domingo, 30 de enero de 2011

El cisne negro


Llega un momento en que una obsesión se transforma en una enfermedad psicológica, un trastorno de la mente, en la cabeza de Nina Sayers esa fijación es convertirse en el cisne negro, aflorar del cuerpo el lado maligno de su ser, lugar donde su sexualidad debe abrirse a flor de piel. Ella va a interpretar a la reina cisne, que cuenta con la dualidad de ambas aves, la blanca que naturalmente todos ven en su persona, ya que la reconocen virginal y sensible pero rígida como para experimentar lujuria, y la negra que tanta dificultad le trae. Su instructor de ballet Thomas Leroy (Vincent Cassel) la presiona para que se transforme en el cisne negro, la seduce y la intranquiliza, la persigue con una performance que la destaque, que la lleve a la perfección.

También la madre de Nina alimenta su encumbramiento, ya que Erica Sayers (Barbara Hershey) nunca pudo brillar y coloca su derrota profesional en las manos de su hija, le exige tener el éxito que le fue esquivo. Y de esa manera Nina (Natalie Portman) vive sojuzgada a una vida que la enloquece, nutriéndose del mundo del ballet a extremos de verse alterada. Tiene alucinaciones, sufre de paranoia, se ve a sí misma desdoblada constantemente, observa auto flagelos, se estremece con monstruos, tiene fantasías lésbicas. Está emocionalmente quebrada, se muestra bastante frágil, y se siente culpable por reemplazar a Beth Macintyre (Wynona Ryder), otrora estrella de danza que ha sido despojada de su puesto por haber pasado su tiempo, llegando Nina a robar sus objetos personales en una especie de fetiche y que ahora siente le pertenecen por el lugar que a conseguido.

De esa manera se encuentra con Lily (Mila Kunis) que tiene la sexualidad despierta, es desenfrenada, erótica y consume drogas, es fresca, libertina e impudorosa, justo lo que le falta para completar la otra cara de su representación. Y en esa fijación Nina introduce a la chica en sus pensamientos, en su inconsciente, en su locura; y todo empeora, Lily es colocada como posible reemplazo de su puesto, lo que le hace creer que le quiere quitar su lugar.

El cisne negro es Natalie Portman gesticulando en toda oportunidad, saltando de las lágrimas a la inestabilidad, de la alegría a la pesadilla, en una interpretación corporal más que de palabras; el uso del lenguaje de su entidad física, bajo una magistral actuación sufrida, dramática. En un mundo terrorífico, por ratos irreal e imaginario, tan cercano a las historias tétricas, de donde la muerte parece la única escapatoria. La perfección consiste en matar al cisne blanco, deshacerse de sí misma, surgir en otra alma distinta, renacer, volver a surgir pero en el fuego, en el ardor de la exudación de su libido, como le recomendó su maestro. "Llega a tu casa y tócate, mastúrbate, le dice, y así lo hace. Su misión es despertar a la hembra fogosa que lleva dentro, para consumar el papel que tanta dificultad y desquiciamiento le produce y le martiriza.

Es un viaje por el infierno de una desequilibrada, la que cada vez se aleja de la realidad. La que se introduce en su meta a ritmo brutal (de la mano de una pesadilla), y que ya no vive más entre nosotros sino en un espacio alterno poblado por sus miedos, sus aflicciones, su búsqueda incesante, su patología psicológica. Lo único que importa es cumplir con ambas performances, ser en el escenario, sucumbir a la representación. La aventura es trepidante, oscura, compleja, intrincada, críptica, de pocas explicaciones, de vivir cuestionando lo que vemos, a que pertenece lo que ve Nina y a sus acciones, a que se adscribe su percepción, mientras el bien y el mal bailan la misma canción. La una vez dulce bailarina puede ser fatal y mortal, puede ser más de una sola personalidad, moldear una nueva figura, todo por alcanzar su sueño, la perfección aún en la putrefacción y el asesinato.

Esplendidas las escenas lésbicas entre Kunis y Portman, los arrebatos sexuales con Cassel, los estados de su enfermedad mental, mezcla de terror, sexo, drama; Darren Aronofsky construye una película excepcional, vuelve a hacer cine maravilloso que nos recuerda que ya tiene en su haber dos obras maestras, Réquiem por un sueño (2000) y El luchador (2008); y que puede acometer grandes obras, ser tan buen director.

