jueves, 23 de marzo de 2017

Seijun Suzuki (24 de mayo de 1923 – 13 de febrero de 2017)

El japonés Seijun Suzuki es un director de culto, y para mi sorpresa tiene un cine bastante bueno, no se le suele mencionar mucho como otros de sus compatriotas, además de que se le conoce por haber hecho cantidad de películas de serie B sobre yakuzas para la productora Nikkatsu. Pero en los últimos años, trabajó para Nikkatsu por 11 años, empezó a tener problemas con la compañía, cuando Suzuki seguramente cansando de lo mismo empezó a complicar las tramas de sus películas y a hacerlas más avant-garde, al punto de que con Branded to Kill (1967), el culmen de las películas yakuza que hizo, lo despidieron. Suzuki ganó un litigio que entabló contra Nikkatsu pero tuvo que recluirse por 10 años en la tv. como castigo de las productoras.  

Gate of flesh (1964). La mejor película de Seijun Suzuki, así como Branded to kill es el pico más alto de sus historias de yakuza, Gate of flesh es el de otra de sus temáticas preferidas, la prostitución, pero aquí no hay una narrativa intrincada, y la rebeldía se asume como realismo y mucha dureza. La prostitución es el abismo donde no te permiten amar, de eso trata el filme. La sordidez de la vida de prostituta y el defender el territorio y la sobrevivencia de un modo de vida hace que las propias prostitutas canibalicen a sus compañeras. Les hagan la vida un infierno si pretenden dar sexo gratis, o sea, entregarse por amor. La narrativa es diáfana, pero está llena de potencia, su historia impacta, da cierta tristeza regirse al destino, morir pobre. A una mujer se le enseña a ser aprovechada y fría con alguien que pretende ser un marido, a otra a resignarse a ser la peor puta. Un hombre, un ladrón y asesino, Shintaro Ibuki (Joe Shishido) remecerá el pequeño clan de prostitutas protagónico. El filme se ambienta en la postguerra, la de la segunda guerra mundial, el ambiente está plagado de americanos. Suzuki muestra la degradación de los japoneses a través de esa aparente fiesta en las calles de la abundancia de prostitución, para los extranjeros, y los hombres nacionales no hacen nada, solo se acomodan, tratando de salvaguardar a ratos su honor con la violencia, lógicamente a escondidas. Shintaro por eso se comporta como un bruto, pero trae loca a más de una prostituta, es el semental. Estas se comportan lo más salvajes. Suzuki es duro, rehúye las formas clásicas. El filme fluye, cautiva, es franco y evita los romanticismos, salvo buscar la poética de los sufridos, de los derrotados, en un submundo que los engulle sin piedad.

Tokyo Drifter (1966). Tiene una sencilla banda sonora, pero de aquellas que entusiasman, hecha por Hajime Kaburagi, y es una película muy simpática y entretenida. Sobre un yakuza que es un especie de ronin, el que huye de una facción de la mafia producto de ser un tipo leal y valiente. Es la historia que enaltece a ese héroe que es el más bravo de todos, aunque el más dejado. El que no puede huir de su pasado, y viste como un pimp. El filme posee un toque sesentero de libertad estética, colorido, y previsualiza al cine coreano moderno, al noir más plástico.

Branded to kill (1967). Considerada su obra más famosa, reivindicada con los años y convertida en película de culto. Es una propuesta que no se toma en serio, que es irreverente, nunca mejor explicado en que el final del filme se asemeja a un show de cachascán. A la vez es adictiva con la adrenalina e intensidad argumental que propone, como la escena en el muelle con el carro como escudo frente a una emboscada de francotiradores, los asesinos colocados en un propio ranking criminal y una femme fatale que colecciona mariposas disecadas. Finalmente el antihéroe yakuza Goro Hanada (Joe Shishido), aficionado a ir tras el olor del arroz hirviendo, deberá enfrentar a la mafia y al hitman Nro. 1, cuando él es el Nro. 3 y quiere ser el primero.

Tsigoineruwaizen (1980). Es parte de una trilogía y donde se reinventa Seijun Suzuki, con historias que llevan terror. Tsigoineruwaizen es una película maravillosa, pero exige paciencia, porque se cocina muy despacio, tiene una duración de dos horas veinte minutos y enseña momentos como para generar movimiento sin mucha trascendencia, como distracción, pero una vez hecho un pacto que parece una locura y un juego, algo suelto u ocurrente propio de un tipo de personalidad, entre dos mejores amigos y maestros muy distintos, que a escondidas del otro se intercambian las esposas, genial Michiyo Ohkusu como la esposa de aire pervertido, la historia finalizará en una película compleja y perversa, donde una estancia de vacaciones brindará alternativas macabras. Es un filme que te dejará pensando, pero sobre todo donde existe un buen manejo del miedo. La película tiene varios matices, es extraña y tiene humor idiota, pero también un aire serio y oscuro ubicado en la era Taisho.

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