viernes, 9 de marzo de 2018

Gen Hi8


Película peruana de bajo presupuesto de Miguel Miyahira, que narra de manera convencional, lineal, pero con la rareza de estar la película metida dentro de la imagen estática de un televisor antiguo encendido colocado en una sala. También ésta película de cine indie peruano es una apología al VHS, e igualmente hacia las cámaras Hi8 y el formato de la cinta de esta cámara. El filme está adscrito a comienzos de los 90s, vemos la época representativa del terrorismo, con los ubicuos apagones (que incluye la canción por antonomasia, Las torres, de los Nosequién y los Nosecuántos). La película se moviliza a través de chiquillos miraflorinos (digamos que privilegiados), pícaros, criollos, avispados, malcriados, con su infaltable vulgaridad típica de la clase media y la adolescencia peruana.

En el filme vemos como un nuevo chico, algo más lento que los otros, pero dispuesto a ponerse al día, a amoldarse al resto, se incorpora al barrio, al grupo de amigos de siempre, que se comportan tal cual y hablan los temas noventeros. La película tiene algunas situaciones desagradables, como el aprovechamiento sexual de una compañera en estado etílico, el abuso sexual normalizado hacia las empleadas y un cierto racismo hacia clases no privilegiadas, pero todo se adscribe al lugar común, no es que se ande inventando, pero igualmente cae mal presenciarlo. No obstante otorgan realismo y matices a la recreación juvenil y al producto. La naturalidad va aflorando mientras va transcurriendo el tiempo.

Gen Hi8 (2017) tiene una estética visual que juega con la imperfección, un trabajo que juega con los colores y los defectos de proyección, se ve como si viéramos un video VHS mal grabado, viejo, muy utilizado que se ha desgastado. El color tiñe la pantalla y a los protagonistas en especial de rosado o los monocromatiza. El ver un video y las aventuras de estos chiquillos en mal estado, movido, rayado, mal colorizado, no fastidia a la vista, sino le otorga personalidad al filme, como han hechos otros en el cine indie nacional, dando a entender un cine de guerrilla, orgulloso de sus marcas de guerra.

El filme vale por su atrevimiento, y esto lo hallas en varios sentidos, desde lo narrativo, lo estético, hasta lo formal en aquel televisor estático. También puede ser visto como un compendio de una época, los 90s, a la que le pasa revista por entero, buscando incorporar momentos en medio de la nostalgia y un poco de humor; rememorar el entusiasmo de cosas como videojuegos, fiestas, nueva tecnología, música, una edad, que se vive en algunos actos delictivos también, como pequeños robos, y entretenimientos, peleas, marihuana, deportes. El filme mezcla lo positivo y lo negativo de los 90s, desde una mirada relajada, inmadura, osada. Puede verse como un estudio social de la adolescencia y el criollismo peruano. Es un reflejo de la sociedad, de cómo veía y ve el mundo una gran parte de peruanos.

jueves, 8 de marzo de 2018

Vincent y Theo


Robert Altman es uno de los grandes directores del cine moderno, su cine se remonta a comienzos de los 70s. Vincent & Theo (1990) ostenta una mirada sórdida, pícara, despierta, audaz, sarcástica, intrépida. Tiene una puesta en escena abundante, llena de mezclas, un poco desordenada, pero aun así elegante. En Vincent Van Gogh (Tim Roth) existe una mirada mística -amaba el arte japonés y el misticismo oriental- junto a una mirada vulgar -propia del burdel al que es asiduo y que incluye tener de pareja a una prostituta embarazada-. Vincent repudia a su familia, en especial a su padre, la mirada del filme de Altman es más agresiva, menos lacrimógena, no lo plantea desde el menosprecio del progenitor y el deseo de aceptación familiar. Vincent luce como un obrero, sucio, humilde, tiene los dientes descuidados, una apariencia y comportamiento tosco, algo grosero, apareciendo algunas veces histérico.