Las actuaciones son gloriosas, cada uno hace su rol con dominio y belleza escénica, en el punto que Portman puede brillar en lo más alto ya que ella es el centro de la obra. Kunis toda una revelación, naturalmente sensual y desprovista de inseguridades para representar una mujer tan carnal y ardiente. Cassel siempre rudo, seductor, apasionado, exigente, apretando y movilizando las emociones del personaje de Portman. La madre, Hershey, otra versión del desdén por el ser humano, participe de la incomunicación, de la frustración personal, del deseo de ser a través de su hija, de llevarla al extremo sin darse cuenta del daño que le ocasiona, como cuando le deja la cajita de música con la bailarina que gira sobre su cómoda, cuando le tapa las heridas con maquillaje, cuando corta sus uñas con violencia, cuando le sirve una dieta austera, cuando trae la torta para celebrar y al sentirse rechazada quiere arrebatada votarla a la basura, porque su pasión se vive en el ballet de su hija, es ella reviviendo y siento parte de la gloria ajena. Nina se percata de que su madre está generando una atmósfera caótica en su mente como todo lo que hay a su alrededor, pero no hay quien la salve del abismo, todos su allegados participan de su caída interior porque solo importa la danza del lago de los cisnes de Chaikovski. En reacción, trata mal a su progenitora cada vez que se pide mucho más de sí, pero a su maestro, quien solo la utiliza para hacer un portento de una obra a su cargo, lo ve como a un genio; es el único que la puede llevar a donde quiere y no le importa el sufrimiento que le acarrea porque la meta es todo lo que cuenta.

Esta cinta le da cabida a varias lecturas, sumergidos en un aire grotesco y enrarecido. En una escena Nina llega a quebrar sus piernas hacia atrás y en otra a transformar su tórax en el de un cisne negro como síntoma de haber logrado la posesión del personaje. El filme se muestra siniestro y lúgubre, chocante por ratos, siempre ágil en demostrar algo novedoso que te mantenga vigilante como cuando un viejo hace gestos obscenos en el metro o cuando Nina ve salir del transporte público a Beth. Tenemos la confrontación con ella en la reunión que la lanza como danzarina principal mientras la otra cesa, sus visitas al hospital para verla, las apariciones intempestivas de Lily entre muchas otras sorpresas. El filme no es en absoluto nada obvio sino totalmente perturbador, es un drama esquizofrénico ambientado en una escuela de ballet de New York donde yace la prioridad de dar siempre más de lo que puedes, hasta llegar a la deshumanización, e irónicamente para transmitir lo contrario y admitir solo la magnificencia, la rotunda vehemencia y el triunfo primero y siempre. En donde se lleva al ser humano a lo más elevado pagando el precio de un caro anhelo, el que está por encima de cualquier excusa. No da rincón al débil. Lo único que vale es eso que buscan los más grandes, la perfección; ¿existe?, claro que sí, pero está destinado a muy pocos, pero para eso hay que morir en el intento. Nina lo logra. Y nosotros nos enamoramos de Natalie Portman que es segura para un Premio Óscar; agradeciéndole su admirable destreza artística que incluso es capaz de transmitir sensaciones y estados de ánimo, mientras danza. Impresionando con el cine, al que a través de ella encontramos que es arte en todo el esplendor de la palabra.

lunes, 24 de enero de 2011

Temple de acero


Ethan y Joel Coen nos traen el remake de “True Grit” de 1969 en donde trabajó John Wayne y que le permitió alzar por única vez una estatuilla dorada. Ésta vez “Rooster” Cogburn es personificado por el ganador del Oscar, Jeff Bridges, en una actuación exaltante del tuerto, barrigón, de disparo fácil, alcohólico aficionado al whisky y comisario enjuiciado por un par de asesinatos en defensa propia, quien acepta que la jovencita de catorce años Mattie Ross (Hailee Steinfeld) lo contrate para liquidar al asesino de su padre.

El asesino Tom Chaney (Josh Brolin) escapa a territorio indio con dos monedas de oro que robo a su víctima, se une al bandolero “Lucky” Ned Pepper (Barry Pepper) y su pandilla. Hasta él quiere llegar la jovencita Ross, de terco, valiente y astuto carácter, dispuesta a toda costa a vengar a su progenitor. También está detrás de Chaney, un ranger de Texas de nombre LaBoeuf (Matt Damon), que lo busca por la recompensa que hay tras su cabeza por el asesinato de otro hombre.

