viernes, 30 de marzo de 2012

The yellow sea


El cine surcoreano es uno de los más radicales y modernos que hay en el séptimo arte, una invitación a la adrenalina como con ésta propuesta del director Na Hong-jin en su segundo largometraje cinematográfico. Un cine que hay que descubrir dejándonos llevar por sus escenas brutales y su fuerte visualidad. Acción de primera mano que no cesa a las convenciones y se impone con vehemencia rompiendo límites en cuanto a un realismo al borde del cataclismo, destruyendo todo a su paso sin ninguna contemplación. Una anarquía de violencia donde los más salvajes se imponen por sobre toda regla. Una orgia de sangre y muerte, justificada desde la implacable trama que articula una cacería donde el bien y el mal no existen.

Uno de tantos chinos descendientes de coreanos, que naturalmente radican marginalmente en la zona limítrofe entre China, Rusia y Corea del Norte, en Yanbian, denominados como población como joseonjoks, accede a un negocio criminal, asesinar a un maestro adinerado de Seúl, un trabajo que no solo le dará una exorbitante cantidad de dinero para sostener su vida y mantener a su pequeña hija, sino le crea la posibilidad de reunirse con su amada mujer que yace en Corea del Sur, sin embargo lo que no sabe es que la mafia de ese país también planea lo mismo. Visto en medio de un conflicto de intereses personales empresariales será perseguido por diestra y siniestra, tanto por sus contratantes con un líder Myung –ga (Kim Yun-seok)- salido de un mundo de asesinos verdaderamente intimidantes que parecen animales, como de una organización delictiva de alto peso en que le llaman presidente a su cabecilla, un elegante y calculador empresario de saco y corbata.

La cinta es una rocambolesca secuencia de persecuciones, escapes surrealistas y batallas sanguinarias con objetos punzo cortantes como hachas o filosos cuchillos de carnicero, incluso se usa como arma un gigantesco hueso que sirve para aplastar cráneos. Las tomas de los vehículos estrellándose y evadiéndose es de una proximidad portentosa, casi puedes oler la sangre y ver saltar los vidrios; el sonido y la verosimilitud, la cámara a unos metros, crea un festín sensorial inigualable. De lo más llamativa.

Algunas persecuciones pueden caer en lo extraordinario pero nunca dejan de ser vivaces y absorbentes, enajenantes y subyugantes para quien las observa con el cuerpo a punto de saltar a la pantalla. Hay una en particular en que los policías se amontonan como gorilas tontos y agresivos corriendo detrás del criminal y protagónico de nombre Ku-nam (Ha Jung-woo) -un tipo que va de menos a más, de la docilidad y expresión introvertida a la faz y los actos más implacables- en que parece como que están fuera de sí al ir detrás de él sin hacer algún disparo, en una desorientación y estupefacción grupal ante el deseo de subsistencia y huida del asesino. Es una escena fantástica que no será totalmente realista pero está cargada de imponente extremismo y exaltación que como en la lucha desigual constante de uno contra muchos como en el puerto se hace rústicamente artesanal y desequilibrado concretar semejante hazaña pero es el entendimiento del sobredimensionamiento de lo posible que hace de la propuesta de su violencia una empatía intensa y especial que convence sin que uno reproche demasiado sino que se deja llevar por su frescura y naturalidad; sosteniendo una ejecución muy persuasiva en cuanto a los combates físicos de predominancia con arma blanca que desarrollados hábilmente son el plato fuerte del filme en donde se va hasta la última consecuencia, sin lógica, yendo a matar a toda costa, consiguiendo vengarnos y acabar con el enemigo.

Myung –ga, una bestia para asesinar y sobrevivir, baja a un sótano frente a un amplio séquito de guardaespaldas y matones que cubren al denominado presidente, jefe de la mafia surcoreana, y sin miedo alguno sabe a lo que viene. Es esa la direccionalidad del filme, no dudar en cuanto a cumplir con lo que queremos, y aunque Ku-nam inicialmente parece dubitativo termina saltándose todo protocolo y se convierte en un amoral tan igual a todo su contexto, por lo que no hay un solo héroe en la realización, solo criminales, sobrevivientes y homicidas, no obstante éste último es nuestro punto de partida y se nos hace menos cruel, con algo de sentido afectivo, quiere recuperar a su esposa mientras sobrelleva una desolación, pobreza y abandono que inflige un descorazonamiento que lo implica a perpetrar una liquidación por dinero que termina atrapándolo en una vorágine en que tiene que ir contra el mundo, policías y dos bandos mafiosos incluidos, aparte de ser perseguido por perros, patrullas, ser herido y estar de ilegal en otra nación.

Es un filme que arranca muy contextual pero ocultándonos la sanguinaria energía de sus personajes que darán luego la sorpresa, aunque ya se destila la confianza que predispone a creer en su oculta esencia; a cualquiera no se le pide que atraviese el mar en malas condiciones, elimine a un hombre y traiga su dedo gordo como prueba, tampoco quien lo promueve puede ser menos fiero, empero éstos terminan siendo mucho peores de lo esperado.

Primero se nos ubica en el relato sin demasiados sobresaltos físicos como es normal y eso va hasta casi la mitad de la película, inquietándonos un poco de expectativa aunque sin agobiar, si bien no da mucho crédito a los intereses sino más a la actividad y desplazamiento de los contrincantes cuando ya se decide a acometer su barbarie visual; una vasta colectividad en varios grupos contra un único ser humano (que terminan traicionándose), un fugitivo que toma las riendas de su acoso y arremete contra sus cazadores.

