domingo, 2 de octubre de 2016

Historias extraordinarias

La presente película para algunos críticos argentinos fue todo un suceso, mientras que para otros de sus compatriotas fue tremenda sobredimensión de ciertos entusiastas en cadena. El filme tiene 3 líneas narrativas centrales, tres protagonistas en X, H y Z, son como tres películas en una, pero es más, porque éstas se siguen bifurcando y apareciendo nuevas historias, pero también menos porque no se logra consolidar ninguna, se terminan difuminando o son muy breves. Es como que poco importa tener una trama sólida y completa sino jugar a solo narrar una aventura tras otra, a la práctica de contar relatos y de capturar la atención del espectador aun a costa de “timarlo” finalmente, en 4 horas de metraje.

La inspiración es la literatura, enorme soporte del filme, y lo que suele ser un lastre, o una deficiencia, no ser cine puro, no explotar a plenitud el lenguaje cinematográfico, aquí funciona producto de los pocos recursos con los que cuenta en producción, con una voz en off que es determinante para abarcar mucho más de lo que la sencillez visual y las escenas de esta propuesta proporciona, se sostiene mucho de aquella voz que brinda harto argumento y construye y potencia la película, en una obra que tiene de noir y de misterio, de thriller y de variedad de clases de historias, hasta de tipo romántico y moderno con la sub-trama de Lola Gallo, la peor parte de la realización, que resulta más nefasta aun con una canción de acompañamiento perpetua en la sección, con Roberto Carlos cantando El gato que está triste y azul.

El filme es interesante, el arranque es poderoso, dos hombres matan a un tercero que llega en un tractor con un maletín. Le pegan un tiro de escopeta y huyen. Otro hombre, llamado solo como “X” (el propio director de la película Mariano Llinás) observa todo, se acerca e irónica y audazmente termina rematando al hombre caído, también huye, pero con el maletín misterioso. Esa apertura es genial, anuncia la promesa de meternos en lo que invoca el llamativo título y lo que da es un filme con altibajos pero competente al fin y al cabo. Lo que viene después son estados de cierta locura en un aislamiento de meses, y pierde mucho encanto, aunque no muere del todo el interés. En el trayecto de este protagonista se habla de un hecho real, del arquitecto italiano Francisco Salamone, su ambición profesional, grandeza y su brutal caída, la que es una historia muy atractiva, pero no llega a desarrollarse y simplemente desaparece.

Una segunda línea central tiene a un tal “H” en otra aventura de esas espectaculares, una apuesta entre dos socios de la Asociación de mayo da pie a contratar a “H” para una misión, ir en busca de los monolitos de la Compañía Fluvial del Plata que indican la posibilidad de un proyecto, mientras que el contrincante manda a otro hombre a destruir las huellas. Todo ello desencadena en una extraña amistad surcando el rio Salado. Puede parecer medio embrollada la idea de la apuesta, pero lo que interesa es el viaje, que termina en un nuevo cuento, el de los soldados ingleses  Jolly goodfellows, que tiene de curioso y simpático, aunque sea poco en realidad.

La tercera línea narrativa central tiene a “Z” llegando a un puesto de trabajo aburrido y burocrático reemplazando a un tipo supuestamente anodino con el que queda vinculado al descubrir de él una especie de doble vida, que termina definiéndose como una existencia pesimista a pesar de vivir las dos caras de la moneda. Se trata de un juego -en busca de develar secretos y algún tesoro- en que “Z” disfruta de sentirse atraído por dos mujeres e interactúa con un león, que es la parte más visualmente sorprendente de la película, junto a un tanque.

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