Este western te atrapa con rapidez, Bridges se apodera del personaje y te hace creer en este hombre sencillo de grave habilidad con el gatillo, sujeto que tiene una vida quebrada y sin rumbo, pero eso no lo hace ningún melancólico, sino mucho más que eso, un tipo avejentado, rústico, seco, descuidado, irresponsable pero también justo, seguro de sí, superlativamente osado, un poco sabio, leal, transparente entre otras virtudes que enriquecen su figura. Él es un antihéroe que se gana la admiración del espectador, que demuestra que es alguien a quien temer sin tanta alharaca detrás, el que es un hombre peligroso sin parecerlo, al que se puede subestimar y llevarse un tremendo impacto. Otro personaje de hábil manufactura histriónica, LaBoeuf parece un parlanchín, alguien falso, demasiado serio, un poco torpe, además de vestir algo bufo con un traje mismo explorador americano de cuentos infantiles, pero resulta ser también un pistolero raudo y de temer. Mattie viaja con ellos, quiere que a Chaney lo ahorquen en su pueblo por el crimen que le arrebató la vida a su padre, Cogburn la respalda; LaBoeuf quiere llevar al asesino a la tierra donde sucedió el crimen que lo ha convocado para recoger la recompensa, no se ponen de acuerdo y se separan, luego se reencuentran y empieza la balacera.

La acción tiene dos tiempos, primero Mattie busca quien pueda hacer el trabajo que acabe con su enemigo, arregla los negocios abandonados de su padre y empieza su odisea tras Chaney. En esos momentos se presentan los personajes, se les conoce, lo que le da sustancia al relato. En la segunda parte empieza la acción, con errores, sorpresas, idas y venidas, enfrentamientos memorables, persecuciones, encuentros con consecuencias, un ritmo de aventura con picos y bajones que reparten la emoción en grado pertinente. Ésta es una película que no solo aborda el salvaje oeste y su código de tirar a matar, la ley del más fuerte, sino que le da un matiz humano dándole forma a los personajes, sobre todo a Mattie y a Cogburn, empleador y empleado que entablan una conexión de franca amistad mostrándose tal cual en el caso del comisario, mientras la chiquilla parece tener toda las características del ser fuerte y decidido, que destaca con una personalidad más masculina que femenina. Cogburn es más complejo, muestra tantos defectos como se puede uno imaginar, incluso es violento como cuando mata a sangre fría al asesino de alguien que le está dando información, tampoco es que sea un dulce, tiene una sensibilidad innata que fluye sin que se dé cuenta pero es un tipo bravo al fin y al cabo pero sin entrar en el típico pistolero de apariencia atemorizante, él se muestra mediante sus actos. Por todo lo dicho, Cogburn es una magnifica creación en manos de Bridges que llena perfectamente la imagen, Mattie también luce excelente por la actuación de Steinfeld, tiene el carisma propio de su juventud y representa la madurez que le da la seguridad omitiendo la duda que la encamina a cumplir una misión, es más llega a hacerse cargo de manera creíble.

Chaney y LaBoeuf son más limitados, realmente acompañan la historia, le da uno el motivo a la trama lo que crea en su persona una importancia grande por lo que representa pero es más una razón que alguien que por su cuenta sea artífice de grandes encuentros dentro del filme, apareciendo en contadas ocasiones y sin parecer un némesis impresionante, es una actuación realista de un tipo ruin y vulgar muy bien desarrollado aún en su corta presencia por el muy buen actor Josh Brolin que coloca una fiel interpretación de un ser mezquino en pantalla. El otro proporciona los giros necesarios para darle mayor valor a ésta realización, es el ayudante de las hazañas, Cogburn no brilla solo dando una mirada irreal a su persona sino todo lo contrario se asienta en una performance verosímil, por eso comparte las escenas de violencia con el ranger de Texas.

“Lucky” Ned Pepper provoca los duelos vistosos, hace más brillante la persecución, la interpretación de un sucio pistolero cruel le queda perfecta a Barry Pepper que hace un trabajo por arriba de lo correcto. La batalla de su grupo y él contra Cogburn respaldado por el rifle a manera de francotirador de LaBoeuf, en cambio de ubicación porque en otra escena a los dos los coloca en el lugar contrario aunque en circunstancia menos gloriosa para el ranger, es rotundamente magistral, llena de la adrenalina que solo un intercambio de tiros en una secuencia y planos vibrantes con sus riesgos y altibajos puede producir cuando se administra con diestro planteamiento. Los hermanos Coen han creado un western brillante, que hará disfrutar al espectador de un momento especial, de esos que el cine nos da cuando el material se transforma en lo que sueña el realizador, cuando el anhelo se vuelve una tangible realidad. Charles Portis (1933) debe estar feliz con lo que se ha hecho con su mejor novela.

viernes, 21 de enero de 2011

Más allá de la vida


Clint Eastwood es un director que en su reciente filme Hereafter (2010) entretiene y a la misma vez analiza e investiga una temática que deglute para entregarle algo rescatable al espectador, sumergido en un estilo que vende pero que no abandona un toque personal que se encarga de desnudar al ser humano en las características principales que lo identifican. En ésta película presenta tres casos que se asocian con la vida después de la muerte, uno el de una conductora de televisión en un programa político en Francia, la exitosa, famosa y con dinero Marie Lelay (Cécile De France) que de vacaciones con su productor y amante sufre el percance del ataque de la naturaleza en un devastador maremoto, ella logra regresar de la muerte al superar un ahogo y eso le deja la fijación por el tema. El otro el del niño inglés Marcus que pierde a su hermano gemelo Jason y al romperse un vínculo tan fuerte quiere contactarse con él mediante espiritistas, porque lo extraña y no puede continuar su vida con normalidad. El último es el del médium norteamericano George Lonegan (Matt Damon) que detesta su don del contacto con los difuntos porque le trae inadaptabilidad a una existencia cotidiana y le rehúye a esa actividad con vehemencia aunque le persigue consistentemente.