Parte importante del filme y de la biografía de Vincent Van Gogh es su relación con Paul Gauguin (Wladimir Yordanoff). Vincent sentía gran admiración por Gaughin, le llega a dedicar un cuadro, lo veía como un maestro y amigo, aunque en la propuesta de Altman tenemos a un Vincent que llega a retarlo. El genio de Altman se toma notorias libertades, hace cine de autor en toda la palabra (ya lo dice aquella línea: cocinar es como pintar, hay que usar la imaginación), como cuando el pintor holandés se hace llamar el espíritu santo a través de lo que parece un graffiti en la pared y termina pintándole con óleo el rostro a una cortesana en un bar, con lo que muestra su enojo con Gaughin. Inclusive Altman exagera un poco, cuando Vincent deja caer vino de su boca ante el fastidio con Gaughin. Se muestra a un Vincent abiertamente violento. Gaughin genera una mala influencia en él, por más que el holandés se siente atraído por las similitudes entre ambos, como su rechazo a lo burgués. 

Ya lo anunciaba la llegada de Gaughin, cuando sopla el viento con polvo elevándose del suelo, que significa amenaza, aunque en éste filme vemos a un Gaughin más pasivo que su leyenda, aunque se suelta que es un mentiroso, a pesar de que ha tenido una vida muy dura, sobrelleva una cojera y se recuerda que llegó a limpiar baños públicos. No obstante se propone con fuerza a un Gaughin inocente de culpa. En cambio en Vincent hay hasta una mirada salvaje homoerótica hacia su admirado compañero de vivienda, llegando del apasionamiento a morder un cuchillo. Tim Roth le pone una cierta mirada psicótica a su interpretación, a lo que hará más tarde con Tarantino. Altman plasma una estética oscura, con aquel espejo roto, una navaja y la sangre en la oreja y el cuerpo. La Locura de éste famoso pintor holandés es repentina, no está en toda su vida, y se señala al alcoholismo como posible razón.

Dentro del atractivo del filme está que es un biopic no sólo de Vincent, sino también de su hermano Theo (Paul Rhys), en igualdad de importancia, cuando uno no lo suele ver así. Theo dice: Yo tengo mis propios gustos y debo ser mi propio dueño. Es la declaración de principios del cine de Robert Altman, y esto hace que su atrevimiento y personalidad roce a veces el ridículo, como con el comentario del bigote de Theo, pero nunca cae en éste. Theo no es rico, como muchos pueden haber pensado al sostener el arte de Vincent. Theo es clase media. Theo también discute. No es ningún santo. Sufre de sífilis y tiene problemas por tener ésta enfermedad para hallar pareja seria. En el filme de Altman se difumina un poco el amor entre hermanos, que se da por entendido (como al ponerle Theo el nombre de Vincent a su hijo), para darle al filme mayor realismo. Theo es un buen hermano, pero ésta propuesta propone un retrato general menos simpático que el más propagado, Theo tiene carácter, lo vemos más humano, imperfecto, menos romántico, es una versión menos educada de su figura también.

El filme tiene sus escenas deslumbrantes, como la del Jardín natural de girasoles, una puesta en escena artística, sobresaliente, con el viento, las flores moviéndose, Vincent entre ellas pintando, de pronto surge la irreverencia, violencia, Vincent destruye su cuadro, surge un apasionamiento vistoso, extremo, algo chocante, Altman termina arrebatándole la belleza inicial a la escena, nulifica la poetización, prima el realismo duro. Otra puesta en escena sobresaliente, la pintura de los cuervos (llamada “Trigal con cuervos”), metido Vincent en el paisaje, el sonido alto de los cuervos de fondo mientras pinta. Una tercera gran escena es la de un momento clave en la vida de Vincent, la de la oreja. Vincent yace bañado en sangre en la mitad del cuerpo, la cámara se enfoca, pone el cuadro, en las piernas y en la caída de la sangre, el pantalón está roto y sucio, lo vemos caminar con dificultad.

