jueves, 17 de julio de 2014

Una historia de amor y furia

Un poco el problema de escribir sobre este filme es que en su mayoría es realmente simple fuera de la dificultad de ubicar alguna fecha histórica, y un acontecimiento específico, tratándose la trama de tres sucesos recogidos de hechos reales del pasado de Brasil (más un cuarto tras estos que hacen de racconto, y que se instala en la ciencia ficción futurista, una que intenta alertarnos de hacia dónde nos podemos dirigir como humanidad si continúan, se magnifican y empeoran algunas cosas, dentro de una distopía en el año 2096), lo cual fuera de conocer algo a grosso modo de éste país culturalmente hermoso mucho desconocemos, aun siendo parte de Latinoamérica, y se hace más pecaminoso en nuestro caso, por ser nuestros vecinos sudamericanos. Y es que me da la sensación de que poco se puede hablar al respecto. Sin embargo, comencemos. Vayamos por partes, primero a lo que le da sustancia y realce al conjunto, y que ayuda a formular un concepto, lectura y argumento bastante claro, importante y pesimista. Se tratan de tres fechas y contextos coyunturales, los que prestándoles atención y conocimiento ayudaran a que el espectador aprecie mucho más la propuesta que nos ofrece el director Luiz Bolognesi, con la que ganó la máxima presea del festival de animación de Annecy 2013, el más importante en su tipo.

El primer espacio temporal se da en Guanabara, en 1566, siendo nuestro protagonista, alguien que se reencarnará múltiples veces en el relato, un indio perteneciente a la tribu tupinambá, los que son tan aguerridos que incluso practican la antropofagia para robar el alma y fuerza al enemigo, en medio de la conquista portuguesa del país y la lucha de estos contra Francia por el dominio del territorio, mientras las propias tribus yacen divididas y en constante disputa.

El segundo sucede en Maranhao, en 1825, el año de la independencia de Brasil, poco antes de conseguirla mientras yace la esclavitud y el maltrato de los colonos sobre los negros en especial, para lo que nuestro héroe, ésta vez un hombre de color con una familia que cuidar, decidirá levantarse en armas para salvaguardarlos, haciendo uso de guerrillas, sentido que se repetirá en cada episodio, unos que se cargan de una contundente tendencia de lucha social, dígase socialista, la de los oprimidos empujados a responder con violencia ante el sojuzgamiento, humillación y crueldad de los poderosos (que implican la violación, la tortura y el asesinato, entre lo fantástico y efectista, y lo histórico y verdadero, en un entretenimiento reflexivo), en este caso enfrentarse al abuso extranjero ya establecido. Se le conoce al hecho de la revuelta como La Balaiada.

El tercero se anuncia en la ciudad de Rio de Janeiro, en 1968, durante la dictadura militar, cuando el protagonista, un guerrero inmortal, siguiendo siempre a la mujer que lo complementa, llamada Janaína, la que reencarna también, pero sin que ella lo sepa, la halla de estudiante y revolucionaria y decide unirse a su pequeño grupo armado. El relato continua hasta 1980. Cuando el guerrero muere –con lo que desaparece su cuerpo instantáneamente- se convierte en ave recorriendo el tiempo antes de tomar otra vida, y en momento determinante y cíclico yace como cámara subjetiva. En el guerrero inmortal subyace una cubierta mítica/mística -aun comportándose tan terrenal, a razón de sufrir, llenarse de intensidad- que está trabajada idóneamente en los vuelos por el cielo imponente, diáfano, libre, en medio de la luz y la bruma.

En todos existe un lado romántico, poético (en un microcosmo que se une a uno mayor), que lleva de continua frustración y tragedia (tanto en el ideal colectivo como en lo íntimo), del que no se revisten por completo los relatos sino más les acompaña, ya que tiene escenas fuertes y un pensamiento crítico sólido, repetitivo, aunque siendo dibujitos esa carga disminuya, sin arrancarle su cualidad de ser animación para adultos, un arte distinto de expresión que hay que tomar en serio desde su estilo, el que Bolognesi complejiza y embellece con estéticas tridimensionales y clásicas laboriosas, con distintas texturas, detalles (como seguir y amplificar el trayecto de una abeja), un cromatismo cautivador, trabajador de atmósferas, y un toque visual duro, realista, imaginativo -confieso que me fascina la sencilla creatividad de la estatua del Cristo Redentor mutilada de un brazo y con una inscripción callejera- y erótico/sensual. 

Muchos pueden ver en el uso del amor verdadero, hallándola en cada vida y perdiéndola (aunque en cierto rato no sean pareja) a la telenovela, esa que tan bien conocen y explotan en Brasil, lo cual suena en buena parte injusto, aunque el retrato al respecto sea básico, porque en particular considero que ese lado no solo funciona sino que aporta, mejora el producto, dándole un toque de relax -ante las ideas políticas- y atractivo al conjunto, como a su vez un sentido de cuento a todas las acciones, sin que por ello se pierda su lectura trascendental, profunda, la de moverse por otros y no por uno, por un sentir puro, noble, necesario y poderoso, capaz de apasionar a cualquier hombre, de hacerlo reaccionar, que saque su furia interna, que se pliega perfectamente a la ideología que intenta trasmitir el filme. Con esto se agrega como colofón una defensa ambientalista, de cara a lo apocalíptico bajo la escasez del agua. No es un filme espectacular, pero tiene lo suyo, hay que aguzar algo el ojo, como lo hace el festival de Annecy desde la “humildad” de un premio importante. 

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