Eastwood asume el tema aceptando que existe algo después de la muerte aunque no se anima a decirnos como es ese lugar, Dios no aparece tampoco ni ningún tipo de cielo, lo que sí hay es comunicación con esa otra vida y se vislumbra en la oscuridad sombras que van hacia una luz, sin embargo ni siquiera Lonegan puede describir como es ese otro mundo. Eastwood juega a desmentir ocultistas pero no cierra la puerta a esta práctica al darle la habilidad a uno de sus personajes principales. Las explicaciones no se dan pero si existe la búsqueda, la inquietud por saber, surge de la necesidad personal de a donde se fue el hermano y a donde vamos todos al final tras atisbar un poco el más allá por culpa de los sucesos que acontecen alrededor del niño y de la comunicadora. Si no les hubiera repercutido directamente no habrían aceptado el reto de querer encontrar respuestas que son desconocidas y son inabarcables.

Un poco como que lo parapsicológico ayuda a hallar soluciones que no tendrían asidero si siguiéramos la realidad. Y la película tiene sus hechos sobrenaturales como cuando el niño no sube al metro por caérsele el gorro de su hermano fenecido. Eastwood no escapa a creer aunque no quiere manipular demasiado el tema hacia una verdad que solo la imaginación puede brindar. Como es su estilo se pega a la cotidianidad con algunas salvedades que tiene que infringir para armar su historia que quiere dejar señas de que la muerte no es el final.

Las actuaciones son sobrias y calmadas, se hace fácil sentir la naturalidad en las interpretaciones porque los actores son poco conocidos, se les puede ver como sus representaciones sin dificultad, Damon también pasa la prueba satisfactoriamente aunque no faltan sus habituales gestos aprendidos y a los que siempre recurre. En general se cuentan las historias, luego de ambientarnos en tres contextos distintos que terminan mezclándose, en una narración que contiene una estructura que sigue un camino de desarrollo bastante premeditado y secuencial, controlado y bien engranado de resolución feliz. El tipo solitario se halla en la mujer que quiere rehacer su vida desde una nueva perspectiva y bajo otra oportunidad como flamante escritora, el niño se tranquiliza en el encuentro con el hombre que habla por su hermano.

Una de las curiosidades de la película es que Lonegan es admirador de Charles Dickens y viaja a Inglaterra a visitar la casa en donde vivió, incluso ahí Eastwood le da sentido a los detalles, todos confluyen en la misma ciudad para dar el remate a la trama. Y ese es el defecto de que ésta no sea una gran película pero que se corona definitivamente por encima del promedio, la figura de ir por un sendero limpio y conocido por el autor, lo que en algunos creadores le imprime versatilidad, diversas lecturas e intrincamiento debido a un tema tan complejo se vuelve simple en manos del director que se muestra aplicado en su “cátedra” aún queriendo evitarlo de alguna forma, la acostumbrada pedagogía -muchas veces corrompida en la mejores versiones- de Eastwood en un tema como éste lo deja sin genialidad, no obstante queda como un buen narrador de historias, deja su indiscutible impronta característica que hace que tanto queramos a éste realizador pero que para la próxima puede entregar ese tanto agregado que le faltó para volver a tocar el firmamento igual que en películas como Los Imperdonables (1992), Un mundo perfecto (1993) o Río Místico (2003).

viernes, 14 de enero de 2011

El turista

Florian Henckel von Donnersmarck es el cineasta alemán creador de la maravillosa La vida de los otros (2006) una de las mejores películas de la última década d. C. y primera década del siglo XXI, con la que se hizo mundialmente conocido y aplaudido. En ésta oportunidad nos trae una película de entretenimiento y acción titulada “El turista”. Cuenta la historia de Elise (Angelina Jolie) que es una agente de la policía que se enamora del sujeto al que se le envió tras sus pasos, el que le robó una enorme cantidad de dinero a la mafia y a quien la policía sigue queriendo atrapar mientras los rufianes anhelan recuperar como sea lo perdido por lo que también quieren capturarlo.

