lunes, 10 de octubre de 2011

El olor de la papaya verde

El vietnamita Anh Hung Tran con ésta cinta ganó la cámara de oro del Festival de Cine de Cannes, un Premio Cesar a la ópera prima y fue nominado en 1994 al Oscar a mejor película en lengua no inglesa, con lo que su inmersión en el séptimo arte empezó muy bien. En su estructura nos presenta tres líneas argumentales en dos tiempos distintos.

El personaje en el que gira la historia es Mui (Tran Nu Yen-Khe), una niña pobre, silenciosa, acomedida, feliz y tranquila que pasa a ser sirvienta a la edad de 10 años a una casa acomodada, en la que hay cierto constante conflicto, el padre suele ausentarse del hogar escapando para darse al abandono, la madre padece la falta de una hija mientras los tres vástagos sobre todo los pequeños sufren psicológicamente de esa inestabilidad familiar reaccionando negativamente.

La niña comparte su día a día con esa parentela y con otra empleada más vieja que le va enseñando los quehaceres laborales. En su deambular cotidiano suele maravillarse con la naturaleza como con en el aprecio por el corazón de la papaya verde y con los animales entre sapos, grillos u hormigas a los que les brinda amplias sonrisas y cuidados, las tomas de detalle amplifican su fascinación visual, hay un enriquecimiento sentimental trasmitido con su detenimiento. En ese aspecto la cámara ayuda a compenetrarnos con la pequeña que despierta nuestra complicidad con tiernas actitudes, con su obediencia y recato, a través de su desborde de humildad. Ella es un ente observador y lateral de lo que sucede entre las cuatro paredes en las que trabaja que es el escenario de un microcosmos lleno de matices vivenciales, la problemática acaece sobre sus patrones y descendientes, vemos sin mucha rimbombancia el acontecer común de estos, su apego por la música en sus instrumentos tradicionales, su preocupación por mantenerse tras los escapes del marido, el rezo perpetuo de la abuela, las malacrianzas del más chico, las explicaciones de la criada antigua y seguimos presenciando un sinfín de momentos discretos que hacen de la trama un discurrir cambiante pero sin atribuirse efectismos sino creando un contexto de auscultación emocional calmo y sugerente que busca la recreación promedio de una morada vietnamita pero compartiendo esa lucha natural frente a las tragedias que a todos los seres humanos les sucede.

Uno de los beneficios de ver cine es poder conocer otras culturas y en éste filme la ambientación identificativa no falta con la religión, la gastronomía, la educación o el arte. Algo a rescatar es la interacción que tienen con la naturaleza, no hay mucha tecnología y se vive con mayor aproximación a lo rural. El discurrir es poco artificial o quizás hasta nulo en ese sentido, donde brilla la lectura, la música, la meditación, la limpieza y la cocina casera. Los diálogos son los justos, tanto que nuestro personaje principal indaga con los ojos y solo bajo pocas preguntas. Es mayor la motricidad humana la que impera en la película, los gestos tratan de ser completos sin necesidad de palabras pero estos movimientos no albergan mucha complejidad porque la cinta finalmente no dramatiza con fervor sino mantiene un aire algo indolente y contenido aún en su transparencia que parece ser propio de ver al mundo desde la perspectiva oriental con una mayor contemplación y reflexión que una poderosa materialización del dolor existencial, se siente que tiende a eludir el sufrimiento, a sobrellevarlo con dignidad o a ocultarlo mucho más que en occidente aunque frente a la muerte todos caigamos rendidos por igual.

En su segunda parte de la realización transportados una década después nos abocamos al romance, Mui yace enamorada de un amigo del hijo mayor de la casa en que siempre ha servido, pero debido a su timidez y a su condición social solo puede aspirar a atenderlo hacendosa a la distancia, observando que nuevamente la música predomina. El joven pianista y compañero cercano del más adulto de la prole de la que fuera como una segunda madre para Mui está prometido con una dama moderna y más sofisticada pero en la típica representación del amor seremos participes del intento de lo aparentemente imposible, de lo romántico y de lo inocente, de la demostración del sentimentalismo más abierto, en parte insípido y carente de prejuicio, del sueño que rompe los límites impuestos por la sociedad.

