miércoles, 28 de octubre de 2020

Ficción Privada

 


Ficción privada (2019), del argentino Andrés Di Tella, es un documental algo curioso. De verdad que hacer documental hoy en día tiene encanto. El documental en general haciendo uso del cine arte y la libertad de autor plasma originalidad, ya no es documentar y exhibir simplemente una historia real, ser muy formal, ahora hasta brilla la extravagancia, el asunto ciertamente se ha vuelto más divertido, más cinematográfico, más artístico, y se puede mantener la esencia de la verdad. Como dice el título se hace uso de un poco de ficción, mientras se indaga en los padres de Di Tella como pareja, como matrimonio. Ésta propuesta no es un filme político en realidad, como uno pudiera pensar al ser la pareja de ideología de izquierda, es más una historia íntima la que se nos cuenta. Aunque la madre de Di Tella era de color, de la India, viviendo en Argentina e Inglaterra en especial, por donde andaban más, y la hacían sentir diferente por su color de piel, el filme no profundiza mucho sobre ello. La película hace ver que Kamala, la madre, no se sentía feliz en éstas ciudades, por la discriminación que padecía, que le traía soledad, pero se habla de ésta discriminación como en segundo plano; en primer lugar se hace ver que Torcuato, el padre de Di Tella, era el culpable de la tristeza que sentía Kamala, a razón de medio abandonar a su esposa por sus viajes de trabajo, dejarla expuesta. La discriminación no se siente brutal, se siente sutil, aunque se dice que la sentía directamente, que la gente se les quedaba mirando, que las parejas interraciales no las veían bien en éstas sociedades. Se leen cartas que le había entregado el padre de Di Tella a él -dirigidas a Kamala y viceversa- y que escuchamos en el filme de distintas maneras, aquí hay su originalidad. En una de las cartas Kamala pregunta si Torcuato había sentido lo que ella sentía en Argentina con su gente, que la veían como rara a su sociedad, que la buscaban marginar. La pregunta queda en el aire, esto implica que Torcuato no se portó a la altura del todo con su esposa, aun queriéndola y agradeciéndole quien fue él -en qué se convirtió como persona- al estar con ella, que esto último sí llega a decirlo. El filme pone a dos actores de la misma edad que los padres del director a interactuar como los actores mismos son, como pareja, como si esto fuera verdad o quizá lo sea, también conversan, interpretan, se identifican y leen sobre los padres del director. Estos actores implican cierta ficción, generan una dinámica y personalidad con el producto, con el tema de cómo fue la relación de la pareja Di Tella. Ficción y documental entonces dialogan. Hay un elemento físico y emocional nuevo interactuando con los muertos, novedoso si se quiere y externo que juega con el pasado -desde distintos planos-, con los hechos verídicos. Todo esto va de la mano del director -el demiurgo tras bambalinas- que incluso lo vemos dando indicaciones a los actores, no tan invisible, que hasta aparece en la apertura dejando una introducción. Aunque se quiere plasmar que la participación de los actores tiene de verdadera, de personal, como a su vez su parte de espontaneidad, también se nota claramente que hay una manipulación de elementos de ficción en lo que ellos muestran de sí. El director deja dicho que su película maneja su cuota de mentiras. Torcuato también le dejó a su hijo muchas fotografías de su viajes, como Andrés no sabe la historia de cada una de ellas -le son anónimas de cierta manera- hace ver como que puede inventarles un background, nuevamente entra a tallar la ficción, la fantasía, la imaginación, la libertad, la felicidad y el divertimento de la creación, el quehacer del documental de hoy en día, del documental de autor.