El amante de Elise le envía un mensaje pidiéndole que busque a alguien parecido a él para que lo confundan con su persona y lo persigan en su lugar, para eso ella escoge a un turista norteamericano llamado Frank Tupelo (Johnny Depp) que es un hombre común, un profesor de matemática que ha viajado a conocer Venecia para olvidar un antiguo amor. Detrás de Elise está el jefe de la policía John Acheson (Paul Bettany) y también el jefe de la mafia Reginald Shaw (Steven Berkoff) a los que tiene que evitar. Elise tiene una relación “amor –odio” con la policía, ya que tiene que entregar a su amado y a la vez parece querer confundirlos para que siga inubicable.

El motivo de todo es la persecución de Alexander Pearce, el hombre que se robó 2 billones de dólares de un jefe de la mafia rusa y que debe 744 millones de libras esterlinas en impuestos, razón por la que el servicio de policía metropolitana londinense o Scotland Yard quiere arrestarlo. Él se ha hecho cirugía plástica y tiene otras características que lo hacen difícil de hallar. Solamente deja mensajes que Elise recoge y que por mandato de uno de ellos involucra a Frank que ahora corre peligro porque la mafia como la policía lo buscan.

Venecia y sus edificaciones rodeadas por agua son el fastuoso escenario donde se desarrollaran las persecuciones. Es parte de éste culto a la belleza y a la riqueza que profesa el cine hollywoodense y que idealiza la humanidad, de la que también son parte Jolie y Depp, dos de los actores más cotizados y seductores de la pantalla grande. Ambos desarrollaran un vínculo sentimental dotado de elegancia mientras son asediados por diestra y siniestra. La película es un remake de una cinta francesa Anthony Zimmer (2005) que tiene en el puesto de Jolie a la también talentosa y hermosa Sophie Marceau.

Del turista hay poco que decir, es tan efímera como una risa o un bostezo involuntario, de eso no cabe duda, y tanto un gesto como otro dependen del espectador, el que quiera ver algo ligero con un atractivo paisaje de fondo y dos agraciadas estrellas de cine corriendo de un lado a otro cazados por el bien y el mal van a encontrar entretenimiento, el que espera algo que no sea esto, va a sentir que está viendo la televisión por cable que es donde va a encontrar su lugar finalmente ésta cinta dentro de no tan largo tiempo. Entonces puede esperar a que dentro de más o menos un año suceda o puede simplemente olvidarse de verla.

La seducción y las correrías son mesuradas, no son potentes ni soberbias, no poseen pasión ni demasiada imaginación pero si orden y donaire, Henckel von Donnersmarck cumple su cometido, hace una película de estilo comercial norteamericano como las que vienen haciendo hace unos años sus dos actores principales, Jolie viene de hacer Se busca (2008) y Agente Salt (2010), dos filmes de pura acción, y Depp dos intentos fallidos de hacer un poco más que esto, Enemigo Público (2009) y Alicia en el país de las maravillas (2010).

Si algo hay que recordar es que Jolie al inicio de su carrera se consideraba una freak, una rara y luego evolucionó en una mujer sensual, preciosa y atrayente, Depp ha hecho de extraño en múltiples ocasiones, aquí lo vemos siendo un galán, un cambio que lo empareja con su compañera. Finamente vestidos, en lugares frívolos, manejando yates, cenando en hoteles cinco estrellas, despertaran la lascivia naif si cabe el término y la admiración del hedonista ejemplificados en ellos. A pesar de la abrumadora sencillez de la trama explicada concretamente y sin ninguna complejidad, sirve para lo que está hecho el filme, para deleitarnos visualmente en la mejor superficialidad y hacernos pasar un momento divertido de orden pasajero. Hay cine para todos los gustos.

miércoles, 12 de enero de 2011

Altiplano

Altiplano tiene dos mujeres como protagonistas principales, ambas pasan por lo mismo, pierden a un importante ser amado en sus vidas. Una vive en los andes en un paisaje exótico y autóctono, en un pequeño pueblito de la Sierra peruana alejado de la civilización, y está a punto de casarse. La otra acaba de perder a un estimado compañero en Irak y se encuentra deprimida resistente a seguir su carrera de fotógrafa aunque guarda una última valiosa fotografía, vive en Bélgica en una casona lúgubre y gótica mientras su esposo viaja al pueblito de la primera mujer a trabajar como oftalmólogo con un grupo de doctores voluntarios que curan las cataratas de los indígenas.

