sábado, 22 de octubre de 2011

Las malas intenciones

El cine nacional debo admitir siempre produce una cierta emoción aún no siendo muy a menudo del todo elogiable y bien logrado; hay una complicidad que se forma alrededor de él, y es que nos vemos identificados como peruanos y eso también nos hace proclives tanto a amarlo a toda costa como a ser más exigentes; nos movemos por las pasiones de nuestro cine.

La ópera prima de Rosario García Montero se presenta como la película más destacada del año en el panorama nacional, y con el auge que muchos sienten que vive el cine peruano volvemos la vista con entusiasmo, pero aunque la obra no yace entre ese reducido grupo de máxima gloria que ostentan títulos como La Teta Asustada (2009) debo admitir que tiene cualidades que no la dejan mal sino en un lugar decente.

La trama nos remite a una niña de ocho años, Cayetana de lo Heros, que un día descubre que su madre está embarazada, eso le depara muchos sentimientos de consternación guardados que deparan la exteriorización de su enojo y su preocupación en su predisposición a ciertas malacrianzas –el robo del dinero, las manchas sobre los cuadros- y el aumento de sus ocurrencias –la medicina al canario, la leche a los gatos-, con lo que ella decide que el momento que nazca su hermano será el último en su vida. Cayetana de los Heros es interpretada por una talentosa y prometedora Fátima Buntinx que con mucha soltura y expresividad se apodera del personaje, salvando algunas deficiencias fuera de su actuación que yacen en el guión. La pequeña es de carácter complicado, no suele sonreír mucho y alberga un espíritu rebelde e independiente a la vez que una simpatía que irradia al espectador aún en su individualidad e intransigencia. Siente una admiración que la conduce a imaginarse junto a los héroes patrios en una audaz intervención que yace en el filo de lo aceptable y lo intragable, siempre al borde de caer pero sin hacerlo, en ello hay un buen manejo que sobrio escapa del desastre.

Un elemento a destacar es el contexto de la guerra interna y de la aparición del terrorismo, estamos en 1983 y las maniobras militantes de esa revolución popular fratricida son vistosamente colocadas en el filme, otro acierto de la creatividad de la novel directora.

La relación con la madre es tirante y tampoco alberga mucho afecto hacia su padrastro, un tipo tranquilo y flemático, que no se nos describe demasiado excepto por un pasatiempo y por su clase social privilegiada. En cambio, como no puede ser de otra forma, el padre es la luz de sus ojos, que hace el cantante Jean Paul Strauss, pero quien presenta una actuación ineficaz y junto con él la progenitora tampoco logra sobresalir, la actriz Katerina D'Onofrio como Inés, que a ratos parece querer reírse involuntariamente o esa es la sensación que deja, aunque a la mitad en delante de la realización mejora. Por la pantalla atraviesan muchos familiares de la niña, cada uno leve, sin llegar a crearse mucha complejidad en su propia imagen, y en ese sentido se denota que sirven para ampliar el espacio de movilidad de Cayetana, que es la ama y señora de éste filme, tanto que su cotidianidad y visión infantil controlan el panorama que observamos, y es loable esa recreación; en ningún momento dejamos de creer en ésta.

Destacan muchos actos que se mueven en base a nuestra realidad, que llevan cierto aire calmo de creatividad que elevan su intervención, vemos a un pescador invitar un trago de aguardiente a una menor, a la empleada amenazando a su pequeña patrona con ese latiguillo autóctono de “te fregaste, niña”, pero sin llegar a más, o a los empleados mostrándose irónicos frente al incumplimiento inmediato de su pago a puertas de navidad. Sin embargo, hay lugares comunes en detrimento de la sorpresa, el seguridad cuidando la garita en el cerro no es algo ingenioso, y en ello hay que criticar que mucha de la gracia del filme es bastante predecible y hasta de aspecto seco en un ambiente que a instantes se hace un poco pesado; lastre de nuestra idiosincrasia cinematográfica el buscar la fácil comicidad a falta de mejor drama, aunque hay algunos momentos lucidos y originales. La película al manejar tantas circunstancias menores tiene de donde escoger, el momento con los cuyes cae simpático, aún siendo manido; o los monólogos de Cayetana suenan a veces extraños al decirse en voz alta hacia su propia consciencia, siendo un vaivén de asertividad y de fuera de lugar; son aciertos y defectos de una cineasta que gana por conjunto.

Se agradece que no se busque el efectismo y la arbitrariedad de algún drama, pero también es notorio que falta algo de fuerza en lo que postula si bien el filme termina siendo una contención de las emociones que siente fluir en su interior la niña, que despertará en su pecho la muerte, otro sub-tema que circunda en el filme, en la mejor amiga, la protagonista o el futuro bebe.

Hay que recalcar que la interacción con el entorno tiene sus gratos resultados a pesar de algunos clichés en los que a futuro tiene que trabajar más García Montero. En general es un mosaico de pequeñas aventuras intrascendentes para un adulto, pero vitales para un chiquillo y en ello se irgue en un triunfo en lo que es la esencia de la película. La anciana sirvienta queriendo darle un vaso de leche a paso de tortuga es impagable; el viejo barquero explicando sobre la ceguera de los peces de un río de la selva o el chofer de color rechazando un chicle proporcionan una rutina con datos adicionales que dibujan la procedencia social y su convivencia; sin romanticismos y sin crítica social; cada uno ejecuta su rol y tienen sus perspectivas, como cuando lo deja saber el conductor que transporta a Cayetana al colegio, en su intensión de poner una renovadora de zapatos. Éste es el sendero que asume el filme. Está la presencia del conflicto armado, pero sólo su subsistencia distante; no hay mayor mensaje ni reflexión, aunque más que seguro corre por cuenta personal alguna conclusión.

Las particularidades de la niña, los héroes, el terrorismo, la invisibilidad, dan material para otorgarle profundidad a la trama indirectamente. Hay una calma que implica una evolución emotiva y mental en Cayetana, que busca ser el centro de atención, no perder su sitio ante el fracaso del matrimonio de sus padres o por la llegada de un recién nacido. A través de Cayetana se encumbra la importancia de nuestra humanidad, desde sus ojos que nos hacen de prisma para ver el mundo con su inocencia, sus sueños y problemas, tan importantes como los de cualquiera, por lo que la elección de la niña y la dirección de la cinta merecen nuestro respaldo.

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