martes, 17 de octubre de 2017

Your name (Kimi no na wa)

Your name (2016) es una película muy popular, un éxito histórico de taquilla en Japón, dirigida por Makoto Shinkai, y tiene los mejores elementos cinematográficos de su cine, mística, una historia de amor, superstición, folclore nipón y ciencia ficción. El filme arranca algo complicado de entender; una chica se toca los senos y grita, su nombre es Mitsuha y vive con su abuela y su hermana menor. Esto a la media hora de metraje se explicará directamente. Mitsuha se aburre en su pequeño pueblo, Itomori, y cómo que pide un deseo, quiere ser un chico guapo viviendo en Tokio y, sin más, eso es lo que presenciamos. Ella se mete en el cuerpo de Taki, y Taki en el de Mitsuha, de esto los gritos, al descubrir Taki que de la nada es una mujer; y viceversa, Mitsuha se sonroja al descubrir el órgano masculino. Esto se ha visto muchas veces en el cine, aunque siempre es divertido, pero lo que agrega al filme en esta parte es que el genial Shinkai tiene un sentido del humor fino y gusta de la tradición japonesa.

Your name tiene mucho de la mística y las creencias populares de su país, a cada gran suceso se le asigna un nombre y argumentación nipón, pero la superficie siempre es amable y simpática, y fácil vernos todos retratados, Shinkai maneja una buena universalización sin perder la identidad, hace una buena combinación, un buen cine comercial con autoría. El filme versa en su primera parte sobre el intercambio físico entre Taki y Mitsuha, ella sobre todo es beneficiosa para la vida de Taki que es un poco retraído aunque buen muchacho. En su trabajo hay una beldad que a todos aturde, y es cuando el invisible Taki muestra un lado femenino, sensible (cuando Mitsuha es él), que la enamora, pero en el trayecto el verdadero amor surgirá, ese que no ve sólo aspecto físico, sino lo que llena la personalidad, actitud, espontaneidad, nobleza, alegría, inteligencia y el desarrollo de virtudes. Como demuestra su filmografía Shinkai sabe movilizar muy bien los afectos, hacerlos próximos y empáticos, y entregarnos una bella historia romántica, dentro de un aire relajado y con cierto humor.

En la segunda parte surge la ciencia ficción, cuando Taki de pronto se pregunta por Mitsuha, y empieza una nueva historia, y viajamos en el tiempo, 3 años adelante y vamos atrás, un cometa amenaza con destruir una parte de Itomori y matar a mucha gente. Empieza la aventura, y se mezcla con la tradición, lo místico y legendario. Interviene uno de los primeros sakes de Japón, que es bastante curioso, se fermenta a base de saliva humana, se llama kuchikamisake. La abuela también agrega historias, y hace mención de que en su familia siempre han existido esos sueños raros que tiene Mitsuha (cambiar de cuerpo). Entra a tallar el musubi, que quiere decir conexión, y es sentirse unido a varias cosas de forma trascendental, esto incluye el amor, la muerte, la religión, la cultura. Después tenemos el kakuriyo, que es el ultramundo y el trasmundo, el portal en la tierra hacia donde descansan los muertos. Idéntico a quien prepara una deliciosa cena, todo se mezcla y se reúne en otra dimensión, como en un limbo. Para ello Shinkai maneja sin ciertos preámbulos los tiempos y sucesos, le da ritmo y vertiginosidad a su historia, sorpresa, novedad, originalidad.

En medio yace siempre la relación de amor, apelando al romance por circunstancias especiales y fantásticas de aferrarse a no olvidar el nombre del amor tras entregarse a la aventura reconstitutiva del ser amado. La ciencia ficción y el folclore danzan de la mano. La tercera parte son estados de ánimo, sensibilidad, rodeos y melancolía, vuelve a manipularse el tiempo y de forma veloz pero coherente. Si en la primera parte se impone el humor, en la última es puro romance y poesía, aunque tampoco muy distendida. Ya no se puede vivir sin algo que no se sabe que es, pero abarca toda nuestra existencia.

La segunda parte es la verdadera imaginación y sustancia del filme, pero se complementa bien todo el conjunto, la primera parte genera el vínculo, finalmente una forma curiosa de profundizar en alguien (que incluye bastante respeto por el otro género), meterse literalmente en su piel, en su mundo, sin grandilocuencia, todo de lo más sencillo y general (como cuando Mitsuha lamenta no tener cafés en Itomori, sólo una máquina). También el desastre se dibuja con arte (no es lineal, la ciencia ficción en ello da mucho juego), hay más de una recreación de lo mismo, posibilidades, una notable construcción hasta armar la figura y termine el clímax, el armagedón en varios sentidos. 

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