Cuando llega lo ansiado cumple a todo nivel, acción pura y dura, amplia y bien planteada pero con los rasgos asiáticos, es decir una desproporción que incluye detallismo y mucha brutalidad, abstenerse quienes no gusten de la sangre y lo específico, pero sí se quiere, estamos ante otra más de esas audaces proposiciones fílmicas que no se achicopalan en absoluto sino salen a impresionarnos. Es una cinta que tiene varios géneros dentro pero que puede adscribirse a la acción simplificando su objetivo, una propuesta muy entretenida que usa a sus personajes sin pena alguna y les saca sustancia hasta el máximo extremo para divertimiento del público.

domingo, 25 de marzo de 2012

Tyrannosaur

El debut de Paddy Considine en el guión y dirección de ésta película le ha traído reconocimientos importantes en su país como en los Premios Bafta a ópera prima y en el extranjero en el Festival de Cine de Sundance al mejor director. En resumidas cuentas es un filme imperfecto cargado de violencia en donde la vida para gente promedio es como dentro de una pesadilla, en circunstancias que sacan su peor respuesta, incluso para una mujer con ciertos lujos, con tendencia a la bondad y a la religión.

Pesimista y dura por donde se vea, trae la sorpresa desligándose de un hombre de naturaleza salvaje para revelarnos la oscuridad de la dama con la que entabla una relación de amistad y más tarde de amor como de reinserción social y afectiva.

El título hace alusión ingenua a un apodo provocado por la cinta Jurassic Park cuando un Tiranosaurio ataca la camioneta de unos paleontólogos, se compara un ruido personal con el de ese dinosaurio; pero más que eso se nos invoca el pensamiento de una incontrolable furia por la que deambulan los seres humanos descritos en el relato presente.

Contiene tres actores soberbios que manejan el desarrollo de un itinerario que desde el principio sabemos que terminará muy mal. Joseph (Peter Mullan) nuestro personaje principal y una de las materias de reflexión, cobra un dinero y ante el enojo rompe una ventana del lugar, vive al borde del nervio por culpa de un vecino abusivo que utiliza a su perro pitbull como imposición de respeto; entre sus amigos hay gente de mal aspecto aunque de apariencia engañosa en cuanto a sentimientos y un compañero enfermo de cáncer a punto de morir, cuando se mete en la vida de Hannah (Olivia Colman), la otra fuente de introspección, una dócil fémina que sufre maltratos físicos por parte de su esposo, James (Eddie Marsan, en una corta pero impactante actuación) y así Joseph empieza un trayecto en que busca salir de la rutina emotiva que le agobia aunque antes deberá superar unas pruebas.

Es algo predecible ver el lamentable final que se cierne sobre sus participantes con respecto al asunto del perro y el niño en medio de un hogar caótico, y sobre la humillación y martirio físico emocional de Hannah, sin embargo termina habiendo algo de sorpresa. El discurrir del filme es propio de un mundo proclive al dolor y al sufrimiento, empero hay aire de alegría en algunos momentos. Hay que elogiar a gran escala que Joseph llegue a respirar a través de Hannah destacando la escena del beso como una de las más logradas, que luce natural y no hay ninguna sobredimensión ni romanticismo meloso, siendo un estado puro, sano y directo, como también lo es el de los amigos reunidos en el bar poco después de una muerte.

Los personajes tratan de llevar matices, no son como se les pretende si bien hay una predisposición hacia una línea en los dos protagónicos que caminan indefectiblemente hacia la derrota. Son aun así espontáneos e indefinibles en última instancia, resultando creíbles.

Aunque pareciera que Hannah fuera el ángel enviado para salvar a Joseph, no solo va de eso sino que están para ayudarse mutuamente como dos verdaderas almas gemelas (nótese que ella tolera su agresividad pero no le teme al ser su actitud propia de la frustración, a diferencia de la del cónyuge que es ruin), no obstante hay que recalcar que Joseph ya viene estando pensando, arrepintiéndose, queriendo abandonar esa tendencia a la violencia que lo sojuzga hasta dañar a sus seres queridos, y aunque hay fuerzas que lo conducen a destruir su entorno, se inclina conscientemente por querer cambiar, que es la razón por la que se mete en la tienda a llorar, habiendo un entendimiento de poner de su parte y apoyarse en esa dama que le atrae, de la que intuye virtudes que necesita para sobrellevar su rabia y su enemistad con el mundo.

A medida que avanzamos vemos que Joseph también tiene bondad, y Hannah un lado animal como la del mencionado Tiranosaurio. Son dos caras de la misma moneda pero que vienen con empaques distintos, un yin yang visto desde el negro o el blanco.

Hay menciones curiosas a películas americanas, soy Robert De Niro contesta Joseph a una contemplativa Hannah que lo encuentra escondido detrás de unos colgadores con ropa, o muestra éste el culo gritando la última mítica frase de Braveheart, ¡freedom! (libertad).
Es una cinta que se hace ligera sin que se conciba superficialidad o predominancia de rentabilidad, empero muy bien propuesta. Tiene errores estéticos, como la rotura de un vidrio que se prepara mucho en la toma, o cuando el perro muere de una patada sin que ello irradie mucho visualmente o al destruir la cabaña de la mascota con una lentitud y poca intensidad que no asemeja el espíritu del principal, en lo cual hay una ambigüedad que puede destacarse ya que no asume desmedida certificación de rudeza en la actuación para no caer en el efectismo pero que también a ratos se hace corta para impresionar ya que sí busca explotar ese aspecto. Y aunque hay algunas acciones poco contundentes desde lo que vemos, más que lo que se nos quiere proponer, otras lucen espectaculares como en el descubrimiento del cuerpo con las moscas en el rostro.

El filme puede parecer excesivo si somos susceptibles, e incluso hasta mediocre si nos ponemos en un lado ético dejando de ver que puede ser prioritariamente demostrativo en cuanto a su relato (una falla menor de cierta forma ya que se nota algo despreocupado del mensaje y no asume totalmente esa profundidad que parece postular en los actos en relación a sus figuras, aún teniendo una seriedad que conlleva en el estilo y que la eleva del divertimento), sin embargo aunque hay una inclinación hacia la brutal venganza o actuar por nuestra cuenta, la trama se justifica plenamente desde las leyes de una proximidad con una barbarie muy palpable en muchos seres humanos sino en todos pero en diferente medida, que remite en unos a la vulgarización y a otros a la aceptación de lo radical.