La pérdida de una se debe a la contaminación de una minera y la injusticia no alberga sentenciados ni se señalan culpables más bien las manifestaciones por esa muerte se reprimen con la fuerza militar. Es la vieja historia de la marginación y el desprecio, del poderoso sobre el débil. La otra pierde a su amado en un ataque producto de la impotencia y del dolor del pueblo que se vuelve violento y hace pagar a inocentes en donde corresponde a culpables asumiendo que todos los foráneos son iguales aunque solo comparten el hecho de que provienen de Europa. Lanzan piedras al grito de ¡pishtacos!, ¡pishtacos!, los legendarios asesinos que se mueven en el ande y que roban la grasa de sus víctimas, que están asociados con el extranjero y la impunidad como al abuso del desposeído.

Una de las principales se llama Saturnina, la actriz Magaly Solier, quien es la indígena; la otra es Grace, en la actriz Jasmin Tabatabai, como la europea. Al final de la película mezclan sus vidas y curan sus heridas, aunque de forma mítica, fantasmal, enigmática, laboriosa. Al formar parte de la comunidad Grace convive con el espíritu guerrero -asociado a la naturaleza - de una mujer que se quito la vida proclamando esa transformación. Ellas en la unión con el medio, una con el espacio en forma inmaterial y la otra en lo tangible humildemente, logran superar sus penas. Grace parece compensar la pérdida de la población con su inserción en la comunidad y a la vez logra recuperarse de su tristeza al hacerlo. Deja la piedra que carga su sufrimiento en el río donde yace el ánima de la suicida que se filmó antes de matarse con la cámara de su marido, vídeo que Grace ve, y parece darle pistas de qué suceso pasó en el altiplano.

En la película se vive una torre de babel, se habla español, francés, inglés y quechua, uno siente que vive en un caos de idiomas y comunicación, el equipo de doctores formado por el esposo de Grace, el actor belga Olivier Gourmet, junto a la peruana Norma Martínez realizan actuaciones incipientes e insípidas a pesar de sus trayectorias y experiencia, y en la película se vive mucho esto, los actores no se compenetran con el espectador, no llegan a consolidarse y quedan sólo en la superficie. La muerte de Ignacio ocurre con pocos datos de por medio, no resalta mucho, a pesar de que es una pieza fundamental en el desarrollo de las situaciones a posteriori. La muerte de Max es abrupta, seca, simplona, un poco irreal y termina siendo rápida. Y ese es uno de los defectos de la cinta, suceden circunstancias importantes que no son impactantes aunque se pretenden como tales. El suicidio de una mujer bajo un discurso que parece repetir otros muchos similares pretende venganza y quiere darle un sentido a ese acto pero nada de eso ocurre ni toma ninguna forma que no sea lo obvio de vagar como fantasma. Esa muerte no genera ningún cambio trascendental, salvo el interno de Grace.

Después, se siente en el filme que las secuencias cambian con velocidad, que no llegan a atrapar la atención; una virgen se rompe y Saturnina se desgarra emocionalmente pero luego pasa la toma sin mayor repercusión ni significado; dos enmascarados de luna y de sol son extravagantes pero no mueven sensaciones ni generan preguntas. Y ese es otro de los defectos de la película, no te aflige ni te enternece ni te enoja, como no se compromete con crear personajes sólidos ni contextos eficaces, lo que denota una dirección con poco talento. No te llegas a interesar por lo que estás viendo.

Magaly Solier llora, se enternece, grita, se molesta, se apasiona, se arrebata, hace de todo en fluidas actuaciones pero su personaje es tan endeble que no te llega a calar ni llegas a apreciarla en su conjunto, puede ser hasta molesta. Por el otro lado Jasmin Tabatabai también tiene una buena interpretación en un personaje de poco relleno y alcance en contexto, que está dirigido sin hábil dirección; como que no aprovecharon a las actrices y a las varias historias que pudieron ser atrayentes en manos más diestras; ella resulta más meditabunda, más racional, otro tipo de performance, tan rescatable como la de Solier, a pesar de los nimios efectos que produce.

Se diría que han desperdiciado su tiempo en esta producción o lo pueden tomar como un escaparate para mostrar sus habilidades en la escasez de recursos de una película, y también uno siente malgastado su tiempo porque si bien la cinta parece haber tenido un guión con varias ideas de fondo la realización las destruyó, es decir, no las supo explotar, dejando una película para el olvido inmediato, que no creo que llegue ni a ser parte de algún tiempo muerto en la televisión, porque no llega ni siquiera a ser entretenida, mucho menos inteligente, aunque lo pretende. Quiere ser una obra de autor pero sin desprenderse de lo convencional, no se decide y falla al quedarse con ambos estilos; no deja nada que la rescate del abismo. Sus escenas rápidas, anti-clímax, de baja empatía emocional, incompletas, indecisas, entrecortadas, injustificadas, hacen de éste filme de Peter Brosens y Jessica Woodworth, relativos novatos en la dirección de cine, una obra fallida.

