lunes, 25 de junio de 2012

No habrá paz para los malvados


La gran ganadora de los Goya 2012 fue el presente filme que se llevó 6 efigies de bronce del mítico pintor español, en los apartados más importantes como actor principal, guión original, película y director, dentro de 14 nominaciones. El director es Enrique Urbizu que ha sabido hacer una realización entretenida de buenos momentos de acción y continua persecución.  De arranque el escenario está dispuesto pero pronto invoca un giro tras otro, seguridad que denota convicción y se maneja bien en las distintas sub-tramas interrelacionadas.

El cineasta vasco que además es co-guionista del filme, junto con el francés Michel Gaztambide en su tercera intervención mutua, ha enredado un poco la trama –para bien en cuanto a que con ello ha creado un filme intenso del que no se siente el tiempo, y complejo en apariencia, con hartos vaivenes y actividades criminales del jefe, ambiguo y oscuro, y los villanos- metiendo musulmanes radicales con narcotraficantes colombianos con lo que saltándonos cierta ausencia  de necesidad de claridad detallista ha sabido darle suspenso y prolongación justificada a su obra, a lo que en resumidas cuentas se ha podido –y dice más, y más rápido- reducir a esa doble interrogante puntual que ha tenido la buena disposición de facilitarle al espectador.  La fiscal Chacón, bella española de mirada firme y rostro frío, su sonrisa más bien nos saca de cuadro (véase cuando habla por teléfono con su hijo), apunta a su detenido, el policía de secuestros Santos Trinidad (José Coronado) y nos lo resuelve todo de golpe.

El título es sumamente preciso que nos hace entender el conjunto una vez que nos percatamos de qué condiciona al ex -comando antinarcóticos destinado anteriormente a la embajada española en Colombia; unimos cabos y listo, todo está resuelto, ya tenemos el leitmotiv de la película, algo que a alguien como Sylvester Stallone dicen le ha entusiasmado mucho con lo que pretende llevar a cabo el remake americano. Imagino lastimosamente desalentado la debacle al manipular una figura central que está en el limbo en cuanto a bandos y aceptación del público, puedo anteceder que se maquillará la brutalidad, los detonantes y el background de nuestro protagónico, auguro una total mutilación salvo que se quiera transformar el perenne estereotipo que impone una superstar del Hollywood más comercial,  lo que resta dejando en pie el misterio que no creo suficiente ya que se resuelve a medio camino, inteligentemente porque hay una segunda cara que potencia lo anterior.

Es un filme europeo muy acorde con esa libertad que ofrece no contar con actores más importantes que el relato en sí, excusando solo el atrevimiento de aquellos interpretes que buscan los papeles más ricos que se pueden abordar en el séptimo arte, esos que no temen volarle la cabeza a un ser humano mientras corre desarmado para salvarse de la muerte o ese que es apuñalado como un perro callejero, un mortal que no tiene estrella ni encanto, un antihéroe salvaje que calculador sí, frío también y bien entrenado además, no tiene amigos ni ética policial o moral pero si un plan personal capaz de burlar a todos a su alrededor y acabar así con sus blancos, ocultos en negocios sucios, coludidos con narcos, regentando clubs nocturnos, poniendo bombas o comerciando con drogas.

Visto atentamente estamos ante una sacada de vuelta de un arquetipo cultural, el personaje de Santos Trinidad deja una esencia audaz y desmitificadora, para lo que un aire explicito y la necesidad de violencia mismo gore se hacen indispensables. A último momento poco importa quién tiene la razón, quizás nadie, que no sea la de la bella toma en la silla y la pistola flotando sobre algún dedo. 

El filme es un Imperfecto mecanismo sabroso que prolonga la trama sin repetirse y dando escarceos, tensión bien movilizada, aunque haya algunos ratos sobrantes de parte de las pesquisas de la fiscal, una antagonista interesante a un rival mucho mejor que se pasa por encima las pruebas que nos lo describen y entregan como en una escena cómplice de Hitchcock con el público; un asesino que brilla más que cualquiera y con abundante realismo.

miércoles, 20 de junio de 2012

Prometheus

La nueva cinta de Ridley Scott ha sido uno de los estrenos más esperados del año, llevaba una buena publicidad que logró acaparar la atención, el cineasta inglés decía que iba a ser algo nuevo y que abordaría una de las grandes búsquedas de la humanidad. Ha sido verdad pero también son promesas incompletas las del director de las legendarias Alien (1979) y Blade Runner (1982), que lo sindican como un maestro del sci fi aunque algo dormido tras estos éxitos.

Nos dio algo reciente aunque tampoco demasiado novedoso que nos remite a una etapa anterior a la del octavo pasajero tocando sutilmente los antecedentes del monstruo alienígena. No resolvió mucho en lo central -a lo que nos dispuso- ni tanteando ni presentado ninguna hipótesis en la trama. Lo que sí logró es mantener la tensión en la primera parte del filme en que nos hallamos en un planeta desconocido que ha enviado señales que pueden responder a la grandes preguntas de para qué existimos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, conociendo a nuestros creadores. En la cinta, denominados como los ingenieros.

La trama remite al descenso de un espacio extraño que pronto empieza a ser un lugar temible y amenazador para la que se considera una expedición pacífica de reconocimiento e investigación financiada con capitales privados de un mecenas que acaba de morir, Peter Weyland (Guy Pearce, irreconocible bajo tanto maquillaje, una figura visualmente recargada y de aspecto falso) que dejó todo a cargo de la dura y absorbente Meredith Vickers (Charlize Theron) junto con su sirviente el autómata David (Michael Fassbender), una vez que quedó fascinado con las teorías de una pareja de científicos, Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall Green, actor americano poco conocido que predomina en la primera parte de la realización).