Si notamos que la realización se moviliza en una exhibición de la falta de control, hacia una racionalidad del odio, o la estimulación hacia ello, viendo la lucha de Joseph y la resolución de Hannah, no habrá más que comprender que el filme se acopla a una línea, pobre en lo que implica y en cierto sentido también lo es la forma de llevarlo a cabo aunque indudablemente poderosa en su señalamiento, por lo que el filme no será el más inteligente pero sí bastante interesante y seguro como para atreverse a lo que nos ofrece.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Young adult



El director Jason Reitman se vuelve a reunir con la guionista Diablo Cody tras su buena fusión en Juno (2007) con la que Cody ganó el Oscar, una stripper y reconocida bloguera que saltó a la fama con su primer libro, Candy girl: a year in the life of an unlikely stripper (Diario de una stripper, en español). Reitman ha demostrado que es un creador talentoso contando con dos nominaciones a mejor director a la estatuilla dorada luego de cuatro películas dirigidas.

Su actriz principal es Charlize Theron que hace de Mavis Gary, una mujer divorciada de 37 años de edad que pasando por un mal momento en la escritura de libros para adolescentes decide ir a su ciudad natal en busca de su amor de juventud. Sin embargo el inconveniente que lleva pretender su unión con el pasado es que Buddy Slade (Patrick Wilson) es un hombre felizmente casado y acaba de tener una niña, por lo que se le envía una invitación para celebrar su nacimiento, que para ella es una señal del destino y de su situación conyugal, en favor de su aspiración a reencauchar un romance.

Ésta comedia de humor negro no tiene mucho de risa y sí bastante crueldad en su exposición de los llamados perdedores, en una sociedad que juzga a los seres humanos sin clemencia. Mavis es una chica que se cree especial, no solo por guapa sino por haber salido de un pueblito en donde todos son considerados promedio, además habiendo sido popular en el colegio y la reina de la promoción, por lo que vuelve creyendo que encontrará la adoración de quien ella llama su alma gemela. No obstante la verdad es más salvaje de lo que puede imaginar y será como una cachetada a su ego que la terminará aproximando a un lamentable desenlace, con quien a diferencia de ella es un verdadero estereotipo, un nerd grueso que está mal de la piernas y del órgano sexual producto de una golpiza de abuso escolar al creerlo homosexual.

La vuelta de tuerca o trampa final que nos depara Cody en el guión es aplastantemente desconcertante, que sólo salva a la protagonista tras una concesión que la deja intacta en su locura pero que ya nos ha desvelado la esencia real patética de quien es sustancialmente.

Mavis no puede ni debe adaptarse al pasado como tampoco lo harían los que luchan sin querer contra ella (con quienes ha crecido), no estarían bien en su mundo, Minneapolis, conocida sarcásticamente como la pequeña manzana, en alusión a New York. Minneapolis es una ciudad avanzada en comparación de su insulso y diminuto hometown.

Estamos ante una opinión dura sobre las relaciones humanas en donde las personas ordinarias viven vidas tranquilas y realizadas sin grandes ambiciones ni problemas, a contraste de la protagonista que en lo más destacado y alto del éxito está derrotada, solitaria, vacía y se mueve en la superficialidad.

Por donde se mire éste es un filme sin gracia o encanto pero no absurdo sino muy inteligente, sin embargo seco hasta el tuétano y que te deja frío ante su realismo pavoroso. En su visionado, se acomete contra outsiders o emprendedores de capa caída, que quedan mal parados, aunque son rescatados a último momento, albergando una mejor sobrevivencia o quizá un cambio; desubicados del contexto en que el gran golpe llegará para sacudirlos y derrumbarlos, equivocados en su sobredimensión personal y ridiculizados hasta el cansancio, quitándoles la dignidad, en donde la empatía para el espectador no funciona si tienes corazón.

Theron es natural, en su representación al resto de los mortales, cuando bebe gaseosa de la botella o al día siguiente del acto pone cara de asco ante un gesto de mimo del acompañante sexual; y a su vez muy guapa hasta deslumbrarnos cuando quiere apabullarnos con su estética de modelo. Resulta muy cool en su performance de mujer joven adulta moderna y segura de sí hasta la demencia. Mavis se comporta extraña en sus decisiones, ya que ir a enamorar a un hombre casado porque cree que están destinados a ser la eterna pareja, a costa de daños colaterales -la esposa y la recién nacida- que ella justifica, no parece lógico. La mujer de Buddy también se muestra bastante cruel, pero aparenta ser inocente y bien intencionada, pero cómo no ver que tiene la vida que Mavis pudo tener, con su ex, con su ilusión de juventud, y que contrasta brutalmente con su fracaso actual. 

Matt Freehauf (Patton Oswalt) se lo hace ver; el parásito de Mavis, la rémora que es aceptado en su universo y que solo puede hundirla mucho más en un oportunismo ocasional. De la boca del rengo sale una crítica directa, además. Le dice: cuando te mirabas incasablemente en el espejo yo estaba en mi mejor época y tú no me veías. Pero suena a palmadita en el hombro para el corpulento fanático de Star Wars, y lo que es más irritante, hacer leña del árbol caído, cuando la dama ha tocado fondo.

El asunto son las falsas efigies y lo que es la felicidad, el mensaje es sigue tu propia ruta, circunscríbete al entorno que te sea propio, aunque apuntando a destacar y elogiar la normalidad de la clase media anglosajona, aun siendo una cinta rebelde e independiente al mainstream.

Mavis no puede con esos padres que cuchichean detrás suyo generando lastima sobre ella y que de hecho repercuten en todo éste drama (aunando el propio desequilibrio), o que guardan la foto que delata su fracaso matrimonial porque su ex marido es agradable a contraposición de ella que solo despierta fastidios por su egocentrismo e imposición de abarcarlo todo bajo su liderazgo. Pero también hay algo de lo que le hace ver la hermana menor de Matt, que la envidia y la mediocridad subyuga a la mayoría de gente del pueblito. Y sí, duele y pica el filme, una hazaña para el cine que no se congracia -en grandes rasgos- con nadie, aunque permite aire en cada capa sacudida.

