martes, 5 de agosto de 2014

Refugiado

Película del director argentino Diego Lerman que estuvo en la Quinzaine des Réalisateurs 2014. Una obra que inmediatamente hace notar que representa un alto nivel artístico, estructural y secuencial, tanto como en sus trabajadas formas, demostrando que Lerman conoce muy bien el oficio, quizá demasiado que empaña el cariz (necesario por regla general) de la espontaneidad y naturalidad que conlleva toda película, y realismo, si bien existe una notoria hipérbole o harta centralización narrativa, bastante escueta como argumento, directa al punto, del que no saldrá para nada, sobreexplotada efectiva y diáfanamente. Como en el recurrir de tomas próximas que invocan presión y ansiedad, una estética visual que propicia el agitamiento, el acecho de la tumultuosa e impredecible “urbe” y la inquietud, o pequeños efectos desperdigados oportunamente que complementan el leitmotiv del terror hacia la locura del ser querido convertido en enemigo. Y es que todo confabula para generar un ambiente de pánico, tras un fluido escape frente a la sensación y manejo “invisible”/inducido-desde-afuera de una persecución, siendo en ese sentido un filme que articula y depende virtuosamente del apasionamiento y la intensidad de sus dos protagonistas, una madre embarazada y su hijo de 7 años.

Laura (Julieta Díaz, que llora a cada rato intempestivamente, lo cual mucho se denota como un efectismo, lo que ha estado bien y mal, y tiene una fuerte razón de ser; dependiendo del punto de apoyo, favorable en generar el clima, el anhelado y glorioso acondicionamiento, además de que tiene sentido en la trama como trauma y conflicto de expectativas, pero mal porque no se pliega completamente al relato, no pasa desapercibido como recurso, predisposición y manipulación, se le nota demasiado las costuras, pero puede que haya sido algo inevitable, a un punto) y Matías (Sebastián Molinaro, que pone las cosas más difíciles, al ser voluble, un niño tan chico, poco consciente, ante sus caprichos y rabietas infantiles, dándose dimensión, complejidad como rol, no como persona, al no buscar la empatía fácil, ya que resulta por momentos antipático y es un acierto aunque no nos guste del todo, teniendo su personalidad temprana, la que se mezcla con juegos de imaginación, candor, en parte frescura, e inocencia, paliando el conjunto de su personaje, y dando de respirar a la sofocación que representa el filme como prioridad), mamá y cría, quieren/merecen otra vida, una apacible, lejos de la violencia familiar, y echan a correr alejándose del que ha dejado de ser un hogar, por culpa del que fuera, ya no más, su proveedor, protector y ser amado, ahora todo lo contrario, un hombre abyecto, inicuo, mentiroso, alguien en quien no se puede confiar.

Solo que el monstruo, Fabián, progenitor, abusador y marido, quien golpea salvajemente a su mujer por problemas de celos y a la vera de la sinrazón, en una especie de enfermedad (lo vimos en un inicio, aunque dicho momento carece de verdadera fuerza,  y la brutalidad que invoca tan ferviente y grandilocuente carrera en pos de refugio no se complementa del todo con él, y en particular ese hecho, no al mismo nivel, y es un defecto importante, porque con ello compatibilizaríamos mucho más con la historia, y sentiríamos crudo y en la piel ese terror tan bien manejado, pero que tiene de ausencia, figurativamente hablando, y falla), es mucho gaseoso, un ente abstracto (y recalco, que por un lado es una crítica negativa al respecto); de presencia predominante aun así, ante tanto movimiento y como imponente motivo, uno que yace ubicuo en el metraje, incluso cuando entra a tallar la calma, que en determinante ocasión atravesada por ciertos diálogos y una especie de campo/selva  - y valga la redundancia, escenario artístico- misterioso y algo oscuro (aparte de la fotografía y el cromatismo que trasmite), nada en el pesimismo, el espíritu de yacer en lo momentáneo y efímero, o es que se trata de la elipsis de una reconstrucción mental que sería otra historia.

La trama nos remite al desarraigo y al exilio necesario; abismo, hueco y comienzo primario, la extirpación de un tumor, en pos del espacio del mar y el paisaje sosegado, antes la lluvia o el dolor y el abandono y vacío perennizado de un carrusel, símbolo de la relación conyugal. Y es una audacia en toda magnitud el manejo de la “presencia” de Fabián, recordando y celebrando mucho la escena del ascensor y el encierro voluntario de Matías, rato de indudable lograda y jugosa desesperación, gran clímax, aunque con cierto toque manido, incluso bajo cierta figura de método. Sin embargo, su hegemonía ha requerido de un alcance mayor de background intimidador, la base de mi crítica negativa, y eso resta la trascendencia que invoca la atmósfera –de una claustrofobia que grita por liberación- tan bien retratada en su mayoría, en lo que consigue hacer sentir o en cómo se resume finalmente en grupo. Asunto que no diría si no fuera tan vital, ya que disminuye el logro viendo que de eso va. De todas maneras esto no apaga la grandeza de sus virtudes, sabiendo que a lo que se ha remitido con ahínco y fijación está loable con creces, en lo que asumen e implican sus criaturas, Matías y Laura, siendo una cara de una avisada tragedia en ciernes, bajo la sombra de la muerte. Con un mensaje contra el maltrato físico hacia la mujer que hace reflexionar y padecerlo en su medida.  

Una propuesta que cautiva, tanto como molesta y esto lo digo como un logro de su arte, producto de su potente y latente tensión, es definitivamente valiosa, sin que consiga todo el logro que deja ver, ambiciona y trabaja desde la trama mínima, al descuidar la causa por una subyugadora y absorbente pero sumamente sustancial y visceral consecuencia, lo cual hablan de una buena película aunque no una obra magna, quedándose todavía por debajo de su potencial, siendo una más que bastante digna rival, en la competencia de ficción del 18 festival de cine de Lima. De contagioso apasionamiento, a pesar de padecer de falta de mimesis (algunos sollozos son escandalosos, y es peyorativo), y por extraño que suene de sugerencia o delicadeza (la tiene en varios lugares claves y efectivos pero otros que no y se le extraña, muchas veces brilla la intencionalidad). Todo lo que hace que uno aun criticándole reconozca el enorme talento de Diego Lerman, y de su propuesta cinematográfica. 

2 comentarios:

  1. No me importaría verla. A pesar de esos fallitos que señalas, parece una buena película.
    Besotes!!!

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  2. Me suele gustar este tipo de cine, aún con fallos =)

    Besotes

    PD. Me encanta tu nueva cabecera!

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