lunes, 29 de diciembre de 2014

The Lego Movie

Recién he podido ver éste filme, de Phil Lord y Christopher Miller, y ha sido toda una sorpresa de tanto gusto que me ha dado. Para ser franco, esperaba que sea otro de esos cantados fallidos entusiasmos de siempre, de aquellos que no comparto por ser como lucha el filme desde adentro, más de lo mismo; notando que la presente nos involucra, nos dice, que quiere ser parte del engranaje digamos hollywoodense, más no como industria cuadriculada o estática (inteligente la idea del pegamento haciendo ver en otro estándar al del juego y la aventura un llamado de atención, inclusión y mensaje), sino en el buen sentido de la palabra (como parte del entretenimiento bueno, original, irreverente y atrevido a un punto, tanto como masivo y amable, para todo el mundo, siendo diferente y novedoso, aunque respetando los parámetros narrativos del cine comercial), y lo es, o como se plasma y defiende, que lo permitan y uno se lo gane.

Como la mayoría en su estreno esperaba muy poco de ella, pero es una película no solo muy bien hecha, tanto como entretenida –visualmente cautivante, aun adhiriéndose a articular éstos juguetes en sus características-, también llena de mensajes muy positivos para la existencia común y para el mismo séptimo arte. En donde cada parte encaja perfectamente, lo que suele generar un entusiasmo justificado, de cara a la audacia y genialidad en conjugar varios niveles de lectura, de lo que todo pervive con suma elocuencia y hasta sabiduría popular, esa a la que se enfrenta y trata de renovar de forma simpática, relajada, incluyendo a lo sanamente cómico.

El filme nos habla de una continua “renovación”, es decir, de una apertura que rompa (ciertos) moldes, no trabaje tanto como un manual, o en lo noble o ideal no se trate solo de mercantilismo o negocios, como la representación del “villano” -Lord Business, voz de Will Ferrell- al que se trata de humanizar; con lo que al llamado hombre de arriba, padre, jefe, empresario, se le consigue hacer ver el beneficio en darle una oportunidad o espacio a un niño, al hijo, y a lo que significa, al nuevo, a la continuidad, al complemento, y al juego/sentido que permite aparecer a la novedad, a la alegría/éxito compartido y a la inventiva. Hasta el equilibrio que invoca la broma con la llegada de la hermana y la ñoñez, como bien lo escenifica por su lado el personaje de Unikitty en su felicidad impoluta y forzada, molesta. En pocas palabras, una convergencia de la autoría con lo mayoritario, permitiendo sobre todo al pequeño –la metáfora principal- o al hombre de a pie –liderados por Emmet Brickowoski, en la voz de Chris Pratt- ser el tipo especial, el héroe, el salvador, apreciando la libertad creativa y la imaginación del que viene después (véase el llamado a lo “tonto”, lo distinto, lo original y lo personal que se hace directamente), en creer en que todos podemos ser la opción central como el icónico, cool, ganador y simbólico Batman (habiendo una idea irónica como descargo, en linterna verde, el superhéroe arribista).

Otro punto interesante es el llamado al hombre común a salir del letargo, apreciar y ser más capaces con nuestra libertad, (intentar) ser excepcionales (un sentir muy contemporáneo, sumamente optimista), o mejor, poder sentirse como tal y alcanzar metas personales; como con la crítica ligera a comprar el café caro (representación del materialismo y consumismo absurdo), al ente domesticado visto a través de la música pop (la falta de adrenalina, riesgo e intensidad en cada vida; si bien la película destaca lo familiar, pero permitiendo la broma como con la obligación y seriedad que le exige Wyldstyle a Batman como pareja), a la dependencia de un trabajo metódico que nos vuelve monótonos y austeros (implica innovación en lo nuestro, más que patear el tablero; vencer la frustración contra todo pronóstico, acotando que no es ninguna opción), peleando contra una sobredosis de orden, en un despertar que utiliza sólo de partida a una mezcla de Total recall (1990) y Matrix (1999) pero sin demasiada paranoia, que nos dice que al encajar tan bien en el sistema –visto desde abajo- nos volvemos invisibles, desprovistos de personalidad y de verdaderos anhelos y búsquedas propias, y eso hay que cambiar para brillar en verdad; como en el universo real del niño -y el desdoble mental- con el lego (el más dotado maestro constructor), ser parte de, tener sueños, conciencia, explotarnos y participar realmente del mundo que nos involucra, como si estuviéramos metidos (y administrando) en el mejor de los juegos.

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