Arrancarse cabellos y ser proclive al alcoholismo juegan a desdibujar límites hacia el abismo mientras vamos descomponiendo la figura de la independencia, la libertad, la soltería, la escritura o el atractivo físico, todo es menos de lo que implica, sea siendo una redactora fantasma en una serie moribunda o con modeladores de senos que al descubrirlos restan voluptuosidad. Hay una desmitificación de un orden establecido que seguro contentará a algunos, sin embargo seguirá siendo muy poco para ir a contracorriente del deseo de lograr lo que Mavis tiene y se destruye.

Young adult (2011) es un filme audaz sin lugar a dudas, pero pobre en cuanto a emociones, a hacernos soñar y a ser optimistas, está plagado de conformismo, de una misericordia miserable, de una crudeza y sarcasmo que no produce confabulación sino fastidia y que se ajusta a mostrar lo que es en realidad la existencia en éste planeta pero que viene con aspereza por más que quiera otorgarse un aire ligero y superado. Claramente es buena la propuesta pero todavía extraña, es difícil de asimilar, muy en la línea de lo que hace Reitman, un cineasta con bastante futuro, que hace honor a la creatividad personal, a trabajar en lo complicado, como la rubia actriz sudafricana haciendo papeles de antihéroe, saliendo de la gratuidad de su belleza para ser algo distinto a lo que se espera de su persona, sin que eso merme atributos irrefutables e inevitables, pero los tres -Cody, Reitman y Theron- muestran estar dispuestos a romper el molde y por lo tanto a ganarse un nicho importante en el séptimo arte.

Rojo


El teatro de la plaza ISIL en Larcomar presenta ésta obra literaria perteneciente al dramaturgo americano John Logan, guionista además de películas como El aviador, Gladiador y la invención de Hugo Cabret. Título que en el 2010 mereció 6 Premios Tony incluyendo mejor drama teatral. Está dirigido por Juan Carlos Fisher que suele traernos propuestas de muy buena catadura intelectual y últimas en el circuito mundial.

Rojo trata sobre la dialéctica que enfrenta al famoso pintor del expresionismo abstracto Mark Rothko con su nuevo ayudante de nombre Ken, un muchacho anónimo y aspirante al arte que representa la nueva pintura pop en contraste con las ideas de Rothko de una manifestación pura, libre de comercialidad, esencialmente interior, significativa emocionalmente y llena de profundidad a pesar de que su pintura solía consistir en la exhibición de algunos cuadrados de colores.

El personaje de Rothko define en la obra de Logan su estructura pictórica, nos deleita con una detallada y amplia definición de en qué consiste su arquitectura visual, además de compartir su filosofía de vida como creador y ser humano, lo cual es un acierto gigantesco para quienes como quien escribe no somos próximos a su propuesta artística, pero que podemos aprender a admirarle o darle la oportunidad de expresarse aun no compartiendo la misma emoción por su elucubración sensorial y estética.

En la dramaturgia expuesta respetamos a Rothko, se hace muy poderoso, entendemos su pasión, si bien se nos hace complicado ver su pensamiento a través del lienzo, y eso lo deja implícito también él ya que se le interpreta consciente de que lo suyo es algo especial y eso se mueve para bien o para mal ante el público como para el verdadero alcance de la proposición, por lo que en el fondo se desprende que muy pocos pueden sentirse vinculado, sin que se nos recrimine por la inteligencia o la sensibilidad ya que el arte es más que capricho o imposición, aunque la apariencia de la aceptación sea casi natural en muchos a los que la ironía y la sabiduría a la que se circunscribe ésta realización les critique sin concesiones en muy razonable medida; no solo a quienes no entienden su quehacer inventivo y creen que es absurdo lo que hace, sino a los que son esnobs, a los oportunistas, a los mentirosos, que los señala Rothko desde diferentes ángulos, no dejando indemne a casi nadie, ya que el maestro como se le expone a éste artista propio según observamos de un arte único, personal y definitorio de una época solo compone para sí mismo y para los pocos que pueden ver como él, a los que parece desconocer o no ubicar con facilidad, ya que hay una cultura de apreciación que más se dicta bajo la superficialidad, la impostura y la falsa empatía que es lo que quiere combatir un Rothko primordialmente sincero y deseoso de ser real, como solo se ve reflejado en su compatriota y rival Jackson Pollock.

Rothko es, y quiere más que la aceptación general, más que el dinero, más que la fama y el éxito que ya tiene y que por ese tiempo está perdiendo ante el nuevo movimiento cultural de lo pop, por lo que en éste relato es puesto a prueba, se le invita a decorar muros en el four season, un lujoso restaurante neoyorquino destinado a los más adinerados y selectos, a cambio de una suma astronómica histórica para un creador, que no solo incrementará su economía sino su repercusión mediática, sin embargo Rothko comprende que solo es un juego más de la banalidad del hombre contemporáneo que no comprende ni ama el arte sino se regodea en la destrucción de su sentido, para lo que debe decidir si terminará siendo como algunos artistas decrépitos y experimentados que se venden al negocio, o subsistir sin perder el alma y la dignidad de la que se infiere que en realidad se encuentra en una cierta derrota, en que se extiende la idea de que el triunfo del arte no pasa por los reflectores rimbombantes sino por respetar nuestros ideales e identidad, aún a costa de no llegar de cara a lo oficial al reconocimiento masivo o a la opulencia.

Veremos un andar cíclico ante la innovación y la rebeldía puesta en tela de juicio ante lo que finalmente es auténtico y lo que no lo es, con respecto a hacer arte. Y que articula el ingenio de no contentarse con las hagiografías o las biografías repletas de planas alabanzas sino con tratar de ser imparcial con el protagónico, dándole matices a la crítica en general y que pasa por acometer al mismo Rothko, que es demonio y ángel por igual, ingenioso y autoritario, claro y vanidoso, intransigente y luminoso, entre muchas cualidades y defectos, tiene razón y también puede equivocarse pero no deja de exhibir trascendencia, características que plantean mayores temáticas y que a un personaje pequeño como el asistente le da la fuerza necesaria para impulsar reflexiones en torno a una celebridad convertida en carne y hueso, puesta a dos pasos de nuestra butaca por la magia que conlleva el teatro.