El filme es atractivo en cuanto a la curiosidad que va despertando, desarrollado con mucha inteligencia y que denota obvia experiencia del director que pone cada encuentro como si de una clase de arqueología espacial se tratara. La cueva en la que se introducen es misteriosa y tiene elementos que van entendiéndose, generando dudas, emociones, desencadenando circunstancias que van poniendo la nota de terror fantástico en el ambiente y anticipan un clímax que nos llevará a un desenlace céntrico y reparador si bien se compone de varios ratos de estupefacción o lucha que lleva un ritmo constante de sacar una novedad más cada cierto tiempo que inevitablemente u adrede va bajo lo que hila/oculta el mundo de Alien repitiendo ideas muy bien tratadas, una autopsia, una inoculación y un space killer. Éste último es el trasunto o germen que da base y sentido a lo que estamos presenciando.

Vuelven las constantes de Scott como en la mayoría de autores que llevan una cosmovisión única procesada, una marca de casa, y en realidad ya de todos en el género del horror mezclado con la ciencia ficción, pero agregando a ésta realización algunas razones filosóficas y literarias, preguntas sobre todo, que quedan rondando por debajo de la acción que lo aborda todo a manera de imán para el espectador, aunque solo se atreve ante la particular interrogante de ¿por qué nos odian? en el enfrentamiento de los padres con los hijos y en relación a la motivación de los actos de ambos, una audacia del cineasta británico en otro nivel que se plantea interesante en la convivencia social e incluso del arte. 

Yendo al meollo del asunto, lo que compete al filme, se pueden hallar contundentes respuestas entorno a ésta inquietud desconcertante y es que parte del secreto de la expedición justifica ese deseo de aniquilación, el ser humano es tantas veces un monstruo al que no le importa nada si tiene algo que quiere. No solo eso, sino porque puede, se adapta fácilmente de uno de los diálogos de David con un desenfadado Holloway que habla con toda franqueza y sencillez cuando el robot hace una comparación entre a que se debe su invención y la del hombre. También principalmente porque la humanidad busca ser su propio dios como en la mitología griega en que el titán Prometeo buscaba equiparar a los hombres con Zeus a quien engañó en varias oportunidades como en el robo del fuego que es como entregar la sabiduría ancestral al control humano, y que es el nombre de la nave espacial que articula el periplo de la aventura.

Un holograma es el disparador oficial de lo que se viene y se van dando descubrimientos, superficiales pero atrayentes que van creando un contexto que empieza a agregar datos que vamos hilando sobre qué pasa en éste lugar que esconde secretos que pueden ocasionar la destrucción de nuestro planeta. Algo se agazapa en la oscuridad y estamos por conocerlo. Las expectativas van disminuyendo a medida que evoluciona el metraje. Más es meterse en sucesos que sólo distraen, perdiéndose ese especial entusiasmo por algo interesantemente oscuro en pos de ser develado, que antecedía como promesa. Vemos esas cápsulas que nos recuerdan a la incubación del alien pero efectivamente se van dando otras “novedades” pero pequeñas, relativamente repetidas, muy acordes con disponerse para un videojuego, lo cual igual está perfecto porque es un filme entretenido, despierto.

Rapace es nuestra actual Ripley que es menos combativa pero aún eficiente. Destila una cierta sensibilidad y delicadeza aunque puede ser fuerte. Debe serlo, ya que es básico en su interpretación que de no ser así no la hubieran escogido. No es tan carismática e impresionante como la caracterización de Sigourney Weaver pero termina funcionando. La mejor de sus intervenciones se da cuando se auto-practica una cirugía que junto con la inmolación del capitán y algunos tripulantes destaca de lo que vemos en la película, generando adrenalina en la primera tanto como épica emoción en la segunda que es lo antagónico de una secuencia en que una transformación crea un ataque frontal a poco de una rociada salvaje de fuego con un lanzallamas. Ésta parte del filme aunque encaja parece estar demás siendo la mala resolución de una expectativa. La actriz sueca contrasta para bien entre lucir pequeña y normal con la actividad a la que debe acometer. Cuando dice ya no puedo más se hace muy verosímil. Da la sensación de estar enfrentando algo muy superior y eso agrega porque sobredimensiona lo que hay, sin increíblemente ser incoherente al resolverlo (punto a favor que ayuda al mismo Scott en cuanto a los rivales).  

Theron, ésta vez, luce en cierto grado forzada para dar la cara de una mujer fría que quiere subyugar al grupo. Esto quizás porque se le quiere en el guion de intrascendente y esquemática siendo muy propio su valor de ese final de para que no moleste más. Fassbender es el personaje más rico del conjunto y el otro sostén de la película. Sobresale en su actuación, sin tampoco reventarle bombos y platillos. Consigue dar la talla como protagonista (quien pasa por indispensable), gracias a que se le emplea como el que se mueve en las sombras y va generando el movimiento que requiere el filme. A un plano el planeta y su enigma; al lado el autómata.

Prometheus respeta el legado de sus predecesoras, razonablemente porque Alien es una obra maestra y el concepto que reúne las cuatro son palabras mayores. No obstante puede verse como algo independiente siendo un filme menor dentro del sci fi, o ser encuadrada como un complemento de la saga ganando la eternidad para los fanáticos. Un quinteto entonces. Que así sea.

viernes, 15 de junio de 2012

Blackthorn


Un filme que compitió por varios puestos en los últimos Premios Goya, un western que imagina al bandolero legendario Butch Cassidy aún con vida escondido ya viejo bajo otro nombre en Bolivia. Dirige el cineasta español Mateo Gil en su segundo largometraje de ficción, quien cuenta con el prestigio de haber sido el guionista en toda la destacada filmografía de su compatriota Alejandro Amenábar (menos en Los Otros, una producción cinematográfica de sociedad americana), haber ganado 3 Goyas por dicha labor y uno por un corto de su autoría. La película que tratamos ganó 4 efigies de Goya de 11 nominaciones.

