martes, 28 de febrero de 2017

Rester vertical

Competidora por la palma de oro del festival de Cannes 2016, la última película del francés Alain Guiraudie tiene más trama que su anterior película El desconocido del lago (2013), si bien son como las vicisitudes de un tipo, Leo (Damien Bonnard), un citadino que se siente atraído por el campo, por la naturaleza, como lo muestra su asistencia regular con una extraña terapeuta naturista, esa a la que visita sumergido de pronto dentro de una selva, como inmerso en un sueño, en un viaje surrealista en canoa. Son vicisitudes y ocurrencias, más que la construcción convencional de una historia, como se acostumbra en buena parte del cine arte. Leo, un guionista en busca de inspiración y dinero, decide ir al campo y tras discutir –tener opiniones encontradas- con una pastora de cabellos rubios tiene una aventura con ella, y termina teniendo un hijo. Ella cansada, ya tiene 2 niños y le aburre el campo, lo abandona, y es cuando Leo empieza a tratar de sobrevivir con el bebé y a conocer a un par de personajes,  la pareja de un viejo renegón que vive encerrado en su casa y su muchacho novio al que suele maltratar verbalmente. 

No hay que olvidar cual es la tendencia sexual de Guiraudie y lo que le interesa mostrar, abunda la homosexualidad expuesta en total libertad, y quizá nos parezca irreverencia por una parte, aunque se trata más bien de su mundo. También suele ser muy explícito en sus escenas sexuales, a lo que incluye ésta vez mostrar un parto con pelos y señales. No soy muy entusiasta del cine de éste director francés, pero lo abordo en mi vocación ecléctica por el cine, además de que Guiraudie está muy bien catalogado por un pequeño sector de la crítica que lo cree de culto. Tampoco es poca cosa ser parte de la selección oficial del festival más importante del mundo, el festival de Cannes, es una buena carta de presentación. Su cine no es maravilloso, pero tiene su interés y curiosidad. Tiene sentido del humor y expone mucho sin rodeos su tendencia sexual. Como pasaba en El desconocido del lago, lo que curiosamente le encanta a una parte de la crítica. No obstante, en absoluto niego que en general tenga su cuota de arte. 

El filme tiene una narrativa de esas que uno no sabe dónde va a acabar, tiene también una manera “particular” de ver el mundo. Vemos que el sexo y la liberalidad no es gran cosa para ninguno de sus personajes, saltan de la heterosexualidad a la homosexualidad sin que se les mueva un pelo de la cabeza. Leo llega a cumplirle el último deseo a un amigo, el de un suicidio asistido, donde se acuesta con él, tras que el hombre y anciano bebe algo para morir. La escena no presenta muchos adornos, pero yace dentro de una especie de celebración, con música rock y algunos pocos toques románticos. El filme implica una escena (semi)explicita al respecto. Aparte, en otra escena, se enseña la vulva de Marie (India Hair), la pastora, en primer plano.

En cuanto a la historia, se trata del vagabundeo de Leo con su recién nacido, como quien debe vencer las adversidades de la vida, que incluye la falta de dinero. Más tarde veremos lobos (de los que se habla mucho y producen odio como fascinación), y se oye la mención que para subsistir contra ellos deben mantenerse firmes, proponiendo una analogía bastante clara.

En otro momento Leo pasa por ser atacado por indigentes de la calle, quedando desnudo al aire libre. Guiraudie tiene estas ocurrencias, pero lo que me suena imperdonable es que Leo termine muy suelto de huesos con el abuelo de su hijo, adaptándose a su proposición sexual a cambio de un hogar, cuando antes éste granjero se presenta como abusador. El filme no es para cualquiera, no gustará a todos, a muchos yo diría que no, aunque hay quienes lo creen parte de un dotado cine arte y lo celebran. Ni una cosa ni otra, sólo un cine curioso, con altibajos, escenas secas explicitas sexuales, bajo una filosofía de vida distinta y una narrativa “impredecible”. 

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