domingo, 20 de mayo de 2012

Hiroshima mon amour

Un autor clásico en competencia en el 65avo Festival de cine de Cannes es Alain Resnais, integrante de la mítica nouvelle vague que compite con su filme Vous n'avez encore rien vu (Todavía no has visto nada) que trata de las vicisitudes que genera un dramaturgo junto con sus amigos con relación a la obra Euridice de Jean Anouilh. Para ver el estilo de éste famoso cineasta francés que en menos de 2 semanas cumplirá 90 años exploramos su máxima película que fue su primer largometraje de ficción y una de las mejores representantes del movimiento al que perteneció.

Apoyado en el guión de la escritora Marguerite Duras, creadora de lacónicas frases cargadas de hondo razonamiento algo inexpugnable, el filme se reviste de una elegancia y profundidad en que los diálogos son base de reflexión sobre el romance de una francesa con un japonés en la devastada y vuelta a nacer Hiroshima, espacio geográfico que no piensa olvidar el desenlace de las hostilidades entre Japón y Estados Unidos en la segunda guerra mundial como no puede hacerlo traumada Elle (Emmanuelle Riva) que agazapada en un dolor amoroso producto del asesinato de su pareja a solo escasos años de juventud quiere cerrar ese círculo de su memoria al entablar una fugaz aventura con Lui (Eiji Okada), un hombre del que solo sabremos que está casado, muy bien educado y que apasionado insiste en prolongar el affaire.

Bajo la oportunidad de participar en una realización cinematográfica por la paz en la ciudad nipona castigada con la bomba atómica Elle intenta resolver de su mente el inamovible recuerdo de una desgracia acaecida en su ciudad natal de Nevers en Francia, conjugando los dos puntos territoriales en inseparable fusión del lugar y la persona en única humanidad para resolver el pasado pero dejando un pozo en Lui que como factor secundario ayuda y a su vez enfrenta su propio momento decisivo con el que hay que subsistir el resto de la existencia.

Conversaciones urbanas, en la intimidad de un cuarto de hotel, por las calles o en un bar funcionan para tematizar el seguir adelante sometiéndonos  a una especial situación de desgracia que está en pugna para superarce; Hiroshima se vincula con la muerte de un hombre en otra parte del mundo y mientras vemos imágenes derivadas de esa hecatombe que nos sensibiliza sobre la guerra y sus repercusiones, acompañamos a esa mujer herida emocionalmente que vive una segunda oportunidad que igual de efímera busca subsanar su corazón y pasar la página, se lucha con vehemencia, no se sabe si podrá lograrlo ya que Lui pide más que una escapada amorosa en donde no faltan víctimas que parecen quedar siempre en segundo plano e incluso padecen ellos mismos. Trama de difícil resolución y en las pocas horas que les queda juntos se discute, se rememora, se contextualiza, se usan flashbacks.

Vemos románticas tomas de cuerpos mezclados en las sábanas mientras se repiten frases y se da un tono poético a inquisiciones privadas y vistas detenidamente universales, no exento el producto de fuerte dramatismo, sobre todo en la intensidad visual de lo ocurrido en la ciudad que los alberga actualmente (lleva un comienzo de aclimatación documental a un contexto histórico que puede chocar y desagradar ante su crudeza); ella dice yo soy Nevers y tú eres Hiroshima, punto central del relato y que articula esa confrontación, esa insistencia de hoy y de ayer, un interminable epilogo que queda en nuestra imaginación rondando luego de tanta cavilación y vacilación, de duda sobre el futuro, para completar como sugiere más que precisa la trama aunque si vemos a Hiroshima en 1959 (año de la obra de Resnais) hay optimismo, mostrándonos un paisaje bello, próspero  y preocupado por la debacle atómica que es un hito de inflexión para sus habitantes y para el resto de los seres humanos como articula Resnais en su tratado cinematográfico.  Llevando vaivenes en un hilo que parece espontáneo aunque está bien planificado;  es un filme potente y seguro solo que sin dictaminar respuestas totales sino probas en introspección al que el espectador le queda como tarea.

Resulta infaltable la mención de su relación con la película Casablanca en que podemos ver como denominación de un establecimiento en Hiroshima, ésta vez en esencia un hombre los une y no los separa, la melancolía primero y después el amor de un perfecto romance que hay que vivir para obtener el perdón/el olvido, pero pasajero para según el caso que nos compete cimentarlo como recuerdo sano pero triste, ya que todo indica que de igual forma tiene que terminar aunque entendiendo el devenir de su experiencia -y como concepto a un nivel intelectual superior pero paradójicamente no necesariamente por arriba en cuanto a calidad sino distinta a la de Bogart y Bergman- que es lo que plantea el dúo literario y cinéfilo Duras-Resnais en su arte. 

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