Tenemos a Sam Shepard fungiendo de Cassidy, al que lo reviste de nobleza más no de salvajismo, sobrellevando una amigable figura que se aproxima al espectador como uno de esos héroes característicos de los western, sin embargo se ha de resaltar que la película no busca ser la típica historia del oeste aunque claramente cubre toda forma esencial, se adscribe tranquilamente a su idiosincrasia pero trae una más exigente perspectiva, una audaz que no crea combativos antagonistas ni retos de mayor velocidad con el arma, sino que nos pone una inteligente historia que es más una sorpresa final, digna de un alegato de honor y honradez, la última aventura de un forajido amigo del pueblo y que avejentado aun guarda algo de fiereza pero no impresionante sino más clásica del que se arriesga a flirtear nuevamente con la ley del más fuerte pero en otra categoría, una de supervivencia ante la juventud de sus enemigos, de preferir la huida al choque, de hacerse con un dinero para cumplir metas, en Cassidy es viajar a Estados Unidos a ver a su sobrino e hijo de su entrañable amigo Sundance.

El contexto es que un ingeniero y también cowboy de origen hispano roba un dinero a unos propietarios de una mina y al estar indefenso –sin caballo y deshidratado a puertas de la muerte- perseguido en el páramo boliviano trata de sacar ventaja de James Blackthorn, el actual sobrenombre de Butch Cassidy, un asunto lleva a otro e inmediatamente (un pequeño defecto es ese desarrollo tan raudo) se vuelven socios decidiéndose a ayudarse mutuamente a favor de disfrutar de ese magnífico hurto multimillonario, para lo que antes deben escapar de quienes esperan recuperar lo que se han llevado. Un punto resaltante de la trama es que no son tan importantes los que vienen detrás (no físicamente, pero sí en otro nivel mental), aunque hay un intercambio de fuego, que no es tan convincente. Un acuchillamiento luce como una clase de efectos especiales de cine barato y no solo eso sino la escena en mención la hemos visto incontables veces en la gran pantalla. No obstante la toma de Blackthorn empuñando su rifle con el fondo del paisaje desértico bien hace gala de esos dos merecidos premios de fotografía y dirección artística que obtuvo el filme en los Goya.

Las dos escenas de violencia de la realización resultan trascendentes e ingeniosas dentro del entendimiento de la historia pero no visualmente, no es un western que valga por su intensidad escénica –no hay emociones viscerales sobresalientes de orden primario pero excitantes- aunque lo intenta de cierta forma, quizás por cumplir o, mejor dicho, es así para darse mayor alcance conceptual y bajo esas características es loable porque funciona, y es que cierra perfectamente el círculo con una muy clara realización propia de alguien muy racional.

Cada personaje juega un papel decisivo, Eduardo Apodaca, el guapo y popular algo infravalorado Eduardo Noriega, es compañero y reverso del principal en las correrías; Yana, la peruana Magaly Solier que apenas sale pone la nota sentimental y autóctona que ayuda a la imagen del gringo comprometido con Bolivia (un gusto ver hablar español a un anglosajón además), y por último está Mackinley (Stephen Rea), el oficial de la ley americana que sirve de llamado de atención a Cassidy.

Otra parte del formato cinematográfico presente es el del pasado, bajo flashbacks donde están tres actores internacionales que son categorizados en el séptimo arte como por lo general secundarios con alguna cinta interesante, el danés Nikolaj Coster Waldau y los irlandeses Padraic Delaney y Dominique McElligott, los jóvenes Cassidy, Sundance y su mujer Etta respectivamente, algo que nos recuerda quien es realmente Blackthorn, el relieve de la historia, de lo contrario se reduce a algo inferior, aunque la personalidad de éste se hace en el filme y en el trance de la última aventura. Lo vemos a Cassidy cantando por buen rato bajo la voz en off en plena cabalgata distante o siendo dulce en una carta para su sobrino. Pero fuera de ser recuerdos necesarios solo sirven de aporte correcto, no generan nada de mucho valor agregado a lo histórico en el ecran siendo algo funcional, casi podrían pasar desapercibidos. Tampoco los rostros se nos dibujan muy bien aunque den la nota curiosa, hay un tono humilde en general, aunque Rea haga de borracho que es algo que se pega a la memoria.

Ésta nueva película de Butch Cassidy transmutada a un tipo autodenominado Blackthorn, nombre que se aplica en la traducción debido a una vida difícil, se ciñe a la característica de que era el cerebro de su banda, o en los atracos con Sundance. Más que de rápido gatillo solía aplicar la inteligencia y sobre esto versa el concepto total de la realización.

lunes, 11 de junio de 2012

Arrugas


Me aboco a una novela gráfica llevada al cine, ganadora de los Goya 2012 por animación y guión adaptado, perteneciente a Paco Roca, dirigida por Ignacio Ferreras. Es la historia de Emilio que llega a un asilo de ancianos, con posibles problemas mentales, y empieza su nueva vida  como en un primer día de clases, pero temiendo ser llevado al piso de arriba donde están los viejos de avanzada enfermedad, un especie de limbo del olvido y la indiferencia, situación que está muy próxima ya que tiene Alzheimer. Conoce a Miguel, un avispado y aprovechado anciano de origen argentino con quien estrechará fuertes vínculos de amistad. La trama vuela sobre estas dos personalidades, una disciplinada existencia menoscabada por los cambios de la edad y otra robusta, desconfiada y a la defensiva.

Desconcierta la situación de Emilio y la del instituto en general, que no se trata de maltrato, ser viejo se convierte en un lugar que se describe en el mundo de la decrepitud solo para comer, dormir y cagar, una monótona falta de intensidad que los recluye en medio de la nada, aunque en el interior muchos guarden el deseo de sentir emociones, de seguir conteniendo vivencias como nadar en una piscina servida solo de ornamento o salir a pasear en auto a la calle cuando no hay permiso, simplezas que se hacen añoradas encerrados tras cuatro paredes cargando sus deficiencias, su taras y su decaimiento físico como mental. Sin embargo afligidos por la impotencia de lo inevitable aspirando a ejercer alguna libertad o recubiertos de sueños e imaginación como la mujer que cree estar en el expreso de oriente, nos dan un llamado de atención; dedicado a los ancianos de hoy, a los de mañana, es decir, a todos nosotros, que pasaremos por ésta etapa.

