lunes, 9 de junio de 2014

Bends

Hay mucho cine para ver, es por eso que a veces pasan desapercibidos algunos filmes (éste no del todo, porque estuvo en Un certain regard, Cannes 2013), quizá porque no tienen el impacto “adecuado”, o mejor dicho, el que muchos exigen o suelen apreciar, sin embargo muchas de estas propuestas no dejan de ser piezas verdaderamente hermosas e interesantes. Formas de descubrir el mundo, lugares, culturas, cotidianidad y gente, a nosotros, y vernos tan iguales y a su vez algo particulares y propios a su misma vez, como pasa con Bends de Flora Lau, donde se deja ver el cosmopolitismo, el aire culto y la elegancia de China, principal o fácilmente desde Hong Kong, la que lleva el mejor espíritu europeo, unida a una ciudad (sub)provincial limítrofe, Shenzhen, que tiene otras reglas bastante duras –la de multar la ilegalidad de la tenencia de un segundo hijo en sus ciudadanos, regla mayoritaria en el país-, pero que no deja de poseer espacios atractivos, imponentes y modernos junto a algo de austeridad y tradición, porque no es que estemos ante el atraso más bárbaro ni por el estilo, lo que hace el panorama más complejo y menos maniqueo de lo que acostumbra el facilismo.

En estas dos ubicaciones, hermanas como distintas, con lo que ambas características lógica y naturalmente relacionadas significan, surgen igual dos historias, la de la “humilde” Shenzhen, exponiendo a la clase media baja, una muy digna si bien su protagonista llega a manifestar pequeños entresijos delictivos (robos y venta de autopartes, del vehículo lujoso de su patrona, o los muchos intentos de que nazca su segundo hijo sin que como padres obtengan ninguna penalidad o limitación, que se ajustan a algo superior en las fuerzas y alcances humanos dada la personal situación, que indican desesperación más que criminalidad, aun siendo actos reprobables vista la ley), en un grupo familiar que yace en parte –puede que sin querer, o quien sabe y es un atributo de romper esquemas, o embellecer el relato- estilizado, notando la apariencia de sus personajes, un Fai (Chen Kun), chofer de una adinerada mujer de Hong Kong, la otra cara en contraste y complemento, que tiene que lidiar con la carga económica –más allá de la operación habitual- de que su esposa –el motivo del conflicto principal, pero que yace pasiva, ya que solo duerme, limpia o se llena de intranquilidad y aburrimiento, se mueve escondida por su diminuto hogar- esté embarazada por segunda vez, y no está permitido más de un hijo. Careciendo de recursos para paliar la normativa del estado, entregándose  a imaginar distintas salidas de cómo puede llevarla a la ex ciudad colonial británica de Hong Kong, donde hay facilidades, aunque no sea tan fácil de conseguir.

La otra es la mencionada Hong Kong, y cómo Anna (la sensual, delicada, guapa en su edad, Carina Lau) una dama de alta sociedad se enfrenta a su propia crisis económica, con un esposo huido que la ha abandonado en la bancarrota súbita, en un declive in crescendo, sin darle cuenta, con la que sola debe luchar por mantener primero las apariencias, luego el gran problema a acuestas de cómo mantenerse lo mejor posible, en medio de su naturaleza de superficialidad, ocio, inactividad laboral, refinamiento y superstición (el diálogo con su trabajadora, solitaria e independiente anciana pero vital madre aportará a la trama un pasado olvidado y una indiferencia hacia la necesidad ajena, que pronto se rebatirá sin fricción formal, en una cualidad de la película), de donde Flora Lau no la reduce a un estereotipo, y le otorga personalidad, amoralidad, ambigüedad, emotividad, sensibilidad y supervivencia (rasgos generales del conjunto, que están por encima de la clase social, o la eterna lucha de clases), bajo un toque sencillo sea dicho, pero más que suficiente para enriquecer a su(s) criatura(s), aparte de las formidables muestras de elegancia y belleza, en varios sentidos, que brinda el talento de la actriz Carina Lau.

Declaramos que el buen hacer de Flora Lau rebate y supera todo asomo de telenovela, el de un señalamiento dominante detractor al respecto, vista su universalidad y posible acercamiento temático –el empobrecimiento desde el lujo o la necesidad y la desesperación económica- en medio de un determinado -a un punto lo es- exótico lugar como China (sin ser tratada en absoluto así, sino todo lo contrario), en una estética y arte vastamente por encima de ello, aunque también le sirve un poco en contra. Finalmente uno está viendo un filme de esos que llamamos discretos, pero indudablemente muy bien hecho, grande en sus formas, con un nivel narrativo notable, solo que diáfano, tanto como desplegado bajo una sutil pero bastante clara vía de argumentación.

Dos mujeres se enfrentan a parecida situación, necesitan mucho dinero para sobrevivir a cierta necesidad en particular (el estatus, aunque con sus diferencias, como el nacimiento), una depende del marido, otra se halla sola sin él, uno apoya y se encarga de lleno en el asunto, el otro se fuga y deja nada preparado. Tratándose de la fortaleza que implica la vida, como en la escena del auto tirado a perder que resulta un gran punto de inflexión, el de una "tragedia" revelada, en el canto de una superación  y la de una catarsis, nunca un final, vista la valentía de cada ser humano a seguir/salir adelante (sin saber), como lo que propone toda la película, hasta en el desenlace. En el match pugilístico de la existencia. Desde la delicada potencia familiar del arte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario con educación. No coloques enlaces a otros espacios ajenos a la bitácora. Evita dar spoilers si bien todo aporte argumental puede expresarse con sutileza. De lo contrario no se publicará.