Otro momento clave, el suicidio de Vincent Van Gogh, lo define por una parte, aunque de forma pequeña, el Doctor Paul Gachet (Jean-Pierre Cassel), un padre dominante. Vincent escucha del rechazo del doctor para salir con su hija, en una escena discreta, muy sutil. Luego en otra, Vincent oye de forma directa de las necesidades de la familia de Theo, ésta escena es grandilocuente, la mujer de Theo yace llorando y fastidiando. El filme culpa a la mujer, a Jo (Johanna ter Steege), del último acto de Vincent. Jo mantiene un aire rústico en toda la película. Vienen a la mente rápidamente dos frases del filme. La primera: Yo daré de comer al bebé, tú dale de comer a tu hermano. La otra, de los dueños de la galería que administra Theo: no podemos permitirnos un salario extravagante.

domingo, 4 de marzo de 2018

Loving Vincent


Ésta película tiene la originalidad de que primero se grabó a actores como una película normal y después 125 pintores hicieron 65000 pinturas al óleo de toda la película, que serían 65000 fotogramas, que luego fueron animados por ordenador, donde los artistas imitaron el estilo de pintura de Vincent Van Gogh de lo que se tomó de base directa, total o parcial, más de 100 pinturas suyas. Todo el proyecto requirió de 7 años de trabajo.

Sin duda, está es la parte más grandiosa del filme de Dorota Kobiela y Hugh Welchman, pero ésta propuesta no sólo se queda en eso, la trama es una historia de detectives, donde el hijo del jefe de correos, Armand Roulin (Douglas Booth), es encomendado por su padre -amigo cercano de Van Gogh- a entregar una última carta a Theo. Pero en el camino se va interesando cada vez más por su vida y por resolver como fue su muerte, que según Armand guarda más de las 2 teorías populares que se dicen de él.

La teoría de Armand señala a un grupo de jóvenes marginales con los que en su soledad y proclividad al alcohol Vincent anduvo y uno de ellos tenía un arma, y se dice que fue quien le disparó a van Gogh. Pero Vincent no lo culpó, como señala en su lecho de muerte de no culpar a nadie de su muerte, al igual que cuando se cortó la oreja y pudo también haberse incriminado. Pensemos que se llegó a internar voluntariamente en un sanatorio mental, con lo que parece mostrar una baja autoestima, a pesar de ser un genio de la pintura que en menos de 10 años pintó cerca de 900 pinturas y cimentó tremendo legado.

El filme es un viaje visual y estético hermoso, deslumbrante, y una historia escueta pero interesante, donde escuchamos de las teorías de su muerte. Una de ellas es la de que se enamoró de la hija del doctor Gachet, doctor que lo veía, y éste le prohibió ver a su hija, teniendo una fuerte pelea con él por forzarlo a que se aleje de ella, que luego el mismo doctor explica en su propia versión de haberle movido hacia la otra teoría, la de que era una carga económica para su hermano Theo que tenía deberes para su bebé recién nacido y no podía tener una vida holgada y tranquila por su culpa. En ésta teoría se dice que es una carga para la enfermedad de Theo también, la sífilis, que lo estaba empeorando por tener la presión de que Vincent lograra trascender y subsistir, y que esto movió a Vincent a suicidarse, pero suena un poco improbable, porque más bien la muerte de Vincent terminaría matándolo de la impresión, pero ambas teorías pueden ser complementarias, creando un estado de depresión.  

Loving Vincent (2017), que es como se despedía Vincent en la infinidad de cartas que escribió, empieza a un año de su muerte y sigue los pasos de poder entregar una carta que se va dilatando al no hallar destinatario y se van descubriendo en el camino los pormenores de la vida de Van Gogh, en base a las personas con las que se relacionó que van hablando de su visión personal de cómo fue, que incluye detalles como que llegó a renegar de la religión, entendiendo que la mística la buscaba y la hallaba en la pintura. No obstante en general se señala a un Vincent amable, educado, cariñoso y atento con todos, pero amigo de lo marginal y del alcohol, un solitario capaz de arrancarse una oreja de la furia, aunque esto queda expuesto como secundario que incluso vemos la historia de la amputación de la oreja pasar bastante rápido. El filme prefiere mantener la mirada de admiración a Van Gogh quien recién a los 28 años decidió emprender la pintura tras tantas derrotas existenciales que en vida no terminaron nunca, pero que finalmente la inmortalidad lo esperaría tras su trágica y poética despedida del mundo.