Emilio influirá con su caso y amistad en Miguel dándole una visión más humana, despertando el compañerismo y la ayuda del prójimo, un ver por los demás a los que se les deja de lado, en la trama a todas esas personas que atraviesan el difícil trance de la vejez, repitiendo mecánicamente lo que dicen los demás, temiendo ser secuestrados por los extraterrestres, creyéndose en un tren de primera clase, solitarios sintiéndose una carga, no sabiendo cuidar a un perro pero queriendo tener alguno, perdiéndose en la enfermedad, en la ausencia de cuidados personalizados más que de trabajo, de cariño que necesitan, como en el ejemplo de la mujer que atiende a su esposo con Alzheimer extendido que parece no reconocer a nadie pero ella lo protege y le ama sin importarle lo que diga la ciencia.  

Es un golpe realista el que presenciamos en el filme, una historieta que no vale tanto por sus ilustraciones en pantalla, que son correctas, pero bastante llanas en cuanto a arte, poco modernas y con un color opaco, pegadas a asumir el relato más que todo y ahí yace su poder, porque lo que se nos cuenta es importante, descrito desde la anécdota pero ejemplificado con inteligencia para notar que el final de nuestros días no puede ser tan cruel, que el pasado -viendo los flashbacks- merece una retribución y continuidad, que no se debe temer envejecer ni caer en un aislamiento feroz sino como en el desenlace tener y crear esperanza, un ambiente de amor y compartir, para lo que se necesita entrega e identificación, algo coherente ya que efectivamente seremos todos viejos en algún momento. Además, porque el filme duele, porque no podemos ser tratados así, con desdén u solo obligación, ni comportarnos como Miguel, decepcionados del mundo y nuestra humanidad; la vejez no debe seguir sus palabras, no puede ser tan desastrosa ni injusta tras una  larga memoria familiar, experiencia vivencial y tanto trabajo sino una nueva realidad que confía, que apoya, que aligera, que facilita sueños todavía, que aspira también a la felicidad.

El filme es muy rico en reflexión con un acento ligero y un poco dramático que se remilga en varias oportunidades, pero sin caer en la vacuidad o en el efectismo que malogre la idea central, siendo aunque algo falto de creatividad en ese aspecto, necesario para invocar ese dolor existencial de la edad, ese decaimiento y esa soledad, teniendo algunos momentos no del todo convincentes por verse notoriamente sentimentales pero que en conjunto y en esencia llegan a puerto, la superficie sirve también a pesar de ese cierto aire flagrante porque se entiende algo más aún en su forma más directa; conmueve el espíritu taciturno de un Emilio desorientado, y es por eso que Miguel en  contraposición, un hombre fuerte y que no queda en la sola emotividad sino en la acción, surge como vehículo de cambios, decidiéndose a solventar el compañerismo y la fe, pero previamente necesitando de ese intercambio que le proporciona un entristecido Emilio, que va hacia el abismo, fabricando con su nobleza y su sufrimiento una enseñanza que no solo quiere trasmitir llanto al espectador sino una salida.   

Es un filme convencional, pero muy bien desarrollado, maduro en la temática que trata y en sus discretos dibujos, suave a fin de cuentas en cuanto a su tono a pesar de que llega  a cumplir su misión que es sensibilizarnos y abrirnos los ojos. Su visualidad resulta afable, familiar y es que opta por ser una animación diáfana, accesible, que pone sus cartas sobre el fondo, repitiendo el mensaje hasta hacerlo muy concreto, creando una atmósfera dura pero no definitiva, que tiene sus bocanadas de oxígeno y quiere volverlas predominantes por encima de ese dolor inevitable al que se enfrenta, poniendo antagonistas que son complementarios, recurriendo a una sustancia, la amistad y el vínculo afectivo que nace de ello, una levantada de oreja no sólo para hijos o nietos sino para cada ser humano que comprenda que no es únicamente una obra de ficción sino una sugerencia y un acercamiento a nosotros mismos, con características que juegan a favor porque aun –o quizás por eso- escogiendo una voz menos oscura llega con éxito a su meta: nuestro corazón. 

lunes, 4 de junio de 2012

Alois Nebel


Muchos analistas y críticos daban como elección fija a éste filme de animación para las cinco candidatas a los Oscars 2012, sin embargo el primer largometraje de Tomás Lunák se quedó fuera; una realización de apariencia compleja pero que se resume en un motivo sencillo, la venganza, tras la muerte y el abuso para con los alemanes tras la segunda guerra mundial en Polonia.

Nos instauraremos en el constante recuerdo de nuestro protagónico, Alois Nebel, un maquinista solitario y taciturno, que nos develará la relación que lo vincula con un tipo misterioso conocido como el mudo, en el contexto subordinado al control ruso, a la vez que busca entablar una relación afectiva con una viuda de la estación en que trabaja.

No parece una historia muy atrapante poniéndolo en términos específicos pero éste filme proveniente de República Checa cuenta con la técnica de rotoscopiado que se basa en animación sobre actuaciones reales, lo cual le da a las ilustraciones un cariz muy realista notando que los movimientos se revisten de grave autenticidad.  Además se perenniza en blanco y negro dándole un sentimiento muy acorde con la dureza del medio; lleva una frialdad que envuelve el producto de una madurez conceptual muy digna del arte de la novela gráfica que está destinada a un público exigente y adulto.  Se basa en la obra del checo Jaroslav Rudis.

Vemos que la creatividad de la novela gráfica se adapta muy bien al séptimo arte como un storyboard o guión visual y no sorprende ver la naturalidad de su éxito. Es en pocas palabras dar motricidad a lo que ya tiene forma pero no es nada espectacular sino sosegado como una historia que quiere ser también intelectual y no solo entretenimiento.

Otro detalle para tener en cuenta es que estamos ante una trama muy breve en cuanto a explicaciones necesitando agarrar  cada información destinada en un punto sino no llegaremos a comprender el conjunto, hay una sensación de ambigüedad y vacío que reviste los dibujos de un semblante oscuro pero cumple si prestamos atención como detrás de una investigación que requiere sagacidad. No admite distracción pero tampoco hay que dejarse impresionar por la intención sino regodearnos en su pretensión de dar un producto de calidad haciendo más arduo el comprender –el sabor de un poco de esfuerzo- pero no cae en la incoherencia o en la ausencia de respuestas centrales.