viernes, 7 de enero de 2011

Tron el legado


“Tron El legado” es una película de ciencia ficción que continúa la historia de 1982, ésta vez el hijo de Kevin Flynn (Jeff Bridges) busca sacarlo del programa que inventó –y escapar también- ya que no puede olvidarse de él tras su alejamiento cuando tenía solo 12 años al punto que a razón de la perdida ha quedado desmotivado de su propia existencia. El padre sale en su moto despidiéndose de su vástago y no vuelve nunca más. Me recuerda a tantas historias populares que se escuchan siempre, salvo que por 20 años el tipo está atrapado en el software de una computadora. Éste programa es un juego, un mundo paralelo que está dominado por la creación de su padre, quien es el mismo Kevin Flynn pero joven; y para ello ha sido digitalizado Jeff Bridges y aunque lógicamente se parece al real (el viejo) luce un semblante extraño. Clu es el dictador de ese universo, quien anhela conocer los secretos que guarda su inventor, el que se encuentra escondido escoltado por la fiel Quorra (Olivia Wilde).

El hijo, Sam Flynn (Garret Hedlund) se mete en el programa por accidente y descubre todo un lugar de combates en moto, luchas cuerpo a cuerpo con discos luminosos y batallas en naves espaciales, las que se forman de los trajes que usan, gracias a los discos de memoria que llevan en sus espaldas. El ambiente está rodeado de luces y se utiliza mucho el color azul. Los escenarios no son muy extravagantes ni alejados de interiores sofisticados contemporáneos. La trama pretende únicamente fomentar el entretenimiento, es decir no tiene aspiraciones de darse una mirada filosófica como en “Matrix” ni mucho menos un contexto épico como en “La Guerra de las galaxias”; ésta es una cinta sencilla que asemeja a lo que es, un juego de vídeo donde hay combates de diferente índole que buscan la acción.

Tron es un guerrero que protege a Clu, quien aparece en contadas oportunidades para perseguir a Sam ya que ha olvidado la vieja amistad con Kevin Flynn. Después otro personaje resaltante es Castor (Michael Sheen), el dueño del club “End of line”, que parece un guasón futurista con tanto disfuerzo y payasada. Lo acompaña Gem, la despampanante Beau Garret que en una larga toma -que no pasa desapercibida por ningún hombre- da la espalda contorneando su voluptuoso trasero en una licra ajustada que dibuja su atractiva figura. Ambos parecen salidos de uno de los musicales de David Bowie, productos del glam rock. Aunque la banda sonora sea más moderna, siendo la música electrónica del grupo francés Daft Punk la que se encargue de dar ese toque.

El filme seguramente alegrará a los fanáticos tanto de los videojuegos o de la cinta origen pero para los simples mortales que recién se enteran de ello va a pasar sin entusiasmo. No existe mucha materia para admirarla, ni siquiera los combates son espectaculares, muchos de ellos son bastante rápidos, además existe un ambiente algo dormido, demasiado calmado, quizás en 3D hubiera sido más llamativo, porque en pantalla normal no se siente emoción.

La historia no se explica mucho y está ausente de ideas, hay que imaginar algunas partes, uno se pierde en varias preguntas que den mayor soporte al filme, todo es muy ligero que no te atrapa. Tiene mucho bombo publicitario detrás y poco que ofrecer. Que la vea quien tenga curiosidad pero preparados para decepcionarse si buscan “algo más” que la esperada acción, aquí sin tantos efectos especiales ni con un espectáculo vistoso. El filme me parece que es una construcción que ha quedado en una estructura débil, se pasaron de simplistas y seguramente los vídeojuegos sí son divertidos porque manejar motos y naves, luchar y destruir contrincantes funciona para matar el rato en este tipo de recreo. Realmente pudo ser mejor con guionistas más hábiles y eso que fueron seis los que estuvieron detrás. Definitivamente intrascendente y encima ni siquiera buena fórmula comercial.

miércoles, 5 de enero de 2011

Adivina quién viene a cenar


Ésta película tiene en su reparto a la mejor actriz del cine norteamericano, Katharine Hepburn, nominada 12 veces a mejor papel principal y ganadora de 4 Oscars en el mismo rubro, en ésta oportunidad se hizo de una estatuilla dorada en su interpretación de Christina Drayton, madre de una jovencita blanca que se enamora de un hombre negro con quien planea casarse con tan solo diez días de conocerlo. La trama no parece compleja pero el escenario es 1967 (año de la película), cuando se estaban dando los pasos que buscaban vencer todo tipo de prejuicios raciales y limitaciones interpersonales. La cinta nos presenta a un Sidney Poitier en el rol de John Prentice, doctor de sobresaliente currículo y excelente educación, un buen partido por donde se le mire pero que se halla metido en el dilema de enfrentar una relación interracial en un Estados Unidos que mira aún con conflicto éste tipo de relaciones. La joven de quien se enamora es una chiquilla engreída y alegre criada en un ambiente liberal que no distingue a los seres humanos por el color. Ella lleva al invitado sorpresa en el título evocador de “adivina quién viene a cenar”, que desata un problema entre manos y que proporciona preocupaciones y disertaciones sobre el tema de la dificultad de que un negro se case con una blanca.

