El turco Gürcan Keltek hace un documental muy artístico, muy propio de cine arte, enfocándose en las regiones kurdas de Anatolia del este, donde el gobierno turco desplegó una operación militar contra guerrilleros kurdos. El filme tiene muchas expresiones narrativas, es un collage, una composición de varios elementos, reúne y re-estructura en base a vídeos de pobladores anónimos, sobre el conflicto contra los kurdos, es una película found footage. También compone nuevas historias, no sólo se basa en material de archivo.
Utiliza a la actriz y escritora Ebru Ojen Sahin en diferentes maneras, recurre a su voz en off, también a su imagen y expresión facial, emotiva y sintomática; a su reflexión, a la lectura social y política; a su poesía. Ebru camina por los escombros y la destrucción, señala el miedo de muchos kurdos a poder llevar una vida normal tras la vista de tanques y disparos a la vuelta de la esquina, ante la amenaza de desaparecer barrios enteros, ciudadanos, y desplazarlos.
El filme es la memoria de hechos que no se han documentado, ya que se ha manifestado que el gobierno no permitió documentar periodísticamente gran parte del conflicto, y en ese lugar entra a tallar el documental de Keltek como preservación e historia. Hay breves entrevistas a niños y a mujeres mayores, se oye en ellos una voz general de pacifismo y humanidad, los niños señalan la amenaza y destrucción, sin entenderla del todo, manteniendo por su naturaleza infantil y relajada la alegría natural.
En el inicio vemos la panorámica de cabras salvajes de la montaña, yacen libres, imponentes, pero de pronto un disparo mata a una y huyen todas, se rompe la tranquilidad, la belleza, se da una fricción, esto remite a la naturaleza del ser humano, la violencia, la destrucción. Por el final volveremos a ver a las cabras salvajes, ésta vez peleando entre sí, nuevamente es la visión de la naturaleza humana, que señala la lucha entre los hombres.
Los kurdos también tienen carácter, bravura, se reúnen alrededor del fuego, se oyen disparos y cánticos, les acompañan mujeres hermosas y rurales. A su vez vemos disturbios en el campo y en las calles, pelean por lo que creen, por lo que llaman sus derechos, aunque el filme no especifica demasiado, señala la agresión del gobierno y no todo es miedo, también hay espíritu de combate, como cuando rompen los límites que les quiere imponer el estado.
El documental yace en blanco y negro. De un momento a otro en la zona ocurre un eclipse, una lluvia de meteoros, se podría pensar que es algo místico, los dioses tratan de que los seres humanos sean fraternos, se calmen y no se maten entre sí. Vemos arqueología y restos de la trascendencia espiritual, que tiene mucho de pagana, como que las cabras también pueden significar deidades. Éste filme quiere ser a todas luces una expresión artística, un vehículo de arte, de lírica, no sólo de denuncia, documentación histórica y humanidad.
lunes, 26 de febrero de 2018
Last men in Aleppo
Éste documental es impactante y devastador, es terrible ver
como sacan bajo los escombros bebés muertos, inertes, llenos de polvo, marcas
de impacto, algo de sangre, fríos; la sensibilidad que te toca es alta, como
humanidad esto no debería suceder, y lo peor que se repite en varias
oportunidades en el filme y esto no es nada comparable a la cantidad total de
muertos en el país, de gente que pierde en especial a su hijos pequeños, niños
inocentes de todo conflicto, porque en Siria hay una guerra civil, con
insurgentes que luchan contra el gobierno de Bashar al-Ásad que envía aviones a
bombardear las ciudades ocupadas por el bando contrario, y caen muchos civiles
muertos ante el ataque indiscriminado.