Entendida la idea de convertir el filme en algo difícil para el espectador, creando un engrandecimiento de lo que podría ser menor y básico, para lo que las imágenes se vuelven importantes para crear no solo una atmósfera sino prolongar sin redundar y dar el aspecto de estar necesitando saber más, se dosifica y se distribuye una estructura que implica diferentes tiempos en juego que giran en torno  a Nebel que vive en el misterio a pesar de ser un ente pasivo, débil, primario que está atado a un suceso de su niñez. Un hombre mayor que representa tópicamente alguien bondadoso pero incapaz de generar nada.

Estamos sometidos al invierno, a los trenes, a un régimen militar y en esos tres cuadrantes atendemos a la personalidad y existencia de un maquinista que vuelve a su memoria. Lleva el filme una sugerencia interpretativa que viene de una cierta filosofía de elipsis. El hombre del tatuaje en la mano se pliega al odio, al amor, a ambos y tiene remordimientos. Existe una división entre los que se cubren la espalda y los que no ven nacionalidades aun siendo de la misma “familia”. Nebel tiene consciencia aunque sin atenerse a consecuencias ya que solo rueda sea hacia el sanatorio mental, su puesto de trabajo o hacia dormir en una banca, empero oculta una postura, es un antihéroe sin carisma, un pobre diablo a fin de cuentas que solo se permite una libertad callando y mirando, incluso atisba la muerte con resignación, solo el amor lo llena finalmente de resolución.

Una historia seca y lúgubre en todo aspecto que lleva un continuo flashback que de a pocos lo completamos, la niebla, la estación del tren, una mujer con un bebe en brazos, un asesinato y el olvido que no llega salvo con la muerte cerrando el círculo. Una próspera manera de contar exprimiendo y repartiendo algo pequeño en un síntoma de alucinaciones y la expectativa de querer resolver las pistas que se van otorgando.

domingo, 27 de mayo de 2012

A través de los olivos


El célebre cineasta iraní Abbas Kiarostami es el ganador del galardón máximo de Cannes por el filme El sabor de las cerezas (1997). Actualmente asiste al 65avo Festival de Cannes con Like someone in love, compite por la palma de oro; ésta última está ambientada en Japón y nos remite a la aventura amorosa entre un anciano educado y una joven que le vende su cuerpo. Selecciono una película de personal agrado que desnuda su esencia cinematográfica.

El filme nos muestra que Kiarostami busca convertir lo complejo en natural y simple pero no en el fondo sino en la forma, no subyace lo complicado en la trama, que en realidad es muy básica y fácil de resumir en que consta del enamoramiento de un joven analfabeto de una muchacha culta que lo rechaza por serlo y por no tener una casa propia mientras participan dentro de una película, o sea metacine; utiliza de actores a los mismos pobladores, que es algo muy audaz ya que no siempre se logra mesclar realismo y frescura con calidad histriónica, asunto que consigue con notable encanto agregando un aire puro a su realización.

Hay una atmósfera de afecto rondando lo que nos muestra la pantalla, una simpatía que se gana nuestra empatía, fuera de que la insistencia no necesariamente refleje mucho romance o la pareja no sea un canto de poesía sino que se nos hacen muy humanos, muy próximos y en ese cortejo primitivo y sin grandes argucias se parece al de cualquier hombre promedio; ni siquiera la dama se nos hace especialmente virtuosa, puede ser malcriada o insensible pero eso juega a favor del producto, unas figuras muy comunes, la envidia de un postulado no siempre logrado en el neorrealismo, viéndose en el filme un ideal puesto en práctica efectiva.

El concepto del filme es el antes descrito, hacer parecer como que estamos viendo la vida misma, incluso el actor que hace de director nos dice que lo es y nos ubica en pocas líneas sobre lo que referirá el relato. Sin ningún problema, tras las presentaciones, continúa el grupo trabajando la ficción como uniendo verdad con artificio; esto es la grabación de la película en que están Hossein y Tahereh, nuestro vulgar Romeo y nuestra distante Julieta. Da pautas y refleja un cine dentro del cine que no solo muestra su esencia o funcionamiento sino que se acopla a la trama sin fisuras agregando información y sentido al entorno que busca la familiaridad e identificación circulando tranquila por esas aguas.

El quehacer de seducción de Hussein y el silencio de Tahereh va de lo sutilmente melancólico a lo sabiamente dulce hasta lo gracioso, siempre ligero despreocupado con un tono amable para el espectador que se vinculará si está harto de las comedias románticas de resolución de modelo con conclusión feliz, aunque puede ser poco convincente si no somos proclives a esto. Todo confabula por fuera para que se intente un romance pero Kiarostami no va a lo fácil en el enamoramiento y pone muy decididos a ambos en sus antípodas. Sin embargo si bien esperamos una genialidad que los una al final ante tanta resistencia feroz, va más la película de lo que quiere él, de sus circunstancias, de esa persecución y de la nobleza que recalca el amor en juego.  

Empieza como si no hubiera trama y luego de poco crea una casi sin quererlo o pretendiendo que lo creamos de esa manera, con la sensación de espontaneidad e intrascendencia, de que no hay cámaras alrededor o que las vemos en uso como parte de la historia. Sorprende que estemos ante un filme que aspira en toda magnitud a ser sencillo e inocente, que quiere lucir como amateur sin serlo ya que lleva una estética sobresaliente en su reinterpretación cinematográfica.

Éste es un filme que espera que sin que pase nada espectacular nos atrape por completo, basándose en sus pequeños momentos, la broma del eco, los consejos del director (de un Kiarostami oculto que quizás no puede actuar pero si crear un personaje a su semejanza), las consecuencias del terremoto en el poblado persa, la repetición de muchas tomas de actuación para Hussein en una toma fija con un vecino, la impasibilidad de la díscola Tahereh o su trato con su abuela, ver correr a Hussein por el campo detrás de la que quiere que sea su esposa para que instruya a sus hijos, a la que le ofrece comprensión, que siga estudiando o que compartan labores en casa, a la que le dice que son tan buenos como otros para formar un hogar y lograr una vivienda, una retahíla de cositas que con la disposición de asumir esa cotidianidad puede ser vista como una pequeña obra maestra y Kiarostami un genio por llegar y conseguir esa comunicación.

