viernes, 3 de marzo de 2017

Rey

Un abogado francés salido del campo, Orélie Antoine de Tounens (Rodrigo Lisboa), en el siglo XIX viaja a Chile hasta la zona de los mapuches, al llegar busca a los temibles líderes indígenas y logra entablar un acuerdo con ellos, le ceden un territorio donde Tounens se nombra rey de la Araucanía y la Patagonia, sólo que el gobierno chileno inmediatamente lo desconoce y decide capturarlo, les importa poco la hazaña de no haber perdido la vida en el viaje a tierra salvaje. La historia desde luego se oye muy atrayente en el papel y además es un hecho real, pero otro asunto es hacer una película al respecto, sobre todo cuando hay huecos históricos y falta –se ha perdido- mucha información.

El director chileno-norteamericano Niles Atallah fabrica una película rara, experimental, ayudándose de que es videoartista, por eso vemos que en un momento nos ataca la psicodelia, las luces, las distorsiones, los ensambles y los colores, lo que da a entender como que Tounens está demente, y su aventura es ese resultado. El filme llega a un momento en que se pierde en el videoarte, lo que encuentro bastante débil como séptimo arte. Lo atractivo está en otras partes, previas. Atallah trata de plasmar su propio universo fílmico, su manera personal de contar la historia de Tounens, muy libremente, lo mismo puede compatibilizar con la parte del videoarte pero no lo hallo significativo, ni siquiera estéticamente curioso o imaginativo, más bien gastado y muy simple, como si pasa con que los mapuches estén interactuando visualmente en la trama de distintas maneras a lo usual, no del todo original, pero al menos valorable positivamente.

Tenemos el disfraz de unas caras gigantes con mantas hacia abajo (que recuerdan lejanos a los Moái de la isla de Pascua), que son como especies de sacerdotes y hacen un extravagante rito de iniciación, coronación o integración en el que dan de beber miel a Tounens. En otro momento son representados los indígenas con cabezas de caballo, al mismo tiempo los blancos europeos o los criollos chilenos usan máscaras de rostros completos y detallistas, de los propios rostros. Son formas de darle estética al producto, y tiene gracia. Toma el filme mayor vuelo de esta manera, no olvidemos que hay una historia sumamente austera entre manos. Atallah se dedica a llenar espacios con su libre albedrio. Tounens en su locura se cree Jesús, monologa como si pudiera conceder milagros o hacer algo sobrenatural, o da la impresión que se le identifica con él, lleva una corona parecida a la de espinas, una túnica, barba y cabello largo. El filme casi no posee narrativa convencional, aunque existen puntos históricos identificables como el encierro y juicio de Tounens. Rey ganó el premio especial del jurado (segundo lugar, tras la india Sexy Durga) en el festival de Rotterdam 2017.

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