jueves, 4 de mayo de 2017

Hambre de poder (The Founder)

The founder, de John Lee Hancock, cuenta como Ray Kroc (Michael Keaton) convirtió un pequeño pero bastante innovador y exitoso restaurante de hamburguesas en una gigantesca cadena internacional de comida rápida que todos conocemos. Tomo todas las ideas novedosas en cuanto a lo interno (velocidad de entrega, utensilios desechables, compra a pie por ventanilla, un método estricto de preparación) y la honesta imagen del buen americano de los hermanos Dick (Nick Offerman) y Mac McDonald (John Carroll Lynch) e hizo un imperio para sí.

Kroc hasta los 50 años de edad y poco más era prácticamente un perdedor, pero quien nunca dejó de intentar a pesar de los fracasos estrepitosos, y se convirtió casi de la nada –por su facilidad de palabra, ambición visionaria y constante sentido de la oportunidad- en el director de las franquicias de McDonald's, más tarde el dueño absoluto. El filme nos habla de traición, pero denota también un contraste con los fundadores originales, que idealistas, pero también cortos de mira, estaban lejos de los anhelos de Kroc y el sentido del negocio a prueba de todo. El dinero y el éxito cada vez más grande estaban en los ojos de Kroc, frente a una cierta humildad, decencia y conformismo de los McDonald. Desde luego es una historia que hace ver a Kroc como un ser insensible, duro, aprovechado y bastante materialista, pero también muestra a un tipo que con probada -y proclamada- perseverancia llegó a la cúspide.

La ética juega un gran papel en la historia, y choca con el realismo y la brutalidad de este hombre capaz de todo, al que llegamos a oír en la verdadera voz como le faltan escrúpulos, pero también cuan brillante, consciente y decidido estaba. Difícil admirar a un tipo así, pero ahí está la complejidad humana. El tipo hace del sueño americano un camino más vulgar, pero aun así se mantiene presente en él. Tampoco esconde su naturaleza, la defiende y es lo que le hace quien es y qué lo llevó hasta donde llegó, aunque solo le importaba él, viendo que se habla de valentía para decidirse, quitarle el poder a los McDonald o cambiar de mujer. Sin embargo podemos ver que ayudó a otros parecidos a él, gente capaz, necesitada de éxito y darle una buena vida a su familia, pero hundidos en la derrota y frustración, y le retribuyeron, le dieron más éxito.

No queremos creer al mundo así, pero la película es como un golpe duro de realidad, de capitalismo puro y duro, el resto diría seguramente Kroc son sólo idioteces. Se dice como lema de que el talento y la virtud infinidad de veces se quedan en la derrota, pero la perseverancia, la motivación y la fijación absoluta, mediando la habilidad y astucia impía para los negocios, rendirá frutos. Kroc hasta le roba el alma a los buenos de los McDonald, el sentido americano y familiar de su restaurante. Ni la autenticidad se salva de las manos de la ambición, y se sale con la suya. Kroc es consciente de todo, de ello que nunca cambiara el nombre original, y eso lo hace una persona más terrible, pero brillante. Triste, pero cierto. El filme siempre es interesante y emocionante, nunca baja la guardia, y Michael Keaton, en una de las mejores actuaciones de su carrera, Nick Offerman y John Carroll Lynch están excelentes.

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