domingo, 24 de julio de 2016

Cada viernes sangre

Esta película gustó mucho durante su exhibición el 2011, y hasta la llegaron a nombrar la mejor del año; claro, exhibida fuera de las salas comerciales, como una obra del movimiento de cine independiente peruano o que también han llamado de nuevo cine peruano, siendo la presente una de las obras capitales de esta “movida” o nuevos tiempos, con películas y autores que simplemente trataban de hacerse de un hueco y siguen haciéndolo.

El filme de Fernando Montenegro nos cuenta como una pareja de ladrones, Denise (Claudia Burga) y Chris (el mismo Fernando Montenegro) planean un robo y deben buscar formar una banda, de 4 es más fácil, dice el sagaz Chris, que no se hace problemas en fomentar una trama, que con una máscara de carnaval se perpetra de justiciero, criminal y antihéroe (al igual ella). Le roba a otros criminales, o planea asaltar la empresa de “Coco”, otra lacra, que yace en el estereotipo de un tipo de criollo con plata –heredada, de una pequeña empresa familiar- aprovechado, abusivo, inmoral y avispado, aunque dentro de un aire gracioso, que evita todo el rigor hacia su persona, aunque lógicamente bajo cero empatía, que luce como la imagen común del profesor de computación de instituto. Apreciando que lo que en realidad es Chris es un hampón con un estilo a cuestas, con pinta de seductor popular, mediando unos diálogos dichos con aplomo, soltura y personalidad, pero también con una buena cuota de mal gusto, y nada se le objeta porque el mundo en el que se mueven es el underground de un noir nacional.

Sobresale en la realización un buen manejo creativo de personajes, sin estar demasiado decorados o ser especialmente originales, póngase en ese lugar en particular a “Coco” que es un tipo sucio lleno de una sexualidad vulgar, incómoda, bajo una fijación y estado de alerta, de quien se quiere aprovechar de sus empleadas, manteniendo y maltratando además a una prostituta que tiene cuerpo de vedette. Coco resulta perturbador e hilarante dependiendo el gusto y el momento. Pero es un buen antagonista en un filme donde nadie se salva de la corrupción. No obstante, la pieza central del relato es una mujer, Denise, que con su amour fou por Chris lo sigue a todas partes, perdiendo la consciencia en una nueva eterna versión de Bonnie y Clyde (1967), con un sadomasoquismo como reemplazo de impotencia; o en un Pierrot, el loco (1965) donde uno se revela al frustrante mandato de ser común y encasillado a una vida sin espectacularidad, pero también se debe a su propio espíritu, el de las carencias de la infancia y el instinto de posesión, sueños y ser distinto, en el precoz robo naif de un borrador del colegio, expuesto en algún monologo en que ella parece sufrir su propia personalidad y destino, su mala suerte, lo inevitable, su propio código de vida, su eterna sobrevivencia en una Lima marginal y otra indiferente, tal cual al cine independiente nacional poéticamente no le queda otra salida.

Tampoco hay que dejar de lado que Denise es un personaje extremo, idéntico a  lo que muestra por otras partes el filme, una cara desagradable, bruta y realista de la delincuencia, aun habiendo un aire fantástico, de ficción y aventura criminal, como aguante, dentro de una estética precaria, poco diáfana, poco pulida, amateur, en medio de una pantalla no muy definida, y unos efectos de color que van de acuerdo a lo lumpen, tal cual las locaciones y los lugares exhibidos, bastante humildes, carentes de una decoración competente, apenas lo justo; recurriendo al uso de identidad de un espejo retrovisor agrandado como catarsis que luce como de utilería o de efecto barato, y en general el filme vive de una estética harto austera, mínima y de un tecnicismo marginal, pero tratando a su vez de jugar con la ilustración del cómic o la novela gráfica, compartiendo coincidencias con la más de a pie Diamond Flash (2011), o la notoria Sin City (2005), tal es el uso de los grises y negros dominantes y el color rompiendo el orden establecido, rojo en especial, lógicamente, como señala el título y ese calendario goteándole sangre el día que inspira los robos, esa acción a la que ésta frenética pareja se sumergen imantados enarbolando pasión y perpetua traición, tras la que finalmente se muestra como una femme fatale en un mundo de criminales, de solitarios y perdedores, donde el dinero no alcanza para todos, solo cuenta salvar el pellejo, y el verdadero amor no perdona las amantes.  

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