lunes, 10 de junio de 2013

Stoker

La primera incursión de uno de los grandes directores coreanos, Park Chan-wook, en Estados Unidos ha dado como resultado la presente. Que nos recuerda un poco lejanamente a La sombra de una duda (1943) de Alfred Hitchcock, sin embargo hay que decir que la obra del británico es muy superior, y me duele admitirlo porque soy fanático del cine coreano moderno, aunque mucho también del maestro del suspenso, pero lo que hace el famoso director de Oldboy (2003) es bastante simple e inferior fuera de las apariencias, denotando muy poca sustancia y muchos errores, en pocas palabras es un bluf. No es todo lo interesante que si es la de Hitch que aunque subyace en su constante inocencia y apertura, tiene algunos ratos de antipatía, diálogos explicativos varias veces molestos, es notoriamente toda una obra maestra del séptimo arte, con un Joseph Cotten haciendo lo que a Cary Grant no le estaba sido permitido, y seguramente fue porque es un actor menos carismático y menos estrella, sin embargo su entrega y disposición no hacen más que alabarlo y darle un mejor lugar en nuestro recuerdo. Junto a una Teresa Wright que como se solía ser, era toda una señorita, una dama, madura pero dulce, simple y familiar, aparte de bella (tanto como deseable sin esforzarse) y común a muchas, guardando esas formas que naturalmente la hacían tan idónea con su personaje.  

Ver a Mia Wasikowska también ha sido un deleite de alta categoría en aspectos más típicos a nuestros tiempos, con una personificación muy destacable (su solvencia como actriz es irrefutable y mucho se debe a que no sea todo lo grande que parece ser a que sus elecciones cinematográficas no suelen ser tan atractivas o son secundarias), como una chica con muchos conflictos internos, que por fuera como es normal ante ello se muestra extraña, defensiva, y es captada de esa manera, aunque es muy inteligente y segura de sí. Puede ser capaz como dice en un rato de celos de abrir una puerta nueva a su personalidad y en ese lapso deparar un momento inolvidable a otra persona. Ella está pasando por el trance de convertirse en una mujer –al punto de competir con su madre- en medio de la muerte violenta de su padre, el egoísmo, egocentrismo y anhelo de deseos de su hermosa progenitora (también muy destacable Nicole Kidman que se asume en un papel más de cartón que complejo pero que sus gestos de delicadeza, esnobismo y vanidad la hacen digna de mención, aunque por detrás de una Wasikowska que es demasiado dominante en cuanto a talento e historia) y la interrelación de un nuevo modelo en su solitaria existencia, su tío Charlie que acaba de regresar y meterse en sus vidas (Matthew Goode, que lo hace bien en un papel de lujo para alguien muy desconocido, pero que no es finalmente tan atractivo en el guion y se queda en una figura de monótona expresión que termina cansando).

Park Chan-wook hace de un filme que en realidad es muy comercial en cuanto a su historia algo más elaborado, le proporciona morosidad, calma, lo reviste de la elegancia de antaño. Complejiza la forma, la ennoblece y la disfraza con su estética, que tiene un aire vintage delicado, de colores opacos y oscuros. Nos pone en un “anacronismo” aceptado, en un lugar de clase alta culta y refinada de un pueblo americano. Envolviéndonos bajo su toma técnica y audaz, en sus detalles y en una personalidad que recubre el ambiente.  Como si nuestros rasgos trataran de salvar y transformar lo que parece destinado a no ser importante.

El problema es que no abundan los aciertos en la historia, e incluso la exageración propia de la contemporaneidad, el mismo Park Chan-wook y el cine de su país terminan siendo incongruentes con la elegancia e intelectualidad que antes ha estado trabajando. El nuevo toque pesa en contra y no es ingenioso, hasta desdibujar el elogioso precedente. Abarata el logro y muestra tal cual al relato. Ya por entonces todo está perdido, y solo queda la belleza de la sangre sobre las flores. La estética de Park Chan-wook.

Dentro de lo positivo funciona durante un tiempo correcto el halo de misterio del relato y la hazaña de develarlo rápidamente gana puntos a favor ya que es irrelevante oliéndose a metros. Funciona en lo necesario sacándole el debido provecho. Luego el resto de lo que se guarda en secreto no es una revelación que sea atractiva sino muy ordinaria y manida, no obstante la mano del coreano en la manera de visualizarlo es la que vuelve a hacer algo mejor de lo que es en sí. Lástima que nuevamente el guion sea tan poca cosa y el querer ser original a través de este termine siendo tan vacío. Asunto que cobra la factura al conjunto que no teniendo una base jugosa representa una continua desilusión tras otra. La sorpresa falla cada vez que aparece, por superficial y no tener asidero argumental. Solamente India (Mia Wasikowska) sobresale al respecto,  con cierta forma y valor que relacionada a una perversidad que parecía prometer a través del tío Charlie crea una expectativa que se diluye hasta pasar desapercibida. 

Volviendo a lo negativo, los crímenes caen mayormente en ser algo absurdos y poco impactantes, salvando uno predecible pero inteligente en el recuerdo de la arena en donde juega el hermano pequeño, y algún otro parcialmente logrado.  El filme nos hace recordar un poco las de Psycho, el hallazgo en la heladera, el pasado en el manicomio o la sonrisa de Goode en comparación a la de Anthony Perkins junto con un pasaje donde a este se le percibe con mucha inseguridad, la que más tarde le abandonará por una personalidad nueva (radicalmente distinta a la de Norman Bates, digamos de paso, ya que lo hemos mencionado). Seductora y firme. Que deparará  la lección y admiración del alumno hacia el maestro. El tolerante “somos familia, no importa querernos”, leitmotiv de toda la película, quedará de lado por un apasionamiento, aunque apuntando que no sobreviven muchos instantes en la memoria; los que brillan en su inducción a través de las cualidades del último tío Charlie, de quien nos preguntamos ¿de dónde provienen? Pero ya que hemos mencionado a Hitchcock, debemos de refrendarlo diciendo que él no creía en esas preguntas de verosimilitud sino en preocuparse solo por el entretenimiento. Que hay que decir que la presente tiene lo suyo solo que no resiste una crítica aguda.

Tratar de darle un background asesino a la historia a través de la caza o la taxidermia queda muy suelto, artificial e insustancial, tanto como no darle motivos a otro personaje. Escenas como la sensualidad de la imaginación en la pieza apasionada en el piano aportan un sentido que pudo caerle mucho mejor a la trama si lo hubieran explotado y direccionado más y con mayor ingenio, como no pasa visualmente en el orgasmo en la ducha tras la excitación homicida, una buena idea no conseguida en toda su magnitud. Sumando simbolismos desafortunados, como el del rifle o la correa, mientras alguno como el de los zapatos de taco alto aunque obvio, es atrevido, honesto y resulta atractivo. Estamos ante un Park Chan –wook desperdiciado, al observar su estética y la forma que ha labrado delicadamente –como muestra tenemos la intervención repetida de las arañas, una especie de simbolización de posesión o envenenamiento-, y no en su mejor intervención por un guion y una historia bastante mala. Esperemos regrese con algo mejor. Desde aquí creemos que nadie lo tiene seguro, mucho menos si se es atrevido, e ir a trabajar a Estados Unidos siempre lo es. Pero desde ya es un tipo de condecoración, aunque muchas veces –creo, mayormente- termine siendo el producto una decepción.

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