The Breadwinner


En la época del control de los talibanes sobre Afganistán, el 2001, una familia sufre en la capital, Kabul, de la ideología reinante que maltrata a las mujeres. No les permiten andar tranquilas por las calles (se dice en un diálogo que sólo los hombres van a donde quieren), hasta llegan a golpearlas salvajemente si no las acompaña a la calle un hermano o un esposo, y deben cubrirse los rostros con las burkas. Para eso el padre de una familia, un profesor que le falta una pierna, minusvalía que no les produce misericordia alguna a los extremistas, es arrestado al ser señalando de darle mucha libertad a su hija de 11 años, incluyendo la libertad intelectual en la lectura de libros indicados como prohibidos. La niña, Parvana (voz de Saara Chaudry), al ver que su familia sin la figura paterna o una masculina pasa hambre, no pueden ni comprar comida porque no le venden a las mujeres, decide cortar su cabello y vestir de niño.

El filme señala muchos abusos a las mujeres, es como un compendio de los sufrimientos que traen consigo el gobierno de los talibanes, es un filme lleno de dolor, pero también de valentía como en la historia que se cuenta a la par, la de Sulayman y del hermano mayor de Parvana, que hace de catarsis para Parvana, como de algo menos trascendente, pero entretenido, en ser un cuento para dormir para el hermano pequeño. El cuento de Sulayman tiene los dibujos menos definidos por la idea de estar supeditado a lo general, en éste un joven considerado débil debe enfrentar a un malvado elefante y a sus fieras que sojuzgan al pueblo. Ésta historia es un llamado a la valentía para enfrentar las dictaduras y al maltrato de los poderosos.

The Breadwinner (2017), de la directora irlandesa Nora Twomey adapta la novela de la canadiense Deborah Ellis, es una historia de sobrevivencia y de unidad familiar. La madre de Parvana también demuestra coraje, propone el sacrificio en pos de sus hijos. Se trata de una familia intachable, el padre cree en la libertad de la mujer, a pesar de que en su territorio prima todo lo contrario, le ha enseñado a Parvana a amar a su país aun con los talibanes y a creer en el poder revitalizador de los cuentos.  The Breadwinner exuda nobleza por varias partes, como con el amigo escolar que halla en la calle, o el señor que ha perdido a su mujer. La violencia y la dureza comparten espacio con pequeños actos de amor, la mayoría salidos de la familia, que mantiene los corazones limpios. Es una buena película, aunque su mensaje contra los extremistas y el abuso a las mujeres no contenga sutilezas.

Invasión


Lo peculiar de éste filme del argentino Hugo Santiago es que puede leerse como un sci-fi, sin ver nada tecnológico, futurista o distinto de lo común, pero la idea de una invasión extraterrestre está en toda la película. Invasión (1969) también, desde luego, se lee de forma directa, es una invasión –una guerra- de un país equis a otro país, ideológica o literalmente –a pie- de seres humanos, a la ciudad de Aquileia, que designa una mítica Buenos Aires.

El filme de Hugo Santiago tiene un claro referente del tipo de sci fi que se hace en Alphaville (1965), y para lograr un filme tan bueno como su predecesor depende del genio en el guion del escritor Jorge Luis Borges que trabaja con Hugo Santiago en éste, sumando que la historia proviene del mismo Borges y de otro escritor y su amigo entrañable, Adolfo Bioy Casares.