Otro punto clásico de Kiarostami, la geografía rural y pobre es predominante en su arte, que se apega a ese requerimiento de llaneza general, encontrando belleza en todo ámbito menor si se quiere. Hace un constante esfuerzo por romper las reglas del cine de occidente, un cuento amigable y saludable para público que no necesita esforzarse, lo suyo es lo humilde en todo apogeo, pero se entiende la complejidad de lograr esa diafanidad, esa lección de verismo, esa virtud de sus personajes y la empatía con sus población campesina, ese respeto generalizado, un cariño por doquier pero sin facilismos, con la convicción de la esencia. 

My joy

El director bielorruso criado en Ucrania Sergei Loznitsa compite en el 65avo Festival de Cannes con In the fog (En la niebla), una cinta que retrata la convivencia y supervivencia de un partisano ruso acusado de traidor por sus compañeros en medio de la segunda guerra mundial. Su anterior película es la crítica que he escogido para revisar su estilo, el que fue su primer largometraje de ficción convertido por el público en un filme de culto, una rareza siendo documentalista pero que como vemos le ha traído buenos resultados ya que actualmente es segunda vez que se presenta a luchar en la sección oficial del mítico boulevar de la Croisette.

Estamos frente a una trama dura que parece estar adscrita al género del terror ya que asemeja ese regadero de sangre, en la incomprensible ejecución de los hechos, aunque con base relativamente fácil de ubicar en la realidad, sólo que indiferente a las convenciones y es que los guardianes del orden, oficiales del ejército y la policía, pueden ser tan peligrosos como los asaltantes del campo o los mafiosos del mercado que presenta éste relato sanguinario y desmedido, repleto de asesinos despiadados escudados en sus uniformes quienes disparan para robar o encubrir atropellos, una violencia incontrolable que pone a la muerte muy próxima de cualquiera, en una pesadilla que invierte los estatutos de lo que debería civilizar. Ni siquiera la filosofía acomodadiza de un camionero pacifista de que simplemente no hay que estorbar y ser sumiso te equivale a sobrevivir, salvando la locura de volverte un depredador con ese tipo de anarquía en que debes matar primero antes que te maten, o perder el sentido de la realidad.

Los pobladores del medio rural que es el contexto del filme desconfían de sus autoridades o fuerzas armadas, dentro de una Rusia post-comunista, en donde no se teme eliminar a un mayor que se resiste a un abusivo arresto dirigido por subalternos desquiciados. Sin embargo de nada sirve tomar precauciones en el pesimismo de una tierra sin ley en que el terror se da en toda tranquilidad. Loznitsa es implacable con esa imagen creando un aura entre la incredulidad y el impacto, de cara a tanta brutalidad.

La historia central empieza como una atrapante, saludable y lentamente desconcertante road movie para luego ir a negro como en un abismo pasando a habituarnos a un pequeño pueblo aparentemente perdido en medio de la nada, que atisba a sólo enseñar alguna bandera de Rusia en algún traje policial. Llega el giro, enorme, pero seco, mientras quedamos con el asunto en stand by. No obstante ya no hay vuelta que darle, estamos conscientes de que éste es el infierno. Georgy transporta harina al interior del país mostrándonos la idiosincrasia del territorio, niñas prostitutas, iniquidades y venganzas entre compañeros de armas (una matrioska estupenda) o vagabundos que asaltan caminos, hasta que su vida da un vuelco imprevisible que nos lleva a perderlo de vista y reencontrarlo transformado.  

Uno puede creer que hay un personaje principal pero lo más importante más bien es lo que se padece en ese ambiente, la injusticia y el asesinato, que reina sobre todo. Es la ambientación la que ejerce de primer plano y es una salvaje narración que infringe miedo en una sociedad alternativa, fuera de su funcionamiento normal, un discurrir demencial en que al instante se arrebata la existencia. No cabe el efecto de la bondad ya que siempre el desenlace es trágico, no hay hombre que se sostenga en ese medio. Loznitsa lo deja muy claro con varios ejemplos, el maestro explicando el no defenderse incluso en la guerra ya que matar no es una opción para él, el viejo compasivo que recoge al retardado o el mismo minusválido que antes se encomienda torpemente a sus semejantes cayendo en el rechazo y el daño personal.

En el apartado técnico se destaca la constante proximidad de la cámara y secuencias que siguen a distintas personas pasando de una para seguir a otra equivaliendo un personaje secundario a otro protagónico y dándole cabida a diferentes pequeñas historias, a un observar y detenimiento variado que persiste sobre alguien por un rato para pasar a otro que nace y muere en la permanencia y fluidez, o articulando una individualización que agrega más de lo mismo, un caos frenético indisoluble que acarrea negatividad, en que nada mejora, sino se hace más insoportable, más claustrofóbico, desquebrajando toda esperanza para terminar en un callejón (exhibicionista) sin salida, cutremente inverosímil por macabro e inadmisible pero basado en lo que sería un entorno identificable, una crítica implacable de aspecto radical, notoriamente sobredimensionada, focalizada en la nueva forma de gobierno, que funciona mejor o perfectamente como relato de miedo, sin sobrevivientes ni héroes. 

domingo, 20 de mayo de 2012

Hiroshima mon amour

En el 65vo Festival de cine de Cannes hay un autor clásico en competencia, Alain Resnais, integrante de la mítica nouvelle vague. Compite con Vous n'avez encore rien vu (2012). Éste trata de las vicisitudes que genera un dramaturgo junto con sus amigos con relación a la obra Euridice de Jean Anouilh. Para profundizar en el arte de éste famoso cineasta francés, que en menos de 2 semanas cumplirá 90 años, exploraré una de sus máximas obras, que fue su primer largometraje de ficción y una de las mejores representantes del movimiento al que perteneció.

