miércoles, 6 de junio de 2018

Les garcons sauvages


El filme tiene a 5 muchachos -interpretados por mujeres- que cometen un crimen, con una mujer de mediana edad atada a un caballo, molestos porque ha tratado de corregirlos, detenerlos. Muere mientras se masturban sobre ella y vemos el líquido saltar hacia su cuerpo. Por ello son condenados a seguir a un duro capitán de un barco, que los lleva a una isla llamada de los placeres. La película del francés Bertrand Mandico es todo lo extravagante que se puede esperar de una película que ha demorado en hacerse, tras cantidad de cortos que le preceden al director. Éste, su primer largometraje, como es de esperar ansia la polémica. Y ésta por lo general siempre se halla en lo sexual. No obstante el filme también muestra ese background que hay a sus espaldas, y no es cualquier cosa. Es un filme algo notable de cierta manera. Tenemos una historia de aventuras y de extravagancias. Tener a mujeres por hombres da mucho juego. También permite manejar tranquilamente mucho machismo y brutalidad. Finalmente la isla de los placeres no es tanto tal y también castiga, o disciplina, acorde con los nuevos tiempos. El filme presenta igualmente facilidad para las violaciones. Tiene una trama sórdida, trastocando la esencia de las historias de aventuras. En la isla hay una doctora, una científica, que es la que trata de justificar algo la locura que reina en la película. Es un filme de fantasía, no se le puede pedir mucho tampoco. Es un lugar de momentos híper-sensibilizados, tormentosos, cargados del deseo de controlar el placer por la violencia y la irracionalidad representada en los protagonistas que ven en sus genitales el orden del poder, cosa que cruel e irónicamente se encargará de enmendar el filme. Ese quehacer femenino de lo masculino es un gran centro de ebullición, desde varios ángulos. También es un objeto de distinción y de interés interpretativo. El filme tiene de ambiguo, pero cumple a cabalidad tanto cuando vemos a las típicas francesas de gorrita y tetas al aire, como a la salvaje juventud machista. No es un filme placentero, es un poco incómodo, y algo subversivo. Es un entretenimiento de estilo europeo, un soporte amable –el de aventuras tipo de piratas o naufragios- con un toque rugoso -con el manejo de falos propios de la perversa imaginación, aunque hechos por efectos especiales, como aquel tatuado del capitán-.

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