Invasión no especifica tampoco a que se debe la invasión, aunque obviamente al control de los ciudadanos de Aquileia, a la subyugación a un poder mental y a un orden establecido. El filme empieza con apenas un camión de contrabando cruzando una tranquera militar y tratando de ingresar un sistema de radio a Aquileia, es una infiltración de a pocos. Pero se enfrentan a una resistencia, de orden paramilitar. El líder intelectual de la resistencia es Don Porfirio (Juan Carlos Paz), un anciano típico que se acompaña de su gato y lo vemos tomando mate. El cabecilla del grupo armado de la resistencia se llama Herrera (Lautaro Murúa) y maneja un grupo variopinto, entre mujeriegos, amantes de los western y cantantes de milonga.

La película tiene mucha acción, disparos, peleas, persecuciones, pasando por algún arresto e intento de tortura, hasta un cerco en un estadio que invoca a la despersonalización con clones, la misma que veríamos más tarde en The Matrix (1999). Los de la resistencia –que suponen ser los buenos- visten de traje más oscuro que los invasores. También hay una pequeña línea de misterio con la esposa de Herrera, Irene (Olga Zubarry), que remite a la lucha por la igualdad de género. El filme se mueve en base a 4 fronteras por donde la resistencia trata de contener a los invasores. Los invasores son una suma mayor de entes, tienen las de ganar, aunque la resistencia se mantiene perseverante, firme. El filme tiene unos diálogos que intentan ser significativos y extraños pero lo más importante es la acción. Se podría decir que Invasión es un sci-fi criollo, creativo, y que funciona perfectamente.

jueves, 1 de marzo de 2018

Mala junta


Un chiquillo, Alejandro (Andrew Bargsted), Tano, se dedica a robar, le falta en su vida un modelo a seguir, y finalmente medio a la fuerza lo consigue cuando es entregado al cuidado de su padre que ha estado ausente en su existencia. Su padre, Javier (Francisco Pérez-Bannen), un mecánico, vive en una comunidad mapuche en la montaña, en Wallmapu. Tano conoce allá a Cheo (Eliseo Fernández), un muchacho mapuche retraído y maltratado en su colegio, y se hacen amigos, como cabía esperar. En adelante la directora mapuche Claudia Huaiquimilla en su ópera prima pone a Tano y a su padre a discutir, tratando de que el muchacho descarriado tome rumbo y se enderece, y no caiga en manos de ninguna institución reformatoria del gobierno. Tano junto al padre y a Cheo tomará consciencia, se sentirá apreciado e identificado, y pegará el salto, pero antes las circunstancias lo arrinconaran.   

Es un filme muy naturalista, como ver comer muy humilde y tradicionalmente. El espacio rural se presta para una noble recreación sin que tenga mucho de romanticismo, todo en ello obtiene una cierta belleza en su sencillez formal, sin aspavientos. El filme de la chilena Huaiquimila comparte parecido con otra ópera prima, Temporada de caza (2017), de la argentina Natalia Garagiola, que también nos habla de un chiquillo problemático que es enviado con su padre a la Patagonia, donde a través de la simbología de la cacería se reformará, le perdonará la ausencia al progenitor y lo aceptará como ejemplo de vida.

En el filme hay un problema social general, la comunidad mapuche hace una pequeña manifestación de descontento y enseguida el gobierno se le tira encima, con lo que se revela la fricción con la comunidad indígena que suele tener problemas con el gobierno. Hay un cierto desamparo de los mapuches en Chile, que se sienten amenazados en su libertad, igualdad y derecho. Es por eso que Cheo sufre de bullying en el colegio, lo creen un incendiario, un pirómano, producto de señalarlo como estereotipo de manifestante social, con lo que se tiende a banalizar socialmente la lucha por los derechos de los mapuches. Hay una voluntad de sojuzgamiento con lo que representa algo “distinto” a uno.

