martes, 28 de agosto de 2018

El legado del diablo (Hereditary)


Éstas películas habiendo tantas películas de terror siempre llegan a nuestros oídos con un gran hype, y aunque está bien lógicamente por el asunto de voltear a ver no siempre es lo que se promete. Éste filme no es malo, pero su hype no es del todo cierto. Ésta película es mucha alharaca, más que argumentación, y recurre a mucho efectismo, sobre todo al final, que ya meten cualquier cosa que sea capaz de moverte a miedo.

El filme de Ari Aster tiene mucha atmósfera, se percibe que algo anda mal, que algo va a suceder, llamémosle un logro entonces, aunque no sepamos en realidad a que se debe del todo, es decir hay un vacío debajo. El filme usa a una chiquilla, a Milly Shapiro, y la hace ver freak, comiendo su chocolate, decapitando un ave, paseando por una fiesta de chicos mayores que ella, luego simplemente es sádico con su persona, sumamente extremo, que tanto lloriqueo ante semejante impacto no se fusiona bien y queda una sensación de incredulidad con esto, que luego medio olvidamos para bien, aunque el histerismo juegue solo. Puede ser como dicen, en el cine tienes que ser más coherente que en la realidad para que te crean.

Luego pasan al muchacho, el hijo de ésta familia protagonista, tocado de nervios, y entra a tallar el sonambulismo asesino y la sugerencia macabra –en una subtrama que es lo mejor de todo-, con una madre histérica, interpretada por Toni Collette. El hijo, Peter (Alex Wolff), es igual de inquietante que lo que muestra la actriz Milly Shapiro. Hay que dar crédito a todos, mueven sensaciones, están muy bien, el problema es el filme en realidad, ya que finalmente se puede resumir en una palabra, o en una película, El bebé de Rosemary (1968).

Puede que le esté pidiendo mucho a ésta película de terror, las hay más planas y aun así divertidas, pero por lo mismo hay mucha agua bajo el río, y a uno le es más difícil sorprenderse, comprar un hype, aunque espero oír de muchas películas del género. Pero también hay que reconocer que los momentos de locura del muchacho son perturbadores, ésta propuesta juega cruelmente, aunque no es gratificante. No obstante ahí aguanta mucho.

El misterio no es lo que uno espera, optando por lo muy sencillo, también lo sobrenatural –el creer y funcione la ouija- presenta demasiada naturalidad cuando no representa ninguna originalidad, es solo aceptar que existe sin más, lo mismo que el mal. Después es una explosión de sustos, propio de decapitaciones autoinducidas, un hombre en llamas, cuerpos monstruosos flotantes y etc y por ahí alguna relación con las miniaturas, en otro manejo de la locura, en una subtrama que pega un giro como quien ya no da más.

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