viernes, 21 de marzo de 2014

El desconocido del lago

No vamos a entrar en rodeos, las películas de temática y predominancia homosexual no son fáciles de ver para un heterosexual común, siempre implican un esfuerzo de tolerancia, en distinta medida, dependiendo de cada espectador (y mucho desde esta parte del hemisferio), pero quien quiere hacer crítica no puede obviarlas, sobre todo siendo común ver esta temática inmersa en el cine independiente, por lo que el cine arte siempre suele tenerle presente, más viendo que es algo minoritario, y tendemos a creer que esto es parte de lo más trascendental, sin embargo para quien escribe es un hecho que pocas películas de esta tendencia suelen ser realmente valiosas, a diferencia de lo que muchos creen y quieren creer.

Por lo antes dicho, se hace aún más difícil de visionar la propuesta presente, al ser bastante explícita en lo sexual, bajo un contexto en plenas vacaciones de verano de una paradisíaca playa gay nudista, a orillas de una zona boscosa que clama ser totalmente liberal, y que llega al libertinaje, solo que dentro de un orden, donde los hombres van desnudos enseñando de forma directa sus partes genitales, constantemente, para así generar un especie de mercado de oferta y demanda donde gratis se ofrecen para el agrado físico mutuo e ir a copular entre las plantas. Porque llegaremos a presenciar la ambientación de las aventuras sexuales casuales, el coito, el sexo oral y la masturbación de mano ajena hasta el clímax, bajo pelos y señales (sobre todo de estos dos últimos, en que llega a implicar lo pornográfico, lo innecesario), que para el director francés Alain Guiraudie es parte importante de lo que quiere retratar.

No permite concesiones que puedan generar mayor recepción, su decisión es férrea y se hace de un compromiso de entrega, transparente y total, hacia su público objetivo, que debe tenerlo si se ve lo que hace, y no como articula la revista francesa Cahiers du Cinéma que la cataloga como dentro de una lista de las 10 mejores del 2013. Con la auscultación de comparar el ambiente sutilmente con el amor, criticando el desenfreno y el apasionamiento superficial de los homosexuales, su tendencia a ello. Y es que este filme va dirigido demasiado a esta comunidad, y no como muchos querrán adjudicarle, de que va hacia lo universal, no obstante que tiene algo no se puede negar, desde luego, aunque más como segundo plano, porque su adjudicación es el de un mundo, eso sí, concebido con mucha solvencia y autenticidad. 

No solo por ser contundentemente realista regodeándose en todo ello como quien no puede dejar de ver -y verse- en dichas características. Yo creo que es demasiado, va más allá de la atribución de ambición de veracidad, y no parece que ese haya sido el móvil. Es retratar lo que te gusta, gustará a un sector determinado y le es natural al autor, y por más paradójico que suene, implica menos arte y alcance, aunque más emotividad seguramente en quienes se sientan reflejados. El filme es harto exhibicionista, pone incentivos claros y continuos a cierto hedonismo, porque incluso lo que retrata es propio de su idiosincrasia, de seguir la perspectiva de dar mayor predominio a lo carnal, a lo pasajero, hablando dentro de estados de madurez y aceptación cabal de un rasgo de adaptación evolutiva, pero haciendo la salvedad de que pretende sopesar otra alternativa, lo sentimental (aunque escogiendo finalmente ir hacia las tinieblas y el abismo o, en lo literal, hacia la muerte, donde la pasión domina el escenario y a eso se adscribe), el amor puro digamos, en el trato, en la afinidad, en la personalidad, en el diálogo y en la empatía, en el gordito que no se saca nunca el pantalón corto, el que yace solo cada tarde, como que no genera entusiasmo, solamente conmiseración y afabilidad, y por una parte su representación luce irónica –como basta ver al voyeur que se masturba a la vista de la promiscuidad reinante- o es que los sucesos lo indican de esa manera con tanta muerte y proclividad hacia ella (¿es una treta de Henri señalarle la culpabilidad a Michel, una connotación sexual hacía sí?, quizá, pudiendo ser la acción contra él una negativa), de lo que se deduce que Guiraudie no anhela ningún mensaje profundo, o no se lo toma tan en serio, y es que en general su historia es un tanto endeble, aunque con posibles lecturas, que bascula entre cierto lugar común –lo cual tampoco es una tragedia- y en el afianzamiento muchas veces gratuito o redundante.

Como con su anterior filme,  Le roi de l'évasion (2009), aunque este era más abierto en su anhelo de risa, si bien comparten -en ese aspecto- sutilidad, solo que yace inclinada a pertenecer a la comedia, pero sin llegar a ser tampoco bastante directa (o es que yo no me rio así nomás ni encuentro la broma con facilidad), si bien tiene mucho de descocada con este Armand Lacourtade (Ludovic Berthillot) que cae en una crisis de pasados los 40s cuando se ve soltero viviendo con su madre, y decide enamorarse de una mujer siendo un homosexual declarado y activo (aprovechando una raíz “mágica” que permite la excitación sin importar con quien uno esté), de una chica de 16 años, Curly (Hafsia Herzi), y tirar a escaparse con ella de la policía y los padres de esta, como quien no quiere afrontar una realidad, una elección y una idiosincrasia, como indica el título traducido, en El rey de la evasión. Mientras El desconocido del lago parece tener cierta discreta ironía soterrada. Ya que Guiraudie tiene un sentido del humor bastante fino, hay que admitir, y a su vez dentro de toda crítica en contra, audacia e inteligencia en su quehacer cinematográfico. Aun siendo la actual, L'inconnu du lac en el original, no una obra de envergadura dentro del arte del cine, que tampoco mala, no obstante es bastante seguro que termine convirtiéndose en un clásico gay. Gratitud por semejante convicción no le va a faltar.

El filme es sumamente simple, tanto que su trama “arranca” a partir de los cincuenta minutos de metraje más o menos, sin embargo hay que decir que economiza muy bien sus elementos y los proyecta con cierta novedad aunque llana (en especial con la participación del inspector de policía, y el desenlace de la película, que además resultan muy lógicos al uso). Trata sobre como un joven gay, Franck (Pierre Deladonchamps) pierde la cabeza por otro similar sin siquiera conocerlo, por Michel (Christophe Paou) que esconde –y no tanto- algo turbio, oscuro (los motivos son bastante flojos, y ni el título, el desconocido del lago, ayuda), siendo alguien voluble, frío, temperamental y peligroso. En medio, diálogos con Henri (Patrick d'Assumçao), los que son buenos siendo cotidianos, parte virtuosa del conjunto, como las reflexiones e interrogantes que suelta el inspector Damroder (Jérôme Chappatte). Dejando precisado que como se ve todo resulta muy amable de comprender y por ende de llegar a entretenernos, ostentando su buena fotografía como la del lago iluminado por el sol ante la vista del protagonista recogido expectante en la arena, como por algunos ratos de buen suspenso en el agua o en la oscuridad de lo impredecible de éste thriller tardío, salvo por la gran dificultad de digerir su explicites y la excesiva rotundidad de su contexto, que es chocante de soportar en buena parte, ¡qué le vamos a hacer!, no es uno tan avant-garde a fin de cuentas, que te da por estar varias veces a tiro de lanzar la toalla, y no la hace recomendable para cualquiera, como tampoco creo que el “sufrimiento” pague demasiado el precio. Pero esa es su gracia.

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