sábado, 10 de noviembre de 2012

Argo


Película que pasó por el festival internacional de cine de Toronto  (TIFF), de los más prestigiosos del Norte de América y antesala de la estatuilla dorada,  y dejó en claro que será una de las favoritas para los Oscars. Ben Affleck con su anterior película The town (2010) demostró que es muy solvente haciendo cintas de entretenimiento, no solo contenta a las mayorías sino al cinéfilo más exigente, y se encumbra en ser un cineasta importante. Con la presente da un paso hacia adelante, tomando de contexto la irrupción y captura de ciudadanos americanos en la embajada de este país en Irán ante el descontento de la huida y asilo del último Sha que gobernó su nación de  forma sanguinaria apoyado por Estados Unidos en su avance por la occidentalización del mundo árabe. El filme se centra en el rescate de 6 estadounidenses que yacen  escondidos en la embajada de Canadá en Teherán, bajo una falsa fachada creada por  la CIA en manos del agente Tony Méndez (Ben Affleck) en que se les hace pasar por los ejecutores de una película denominada Argo.

El mérito esta en reconstruir dicho conflicto en 1979, Affleck incluye fotografías denotando el haberse pegado a la letra. Da tensión a la misión, pone el asunto peliagudo, como algo un poco suicida por el alto riesgo en cuestión y no busca romper la cadena con los hechos reales en que se basa. Se trata de mezclar realidad con entretenimiento, asumiendo una carga política no tan crítica a fin y al cabo, exponiendo más no buscando ninguna polémica sino hubiera ahondado en ello, lo que predomina es una aventura y un éxito para su país (indirectamente en pantalla para la institución, y agradeciendo a Canadá), parece querer colocarlo más como un marco histórico. De este podemos sacar reflexiones ya que la historia universal está ahí en pantalla, Estados Unidos tiene culpa en lo que pide la población iraní, su método de fuerza, el secuestro de sus ciudadanos, es una consecuencia de su injerencia política, hay una confrontación de bandos firmemente delineados, y habiendo triunfado la revolución iraní es lógico que pidan la cabeza de su enemigo represor, sin embargo también no sería consecuente que el gobierno de Estados Unidos traicionara a un antiguo y fiel aliado en un mundo contrario a ellos, esto genera una fricción que podemos entender como una exhibición de Affleck por mostrar antecedentes al trato actual de estos dos países, un mea culpa discreto, sin embargo también se ve en la trama que los árabes muestran mucha violencia, no es que mienta ya que hay ahorcados desde grúas a vista y paciencia de la gente en las calles, pero incentiva el estereotipo de que su cultura es incandescente, los encasilla en su salvajismo, que también se entiende porque es una película de aire afable al público que así como hay héroes hay antagonistas; parte de la adrenalina es asumir un ambiente muy duro y complicado. Solo hay clara humanidad iraní en la empleada de la embajada de Canadá cuya fidelidad raya en lo heroico, pone su vida en muy alto peligro,  y aunque creen tratar con canadienses lo vemos a su vez en los risueños soldados del aeropuerto al ver los storyboards de Argo o en el representante de cine orgulloso del interés por su país.

Affleck yace en un papel normal aunque valiente, en ese sentido no se inflan las cualidades del agente, prima su calma, convicción y el generar confianza, y se sobrentiende que su devoción al trabajo y a su anclada formación humanitaria es de alto grado al punto de poder dejar a su hijo sin padre. En un momento dice no parecer el típico agente, se despercude de alguna grandilocuencia del tipo Bourne o Soldado universal, incluyendo en la propia dirección cuando se bromea en uno  de los diálogos de que hasta un mono podría dirigir una película. Una licencia en el esquema tradicional del cine es que no hay ningún vínculo amoroso en escena, el filme está exento de romance, y los propios ciudadanos en rescate aportan ingenio, no son ningunos cobardes aunque son razonables y corrientes.

El filme apuesta por el desenlace de suspenso, lleva al límite ese apartado, y no teme exagerar. Mientras su gancho es su historia, el desarrollo del proyecto de escape, que prima por encima de lo demás, pero que se engrandece con el contexto político, y la sátira de Hollywood, Argo fuck yourself repite el cineasta americano Lester Siegel (Alan Arkin) bromeando con su amigo el storyboarder John Chambers (John Goodman), compañeros del falso montaje de esta película de cine B de ciencia ficción que titula el filme de Affleck, una alusión despreocupada hacia su propia obra. Esa frescura impregna el filme, es indiscutible que Affleck es un tipo rebelde pero relajado, y no es definitivamente Alan Pakula (Todos los hombres del presidente, 1976) u Oliver Stone (W, 2008) pero sí alguien que quiere sonreír y generar sonrisas -aun siendo audaz con un cine dentro del cine- diciendo: Argo, váyase a la mierda.

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