sábado, 23 de agosto de 2014

El crítico

Película argentina que estuvo en la competencia internacional del tercer festival iberoamericano de cine digital (FIACID), y que acaba de ganar el premio del jurado de la crítica en el 42 festival de cine de Gramado, Río Grande del Sur, Brasil. Ópera prima del co-director de la revista Haciendo cine, Hernán Guerschuny.

El filme es una comedia romántica, pero tiene la curiosidad/originalidad de yacer desde el punto de vista de un crítico de los que uno llamaría serios, analíticos, profundos, exigentes, aunque muchas veces moleste el título y esas alusiones, o por el contrario sea digno de profesionalismo, un intelectual del arte, del que por antonomasia aprecia, vive y muere por el cine de autor y el más artístico, y que por lo “general” desprecia el mundo en que quedará inmerso, en un género (como tanto se menciona), en una especie de lección y quizá de alguna forma de castigo a lo Charles Dickens, pero estando el autor bastante consciente de ello, y por ende ajustado a ciertos corsés ideológicos y coherentes con uno mismo (con el gran trabajo de manejarse en dos frentes muchas veces contrapuestos, que es la elección y leitmotiv del filme), uno que tiene que ver con la realidad de una concepción e identidad personal, que tiene a su vez mucho de colectividad social, como de gremio, del que por naturaleza racional termina siendo un ser pesimista y elitista, a diferencia de lo que se dice en pantalla -¿cómo concesión o influencia formal?-, que el cine rehuye finales sin ninguna esperanza, y puede que tenga razón en buena parte, como una convención ortodoxa y hasta más allá, pero, desde luego, nunca una regla total; algo a lo que juega con convicción esta propuesta manipulando todas las formas y artificios que acostumbran básicamente las comedias románticas.

La trama implica a los que se presentan por encima de lo emocional, el mundo de la fantasía, la diversión superflua y la ilusión que crea cierto cine, y en efecto el filme se basa en el cliché (y sí, también, en el crítico que yace fuera de cierta actualidad, apertura mental, diplomacia y mayor empatía general, el compartir distintas formas de búsqueda cinematográfica, ver valor fuera de nuestra cuadratura filosófica), sin embargo se entiende que el lugar común aparece por voluntad reflexiva, no sólo por placer primario, sino -aunque sin exagerar- dentro de cierto estado de auto-crítica, sea propia o inducida, no importa, discutiendo nuestra declaración de justificaciones y sentido crítico, sopesando bajo esa misma lupa la apertura del goce industrial, sin perdernos tampoco de ser nosotros mismos, mediante un poco lo paródico (tampoco sin exagerar).

El filme tiene su gracia superficial, de lo que estoy seguro de que hay algunos lugares donde no faltaran las risas, aunque halla algunos ratos endebles, como la fijación y venganza de un joven cineasta de aspecto nerd (pero que fabrica cine amable), maltratado por una despiadada crítica del protagonista; no obstante que aporte sentido, y propicie un giro grave pero trunco, no sé si del todo felizmente, había posibilidad de suma intrepidez tanto de gran riesgo, solo que el manejo se “desaprovechó”, y esto en particular se quedó en buena parte fallido y no pudo evitar un poco de ridículo. Pero más allá de algunos reparos El Crítico es una película con su cuota de audacia general y que genera suma identificación, que aunque trata y representa un subgénero muy comercial no cae en ser una propuesta insulsa o vacía como conjunto, a pesar de que en la superficie visual no hay demasiada originalidad, habiendo hasta un comienzo, meollo y desenlace sentimental bastante ligero, si bien hay una breve escena que rescato en especial, donde ella ocupa el inodoro y él el lavabo y la primera le agarra la mano, exhibiéndose costumbre, intimidad y nexo afectivo en un instante potente, mientras a la vez se plasma una invasión. La propuesta perpetra como centro el juego de la lucha entre dos voluntades, las que contrastan dos tipos de pensamiento del cine, teniendo presente que ambos son séptimo arte y el alcance lo proporciona la individualidad de cada cineasta.

Es el entretenimiento puro, para espectadores sensibles, relajados y sencillos, versus otro culto y un poco cerrado, y en esto último viceversa, aunque no es realmente la ocasión, no se explaya en ese aspecto, queda secundario, pero se ve algo, con Sofía, la pareja central, que no gusta del cine de Jean Luc Godard ni de los clásicos; como tampoco es el gusto cinéfilo de la romántica Ágatha, la que destila ironía en referencia sutil a quien puede ser tranquilamente Tsai Ming Liang en la cámara estática de vigilancia. Destaco que ésta propuesta es predominantemente una mirada hacia lo popular desde sus características, y por ello es un entretenimiento ante todo, no deja de ser una comedia romántica aunque haga meta-cine (como en esa calle atestada de tráfico vehicular, con infaltable lluvia a plena luz y un tipo enamorado aporreado por su conducta corriendo hacia el aeropuerto a detener la huida del amor, mientras en medio yacen los gritos del propio Leonardo Sbaraglia).

El filme “desbarata" un mecanismo, hace comedia de este, pero usa ese método para crear su estructura y trama (con la chica de ensueño, especial en su relajo y cleptomanía, rebelde y cool, en la bella actriz Dolores Fonzi), con un plus de ver éste tipo de comedia desde el que la repudia y más tarde la comprende, sin tampoco regalarse al asunto, al quedar atrapado en un juego de espejos tras la pregunta si el cine imita la realidad o la crea. El perdedor, que en mucho lo es nuestro protagonista, el que anuncia el título, Víctor Tellez (Rafael Spregelburd), entrega por amor su figura de destaque.

El descreimiento por lo sensiblero pasa o se ve como posible rectificación, pinta en la amplitud y condescendencia, una vez que entiende, ya no superficialmente, que la gente, los otros, se proyectan igual que él en el séptimo arte (hay razones válidas), no habiendo estado del todo consciente de todos los fundamentos de su lejanía, ya que creía que su pensamiento era la única verdad posible, por eso el protagonista llora con una comedia romántica viviendo su actual situación (la mofa de su comentario edulcorado es harto sencilla pero contagiosa), no obstante luego se equilibra –hay por un lado una buena dosis de elipsis- diciendo que está como en una enfermedad de ñoñez y no se ata en todo lo que es, una comedia romántica, y al final por ese lado aunque no parezca, Hernán Guerschuny, aprecia a su criatura, le otorga la última palabra en un hogar que le acepta, aunque le achaque una solemnidad molesta para la mayoría del público, como con una voz en off en francés de corte más empalagoso que la propia crítica que hace de una película mucho más simple.

El filme es un alegato para no negar el grupo entero de las comedias románticas, apreciar la realidad que esconden algunas, sin banalizarlas a todas, para proceder a la repetición y desligarse parcialmente de ser solo un simple producto de entretenimiento; convertirse por un lado en una pequeña y amable intención significativa, como también es una ilustración popular, desde esa complicidad, reírse de un tipo de crítico y su caída en los clichés del género. 

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