miércoles, 20 de junio de 2012

Prometheus


La nueva cinta de Ridley Scott ha sido uno de los estrenos más esperados del año, llevaba una buena publicidad que logró acaparar la atención, el cineasta inglés decía que iba a ser algo nuevo y que abordaría una de las grandes búsquedas de la humanidad. Ha sido verdad pero también son promesas incompletas las del director de las legendarias Alien (1979) y Blade Runner (1982), que lo sindican como un maestro del sci fi aunque algo dormido tras estos éxitos.

Nos dio algo reciente aunque no muy novedoso que nos remite a una etapa anterior a la del octavo pasajero tocando sutilmente los antecedentes del monstruo alienígena. Tampoco resolvió mucho en lo central -a lo que nos dispuso- ni tanteando ni presentado ninguna hipótesis en la trama. Lo que sí logró es mantener la tensión en la primera parte del filme en que nos hallamos en un planeta desconocido que ha enviado señales que pueden responder a la grandes preguntas de para qué existimos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, conociendo a nuestro creadores, en la cinta denominados como los ingenieros.

La trama remite al descenso de un espacio extraño que pronto empieza a ser un lugar temible y amenazador para la que se considera una expedición pacífica de reconocimiento e investigación financiada con capitales privados de un mecenas que acaba de morir, Peter Weyland (Guy Pearce, irreconocible bajo tanto maquillaje, una figura visualmente recargada y de aspecto falso) que dejó todo a cargo de la dura y absorbente Meredith Vickers (Charlize Theron) junto con su sirviente el autómata David (Michael Fassbender), una vez que quedó fascinado con las teorías de una pareja de científicos, Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall Green, actor americano poco conocido que predomina en la primera parte de la realización).

El filme es atractivo en cuanto a la curiosidad que va despertando, desarrollado con mucha inteligencia y que denota obvia experiencia del director que pone cada encuentro como si de una clase de arqueología espacial se tratara, la cueva en la que se introducen es misteriosa y tiene elementos que van entendiéndose, generando dudas, emociones, desencadenando circunstancias que van poniendo la nota de terror fantástico en el ambiente  y anticipan un clímax que nos llevará a un desenlace céntrico y reparador si bien se compone de varios ratos de estupefacción o lucha que lleva un ritmo constante de sacar un novedad más cada cierto tiempo que inevitablemente u adrede va bajo lo que hila/oculta el mundo de Alien repitiendo ideas muy bien tratadas, una autopsia, una inoculación y un space killer, éste último el trasunto o germen que da base y sentido a lo que estamos presenciando.

Vuelven las constantes de Scott como en la mayoría de autores que llevan una cosmovisión única procesada, una marca de casa, y en realidad ya de todos en el género del horror mezclado con la ciencia ficción, pero agregando a ésta realización algunas razones filosóficas y literarias, preguntas sobre todo, que quedan rondando por debajo de la acción que lo aborda todo a manera de imán para el espectador, aunque solo se atreve ante la particular interrogante de ¿por qué nos odian? en el enfrentamiento de los padres con los hijos y en relación a la motivación de los actos de ambos, una audacia del cineasta británico en otro nivel que se plantea interesante en la convivencia social e incluso del arte, pero yendo al meollo del asunto que compete al filme se pueden hallar contundentes respuestas entorno a ésta inquietud desconcertante y es que parte del secreto de la expedición justifica ese deseo de aniquilación, el ser humano es tantas veces un monstruo al que no le importa nada si tiene algo que quiere. No solo eso, sino porque puede, se adapta fácilmente de uno de los diálogos de David con un desenfadado Holloway que habla con toda franqueza y sencillez cuando el robot hace una comparación entre a que se debe su invención y la del hombre. También principalmente porque la humanidad busca ser su propio dios como en la mitología griega en que el titán Prometeo buscaba equiparar a los hombres con Zeus a quien engaño en varias oportunidades como en el robo del fuego que es como entregar la sabiduría ancestral al control humano, y que es el nombre de la nave espacial que articula el periplo de la aventura.

Un holograma es el disparador oficial de lo que se viene y se van dando descubrimientos, superficiales pero atrayentes que van creando un contexto que empieza a agregar datos que vamos hilando sobre qué pasa en éste lugar que esconde secretos que pueden ocasionar la destrucción de nuestro planeta. Algo se agazapa en la oscuridad y estamos por conocerlo. Las expectativas van disminuyendo a medida de que evoluciona el metraje y más es meterse en sucesos que solo distraen perdiéndose ese especial entusiasmo por algo interesantemente oscuro en pos de ser develado que antecedía como promesa. Vemos esas cápsulas que nos recuerdan a la incubación del alien pero efectivamente se van dando otras “novedades” pero pequeñas, relativamente repetidas, muy acordes con disponerse para un videojuego, lo cual está perfecto en dicha dirección porque es un filme entretenido, despierto.

Rapace es nuestra actual Ripley que es menos combativa pero aún eficiente, destila una cierta sensibilidad y delicadeza aunque puede ser fuerte, debe serlo que es básico en su interpretación que de no ser así no la hubieran escogido. No es tan carismática e impresionante como la caracterización de Sigourney Weaver pero termina funcionando. La mejor de sus intervenciones se da cuando se auto-practica una cirugía que junto con la inmolación del capitán y algunos tripulantes destaca de lo que vemos en la película, generando adrenalina en la primera tanto como épica emoción en la segunda que es lo antagónico de una secuencia en que una transformación crea un ataque frontal a poco de una rociada salvaje de fuego con un lanzallamas, ésta parte del filme aunque encaja parece estar demás siendo la mala resolución de una expectativa. La  actriz sueca contrasta para bien entre lucir pequeña y normal con la actividad a la que debe acometer; cuando dice ya no puedo más se hace muy verosímil, da la sensación de estar enfrentando algo muy superior y eso agrega porque sobredimensiona lo que hay, sin increíblemente ser incoherente al resolverlo (punto a favor que ayuda al mismo Scott en cuanto a los rivales).  

Theron esta vez luce en cierto grado forzada para dar la cara de una mujer fría que quiere subyugar al grupo; esto quizás porque se le quiere en el guión de intrascendente y esquemática siendo muy propio su valor de ese final de para que no moleste más. Fassbender, el personaje más rico del conjunto y el otro sostén de la película sobresale en su actuación sin tampoco reventarle bombos y platillos, pero sí da la talla como protagonista indispensable, gracias a que se le emplea como el que se mueve en las sombras y va generando el movimiento que requiere el filme; a un plano el planeta y su enigma, al lado el autómata.

Prometheus respeta el legado que comenzó Scott, razonablemente porque Alien es una obra maestra y el concepto que reúne las cuatro son palabras mayores. Puede verse como algo independiente siendo un filme menor dentro del sci fi, o ser encuadrada como un complemento de la saga ganando la eternidad para los fanáticos. Un quinteto entonces. Que así sea.

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