viernes, 20 de julio de 2012

Identificación de una mujer


Cuando pensamos en cine nos imaginamos algo para deleitarnos la vista, para entretenernos, algo superficial, esa es la imagen general del público mayoritario, empero la gran pantalla  es mucho más, es arte, como lo denomina su segundo nombre, el séptimo arte, lo que implica mayor pensamiento; un filme es también un estudio del ser humano,  una puerta a experimentar el saber y la reflexión, para lo que en esa búsqueda tenemos a un intelectual de la cinematografía, al cineasta italiano Michelangelo Antonioni, uno de los nombres más grandes de su país y del mundo ofreciéndonos de su filmografía la práctica de esa esencia.

Su alter ego en éste, su penúltimo largometraje de ficción, Niccolo (Tomas Milian) dice no ser un intelectual pero Antonioni sí lo es y lo utiliza para llevar a cabo una más de sus tesis sobre la incomunicación, la soledad del ser humano y la dificultad de interrelacionarse afectivamente, para ello nuestro protagonista, un cineasta con un filme en proceso anhela la identificación de su obra con alguna mujer, a la que está queriendo hallar, fusionándose el deseo del hombre y el director personaje con lo que aspira desentrañar la película, una especie de metacine de rasgos autobiográficos con el que podemos auscultar el ideario imaginativo e intimo del director italiano, aunque estemos además frente a la libertad de una expresión artística.

El juego está servido y a su vez nos ofrece un relato en que el amor tiene distintas caras, primero está Mavi y luego Ida (Christine Boisson), la primera de posición opulenta atraída por el intelecto de nuestro protagonista central (por su obra) y la segunda más moderna en la de una actriz de teatro seducida por la mutua sensualidad. Es notoria la fijación que ejerce la propuesta por hallar a esa mujer especial o mejor dicho a ese otro ser complementario, que rompa con aquella hegemonía pesimista de que venimos a sufrir, aunque Antonioni mediante Niccolo nos diga que la melancolía se presta más a los pensamientos y por ende el creador se mueve mejor como en aquella laguna tan despejada, tan amplia, tan vacía, como el agua que suena a dolor, pidiendo a continuación disculpas y que se da por comprendidas porque la belleza, el amor siempre alberga esa otra cara humana, finalmente es indisoluble.

Las dos mujeres de Niccolo traen ese eje del autor, el conflicto, ninguna lo puede satisfacer emocionalmente por completo, le genera dudas, tensión y decepción, aun teniendo la parte erótica muy despierta, esa fruición sexual. El filme se recrea en mostrarnos cuerpos bien moldeados desnudos, esas mujeres son hermosas, las escenas sexuales son abiertas, naturales y a su vez sensuales pero con una estética que dibuja en el ecran un buen gusto sugerente y elegante.  

Una curiosidad es la bisexualidad de una, aunada a los rasgos algo varoniles, o la melena corta de ambas, ellas son tan iguales a ese hombre, una mayor dificultad en concebir esa unión, ya que son dos gotas del mismo reflejo, en ello tanto hombres como mujeres sufrimos de ese universo del director, no hay diferencia en su cine aunque el título nos remita a una constante, la mujer.

Niccolo luce frío pero solo en las palabras de afecto revelándose en su obra alguien perfeccionista encomendado a un arrobo emotivo y a la vera de ello se muestra arrebatado que llega a intimidar, luce claramente sensible según se ve en cada escena contundente por más que trata de ser fuerte, las mujeres lo hieren o no lo comprenden pero también tiene parte de culpa, como con su divorcio el que señala su hermana fue falla de él o con Mavi a la que le es un desconocido. Relaciones afectivas que dicen te amo o que se entregan al placer pero que se desvanecen con segundas acciones, con tropiezos, con desconfianza, con la falta de compenetración, contraria a la del ejemplo de los terroristas o al de Ida recordando ese sentido con el hijo a venir, formas distintas bajo la ilusión o el desprendimiento total a la de la pareja por antonomasia tan efímera y autodestructiva, para Antonioni tan proclive a acabar con el amor.

Rememorando ese gran momento de la conversación con el sobrino con la voz en off, una vez que comprendamos “al sol” ¿qué vendrá después?, no hay más que vivir e intentar que el camino sea más fácil viendo las circunstancias, como la película de ciencia ficción que nunca quiso hacer ni realizó Antonioni y al que solo le bastó un pedacito de metraje de un nave nacida de un asteroide volando hacia la más grande fuente de calor del universo para develar nuestra idiosincrasia, para conocernos más y el resto es drama e imaginación,  no obstante dejando en el trayecto sustancia y emociones como la hermosa toma de Mavi mirando  por la ventana a Niccolo en la calle, triste mientras cada uno sigue un camino propio, semejante a una pintura que nos trasmite una historia que acabamos de conocer, teniendo presente que estamos ante la amenaza de la niebla.

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