El documental de Feras Fayyad, ganador del máximo premio en
el festival de Sundance 2017, no nos habla de las razones del conflicto,
tampoco de porque el gobierno ataca Aleppo, sólo se señala odio hacia el
presidente Bashar al-Ásad por sus acciones. El documental más que en bandos se
enfoca en la parte humanitaria, en la destrucción de la ciudad, en los continuos
e implacables ataque aéreos, de aviones rusos también, y en las muertes, en esa
dureza que ocasiona desenterrar cadáveres cada poco tiempo tras un bombardeo,
los que vemos de forma privilegiada desde que pasa el avión, deja caer las
bombas y se ilumina la ciudad y se eleva el fuego, va quedando en ruinas.
Este documental es respetuoso de lo que muestra, es un
documental muy serio, aunque de explicación elemental, se trata de la muerte de
gente común, de niños y bebés, que vemos en toda explicites y crudeza, cuando
son sacados sin vida de los edificios derribados. El documental es de una gran
factura, estética, con una narrativa solvente y por su composición, no es un
simple documental, tipo los reportajes televisivos periodísticos nacionales. Éste
documental va directo al punto, pero está muy bien elaborado.
Se siente un poco como propaganda, cuando vemos arengas
contra el presidente actual sirio, pero tiene una empatía humanitaria que está
por encima de todo, esos niños muertos realmente duelen, es difícil ser
indiferente. También resulta lógico por lo que vemos que sientan odio hacia
Bashar al-Ásad por los ataques aéreos, sea la razón que tenga.
Last men in Aleppo (2017) sigue a los cascos blancos sirios,
rescatistas voluntarios que buscan sobrevivientes tras los bombardeos, en
particular a 2 cascos blancos. Uno es un jovencito soltero llamado Mahmoud,
pero se enfoca más en Khaled Umar Harah, que siempre está positivo a pesar de
todo, ama Aleppo y no quiere dejar la ciudad, por más que su esposa se lo pide
y tiene hijos pequeños. Khaled es joven y una pizca de travieso, como cuando se
pone a jugar futbol y un compañero le destruye la pelota. Los cascos blancos
también son punto de los ataques aéreos, por ello el asunto y el voluntariado
es serio.
Seguimos en toda la película el andar diario de ambos
rescatistas. Mahmoud va a un matrimonio y nos dice como la gente sigue hacia
adelante como sea mientras las muertes siguen acaeciendo. Todo esto le parece
increíble, extraño, un mundo contradictorio, pero así es la humanidad. El
presente documental te pone la piel como gallina hasta el último minuto.
domingo, 25 de febrero de 2018
El hilo fantasma (Phantom Thread)
La última película de Paul Thomas Anderson es una historia
de amor, de cómo enamorar continuamente y retener al hombre amado. Para el caso
éste hombre es un renombrado modisto inglés de finos y exclusivos vestidos,
llamado Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis). Woodcock es un hombre voluble,
que cambia de estados de ánimo como dentro de una rutina extrema, como si
tuviera una enfermedad, pasa del estado más fuerte, omnipotente y seguro de sí
a la debilidad, el cansancio y la depresión. De la misma forma se enamora, se
entusiasma por una mujer, de cualquier condición social, y luego se agota de
ella, ya no la quiere cerca y vuelve a su ostracismo e indiferencia. La mujer
es entonces despachada de su casa. No obstante Alma (Vicky Krieps) no será como
las demás.
Alma es una simple camarera, pero también una mujer
especial, muy inteligente, aunque ella finalmente diga que lo que hace para
retener al hombre amado no sea nada misterioso ni demasiado complejo. Alma se
dará cuenta del comportamiento de Woodcock, que aparte de vivir y respirar cada
minuto la costura tiene la figura materna muy marcada en la cabeza, y tendrá
estos cambios de ánimo producto de sentirse desprotegido, amenazado por el
mundo, aunque sea más producto de su conciencia.
Woodcock tiene toda una filosofía de vida detrás, dice que las
expectativas y suposiciones de los otros lo hacen tener que mostrarse siempre
fuerte, duro, para defenderse de estos. Es así que éste hombre pretende crearse
una caparazón, una eterna soledad y autosuficiencia, pero que en realidad no quiere
una ni tiene la otra, salvo en sus confecciones de ropa.