Cheo es maleable con el entorno, puede verse fácilmente corrompido, sobre todo por su deseo de ser aceptado por el resto, y Tano es un tipo poco meditativo que se ha acostumbrado a hacer lo que le da la gana y esto quiere decir que lo criminal y la vagancia le vienen bien en su total libertad, perpetrándose como el opuesto de la comunidad. Tano y Cheo, de cierta manera son la representación de Chile y los mapuches interrelacionándose, una comunidad indígena marginal aceptada finalmente por un statu quo a corregir su libertinaje.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Loveless (Nelyubov)


Ésta película habla de un matrimonio en trámite de divorcio, que tiene un niño de 12 años, pero parece que no saben que hacer con él, como que les importa poco y no encaja en sus futuras nuevas vidas, y el destino les prepara un duro golpe, el niño desaparecerá y entrarán en fuerte tensión por hallarlo. La burocracia policial demorará el proceso de búsqueda –ellos apuntan al crimen- y los padres harán uso de voluntarios para la búsqueda, todo será muy profesional. Más de media película se trata de hallar al niño.

Loveless (2017), de Andrey Zvyagintsev, es un filme que señala la frialdad en distintas formas. Una se ve en el paisaje, en el bello cromatismo del filme, en aquel lago por donde el pequeño Alyosha pasa y deja una cinta colgada de un árbol; es el clima de la ciudad, y que invoca a Rusia, descrita en aquella madre, Zhenya (Maryana Spivak), que en la máquina de correr se detiene sintiéndose golpeada, sufriente, melancólica, agotada por las circunstancias de su pasado, de manera idéntica a su país. Ésta frialdad está también en la pareja protagonista, que caen en la desesperación tras el hijo perdido, aunque son malos padres. Al hijo lo han maltratado psicológicamente y les ha sido indiferente, tal cual apreciamos en el cuidado del segundo hijo del padre de Alyosha, un padre que no reflexiona.

Lo más poderoso de la propuesta es que la mayoría del filme es una autocrítica y auscultación del propio país, en gran parte a través de lo transversal, en como son tratados los ciudadanos por Rusia, visto como el nuevo país que es, pero con mucha historia (peso) detrás, al tiempo de cómo lo sienten; falta el amor en su mutuo trato, similar a ésta pareja a punto de divorciarse. Rusia es vista desde su modernidad, es tan igual a cualquier país capitalista. Pero el resentimiento le cobra factura, resentimiento que yace a diestra y siniestra, resentimiento que señala justa culpa, véanse esos conflictos con Ucrania que muestra casual el televisor.

Es una película muy cuidada y calculada, muy correcta, muy bien hecha, aunque puede caer en el rotulo –negativo- de académica, le falta algo de atrevimiento y originalidad, más que presentar a los próximos divorciados teniendo sexo con sus nuevas parejas. Estas escenas sexuales son un requerimiento, una “trasgresión”, que lucen más bien banales.

La búsqueda del hijo se expande fluidamente y no afloja en ningún momento el interés, mientras se refleja constante el conflicto entre la pareja protagonista. Zhenya es una mujer hermosa y de cuerpo escultural, joven, pero sofisticada, sólo que se comporta de manera insoportable; él es exitoso en la pertenencia a la clase media alta, pero es algo indolente a su entorno, quizá es demasiado simple, la parte femenina está más trabajada. Muestran una cierta superficialidad, sin convertirse en estereotipos. Son muy emocionales, y ella en especial se presta bastante explicativa, con lo que se entiende las razones de su desbordada y omnipresente furia, y compensa el fastidio que genera. No obstante, la ira y locura –por aislamiento y cerco- de la madre de Zhenya no se entiende en buena parte, pero se desliza la idea de que es la furia de la histórica URSS. Rusia está en todas partes.

On body and soul


La ganadora del oso de oro 2017 es una película romántica de cine arte, pero próxima al público, y en la dosis precisa de sensibilidad. El jefe a cargo de un matadero, Endre (Géza Morcsányi), queda prendado de una nueva trabajadora, de una inspectora de calidad, Mária (Alexandra Borbély). Endre tiene un brazo tullido y es un hombre ya de cierta edad, mientras Mária sufre del síndrome de Asperger, ambos se corresponden, sólo que ella dificulta la situación por sus deficiencias sociales, y él es un tipo algo solitario, esto puede sonar algo cursi o falto de naturalidad, pero la directora húngara Ildikó Enyedi sale a flote con sus protagonistas, porque en otros momentos evita el sentimentalismo, aunque lo tiene, como en el intento de suicidio, pero en general es una película sensible en una medida equilibrada.

