que lo controla o le proporciona cuidados y afecto, como el can de Pavlov que actúa por un código impartido por otros que ejercen poder sobre éste.

Las muestras de excentricidad abundan, el padre siente que es correcto lo que hace por lo que no se pone en duda en ningún momento sino hace esfuerzos por cumplir con su meta de crear personalidades a su antojo, como cuando habla con un entrenador de perros y entiende que esos animales domésticos son lo que uno quiere que sean y esa doctrina la transporta a sus hijos, por lo que se encuentra muy seguro de lo que efectúa, creando interrogantes sobre que intenta realmente con esa variedad de rarezas que dicta a seguir, como dejar peces en la piscina para que se busque pescarlos como si se tratase de un río. Por todo pensamos ¿hacia donde se dirige finalmente?, ¿qué futuro está creando?, lo que queda sin definirse, dejando la interpretación al espectador.

El padre puede ser muy violento y demuestra que se preocupa a su modo por sus muchachos, parece estar convencido de que es necesaria la creación de ese universo particular que ha diseñado. Los adolescentes viven en un hogar adinerado pero están sumidos en la ignorancia. Tal cual las hijas en cierto pasaje de la trama bailan desenfrenadas ante el júbilo de los padres. No hace falta recalcar que como a animales domésticos se les da premios y castigos que refuerzan sus acciones.

Pero todo ese exilio descabellado crea no solo una identidad insólita, de fenómenos con naturalezas que desarrollan conductas estrafalarias agregadas sino que despierta por contradicción a lo que anhela el padre, un deseo de escapar, un deseo de liberación, ya que la figura paterna es invasiva, tirana y limitadora, lo que genera que nazca el imperio de la individualidad y su manejo. Siguiendo, claro, las reglas que parecen lógicas, no siéndolo, pero finalmente huyendo de todo lo extraño y opresivo. El claustro termina sofocando, cansando, el espíritu pide mucho más.

La película no es complicada aunque tiene su toque original, tampoco representa una puesta en escena visual de mucho logro sino que se sostiene en su mensaje, en su estructura y en su fondo, lo que subyace internamente en lo que observamos, despertando ambigüedad de sentimientos porque podemos rechazar mucha parte del contenido o una porción de imágenes pero queda el planteamiento de una locura armada coherentemente que nos hace aceptar el producto, dándole al director griego Yorgos Lanthimos cierto respaldo por semejante hazaña.

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