Éste filme posee una belleza artística que realza la simpleza de sus postulados, no posee una carga fuerte de dificultad en su trama, no prolonga ningún acontecimiento por más grave que parezca ni alborota el relato sino se dedica a proyectar un momento y huir hacia otro campo, y aunque tiene muchas ideas debido a variedad de desgracias e inconvenientes no pretende exagerar o ser persistente sino más parece decir que los obstáculos se dan y que la vida continua, como cuando falta dinero, se venden unos jarrones caros y se compra arroz, la suegra culpa a su nuera de las fugas de su “santo retoño” y ésta en lugar de amargarse o resentirse mantiene su bondad, un viejo se conforma con averiguar por la salud de la abuela y observarla a los lejos aún habiendo sido rechazado toda su existencia. Hay mucha exhibición de afecto acariciando el cabello o lo pies, regalando un vestido, viendo dormir a Mui, es una cinta que no aspira a las pasiones sino a los sentimientos sencillos de los que estamos rodeados y que nos dibujan de cuerpo entero, quizás por eso sea un estupendo filme sin que medie nada realmente espectacular más allá de la personal idiosincrasia que por pedestre no menos trascendente como refleja la magia de éste cineasta vietnamita. Es en su roce que vislumbramos la esencia de nuestra humanidad, del corazón y sus dosificadas tribulaciones, de sus dulces y dóciles apetencias, de su diario vivir, del inevitable transcurrir.

9 comentarios:

  1. Pues la voy a coger. La había visto expuesta, pero no me había decidido. Me gusta esta forma de "viajar"

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  2. No la he visto, de nuevo. Mira que intento ponerme al día para poder hablar con mis cinéfilos favoritos, entre quienes te encuentras, claro.

    Me la apunto a ver si puedo encontrarla y verla, me interesa. Gracias por seguir descubriéndome cine.

    Un abrazo!!

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  3. Este blog siempre da buenos consejos a la hora de escoger una buena película para relajarse. Saludos.

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  4. Comparto esa visión que apuntas de conocer otras culturas a través del cine. Amamos el cine americano, su forma de contarnos una historia, pero el cine es tan ancho y largo como el mundo. Esta película de la que hablas es sencilla en su planteamiento, atenta al pequeño detalle con la municiosa sensibilidad asiática, y desde luego con una exquisita imagen. Un saludo.

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  5. No conocía esta película pero es del estilo que me gustan, que te ayudan a acercarte a otras culturas, así que intentaré buscarla

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  6. La tengo descargada en mi Pc para verla pronto, es una lista larga. Me atrajo justamente eso que describes, de la belleza artistica de la cinta, y de evocar gratos sentimientos humanos. Me encanta el cine oriental, sera seguro una agradable propuesta.
    Un abrazo.

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  7. Hola Mario! No conocía la película, pero es tan completa la descripción que haces de ella, que por un momento incluso he podido imaginar los bellos paisajes naturales, e incluso los inocentes y asombrados ojos de la niña. La cultura asiática me encanta, todas y cada una de las películas que he podido ver en las que se mostraran sus costumbres me han gustado. Por supuesto me la apunto, seguro que disfrutaré viéndola. Besos.

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  8. Los orientales tienen una forma tan suya de expresar sus emociones en el cine. Intrigan sus películas con títulos que no pasan desapercibidos (como en este caso).

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  9. Otra película que tampoco conocía. Y me la apunto, que mis últimas experiencias con el cine oriental están siendo muy buenas. Y por lo que cuentas, esta película pinta preciosa.
    Besotes!!!

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