Una escena pintando un cuadro en tiempo real es bastante intensa, llena de adrenalina, que acompañada del explayarse sobre un color en múltiples aristas hace un pandemónium coherente y uno de los momentos más atrayentes que recrean el culmen inspirador, aquí no es lo más importante la estructura sino lo que está detrás. Rojo es totalmente ilustrativo como obra, un disparar contra las creencias en contraste con sus cambios, volver al origen sin perder la evolución.

Se fuma o se come en ese cuarto minimalista y claustrofóbico invocando naturalidad y cotidianidad que ubica y familiariza en la excepcionalidad, se desvela la oscuridad desde dentro de ella sobre una pintura que no se entendía. Logan nos abre las puertas a todo lo que guarda la motivación y el eje de un ser humano entregado a su monstruo, por eso brilla éste guión dramático, como repercusión interpretativa de hacia dónde vamos, de que perdemos, quizás no amemos la estética de Rothko pero si su compromiso y lo que hay detrás como autor, una mirada elogiable en la que conoceremos a éste pintor e ineludiblemente terminemos apreciándolo y a quienes sean como él.

Solo cuenta con dos actores que se mueven en medio de un taller poco iluminado y desordenado rodeado del aura de la pintura. El siempre talentoso y ahora más delgado Alberto Isola representa a Rothko, haciendo dupla con otro destacado interprete de la dramaturgia, un joven Rómulo Assereto que hace de un tal Ken, dispuesto no solo a descubrir sino a mostrar caminos en una interacción sublime que muestra producto de ambos aunque en efecto cardinal en Rothko que es el principal, exabruptos, debilidad, convicción, ambigüedad, cambios emotivos, individualidad en relación al conjunto y un sinfín de gestos escénicos a diversos polos que admiten el máximo aplauso de una de las obras más interesantes que se puede ver en las tablas nacionales y que arranca el año poniendo el listón muy alto.

Los discursos o diálogos son un aliciente de grata envergadura girando alrededor de su leitmotiv, el arte, en donde está el hombre y su unión con su mejor expresión interior.

jueves, 15 de marzo de 2012

El viaje de Chihiro


Estamos frente al anime más famoso de la historia de éste arte cinematográfico, popularmente conocido alrededor del mundo; ganador del oso de oro de la Berlinale 2002 y del Oscar del año 2003. Su autor, el guionista y director Hayao Miyazaki es uno de los nombres claves dentro del dibujo animado japonés y su estudio llamado Ghibli es de los más prestigiosos en el rubro. Diez películas en su filmografía lo han consolidado como una figura destacada en el séptimo arte.

La trama nos lleva a un lugar fantástico abigarrado y amplio pero perfectamente concordante en ese otro mundo regido por Yubaba, una viejita de corto tamaño y amplia cabeza con peinado descomunal -aunque dibujada a gran escala- que maneja poderes mágicos mientras regenta baños públicos destinados a los dioses, en una comunidad que está bajo sus manos. Los seres humanos no son bien vistos, huelen mal, sin embargo pronto una niña asustadiza y foránea cambiará esa mala imagen a través de su valor y lealtad.

Chihiro, atrapada bajo un contrato laboral que le quita su identidad anterior convirtiéndola en Sen y que quiere reunirse con sus padres transformados en cerdos, se adaptará a ese nuevo hogar, trabajando, llegando a ganarse el afecto de todos cuando descubren sus virtudes heroicas y libertarias, para con la esclavitud de la hegemonía de Yubaba; y aunque su naturaleza física y mental le sea en un inicio contraproducente, aprenderá y se desenvolverá sin más que por su instinto y su honestidad interior, de cara a entes extraños y disimiles a lo antes conocido aunque el recuerdo de un acontecimiento en un río le una con esa nueva realidad, que le servirá de apoyo para salir adelante frente a lo nuevo y desconocido.

La historia de Miyazaki lleva ante todo como seña la ternura; de trama entretenida sin dificultades argumentativas pero visualmente compleja; se estira el relato, no busca apurarse, suele incorporarte con tranquilidad y da la impresión de cotidianeidad; así empieza la aventura como la de encontrar el perdón de la hermana gemela de Yubaba, Zeniba, y salvar a Haku, en ese momento un dragón castigado por un robo. También reúne sub-tramas con suma naturalidad sea con el bebé gigante vuelto en roedor o con el espíritu sin rostro agradecido con Chihiro.

El filme tiene un lado grotesco en sus ilustraciones, lo que es muy nipón, suelen ser más libres y adultos en cuanto a propuestas animadas; hay mayor especificidad en sus detalles interpretativos y en cuanto a la narración, pero no pierde nunca el espíritu dulce, infantil, amigable o lúcido que reúne a la familia ante una película universal, ya que por más extraño que algo se presente tiene justificación, aunque por su propias reglas imaginativas.

Hay mucho color, algo de comedia, exageración gestual, es una población que circunscribe a muchos personajes, creando toda una cosmovisión personal, apartada y original, pero que no pierde aún así su relación con el universo japonés; lleva la identidad de su cultura, de su mítica y fantasía, pero reconstruida desde algo novedoso y hasta innovador. No es necesario que haya criaturas muy renovadas, sino que se hacen distintas desde los diálogos o por pequeños ajustes, como el abuelo en forma de araña o las tres cabezas verdes que sirven a la bruja.

El desarrollo de la trama no tiene fisuras y se distribuye/evoluciona con sentido del tiempo. No tiene nada que envidiar a un largometraje con piezas reales; se hace muy fidedigno. Me recuerda algo a La guerra de las galaxias, al reino de Jabba el Hutt y a éste mismo, aunque sin perder la similitud con nuestro planeta, en un espacio paralelo que invoca otros seres. Se le puede entender como una mística legendaria modernizada que -aunque lo niegan desde su universo- se hace muy humana.

Se ve una crítica a la ambición económica desmedida y al poder mal dirigido, pero más que una reflexión es una cinta de diversión pero con alto nivel creativo; sana y amable para compartir la magia de los sueños, siendo la base el crecimiento de Chihiro, una niña como protagonista que representa un reto frente a la debilidad, que cumple con las expectativas hasta lo más grande, cuando pareciera muy complicado de alcanzar; un canto al éxito desde abajo en respuesta al motor más trascendente: el amor.

domingo, 11 de marzo de 2012

Un dios salvaje (Carnage)


¿Somos tan civilizados como nos creemos?, es la interrogante que se hace el famoso creador de Chinatown (1974), Roman Polanski, junto a la dramaturga francesa Yasmina Reza, reunidos para el guion de la presente película que realiza Polanki quien toma de partida la obra homónima (Le dieu du carnage) de Reza.