Resnais se apoya en el guion de la escritora Marguerite Duras, creadora de lacónicas frases cargadas de hondo razonamiento algo inexpugnable. El filme se reviste de una elegancia y profundidad en que los diálogos son base de reflexión sobre el romance de una francesa con un japonés en la devastada y vuelta a nacer Hiroshima, espacio geográfico que no piensa olvidar el desenlace de las hostilidades entre Japón y Estados Unidos en la segunda guerra mundial como no logra hacerlo, traumada, Elle (Emmanuelle Riva) que agazapada en un dolor amoroso producto del asesinato de su pareja a solo escasos años de juventud quiere cerrar ese círculo de su memoria al entablar una fugaz aventura con Lui (Eiji Okada), un hombre del que solo sabremos que está casado, muy bien educado y que apasionado insiste en prolongar el affaire.

Bajo la oportunidad de participar en una realización cinematográfica por la paz en la ciudad nipona castigada con la bomba atómica Elle intenta resolver de su mente el inamovible recuerdo de una desgracia acaecida en su ciudad natal de Nevers en Francia, conjugando los dos puntos territoriales en inseparable fusión del lugar y la persona en única humanidad para resolver el pasado pero dejando un pozo en Lui que como factor secundario ayuda y a su vez enfrenta su propio momento decisivo con el que hay que subsistir el resto de la existencia.

Asistimos a conversaciones urbanas, en la intimidad de un cuarto de hotel, por las calles o en un bar. Funcionan para tematizar el seguir adelante sometiéndonos a una especial situación de desgracia que está en pugna para superarse. Hiroshima se vincula con la muerte de un hombre en otra parte del mundo y mientras vemos imágenes derivadas de esa hecatombe que nos sensibiliza sobre la guerra y sus repercusiones acompañamos a esa mujer herida emocionalmente que vive una segunda oportunidad que igual de efímera busca subsanar su corazón y pasar la página. Se lucha con vehemencia, pero no se sabe si podrá lograrlo. Lui pide más que una escapada amorosa, en donde no faltan víctimas que parecen quedar siempre en segundo plano, además de que padecen ellos mismos. Trama de difícil resolución y en las pocas horas que les queda juntos se discute, se rememora, se contextualiza, se usan flashbacks.

Vemos románticas tomas de cuerpos mezclados en las sábanas mientras se repiten frases y se da un tono poético a inquisiciones privadas y vistas detenidamente universales, no exento el producto de fuerte dramatismo, sobre todo en la intensidad visual de lo ocurrido en la ciudad que los alberga actualmente (lleva un comienzo de aclimatación documental a un contexto histórico que puede chocar y desagradar ante su crudeza). Ella dice yo soy Nevers y tú eres Hiroshima, punto central del relato y que articula esa confrontación, esa insistencia de hoy y de ayer, un interminable epilogo que queda en nuestra imaginación rondando luego de tanta cavilación y vacilación, de duda sobre el futuro, para completar como sugiere la trama aunque si vemos a Hiroshima en 1959 (año de la obra de Resnais) hay optimismo, mostrándonos un paisaje bello, próspero y preocupado por la debacle atómica que es un hito de inflexión para sus habitantes y para el resto de los seres humanos como articula Resnais en su tratado cinematográfico. Lleva vaivenes en un hilo que parece espontáneo aunque está bien planificado; es un filme potente y seguro, solo que sin dictaminar respuestas totales sino probas en introspección.

Me resulta infaltable la mención de su relación con la película Casablanca (1942), que podemos ver como denominación de un establecimiento en Hiroshima. En ésta versión un hombre los une y no los separa. La melancolía primero y después el amor de un perfecto romance -aunque pasajero- que hay que vivir para obtener el perdón, el olvido, y cimentarlo finalmente como un recuerdo sano. No obstante es inevitable que tenga de historia triste, ya que todo indica que de igual forma tiene que terminar, desde la que es una experiencia significativa, tanto como concepto intelectual, que es lo que plantea el dúo Duras-Resnais. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

EXistenZ

El canadiense David Cronenberg compite por la palma de oro, en Cannes, con Cosmópolis, una adaptación cinematográfica del libro del famoso escritor norteamericano Don DeLillo que contará con la estrella de Hollywood Robert Pattinson, una amalgama curiosa entre una celebridad de adolescentes y un realizador históricamente para minorías ansiosas de rarezas, un director que no es tan popular entre las mayorías ni en festivales o galas de premios pero alguien que es admirado por un grupo pequeño que le rinde culto y que ha ido incrementando notoriedad.

Desde que Cronenberg se inicio su vena fantástica y de terror en películas de tipo B lo han llevado a ser un pequeño ídolo del séptimo arte. A través del tiempo se ha ido estilizando hasta ofrecer mayor calidad sin perder ese aire personal que siempre lo ha definido de alguna forma como un rebelde que articula cultura. Una obra que le brindó uno de sus más grandes reconocimientos es EXistenZ (1999) que le dio el oso de plata a mejor dirección en la Berlinale.

Confundiendo realidad con fantasía tenemos que la creadora de videojuegos Allegra Geller (Jennifer Jason Leigh), ayudada por un publicista que hace de guardaespaldas, Ted Pikul (Jude Law), decide probar su nueva invención metiéndose en un espacio en donde las conspiraciones están a la orden del día. Así somos introducidos en un circulo interminable en que avanzamos en bucle, participes de la enemistad y conflictos por la destrucción del producto virtual en que se rige el filme. Yendo a la parte central es el relato de dos personas dentro de un videojuego que conectados a un cable por la espalda tienen que resolverse en esos límites pseudo reales.

Cronenberg quien también escribe el guion se las arregla para crear un futuro próximo en que recurre a un aspecto sucio y un gore básico en que caminamos sin saber que viene más tarde, siendo un agregado interesante el querer saber en qué consistirá el desarrollo del juego virtual y aunque es bastante extravagante, tampoco define exactamente que pruebas permiten pasar a otro nivel, se las arregla para mantener coherencia. Exhibe muy bien la intriga, se desconoce si los héroes han perdido o ganado, o si los protagonistas han contraído una infección al ser orgánico el aparato que relaciona el sistema de entretenimiento y por ende está malogrado, mientras se formula una constante pregunta de si están fuera de éste mundo alterno o no.

