sábado, 1 de julio de 2017

Stories Our Cinema Did (Not) Tell

La directora brasileña Fernanda Pessoa nos muestra lo que fue un tipo de cine que se hacía mayoritariamente en los 70s, llamado pornochanchada, un cine popular y erótico oriundo de su país, mezcla de comedia ligera y soft porn, que acompañó a la dictadura militar que duraría 21 años a partir de 1964, y que ambas desaparecieron en los 80s.

Fernanda Pessoa no niega el lugar de la pornochanchada, la señala como parte de la historia del séptimo arte brasileño y por tanto no se le puede invisibilizar. La pornochanchada era reflejo de la influencia de su época –la libertad sexual- y a su vez del poder –la dictadura-, aunque más tarde su liberalidad narrativa y argumental terminó adaptándose también a un tiempo que invocaba cambio político y mayor libertad. Pero la pornochachada luce a la vez impresentable, vulgar, en su mayoría, y el documental escoge ser cine experimental, mediante el uso de la técnica del found footage o metraje encontrado, donde la directora le brinda una lectura personal, salida de su edición, fragmentación y yuxtaposición, viendo que la vanguardia en el filme viene a ser la ironía que impone la directora sobre todo el material recopilado –cerca de una treintena de películas-, sobre lo que transmitía y significaba la pornochanchada. Nada de esto es espectacular si conocemos medianamente el cine porno, donde, como sabemos, la argumentación suele ser ridícula y absurda, pero verlo como el cine bandera de una época es como para pensar en un estudio sociológico, no obstante este documental no pretende tanto. Pero el filme deja una buena idea de lo que es la pornochanchada y es cuestión de pensar por uno mismo para ir más lejos.

El análisis visual de Fernanda se dedica a ironizar y entretener con este cine que no escatimaba vergüenza alguna en lo que exhibía, lo cual podía llegar hasta lo impensable. En el documental vemos que promulgaban violencia, salvajismo, corrupción, sordidez y suma banalidad, a través de mensajes directos hacia el pueblo brasileño. Uno de ellos muy marcado es el excesivo apego al dinero por sobre la moral, como ver que a las mujeres se les insta a prostituirse por el fin –el dinero- justifica los medios. Estos filmes como se aprecia en este documental se lo tomaban en parte en serio, no todo era comedia ni el humor justifica todo.

Lo político y lo social es la parte recriminable, la parte erótica puede ser anecdótica (pone a uno frente al mandato de la excitación ciega y absoluta, tal cual el cine porno), aunque resulta algo trágico si lo tenemos como expresión central de cine. No hay casi nada salvable argumentalmente (según lo seleccionado), que no sea reírse de lo extremo, disfrutar de alguna hermosa anatomía o de alguna calentura, pero como expresa la directora, es parte de su historia y merece un lugar, de esto que ironizar sea en parte algo que cae natural, aunque también amerita un estudio sociológico.

El filme no explica nada, sino que las imágenes hablan por sí mismas, mediante la repetición de lugares. El documental no enseña mucho los desnudos o las escenas de sexo, no va por ahí, no va por lo fácil, aunque sea un documental sencillo. Se enfoca más en el halo de impresentables de estos filmes y de no poder creer en parte lo que fueron o donde estuvieron, como solía decir el genial Jack Palance en su programa de tv., aunque usted no lo crea, de Ripley.  

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