lunes, 25 de marzo de 2019

Dogman


Estamos ante una película de bullying, donde un tipo enorme, un matón, el tipo más odiado del barrio por ser violento, aprovechado y abusivo se mete con un hombre débil, pequeño, querido por todos. Es la historia del matón Simoncino (Edoardo Pesce) y el peluquero de perros Marcello (Marcello Fonte).

Marcello tampoco es un santo, aparte de su negocio de cuidado de perros micro-comercializa droga, pero es un tipo tranquilo, ordenado, buena gente, bonachón, buen padre, pero como vive en un  barrio de esos peligrosos y no le alcanza para subsistir vende droga, justificación valida o no valida es su realidad, y uno de sus clientes es Simoncino, que hace lo que hace con todos, pasa por encima de la gente, no respeta nada ni a nadie.

Por todo esto, en aquella ciudad sacada de un cuento apocalíptico o pueblo derruido donde viven ambos todos comentan que en cualquier momento algo trágico le va a pasar a Simoncino tarde o temprano, pero pasa el tiempo y nada sucede. Más tarde entra a tallar la sorpresa, aunque no tan sorpresa porque el filme cuenta un hecho real muy conocido en Italia. En ello el filme apoya a Marcello, como que lo comprende y perpetra como que una cosa lleva a la otra, y no por un estado de brutalidad semejante al que impone Simoncino.

Marcello va a la cárcel, pero no vuelve tan cambiado, pero quiere respeto, y aunque manifiesta de cierta manera un acto osado de venganza no es que esté dispuesto a ser un criminal en toda la magnitud, como un Simoncino que tiene todas las del matón bruto y primitivo. Marcello siente que se ahoga cuando hace submarinismo con su hija, algo le aprieta el corazón y es justamente la presencia abusiva de Simoncino.

Éste hombre gigante y abusivo no para de darle motivos a todo el mundo, aunque claro, como justificar matarlo, diríamos. Hay una discusión a ese respecto, y se delibera que por más cretino y bestia que sea éste tipo no hay que eliminarlo. Nadie quiere volverse un criminal, o pagar para matarlo, hay cierta ética. Y el ambiente se vuelve tan tenso y opresivo, el hombre bondadoso deja todo su ser y recibe tremendo golpe, es hasta humillado, tratado como si su persona no mereciera respeto alguno, menos amistad ni gratitud.

El filme quiere dar a entender que se puede ser criminal y no ser una mala persona, como el caso de Marcello, porque un hombre que ama tanto a los animales como él no puede serlo; alguien capaz de regresar a un lugar donde recién han robado y han huido –como cómplice del robo- para salvar a un pequeño perro de morir congelado es alguien humano. Simoncino es el monstruo que el pequeño David debe enfrentar, pero a qué precio. El italiano Matteo Garrone vuelve con Dogman (2018) a su mejor estado, el de Gomorra (2008).