domingo, 3 de agosto de 2014

Conducta

Ésta película cubana dirigida por Ernesto Daranas tiene altibajos pero es de muy buena calidad. Nos narra la historia de Chala (Armando Valdes Freire, muchachito muy prometedor), un niño de 11 años que tiene un hogar conflictivo, con una madre drogadicta, promiscua, violenta y alcohólica, donde no hay figura paterna más allá de la que brinda la calle en un joven empleador -que podría ser su padre- de aspecto rudo en un tipo que hace pelear perros y le proporciona al pequeño el sustento para su hogar paseando y cuidando a los fieros animales. Chala entonces es un chiquillo problemático, principalmente en el colegio, al punto de que se le quiere mandar a una escuela especial de conducta donde van los más incontrolables especímenes escolares, pero como todo adolescente no es que los busque adrede sino es que se da por la personalidad llena de temple, intensidad, liderazgo y osadía que sobrelleva con una fuerte carga, abandono y tensión familiar, que a pesar de ello no le quita toda su infancia, cría y vende palomas además, y está enamorado de Yeni (Amaly Junco, bastante bien también, como cuando irradia fuerza en los rechazos hacia Chala. Siendo bonita la seducción a temprana edad). Mientras tiene el gran soporte, vital en el enderezamiento y dirección de como reza el título la conducta, y la amistad de una longeva maestra ejemplar, Carmela (Alina Rodríguez, un personaje de carácter, de los que ayudan y se enternecen por el prójimo, de vocación, acción y humanidad, uno que quiere y consigue enamorar en parte a la audiencia).

La propuesta en sí se aboca a varios dúos, como el subtema entre dos maestras, que destaca del grupo (porque hay varios ejemplos, como los que han seguido los pasos de Carmela y son ex alumnos), la novata que debe aprender a velar por el resto, teniendo el caso de Yeni como prueba de verdadero sentido profesional, de dar un plus a lo ordinario, no solo cumplir. Niña que tiene un padre metido en problemas con la policía y vienen de una provincia lejana, aparte de ser de nacionalidad palestina, lo que nos habla de una especie de xenofobia más anunciada o gaseosa -como uno de los “patitos feos” de la clase si bien ella es de agradable fisonomía, tiene amigos, es cosmopolita como con el flamenco y pinta como la más inteligente; teóricamente se le asume como una extranjera, extraña, como a su padre- que realmente trabajada en escenas o siendo condescendiente que pretendan algo de fácil verificación, especialmente para el que no es cubano. Es la lección -y leitmotiv- de ver por los críos en proceso de emulación y disciplina, siguiendo los pasos de una legendaria y admirada profesora y mentor colectivo que lleva diez años más trabajando por encima de su jubilación. Y que en otro dúo hace de “reposición” o llenado de un hueco de una especie de abuela para Chala; Carmela es esa mujer humilde pero importante, contraparte a una vida plagada de desgracias e indiferencias, la que sin su intervención sería simplemente la de la mano dura, despersonalizada, lejana, que ella desbarata y contamina de su esencia y apreciación consoladora y efectiva de entregar repetidas oportunidades traducidas finalmente en fe y cambio, que salvan a los peores alumnos del abismo y convierten su futuro en uno promisorio de éxito (habiendo un background confirmativo), en lo posible, ya que Cuba es bastante una ciudad pobre para su gente, como se ve en los escenarios usados en el filme de La Habana. Otros dúos son entre el difícil e “irrevocable” tándem de madre e hijo; el del supuesto padre que no sabe si es o no el progenitor, y su posible vástago; y el del niño y el anhelo de pareja, junto a grupos de maestros y pandillas/luchas escolares.

La historia es clara y directa pero recorre muchas vías de comunicación si bien tiene una temática fija, que no deja de ser compleja, con una estructura muy bien elaborada, bajo muchos momentos de fuerza, de exabruptos e iras que yacen valiosos, viscerales, lucen contundentes y reales (destaco dos en particular, la de la madre desesperada por el vicio indagando por la droga que esconde y no la encuentra, y el niño furioso escupiendo y arrojando su paga tras ver a un perro querido sacrificado inmisericordemente en una jugarreta por dinero), y que infunden compenetración con el espectador y los conflictos que se ciernen a sus ojos (es de destacar que tampoco recurre al final más plano, se quedan algunos cabos sueltos, aunque queda en pie el hecho de hallarnos ante un filme de los que uno llama amables). Otros ratos pueden ser (en parte) endebles, algo prefabricados, es decir vistos desde lejos, pero son los menos, siendo un conjunto amplio, habiendo mucho de dónde escoger.

Es una historia cautivante, que va a gustar a muchos, montada sobre algo que conocemos, pero que llega a generar su propia historia sin que uno sienta que nada sobre vacío o por un deja vu destructor, o uno que llegue a amodorrar. Logra no ser previsible. Y nos llega a involucrar en su buena medida que es de lo que va, perpetrando (un poco) más que un buen entretenimiento, de calidad, con un mensaje altruista, sobre todo para aquellos que quieran dedicarse a la docencia, al servicio de los demás. Maneja bien la naturalidad de sus protagonistas y de las calles, siendo transparente, pero por su lado mostrando cierta belleza desde la marginalidad en lugares sencillos, populares. Y hace uso del falso documento a un tiempo, en la carta de despedida, que se completa por fragmentos pasado el metraje.

Otro punto a recordar es la libertad que brilla en un lugar comunista, se hace una alusión sin mucha estridencia, pero que deja ver que hay que respetar la idea ajena, de la mano de lo que puede llamarse como “torpeza” para hacerlo mucho más tragable a esa vera (pero que se puede leer como parte de la idiosincrasia que genera el gobierno cubano, la pobreza y la necesidad de sustento ante sus condiciones, bastante dramatizado y llevado a uno de los peores ejemplos y consecuencias en la madre drogadicta y puta, no obstante elegido como un cuento, más allá de que sea una ficción, pero que aun así deja pasar suficiente luz), el filme está contra los regímenes autoritarios, desde la acción noble pero la que permite se le vea discutible en su suavidad y posible inefectividad (se brinda un equilibrio, una condescendencia con el opuesto), poniéndolo desde la escuela. Se critica indirectamente o -fuera de entusiasmos- con levedad, por un relato independiente e íntimo, de que lo castrense no es la salida si bien no se toca al estado y sus leyes, sino se exhibe y se clama por la voluntad, el ejemplo, la compasión, el respeto, la motivación, el llamado de la corrección y la disciplina del ser humano en general a través del entendimiento, como perdonar para enmendar la imperfección, la mala conducta. Es ante todo un retrato humanista, más que una crítica social o política que están como veladas, pero que se pueden entender tranquilamente como parte del fondo. El escenario habla un poco por sí solo. Y eso le infunde una grata capa de arte, de muy buena mano. Filme que no lo veo de los mejores en la competencia de ficción del 18 festival de cine de Lima, pero que tiene logro, lo que la hace de todas formas recomendable. 

1 comentario:

  1. Parece una buena película, pero temo que no llegue por aquí. Por cierto, me encanta tu nueva cabecera!
    Besotes!!!

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