jueves, 31 de diciembre de 2015

Mecanismo velador

Dentro del panorama nacional final del 2014, éste corto de 20 minutos, de Diego Vizcarra Soberón acaparó cierta atención especial y entusiasmo, en que no falta alguno proclamándola primera en el recuento de su año, y el encuentro me ha resultado interesante, dentro de su práctica experimental y distintiva con pocos y austeros recursos, típico del cine independiente peruano al que se adscribe, mediante el uso de veinticuatro tráilers de cine comercial, la manipulación del soporte fílmico y una buena edición en general, de lo que Vizcarra termina luciendo sus apetencias y dotes artísticos a unos 6 minutos de acabar el corto, dentro de un especie de ejercicio cinematográfico de animación con rayas, manchas e ilustraciones esbozadas a la orden de la plena ebullición y el ritmo, que aunque banal o bastante secundaria (lo menos interesante del conjunto como logro, luciendo excesivamente amateur y desangelado), termina a un punto como algo curioso de apreciar, en dejarse llevar por su digamos atractivo visual y sentido sensorial, sin embargo lo más importante se trata de esa sensación de misterio, de oscuridad y manipulación que circula como temática por el filme, con un toque predominante a la serie The X-Files, que sea dicho también le sirve de soporte físico.

En un inicio el filme abre con una expectativa enigmática en su composición y reorganización, tras el plano y sencillo proclamado ya viene, pronto, de todo tráiler americano, mientras hace de metraje encontrado y proyección camuflada, desgastada, como si estuviéramos presenciando el descubrimiento de un “secreto”, aunque propio y típico del imaginario social, y ¿cuál es? Como que el cine mainstream o hollywoodense genera la dirección de un pensamiento social, una subyugación masiva dentro de una ideología a lo Gran Hermano de Orwell, de ahí que leamos frases al vuelo aludiéndolo mediante  el sexo, el miedo, el poder, el sentido de pueblo, la libertad o el adormecimiento sistemático, mismo Matrix (1999), pero con el cine como arma de control mental y no los programas de computadora y lo virtual.

En su mensaje de revelación de un mecanismo que no nos permite ver fuera de una burbuja yacen algunas ideas a tomar en serio, es decir, que el cine nos representa, nos enseña formas de vida, pensamientos, anhelos, luchas o emociones, por lo que todo ese sentido expuesto como una gran conspiración o estado paranoide, como la sombra del mal (tal cual esa música siniestra que acompaña la exhibición), lo supuestamente equivocado, en medio de lo lúdico también, tiene su crítica de identidad y razón constructiva, como que Mecanismo Velador y símiles de cine independiente, de bajo presupuesto, experimental o de poca difusión tienen un  discurso –por encima de su rebeldía innata y el método de hacerse notar- o algo que decir también, fuera de que éste cine se crea el portador de la verdad, de un supuesto ansiado cambio y de lo que en realidad se necesita, lo cual más que cambiar de séptimo arte sería buscar siempre complementarlo, innovarlo, diversificarlo, proyectarlo, aprovechar el contraste, en otra forma de asumir el arte y puede que hasta la forma de observar al mundo, enriqueciendo si se quiere el background del espectador, presentándole otras opciones, estéticas, narrativas, voces e historias.

Mecanismo velador porta un estandarte, un mensaje, dentro del juego de la distorsión visual, del tenebroso parpadeo del próximamente (que tiene suma audacia en lo físico, convertir lo anodino en una especie de arma, lucha ideológica y peligro latente), los números invertidos, los mensajes entrecortados sacados de contexto y las fallas visuales. Diego Vizcarra critica la manipulación, manipulando a la vez el producto que combate; contraataca llevándolo a su terreno, desfigurándolo, corrompiéndolo, reciclándolo, como en una película de acción o de terror aunque sin narrativa convencional, donde hay un ente oscuro y una misión para derrotarlo.

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