domingo, 7 de mayo de 2017

La cura siniestra (A Cure for Wellness)

Una película potente, pero imperfecta, por algo imprecisa y que genera dudas de unidad, no siempre la ambigüedad juega a favor de una película, pudo tener una explicación más sencilla y quedaba mejor, y no por eso uno no agradece tantas vueltas y novedades, porque este es un filme que salta de una sorpresa a otra que va mutando el centro del asunto hacia lo siniestro. La trama nos ubica en un lugar de descanso y sanación de millonarios hombres de negocios que yacen enfermos por consumirse en sus labores de ambición y éxito. Están en un spa en los Alpes Suizos, como en Youth (2015), donde cae Lockhart (Dane DeHaan) que tiene la misión de ir a traer a un director ejecutivo importante de su empresa, pero terminará internado.

El filme es uno de esos de paranoia y conspiración aunque manejado de manera tenue por la firmeza del protagonista. El lugar algo oculta –y es lo que nos intrigará en gran parte- en su panorama idílico donde los viejos ricos descansan y matan el tiempo. El que maneja el centro de bienestar es el doctor Heinreich Volmer (Jason Isaacs) que detrás de su amabilidad parece ocultar otra enfermera Ratched que no permite que nadie salga del lugar. En esto recuerda a One Flew Over the Cuckoo's Nest (1975). El filme es intenso, y muy misterioso, al estilo revelador de Shutter Island (2010). El siempre curioso director Gore Verbinski y el guionista y creador de la historia Justin Haythe (el guionista de la genial Revolutionary Road, 2008) realizan una película algo lejos de las convenciones de Hollywood, plantean algo de sordidez, y un poco de atrevimiento. El filme tiene mucho de amable, con su pizca de rebelde.

Todas las pesquisas las lleva acabo Lockhart que nunca descansa a pesar de que tiene una pierna enyesada, lo que hace más arduo su huida y la sensación de indefensión, moviéndose por pasadizos lúgubres como los de una morgue, y además se suele topar con anguilas que desde el inicio nos abren la idea de algo secreto, en la reja de entrada hay dos anguilas cruzadas, y Lockhart tiene el sueño recurrente de que estas tratan de asfixiarlo. El filme pareciera que pretendiera criticar el capitalismo, pero en el trayecto pasa a ser algo funcional y muy secundario. También parece dar a entender su deseo de ir contra las grandes ambiciones o, quizá, las películas de fórmula, defendiendo la libertad individual.

A cure for wellness es interesante, pero se hace larga –dura dos horas y media- y se enreda un poco. No obstante prestando atención todo encaja. La película tiene una historia gótica también, con sus viejos castillos y sus secretos legendarios y oscuros, o con sus muertes de épocas de abuso de poder, lo que se mezcla con la modernidad, esos jóvenes pandilleros del pueblo. Otra forma de la propuesta es la de lo psicológico, misma la bailarina que fabrica la madre del protagonista, y vemos imitándola, sin que lo sepa, a la chica rara del hospital o centro de bienestar, Hannah (Mia Goth).  

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