miércoles, 21 de marzo de 2012

Young adult



El director Jason Reitman se vuelve a reunir con la guionista Diablo Cody tras su buena fusión en Juno con la que Cody ganó el Oscar, una stripper y reconocida bloguera que saltó a la fama con su primer libro Candy girl: a year in the life of an unlikely stripper (diario de una stripper en español). Reitman ha demostrado que es un creador talentoso contando con dos nominaciones a mejor director a la estatuilla dorada luego de cuatro películas dirigidas.

Su actriz principal es Charlize Theron que hace de Mavis Gary, una mujer de 37 años de edad que pasando por un mal momento en la escritura de libros para adolescentes y divorciada, decide ir a su ciudad natal en busca de su amor de juventud; sin embargo el inconveniente que lleva pretender su unión con el pasado es que Buddy Slade (Patrick Wilson) es un hombre felizmente casado y acaba de tener una niña, por lo que se le envía una invitación para celebrar su nacimiento, que para ella es una señal del destino y de la situación conyugal en relación a su aspiración futura reencauchada.

Está comedia de humor negro no tiene mucho de risa y si bastante de crueldad en su exposición de los llamados perdedores en una sociedad que juzga a los seres humanos sin clemencia. Mavis es una chica que se cree especial, no solo por guapa sino por haber salido de un pueblito en donde todos son considerados gente promedio, además habiendo sido popular en el colegio y la reina de la promoción, por lo que vuelve creyendo que encontrará la adoración de quien ella considera su alma gemela, no obstante la verdad es más salvaje de lo que ella se puede imaginar y será como una cachetada a su ego que la terminará aproximando a un lamentable desenlace para con otro perdedor, a diferencia de ella en el desarrollo de la trama un verdadero estereotipo, un nerd gordo que está mal de la piernas y del órgano sexual producto de una golpiza de abuso escolar al creerle homosexual.

La vuelta de tuerca o trampa final que nos depara Cody en el guión es aplastantemente desconcertante y humillante para su protagonista, que solo se salva tras una concesión que la deja intacta en su locura pero que ya nos ha desvelado la esencia real patética de quien es sustancialmente.

Mavis ni puede ni debe adaptarse al pasado como tampoco lo harían los que luchan sin querer contra ella (con quienes ha crecido) que no estarían bien igual en su mundo conocido sarcásticamente como la pequeña manzana en alusión a New York para con Minneapolis, una ciudad avanzada a comparación de su insulso y diminuto home town. Una opinión dura sobre las relaciones humanas en donde las personas ordinarias viven vidas tranquilas y realizadas sin grandes ambiciones ni problemas a contraste de la protagonista que en lo más destacado y alto del éxito está derrotada, solitaria, vacía y se mueve en la superficialidad.

Por donde se mire éste es un filme sin gracia o encanto pero no absurdo sino muy inteligente, sin embargo seco hasta el tuétano y que te deja frío ante su realismo pavoroso. En su visionado, se acomete contra outsiders o emprendedores de capa caída que quedan mal parados aunque rescatados a último momento para que se albergue quizás un cambio o una mejor sobrevivencia, desubicados del contexto en que el gran golpe llegará para sacudirlos y derrumbarlos, equivocados en su sobredimensión personal y ridiculizados hasta el cansancio arrebatándoles la dignidad, en donde la empatía para el espectador no funciona si tienes corazón.

Theron es natural en su representación al resto de los mortales cuando bebe gaseosa de la botella o al día siguiente del acto pone cara de asco ante un gesto de mimo del acompañante sexual, y a su vez muy guapa hasta deslumbrarnos cuando quiere apabullarnos con su estética de modelo. Resulta muy cool en su performance de mujer joven adulta moderna y segura de sí hasta la demencia. Extraña en sus decisiones, ya que ir a enamorar a un hombre casado porque cree están destinados a ser la eterna pareja a costa de daños colaterales justificados para ella no parece lógico (esposa y recién nacida prole, mujer que también se muestra bastante cruel empero supuestamente inocente y bien intencionada en lo que pretende, sino hagámonos una pregunta ¿le hace feliz a su “amiga” el que su ex ilusión de juventud tenga la vida que ella pudo tener con él y que contrasta brutalmente con su fracaso actual?), como se lo hace saber Matt Freehauf (Patton Oswalt), el parásito de Mavis, la rémora que inexplicablemente es aceptado en su universo y que solo puede hundirla mucho más en un oportunismo ocasional que refuta las imágenes y las diferencias en las relaciones sociales. Hay una línea crítica que sale de la boca del rengo, cuando te mirabas incasablemente en el espejo yo estaba en mi mejor época y tú no me veías. Pero suena mucho a palmadita en el hombro para el corpulento fanático de star wars y lo que es más irritante, hacer leña del árbol caído, y es que la dama ha tocado fondo.

El asunto son las falsas efigies y lo que es la felicidad, el mensaje es sigue tu propia ruta, circunscríbete al entorno que te sea propio, aunque apuntando a destacar y elogiar la normalidad de la clase media anglosajona en el buen gesto de quedarnos con un cierto público objetivo aun siendo una cinta de aire rebelde e independiente al mainstream.

Mavis no puede con esos padres que cuchichean detrás suyo a expensas de crear lastima sobre ella y que de hecho repercuten en todo éste drama aunando el propio desequilibrio, o guardan la foto que delata su fracaso matrimonial porque su ex marido es agradable a contraposición de ella que solo despierta fastidios por su egocentrismo e imposición de abarcarlo todo bajo su liderazgo, pero que también hay algo de lo que le hace ver la hermana menor de Matt, que la envidia y la mediocridad los subyuga. Y sí, duele y pica el filme, una hazaña para el cine que no se congracia -en grandes rasgos- con nadie, aunque permite aire en cada capa sacudida.

Arrancarse cabellos y ser proclive al alcoholismo juegan a desdibujar límites hacia el abismo mientras vamos descomponiendo la figura de la independencia, la libertad, la soltería, la escritura o el atractivo físico, todo es menos de lo que implica, sea siendo una redactora fantasma en una serie moribunda o con modeladores de senos que al descubrirlos restan voluptuosidad. Hay una desmitificación de un orden establecido que seguro contentará a algunos espectadores, sin embargo seguirá siendo muy poco para ambientarnos a contracorriente del deseo de lograr lo que Mavis tiene y se destruye; un filme audaz sin lugar a dudas pero pobre en cuanto a emociones, a hacernos soñar y a ser optimistas, que está plagado de conformismo, de una misericordia miserable, de una crudeza y sarcasmo que no produce confabulación sino fastidia y que se ajusta con el orden de ver lo que es en realidad la existencia en éste planeta pero que viene con aspereza por más que quiera otorgarse un aire ligero y superado. Claramente es buena la propuesta pero todavía extraña , difícil de asimilar, muy en la línea de lo que hace Reitman, un cineasta con bastante futuro, lleno de originalidad y que hace honor a la creatividad personal, a ser especial, a trabajar en lo complicado, como la rubia actriz sudafricana haciendo papeles de antihéroe, saliendo de la gratuidad de su belleza para ser algo distinto a lo que se espera de su persona, sin que eso merme atributos irrefutables e inevitables que también importan pero los tres, Cody, Reitman y Theron dispuestos a romper el molde y por lo tanto a ganarse un nicho importante en el séptimo arte.

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