sábado, 4 de agosto de 2018

Ayer Maravilla Fui


Sci-fi mexicano, cine fantástico, perteneciente a Gabriel Mariño que pone de centro de atención a un ente no identificado que toma cualquier cuerpo, cualquier forma humana, aunque no lo premedita, es como algo que le sucede y debe lidiar con ello. El filme no abunda en argumentación, pero es bastante efectivo y sugerente, con el ente que es un ser solitario y melancólico enamorado de una peluquera, llamada Luisa. Éste ente pasea por México DF y recuerda al ángel enamorado de El cielo sobre Berlín (1987).

En un momento, Ana (Sonia Franco, ganadora de mejor actriz en el festival de Morelia 2017, además de primera o segunda mejor película mexicana), la forma del ente que más predomina en la narrativa del filme, le cuenta un sueño a su amada, le revela su condición fantástica. La propuesta pone al ente con la única motivación de ser pareja de Luisa cuando tiene la dificultad de perder su aspecto físico y tener que volver a enamorarla. Parece algo fácil de resolver, simplemente contarle, convencerla a toda costa, pero aunque no se da razones el ente enamorado no lo dice abiertamente, sólo finge contarle un sueño. Claro, dirán, sino pensará que está demente. Pero ahí están esos especies de origamis.

El filme se atiene a la dificultad de lo sobrenatural para volver a ser amado, en la siempre empática consideración de que el amor debe trascender lo físico. No obstante tomemos en cuenta que el ente ama una figura precisa, a Luisa, y hasta llora con su fotografía. Aparte de éste atractivo centro escueto fantástico se maneja como cine indie, proveyéndose de bellas escenas, de la mano del siempre leal, creador de profundidad, plástico, proveedor y efectivo blanco y negro, con un estilo de cine arte de expresividad poética en el deambular callejero de Ana junto a unos breves clásicos divagues filosóficos existenciales, que hacen una buena conjunción, aunque con el anciano apuntaba mucho a lugar común. Pero la idea audaz propia del sci-fi le da harto vuelo. Suma también el tener una relación lésbica, engrandecida por la indistinción de género y edad, que propone un costo, el esfuerzo.

La trama plantea vencer la personalidad, el background, nuestra visión del mundo, hacer ver que el amor es lo que llena y mueve todo, aunque mediante el uso de lo mínimo. Es difícil ser tan gaseoso, como aquel ente cambiante y amoldable a todo. El filme juega con que la identificación del ser sea suficiente, no importando absolutamente nada de lo externo –lo físico-, pero hablando del cambio de una mujer joven a un anciano con parkinson la cosa se pone bastante complicada o peor, con la duplicidad, y es ingenioso como algo tan pequeño, éste eje del ente cambiante, un ardid intelectual, albergue su buena complejidad para reflexionar e intentar quizá desestimar una de las esencias del amor.

Da para pensar mil cosas, poner posiciones. Defender la no definición sexual, la libertad total; o la fuerza de lo físico, y no es algo estético, en cuanto a un solo tipo de belleza, pero si un aprecio personal de un físico. La propuesta exige mucho más que el deterioro, es decir que el amor verdadero debe ser propio de la ceguera y las feromonas. La personalidad tampoco está demasiado trabajada, no observamos gran distinción, se trabaja con personajes muy ordinarios, básicos, haciendo más ardua la aceptación. El enamoramiento surge por sencilla amabilidad, por un acto de ayuda, es la cotidianidad y llaneza de la mayoría, le habla al hombre común.

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