Parto diciendo que cualquier filme de éste cineasta polaco nacido en Francia, de Polanski, suele ser entretenido, haga terror, comedia o noir; se visionará con tranquilidad y agilidad, pero con respecto a la calidad del filme actual está un poco menor dentro de su filmografía, sin embargo sigue siendo una propuesta decente.

La trama es sumamente simple, un niño, el hijo de Nancy y Alan Cowan (Kate Winslet y Christoph Waltz) de condición pudiente, agrede con una rama de árbol a otro compañero que está en pandilla insultándolo, con lo que le extrae dos dientes frontales, al vástago de la familia Longstreet, de Penelope y Michael (Jodi Foster y John C. Reilly), de la clase trabajadora. Para zanjar el problema, los padres de la victima invitan a su casa a los ascendientes directos del agresor. Pronto la conversación pasa del trato reconciliador y amigable a una lucha dialéctica que destripa y descubre la esencia detrás de la moral, del orden y de la naturaleza humana, tomando de referencia las características personales de los involucrados en donde el idealismo, el materialismo y la indiferencia chocaran bajo las individuales propias ideologías o carencias.

El filme va de frente al contexto en que los parientes argumentan sus puntos de vista, mientras luce muy próximo a su ascendencia de obra de teatro donde lo que se dice es lo principal de la propuesta y lo minimalista da rienda suelta a feroces vaivenes, invertido en pocos protagonistas.

Tiene diálogos que se hacen extensos y forzosos en comparación con la realidad, teniendo en cuenta que muy pocos en el diario vivir se dedican a explayarse con tanto ahínco y franqueza como los personajes relacionados. Los secretos y verdades afloran con la naturalidad del talento de los actores pero sobrevuela la incredulidad ya que se saltan olímpicamente la vergüenza y el pudor, en el desnudo de toda la idiosincrasia privada de unos ante los otros; con aquellos con los que supuestamente llevan fricciones y que se van incrementando mientras más se interrelacionan, no obstante de eso va la película, de llegar a la sinrazón.

La película se concentra en que estamos ante una realización netamente satírica y mordaz que no busca verosimilitud sino un análisis pormenorizado de nuestra proclividad al caos y a la contradicción. Existe un deseo, aunque prolongado por las circunstancias, de concretar la escurridiza solución, pero el trato por más buenas intenciones que tengan exalta la confrontación (los Cowen incluso quieren irse en varias oportunidades, se acercan repetidamente al ascensor para retirarse), y es solo un recurso que se excusa porque hay parámetros que buscan salvaguardar la paz de la convivencia humana, puesta a prueba cuando más se le inquiere, sin embargo la cinta se hace algo monótona, aunque impredecible finalmente.

Lo giros van revelando el anhelar de la autocomplacencia, el aspirar a que todo quede perfecto, que valga la pena, que exista la justicia, pero las personas con su bagaje personal arruinan ese fin, lo hacen complicado, mostrándonos algunas capas de hipocresía como con los medicamentos insalubres o el acto de castigar/reparar un acto de abuso. El filme nos induce a creer que no somos tan nobles ni tan elaborados como pensamos, aún teniendo altas pretensiones, estatus social, educación o profesión, incluso el personaje más rescatable éticamente -el de Jodi Foster- resulta ser histérico y egocéntrico, además manifiesta también algo de salvajismo que es lo que se nos infiere que contenemos todos.

Peleas por doquier con tuti il mundi, vómitos, revelaciones imprudentes y conflictivas, molestias conyugales, errores indolentes tras alguna fobia, insensibilidad, incongruencias, frustraciones entre otras calamidades solo disminuyen con un whisky y un puro, con la falta de compromiso, o en otro caso empeoran generando la ira en la ironía del ciudadano del mundo, un trato que increpa constantemente las relaciones humanas. Es un filme que abocado a su leitmotiv puede ser insuficiente, se repite y solo repercute como crítica, y así como llega se va, abrupto, incompleto, parcial, exagerado, y aunque quiere generalizar también luce excepcional, pero no quepa duda que todos llevamos parte de él en nosotros, el mundo se nutre de ello.

Lo mejor de la realización son los cuatro actores, magníficos en toda palabra, que saben darle fuerza e interés a tanto devaneo que recoge una cierta profundidad pero que no lleva la mejor de las estructuras para enaltecerla. Divertida por momentos, juega a hacerse bastante superficial para ser reflexiva, se le puede catalogar de una grata astucia intelectual moderna y en parte anárquica, fluida y corta además, ya que dura 1 hora y 20 minutos. El diagnostico es que se hace saludable relajarse con el último trabajo de Polanski pero sin darle mayor cabida que el de la intrascendencia de la trascendencia, como pretende el realizador y su coguionista. 

martes, 6 de marzo de 2012

Shame


El director inglés Steve McQueen, es más que el homónimo de una leyenda americana del séptimo arte, es un realizador muy prometedor que ya con dos películas en su filmografía se ha cimentado como alguien que hay que seguirle el paso con atención. Hunger nos demuestra el estilo que lo caracterizaría, un cine europeo con componentes definitorios clásicos y a la vez renovados, en un filme rudo y seco con un ineludible toque contemporáneo, puesto bajo una estética fría en lo visual más no en sus propuestas intelectuales asimiladas, capaz de ponernos una lenta y pesada pero indispensable escena de diálogo bastante extensa entre nuestro protagónico Bobby Sands (Michael Fassbender) y un cura católico con tendencia a lo político, en que la influencia de la religión -tan fuerte en los irlandeses- busca doblegar el espíritu del primero a favor de la negociaciones del gobierno inglés con guerrilleros presos, asignando que el mandato de Margaret Thatcher no quiere doblegarse al terror ni a la manipulación en la compasión rechazando acceder a las peticiones políticas de los internos carcelarios pertenecientes al Ejército Republicano Irlandés (IRA); o ante una larga y parsimoniosa toma en tiempo real de la limpieza de un pasillo por parte de un guardia de seguridad. Elementos que hacen de su cine algo más que público y general.