En la película los diálogos y discursos abundan enriquecidos por el análisis de lo que acontece, bajo una fachada de película típicamente clásica que lo es por donde se le mire rodeando el filme de un notorio aire romántico a pesar de que se han modernizado circunstancias como el baile de la sensual ayudante de la cocinera y un repartidor en plena calle o el momento en que los padres Drayton van a comer un helado a un restaurante en donde sirven la comida en el carro y surge un bochornoso accidente que deja a la vista a un negro abusivo e intratable aplaudido por una masa absurda. Y en general se respira un sabor dulce y amigable, con la sencillez de la exposición de los acontecimientos al estilo antiguo, permitiendo que las secuencias fluyan con mundanidad en un ámbito familiar acomodado, culto, cohesionado y de personalidad tradicional de los años que se van, llevándose tanto lo bello de ese tiempo pasado glorioso y de lo aberrante de las injusticias de la desigualdad.

La hija se comunica con los padres, ellos la respetan, es un lugar de intercambio afable, educado, cariñoso aunque el patriarca, Spencer Tracy como Matt Drayton, le ponga peros a la relación temiendo por el bienestar de su adorada única descendiente y no solamente eso sino que se enfrenta contra los principios e ideales que han definido su existencia y que se ven comprometidos directamente en el célebre refrán “del dicho al hecho hay mucho trecho” o una cosa es decirlo y otra vivirlo. Teniendo en sus manos la decisión de que no se concrete el matrimonio por una primera concesión de parte del novio quien accede a otorgarle la última palabra sobre el futuro de su idilio, acción del joven de color que se debe a no querer destruir el firme vínculo que existe entre los progenitores y su vástaga.

Por el lado de su propia familia el novio no tiene tampoco el respaldo de su padre aunque sí de su madre, igual que su pareja la hermosa rubia Joanne Drayton interpretada por la novel actriz Katharine Houghton que toma su primer rol cinematográfico a los 22 años de edad con simpática desenvoltura y frescura. Ella es lo más sencilla y optimista posible. La complejidad la trae el personaje de Tracy que a mi entender sostiene toda la película con sus meditaciones y oratoria tan sustancial que recoge ideas por doquier y las desentraña inteligentemente. Spencer Tracy es una eminencia del cine, ganador de dos Oscars por rol estelar, quien tuvo una relación de 25 años con Katharine Hepburn y el que lastimosamente murió después de acabar éste filme el mismo 1967.

Katharine Hepburn aporta lo emocional, quizás por eso sea tan elogiada su actuación, llora o ríe con facilidad, con el exuberante garbo de una estrella inmortal, con verosimilitud, con naturalidad, cada gesto en ella es sublime y bien diseñado, transmite demasiado con sus expresiones faciales y su movimiento corporal. Toda su destreza sirve para apoyar a la hija a toda costa aún amenazando a su marido con darle la contra en su decisión final y es la imagen del ejemplo práctico de las ideas de su cónyuge. Se hace querer en su fabulación escénica que termina funcionando como se ha planeado.

El padre de John Prentice, el actor Roy Glenn tiene un momento fulgurante, magistral, al explayarse frente al hijo sobre por qué no debe casarse con una chica blanca, explicando el hecho de haber entregado su vida como cartero sacrificando las necesidades de su esposa para que él se dedique exclusivamente a estudiar. La madre de John Prentice, la actriz Beah Richards, tiene su escena importante también pero no contiene mucha fuerza en mi apreciación aunque inocentemente termina siendo influyente.

Después están, la cocinera Tillie en la actriz Isabel Sanford y Monseñor Ryan en el actor Cecil Kellaway que brindan matices y con total solvencia ayudan a la historia, al dominar sus papeles que son de marcada estampa pero sin desdibujarse en lo manido. Un bondadoso mejor amigo firmemente entendido en el trato humano pero de forma racional más que el de su investidura católica y una sobreprotectora criada que antepone su amor -semejante al maternal- a su misma raza; sobre todo él que entra en las discusiones y suelta frases certeras y arteras. Por todo esto y mucho más ésta cinta conjuga perfectamente entretenimiento, mensaje y maestría, mezclando simpleza con sabiduría. Imperdible de cabo a rabo.