EXistenZ es un filme especialmente sencillo que se logra sostener sobre todo por la curiosidad y la ambigüedad pero que en sí no se trata de mucho, aunque astutamente no baja nunca la tensión. No se hace problemas en la simulación de un espacio nuevo, pero parecido al verídico, ya que además esa es su arma de fondo. EXistenZ se hace una forma divertida de apreciar a través de su perspectiva de continua desconfianza u oscuridad, no clara para nadie, ni siquiera para la autora del invento que está tan confundida como el neófito de su acompañante, quien es también su contrincante. Estamos frente a un cine raro de degustar, pero bastante atrayente, pulido ya por la experiencia, y aunque ésta película no será una obra maestra es muy digna de un séptimo arte aun aventurero, que no parece pretender más que arrastrarnos ésta vez a una locura ligera que representa el recurso mayor que manipula en su filmografía un Cronenberg que sabe transformar el delirio en entretenimiento.  

sábado, 5 de mayo de 2012

Central do Brasil

Estación Central (1998), del brasileño Walter Salles, lleva un indiscutible respaldo, con sendos premios importantes como el Bafta a mejor película en lengua no inglesa, el oso de oro de la Berlinale, el globo de oro, el premio del jurado en el Festival de Cine de la Habana o el premio del público en San Sebastián. Éste es un filme que nos habla de la relación de una mujer sin ningún tipo de familia que vive de estafar a gente analfabeta redactándole cartas que luego rompe, con un niño que pierde a su madre atropellada en la estación central de Rio de Janeiro, y que mostrará el afecto y la sensibilidad que el amor produce en los seres humanos dándoles la oportunidad de reivindicarse o como es, de solo amar tal cual producto de una novedosa experiencia que derrumba los antecedentes de la perenne desilusión y acerca la fe que otros destruyen en un mundo que como muestra Salles en sus panorámicas rurales y en sus caseríos pobres no nos circunscribe a ningún lecho de rosas.

Una misión aproxima a esa pareja de desamparados como en esa hermosa toma de ambos alejándose hacia el interior de una pista al estilo de Tiempos Modernos de Charles Chaplin; encontrar al padre del pequeño Josué, con la ayuda de Isadora, la actriz brasileña Fernanda Montenegro que estuvo nominada al Oscar por ésta actuación. El padre que buscan es un hombre mujeriego, irresponsable y alcohólico que aún así es la admiración de un hijo que no lo conoce y no para de contar que su progenitor construyó por sí mismo su casa producto de su habilidad con la carpintería. Josué sueña con ser conductor de camión y su perspectiva de vida es tan simple como la del contexto y el conjunto de los personajes que nos reúnen frente a la pantalla. Salles hace un acercamiento a una naturaleza muy precaria, una población muy básica que se saben como dice un poblador en el fin del mundo pero sin romanticismos ni exageraciones melodramáticas sino que nos ubica en la religiosidad de la gente y en su quehacer diario como telón de fondo, sin un embellecimiento pero tampoco sin ninguna tragedia. Es como pasear por ese universo que atrae a los turistas o a los urbanos, a esa diafanidad y felicidad que aspiran buscar fuera de la vorágine de sus imponentes ciudades.

En su inicio hay un color que estéticamente pinta el ecran de un aire optimista aun no siendo las condiciones más fiables o más adecuadas. La estación central es un sitio donde los robos se pagan con la muerte, se trafica con niños y está surtida de muchas irregularidades anacrónicas para la bien llamada civilización moderna aunque ésta también es magma de esas realidades adversas. Luego a manera de una road movie la mujer adulta entrada en años de talante duro pero común y el chiquillo lenguaraz de espíritu independiente, noble e inocente, dos personalidades enriquecidas en la trama que solventan ese acompañamiento por los pueblitos del Brasil, crean un sentimiento, en un espacio geográfico pintoresco y a la vez menos evolucionado, arma idónea para un filme que funciona sin exacerbar intrascendentemente la emotividad aunque no faltan momentos claves con el impulso de solventar esa relación y esa esencia, el niño perdiéndose entre el gentío huyendo de su “madre adoptiva” desesperada persiguiéndolo lenta a la distancia, el camionero evitando un encuentro sexual ante su fe evangélica y el consiguiente consuelo en la conversación entre Josué e Isadora que indirectamente desmiente la poca presencia física de ella, el vestido regalado tras la jornada improvisada de trabajo o la fotografía de 3 reales con un santo local. Todo justificado ya que el director carioca termina expandiendo y cerrando cabos, generando conclusiones en la línea de esa confabulación que produce risas además de llanto en la última carta, como en el hurtar de una tienda de comestibles tras la mentira de devolver lo antes cogido o con la pícara pero efímera escena de la cama compartida cuando el niño dice ser un hombre de muchas aventuras sensuales.

Es un filme con distintas aristas, tranquilo y alegre a fin de cuentas, de una llaneza muy ejemplar pero sobre todo porque es natural con los protagonistas en sus múltiples defectos, en su interrelación desigual en años pero en la verdadera horizontalidad y que no juzga aun con pruebas, aceptando y creando una nueva puerta demostrando que las dificultades son el camino del engrandecimiento personal y que mientras vivamos nunca quedamos fuera de mejorar interiormente, sin importar la edad, tal así como humanidad, siendo un tema muy propio de todos, a manera de una suave y discreta lección que explica cambios y voluntades solo con tomar un poco de consciencia sobre los demás, aunque bajo un claro vinculo especial que es lo que fomenta por completo el relato. Isadora no es ningún dulce aunque en el fondo yace alguien golpeado que implica una indiferencia aprendida más que otra denominación desfavorable, y es en las idas y venidas del mundo, en sus choques vitales, que se puede vivir la mejor de las experiencias, un momento único que marca nuestras existencias, el niño con la mujer que nunca va a olvidar sin que ella quiera ser por una vez olvidada.