La decadencia corporal del integrante del grupo terrorista IRA, Bobby Sands, en manos de una huelga de hambre nos retrata la convicción ya antecedida por una anécdota adolescente; la represión en la cárcel con golpes y abusos ante la negativa de aceptar el uniforme, las represalias externas del grupo paramilitar o la mutua lucha por derechos que reconozcan y que creen un estatus en prisión, se ven envueltos con una bien distribuida trama que se organiza por medio de unas pocas descripciones y acontecimientos que fabrican un relato que en momentos se acelera y en otros se aborda en la calma, la estructura de las secuencias determinantes hacen que con unas cuantas escenas contrapuestas se coja ritmo y en poco tiempo se concrete la imagen global decisiva; McQueen sintetiza muy bien el deterioro tras una película que no endiosa sino que se hace justa recreando fidedignamente como un Dios permisivo su historia.

En ésta oportunidad vuelve a repetir con el actor de origen alemán Michael Fassbender, que se ha robado el podio que ostentaba Ryan Gosling como figura más importante del cine actual, demostrando un talento mayor en quien consideramos el mejor intérprete del 2011; una innata naturaleza creativa e histriónica que en un momento importante en Shame no necesita de palabras sino administra puros gestos excelsos.

En la conclusión de la película, Fassbender como Brandon Sullivan se quiebra y muestra el dolor que aqueja su vida, un estado de desesperación incontrolable que lo sojuzga impenitentemente al estar atrapado en la filia desmedida de lo sexual, producto de una infancia y juventud traumática que involucra un acercamiento al incesto; todo ocurre en cerca de 20 minutos donde no hay parlamentos sino únicamente acciones. McQueen maneja la elipsis con maestría sin develarnos la verdad del pasado que jala las cuerdas de ese comportamiento desequilibrado, dedicándose sobre todo a contarnos el diario quehacer de éste hombre, que vive solo pero sin sentir la soledad, que tiene sexo continuamente y que respira una obsesión hacia lo carnal sea a través de prostitutas, internet o aventuras, gracias a su presencia física, su condición social y la seguridad en sí mismo; sin embargo hay un aire autodestructivo que es el que lo moviliza, capaz de decirle a un tipo corpulento que ha estado masturbando a su novia en un bar o recurrir a una relación homosexual ante la desbordada libido.

Incapaz de sostener un amor más allá de tres meses, su hermana Sissy (Carey Mulligan, fantástica actriz que matiza la frescura, la tristeza, la provocación y hasta la ordinariez en su personaje) desnudará sus secretos sin darlos abiertamente, solo dejándolos escapar muy oscuramente en un afecto y acercamiento crispado/voluptuoso/peligroso. Ella provista de una melancolía, véase esa hermosa escena en que canta New York New York aludiendo su propia existencia, abandonada en todo ámbito -desprotegida ante un mundo violento al que ella no se obliga a obedecer sino a padecerlo- recurre a Brandon, creando en él un estado de reflexión opresivo y punzante que crea una consciencia que le refriega sus traumas, aunque sin intención sino con una despreocupación que para el personaje de Fassbender lo hiere, lo culpa o lo confunde; correr o intentar una relación amorosa no funciona, la caída es inminente.

El filme recurre a la sequedad, a la morosidad, a la domesticación del alma a través del cuerpo o la experiencia aunque solo se traten de figuras retozando ávidamente en la cama, a la repercusión de lo exógeno en lo interior, en un juego que no se puede manejar, tratando con un vicio que lleva una profundidad que deambula por la psiquis. Una enfermedad que genera consecuencias. El sexo es una válvula de desintoxicación, empero también lleva a la debacle ya que no se atribuye a lo normal en el personaje, y es la hermana la que atenazada en el teléfono o rogándole por un espacio en su hogar se vincula afectándolo, no lo deja libre, como esclavo de su sexualidad, de una historia, que McQueen sugiere, implacable, intensificando la rutina, que es como un barco hundiéndose de a pocos pero dispuesto a sucumbir tarde o temprano, sin ninguna salida más que la derrota, el resto es otra película. Estamos frente al contexto, el discurrir hacia el abismo pero no la huida aunque tocando fondo llega seguramente la luz al darnos cuenta de la desgracia interna. El enfrentamiento de los problemas.

jueves, 1 de marzo de 2012

My week with Marilyn


Abordar el papel de un ícono como Marilyn Monroe parece fácil cuando no se es muy serio, hacer una parodia o buscar alguna exageración sale en el acto, pero si queremos emularla lo más real posible el trabajo se convierte en uno de los más complicados. La actriz Michelle Williams, nominada al Oscar por éste papel, intenta tomar posesión de esa figura, sin embargo su hazaña no llega a ser la más fidedigna, no obstante hay un cierto parentesco; la inocencia, la sensualidad, la naturalidad con que se es artificial de cara al mundo, la banalidad, la inestabilidad emocional, la fuerza interior para afrontar el estrellato o hasta el aire tonto son signos que se ven en el personaje.

Monroe era más compleja de lo que se le atribuye aún cuando no desbordaba en inteligencia o en aptitudes superdotadas para el séptimo arte, que igual se rendía a sus pies bajo su dulzura, su calidad de boba, la simpatía de sus bondades corporales y sentimentales, la personalidad sencilla en el ecran o la naturaleza artística que siendo un estereotipo podía revolucionar la comedia ligera; una mujer que podía ser desequilibrada a espaldas de la pantalla y una diosa que despertaba la admiración y excitación de quienes se veían atraídos como un imán a sus encantos histriónicos y físicos, a su voluminoso trasero, a sus senos en punta, a su rubia cabellera, a su boca exhalante, a los ojos brillosos moviéndose hacia arriba en busca de las palabras; incluyendo a un cruel recriminador harto de sus tardanzas, engreimientos y torpezas, un Lawrence Olivier (Kenneth Branagh), que con todo su talento, su abundante experiencia en el teatro, su fama como director y actor, sentía el poder de la que fue la mayor estrella femenina de una época.

