martes, 28 de febrero de 2017

Manchester by the Sea

Un conserje antisocial, hermético y dejado/agobiado del mundo recibe la noticia de que su hermano ha muerto finalmente (tenía el tiempo contado), y le deja a su cuidado a su sobrino adolescente, a Patrick (Lucas Hedges, que luce maravillosamente espontáneo), por lo que debe volver a su pueblo natal, Manchester by the Sea, donde le espera un profundo dolor -que prácticamente ha destruido su alma- y un traumático recuerdo, que unos potentes flashbacks nos revelara, desnudará todos sus vínculos afectivos, a través de flashbacks que por rara vez son más que decorativos o de mínima repercusión en la trama, sino que complejizan la narrativa dramática, funcionan al mismo nivel que la línea central del presente.

Lee Chandler (Casey Affleck), amaba a su hermano mayor (Kyle Chandler), con el que tenía un fuerte vínculo, que llegaba hasta su hijo Patrick, reflejado en el salir de pesca y disfrutar del mar en un barco familiar, y es cuando le avisan de él que no duda en correr a verlo a Manchester by the sea, a pesar de la triste historia que tiene en ese lugar y de la que quiere pero no puede escapar. El filme evita ser lacrimógeno por el tipo de protagonista que tiene, que expresa su dolor no relacionándose con mujeres (se queda mudo en su compañía), peleando en el bar por tonterías, viviendo austeramente y lejos de Manchester by the sea, y mediante una indiferencia del que solo rueda por el mundo, pero es con el retorno y su interrelación con la gente de su pueblo natal que conoceremos qué es lo que le mortifica, oíremos del pasado que lo tiene hundido. Hay que entender que tenemos entre manos una historia de esas que suelen buscar exprimirle el corazón al espectador, sin embargo, el director, dramaturgo y guionista Kenneth Lonergan se las arregla para bajarle, controlar, balancear, el nivel de sentimentalismo del filme, sólo perdonándole una recurrente música conmovedora de acompañamiento – en  manos de la compositora canadiense Lesley Barber, y de música clásica muy sugerente- y la recreación visual de los hechos que afligen a Lee, como también un reencuentro (magistral) con el personaje que hace la grandiosa Michelle Williams, y en el que Affleck, desde luego, está a la altura, aunque más impresionante de él sea la imagen del interrogatorio policial.

El filme tiene una narrativa que ahonda con fuerza en el conflicto y dolor de Lee, es explicativo hasta en lo más mínimo, todo queda plenamente claro en la película, y algunas veces incluso subrayado, no necesariamente de forma verbal, la mayor de la veces son las imágenes  las que redundan o sobreexponen que está sucediendo en el interior de Lee y con su  entorno, no es necesario lanzar una escena de llanto o de sufrimiento abierto, sencillamente se expone la actitud del protagonista, que deja ver más que claramente el meollo. Mientras tanto Casey Affleck a ratos se deja ver muy relajado, casi como que no estuviera ni actuando, sino comportándose como él mismo, e igualmente en el arranque  del filme da la sensación de que el guion lo ha coescrito Casey también, al menos hasta que vemos el punto de inflexión en la vida de Lee.

Patrick es un mujeriego, promiscuo y un éxito con las mujeres, sin remordimientos ni fastidios de por medio, con tremenda madurez/control. Patrick es la perfección andando, no importa que sea un muchacho flacucho y pelirrojo que puede pasar por nerd ante quien lo vea por primera vez. Lo suyo es ser el líder de una banda de rock y ser un as del deporte, es más, en más de un deporte, como él mismo llega a vociferar defendiéndose frente a tener que dejar Manchester by the sea, como para que nadie tenga dudas, es decir, es lo más cool que puede haber, en contraste con el perdedor de su tío Lee. Este contacto es parte importante y abundante de la trama, a través del decidir de la custodia de Lee, ver el mundo del que se está perdiendo (donde está parado), y conocer su pasado, por medio de esos magníficos flashbacks. No obstante tampoco hay que equivocarse con el muchacho, creerlo superficial, Patrick es la nobleza, la inteligencia y la profundidad además, y hasta tiene un resbalón psicológico –muestra híper sensibilidad, por ver el cadáver de su padre, cuando parecía muy tranquilo con esto- pero que solo le dura una noche, para volver a disfrutar de los favores de su amigas, con (casi) el permiso de los siempre actualizados padres, como no dejar perder sus paseos en barco y su afición al mar. 

El filme es complejo, pero entendible, en su auscultación del dolor, solo que tiene varios puntos discutibles y otros débiles, como la figura del cristianismo en la trama, que luce inteligente como argumento de desligamiento y da para pensar bastante, pero que se ve floja en la recreación en sí (no ayuda para nada la presencia del simpático Matthew Broderick, aunque sí la breve mirada a la escultural figura desnuda de Gretchen Mol como una alcohólica). Kenneth Lonergan tiene mucha capacidad argumental, es muy inteligente y puede trasmitirlo amablemente, sabe muy bien trabajar la diferencia entre teatro y cine recurriendo a ambos. Como en Margaret (2011), con esa muchacha apasionada que busca ser profunda y comprometida con el planeta (Anna Paquin), de muy bellas piernas, exhibidas en varias oportunidades cerca del fetiche, que se le presenta la gran oportunidad de ser trascendente con un accidente y negligencia que causa una muerte, explicada legalmente de forma increíble, comprensible, y que habla de su desconexión familiar y crisis personal. Margaret es una magnífica película, que no teme la antipatía de su protagonista. 

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