Lo extravagante del filme es que ambos yacen conectados de forma sobrenatural, ambos sueñan con ser ciervos en sus sueños y que se encuentran a cada rato y se muestran afecto. En la película esto no se nota tan arbitrario, producto de que hay un llamado del alma gemela en todo el conjunto, de eso va el filme. El resto es la falta de comunicación fluida entre ellos, los continuos baches sociales, incluidas anormalidades, pero que también remiten a lo romántico y poético, en el hecho de perseverar hasta consumar y formar su relación, en demostrar que el amor lo puede todo, ya que son almas gemelas, como sus sueños lo indican.

El filme tiene sentido en colocarse en un matadero como contexto, porque le quita ñoñería a toda la propuesta, y remite a una frialdad y humanidad en pugna, también propia del autismo, creando una simbolización general, y que hacen del filme uno más digerible, aunque les pueda parecer lo contrario a los más convencionales amantes de las historias de amor. A pesar de esto el filme es de tipo amable y para un público grande, no es un filme difícil, es muy coherente y tiene una historia muy empática.

La enfermedad hace que todo sea simpático a la vista, a la vez que especial, entre comillas. Los sucesos hacen uso de cierta creatividad, como el hurto de drogas para excitar la copulación, aunque quede en simple anécdota, salvo crear algo de juego con la psicóloga. El filme aporta más en que Mária tenga que aprender la interrelación habitual de todo romance, con actos pequeños como tener un teléfono o escoger una canción, hasta entender cómo es el acto sexual, a través del terapista infantil a películas pornográficas. Pero también adolece de mayores sorpresas, quedándose mucho en un filme amable, aunque con su encanto.

lunes, 26 de febrero de 2018

Meteors (Meteorlar)

El turco Gürcan Keltek hace un documental muy artístico, muy propio de cine arte, enfocándose en las regiones kurdas de Anatolia del este, donde el gobierno turco desplegó una operación militar contra guerrilleros kurdos. El filme tiene muchas expresiones narrativas, es un collage, una composición de varios elementos, reúne y re-estructura en base a vídeos de pobladores anónimos, sobre el conflicto contra los kurdos, es una película found footage. También compone nuevas historias, no sólo se basa en material de archivo.

Utiliza a la actriz y escritora Ebru Ojen Sahin en diferentes maneras, recurre a su voz en off, también a su imagen y expresión facial, emotiva y sintomática; a su reflexión, a la lectura social y política; a su poesía. Ebru camina por los escombros y la destrucción, señala el miedo de muchos kurdos a poder llevar una vida normal tras la vista de tanques y disparos a la vuelta de la esquina, ante la amenaza de desaparecer barrios enteros, ciudadanos, y desplazarlos.

El filme es la memoria de hechos que no se han documentado, ya que se ha manifestado que el gobierno no permitió documentar periodísticamente gran parte del conflicto, y en ese lugar entra a tallar el documental de Keltek como preservación e historia. Hay breves entrevistas a niños y a mujeres mayores, se oye en ellos una voz general de pacifismo y humanidad, los niños señalan la amenaza y destrucción, sin entenderla del todo, manteniendo por su naturaleza infantil y relajada la alegría natural.

En el inicio vemos la panorámica de cabras salvajes de la montaña, yacen libres, imponentes, pero de pronto un disparo mata a una y huyen todas, se rompe la tranquilidad, la belleza, se da una fricción, esto remite a la naturaleza del ser humano, la violencia, la destrucción. Por el final volveremos a ver a las cabras salvajes, ésta vez peleando entre sí, nuevamente es la visión de la naturaleza humana, que señala la lucha entre los hombres.