No solo se puede ver a Vivian Leigh siendo amable con ella mientras envidia su magnetismo sexual sino a un Olivier que confiesa que a pesar de su falta de técnica y lentitud en el estudio, ella era algo impresionante, una imagen que seducía al público, en el fondo era una roca de lo que parecía una capa de gelatina, una atracción que volvía locos a los hombres que caían en la red de sus momentáneas pasiones, como quien nos cuenta sus memorias junto con ésta diva, el director de documentales Colin Clark que siendo el tercer asistente en el circo de Olivier logra tener una corta relación con Monroe a pesar de atribuirse el título de nadie importante; un afortunado escogido por las extrañas decisiones de un ídolo, la que no duda en dejarse llevar por sus afectos cambiantes, dolida por la crítica de un Arthur Miller cansado de no poder pensar, de ser consumido por su gigantesca esposa.

Monroe se hace ardua de concretar, pero el filme del inglés Simon Curtis no desfallece ni se hunde sino se hace bastante entretenido y aceptable viendo como se graba la película El príncipe y la corista (1957) en que la rubia platinada viajó a Inglaterra para dicha realización. En medio yace un amorío con un menor y alguien común por ese entonces, las peleas con Miller y Olivier, una aventura romántica llena de fantasía idílica, la indomable personalidad de una estrella, los entretelones de una película. Me topo como resultado con un producto que contenta sin que sea tampoco tan memorable, es algo pequeño pero bien hecho.

Un pero resaltante es que Williams está lejos de llevar la belleza de Monroe aun poseyendo sus propios atributos ya que también es guapa y parece algo tímida/particular en persona, sin embargo su papel se hace discreto y menor por mucho que lo intenta, no llega a irradiar toda la potencia del aura de Marilyn Monroe; aunque lleva sus gestos, canta suave, seductora y acaramelada, luce fresca o distraída, sale vestida de Eva en repetidas ocasiones con ese desparpajo que daba tanta celebridad a esa dama que decía que dormía solo con perfume en el cuerpo y que podía ser siempre tan libre desnudándose sin ninguna preocupación. No nos sentimos con el corazón acelerado o encendido ni entusiasmado o curioso, como si sucede con la verdadera; no se nos da más que una imitación, segura y valiente pero solo una recreación que termina siendo decente sí, grande no, por lo que seguirá rondando el reto por buen tiempo más, si bien Williams merece todo nuestro respeto por su interpretación, demostrando que es una actriz prometedora e interesante que no deja de sorprendernos con esa actitud ganadora y constante que se puede ver en su filmografía; increíble viniendo de quien salió de esa pequeña serie de tv. llamada Dawson ´s Creek, para ya actualmente ostentar 3 merecidas nominaciones en los Oscar.

Otro actor relevante es Kenneth Branagh, también nominado a actor secundario en el Oscar, que por el tipo en sí hace una caracterización algo ridícula, un egocentrismo y apabullamiento que luego se transforma en cierta inseguridad, deseos de trascendencia pública y realizaciones emotivas; pero que se pierde un poco por el endiosamiento hacia Monroe que circunda en todo el filme, que aunque descrita en sus fallos, no funcionan más que para enaltecerla, y Olivier es otro fanático, se le dibuja en un momento como un talento que requiere el reconocimiento masivo al contrario de Monroe, y que quiere “utilizarla” para beneficiarse. Termina demostrando una debilidad oculta hacia ella pero no en el plano afectivo sino hacia su repercusión mediática.

Es una recreación algo dudosa, parece ser bastante amanerado y débil en su entorno fuera de un cargo que lo mantiene alto, incluso por el maquillaje; si ese era Olivier estamos ante un pequeño hombre, además se hace bastante voluble y no manifiesta carácter. Cualquiera intuye más de alguien que tenía una empresa cinematográfica y tenía mucha experiencia en la gran pantalla o en las tablas; podrían haberlo dejado mucho menos patético aunque se pretenda darle sensibilidad, inestabilidad y realismo, hacerlo de carne y hueso, y es que finalmente se presenta algo inverosímil. Branagh hace una interpretación que va de lo sabio a lo cómico, de lo amargado a lo endeble, pero no vemos por ninguna parte al Lawrence Olivier que dirigió y actuó en una película que le otorgó una estatuilla dorada, una disposición que requiere algo de convicción y virtud, que se hace extrañar. Visto por lo que es, Branagh hace una cierta caricatura, por ese extremismo que infunde está estupendo, pero como auscultación más profunda se queda corto.

El protagonismo se lo reparte Monroe con Colin Clark, de quien se basa la trama, el actor que le da vida es Eddie Redmayne, que cumple perfectamente sin robar cámara como se espera de él; dibuja la idea del tipo que más que guapo o impresionante es seguro de sí, hábil e inteligente. Sirve de nexo para darle libertad a la estrella, como el doctor que nos revela la enfermedad.

Una mención importante es la de Emma Watson, esa bella jovencita inglesa –al natural y simple lo es más- conocida por ser Hermione Granger en la saga de Harry Potter, que en lo personal se hace muy atractiva como la vestuarista que queda en segundo plano ante Monroe; en que de todas formas se hace arduo dejarla y eso juega a favor de la película. Se hace querer en los pocos minutos en que pasa como secundaria. Otra mención va para Judi Dench como una internacionalmente poco popular actriz británica en Dame Sybil Thorndike, la juiciosa actriz socialista que respetada por su edad y una cierta trayectoria en el país anglosajón apoya los desmanes en el plató de parte de la icónica americana (regaña noblemente a un condescendiente Olivier que impone que Monroe se disculpe con ella). Thorndike se hace poco trascendente y ese es el verdadero ámbito del filme, el eje del título lo abarca todo, lo cual agradecemos quienes gustamos de conocer algo más de esa bomba sensual que para el festival de Cannes 2012 tendrá un homenaje por los 50 años de su desaparición. Marilyn Monroe sigue viva y es irremplazable.