miércoles, 8 de marzo de 2017

Casa Roshell

Un grupo de travestis se guarecen en esta casa, aquí son enteramente libres del escrutinio público, del rechazo, de la contención, les enseñan a ser mujeres, y muchos visitantes del lugar los ven así, como otro prototipo de mujer. Pueden contar historias, cambiarse el nombre, hacerse seducir, mostrar engreimiento, inventar un disfraz. Por esa noche que se hallan en el lugar son como parte de una película dirigidas al placer de ellas. Lo mismo que hace la directora chilena Camila José Donoso en su segunda película, ahora en solitario, embelesada con su tipo de vida e idiosincrasia. Entabla una comunicación con los transexuales, donde abren su mundo al espectador, no sólo sus frustraciones y miedos, también sus fantasías.

Roshell Terranova es la dueña del lugar, una pionera de estos nightclubs gays en México (tiene 51 años), señora de una guarida y escuela, una respetada casa de diversiones para cortejar y acostarse con los travestis, llevarlos a un cuarto oscuro al que no llegaremos a entrar. Hay que recordar que se busca en una medida lo estético y cuidado, lo simpático, no lo vulgar, no obstante no sin veracidad y autenticidad. La casa no es muy fastuosa, yace más oscurecida en sus detalles, vemos sobre todo rincones, espacios reducidos. Sin embargo antes de ir al cuarto oscuro fingen ser seductoras y provocativas damas en algún lugar exótico en medio del planteamiento de un romance pasajero. No falta un halo de irrealidad, de adaptación imaginaria, pero al mismo tiempo de convencimiento. Los invitados o clientes hacen de caballeros, algunos se consideran aun heterosexuales, aclaran que tan solo están tras distinto tipo de mujer, de otra forma de belleza y feminidad; otros son más llanos y realistas, se confiesan bisexuales.

Vemos pocos hombres en el lugar, algunos clientes también son en otros lados travestis o tienen doble vida. El filme muestra el hábitat, su lugar de confort, Roshell es como una maestra, en sí el lugar es un espacio de aprendizaje, de aceptación, de ilusión, de creación. Pasar de la T a la X. Dejar atrás con trucos el cuerpo masculino para convertirse en la fantasía e ilusión de ser mujeres. Muchos travestis son poco agraciados a la vista, son los tímidos, tienen una vida afuera que los intimida, o esa es una de las historias tipo de la casa, quizá simplemente interpretada para la cámara. Roshell y su séquito enseñan seguridad, a sacar de adentro de ellos belleza. Al inicio del filme vemos toda la operación física, el largo trabajo de pasar de hombre a mujer. Maquillaje, peluca, vestuario, fajas, zapatos altos, adornos, etc. El rostro duro, rudo y áspero pronto se torna en la gran sonrisa, los mimos, los gestos exagerados femeninos y la coquetería. La casa Roshell propone adoctrinamiento político, talleres de personalidad, aderezado con comedia, un decálogo dentro de un stand up comedy, y musicales con playback, además. Casa Roshell fue parte de la sección Forum, del festival de cine de Berlín 2017.

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