Los kurdos también tienen carácter, bravura, se reúnen alrededor del fuego, se oyen disparos y cánticos, les acompañan mujeres hermosas y rurales. A su vez vemos disturbios en el campo y en las calles, pelean por lo que creen, por lo que llaman sus derechos, aunque el filme no especifica demasiado, señala la agresión del gobierno y no todo es miedo, también hay espíritu de combate, como cuando rompen los límites que les quiere imponer el estado.

El documental yace en blanco y negro. De un momento a otro en la zona ocurre un eclipse, una lluvia de meteoros, se podría pensar que es algo místico, los dioses tratan de que los seres humanos sean fraternos, se calmen y no se maten entre sí. Vemos arqueología y restos de la trascendencia espiritual, que tiene mucho de pagana, como que las cabras también pueden significar deidades. Éste filme quiere ser a todas luces una expresión artística, un vehículo de arte, de lírica, no sólo de denuncia, documentación histórica y humanidad.

Last men in Aleppo


Éste documental es impactante y devastador, es terrible ver como sacan bajo los escombros bebés muertos, inertes, llenos de polvo, marcas de impacto, algo de sangre, fríos; la sensibilidad que te toca es alta, como humanidad esto no debería suceder, y lo peor que se repite en varias oportunidades en el filme y esto no es nada comparable a la cantidad total de muertos en el país, de gente que pierde en especial a su hijos pequeños, niños inocentes de todo conflicto, porque en Siria hay una guerra civil, con insurgentes que luchan contra el gobierno de Bashar al-Ásad que envía aviones a bombardear las ciudades ocupadas por el bando contrario, y caen muchos civiles muertos ante el ataque indiscriminado.

El documental de Feras Fayyad, ganador del máximo premio en el festival de Sundance 2017, no nos habla de las razones del conflicto, tampoco de porque el gobierno ataca Aleppo, sólo se señala odio hacia el presidente Bashar al-Ásad por sus acciones. El documental más que en bandos se enfoca en la parte humanitaria, en la destrucción de la ciudad, en los continuos e implacables ataque aéreos, de aviones rusos también, y en las muertes, en esa dureza que ocasiona desenterrar cadáveres cada poco tiempo tras un bombardeo, los que vemos de forma privilegiada desde que pasa el avión, deja caer las bombas y se ilumina la ciudad y se eleva el fuego, va quedando en ruinas.

Este documental es respetuoso de lo que muestra, es un documental muy serio, aunque de explicación elemental, se trata de la muerte de gente común, de niños y bebés, que vemos en toda explicites y crudeza, cuando son sacados sin vida de los edificios derribados. El documental es de una gran factura, estética, con una narrativa solvente y por su composición, no es un simple documental, tipo los reportajes televisivos periodísticos nacionales. Éste documental va directo al punto, pero está muy bien elaborado.

Se siente un poco como propaganda, cuando vemos arengas contra el presidente actual sirio, pero tiene una empatía humanitaria que está por encima de todo, esos niños muertos realmente duelen, es difícil ser indiferente. También resulta lógico por lo que vemos que sientan odio hacia Bashar al-Ásad por los ataques aéreos, sea la razón que tenga.

Last men in Aleppo (2017) sigue a los cascos blancos sirios, rescatistas voluntarios que buscan sobrevivientes tras los bombardeos, en particular a 2 cascos blancos. Uno es un jovencito soltero llamado Mahmoud, pero se enfoca más en Khaled Umar Harah, que siempre está positivo a pesar de todo, ama Aleppo y no quiere dejar la ciudad, por más que su esposa se lo pide y tiene hijos pequeños. Khaled es joven y una pizca de travieso, como cuando se pone a jugar futbol y un compañero le destruye la pelota. Los cascos blancos también son punto de los ataques aéreos, por ello el asunto y el voluntariado es serio.

Seguimos en toda la película el andar diario de ambos rescatistas. Mahmoud va a un matrimonio y nos dice como la gente sigue hacia adelante como sea mientras las muertes siguen acaeciendo. Todo esto le parece increíble, extraño, un mundo contradictorio, pero así es la humanidad. El presente documental te pone la piel como gallina hasta el último minuto.