Puede creerse que el filme trata de ropa, de moda, de
vestidos hermosos y de la fascinación por la alta costura, pero esto más bien es
el contexto, el filme habla de amor, de la estrategia de Alma para que no la
desechen como a todas. Inicialmente pareciera que no hubiera tal estrategia,
sino fuera un arrebato suyo, un estado de locura, un final fatal y pasional. Pero
Paul Thomas Anderson, guionista único además de la película, es demasiado
inteligente para hacer un filme convencional, un filme sin originalidad e
interés particular, sin tampoco por ello alejarse del espectador. Thomas
Anderson por tanto dibuja un poco freak a su protagonista, quien guarda
mechones de cabello de su madre ocultos en el forro de su ropa, su pasión da
espacio a los secretos, que mantiene cerca suyo y busca como temple, y es que
la costura y la ropa son su razón de ser, el oficio que aprendió de la madre
idolatrada.
Lesley Manville está genial, es una mujer fuerte, más no una
caricatura, tiene complejidad, escapa del estereotipo, es una mujer solitaria,
pero no una amargada –como en un inicio uno puede creer- aunque tiene carácter.
Da la impresión de que fuera a ser la madrastra malvada del cuento, pero el
filme salta para bien ésta presunción.
Sobresale el momento cuando le quitan el vestido a la mujer
frívola, conflictiva y alcohólica, parece un mensaje naif, pero desnuda también
de cuerpo entero la pasión por la costura, la complicidad con Alma –que yace
desde el principio, igualmente a cuando oye de sus secretos en la ropa- y es
mejor lo que trasmite que apelar al realismo.
El filme es por un lado el mundo de la costura de un Londres
clásico, en los 50s, y sobre todo la vida cotidiana y la lucha de la relación de
Alma, que como toda relación tiene altas y bajas, peleas, pero aquí remite a lo
extremo. Hay momentos donde uno pudiera creer que todo puede degenerar en algo
como Luna de hiel (1992), pero igualmente Paul Thomas Anderson es demasiado
fino para esto. El filme prefiere ser sutil, detallista, amable. Pronto surge
un método y una lógica salida de la mente de Alma que en un inicio parecía un despropósito,
un acto violento de desesperación. Este método no origina excitación o
exaltación, sino paradójicamente ternura y docilidad, genera un estado de
debilidad que se cura con los cuidados de una esposa que es como una madre
reconfortando a su pequeño.
El método implica el acto de comer, que en Phantom Thread está
muy presente y trabajado, como cuando Woodcock sospecha finalmente de ella, y la
mira con atrevimiento mientras come lo que ella diligentemente le ha preparado,
entregándose a un supuesto suicidio o, mejor dicho, a la dominación femenina.
Él llega a decir –calmado- tengo hambre en más de una oportunidad, ésta hambre
es simbólica y se asocia al amor (lo dice incluso en su primer encuentro y
remite de forma suave, dulce e indirecta a la belleza, atractivo y seducción que
ve complacido en ella), es como un pedido de llenar nuestro interior de amor,
como si fuera uno un auto y el corazón un tanque de gasolina, también es la
solución contra el mundo al que se teme y se desconfía, y la solución contra
nuestra disfuncionalidad. Puede resultar algo banal como es Woodcock, pero el
filme es un llamado a mantener la llama encendida.
miércoles, 21 de febrero de 2018
Lady Bird
Saoirse Ronan interpreta a una joven rumbo a los 18 años,
que pasa por todos los estados juveniles previos a la (supuesta) madurez. Se
hace llamar con desparpajo lady bird, es una chica un poco extravagante,
especial, tiene personalidad. Pero también sus vivencias son de lo más comunes, muchas de éstas son lugares comunes, se parece a tantas chicas de su edad. La directora Greta
Gerwig ha hecho un canto de feminidad, de juventud, con su Lady bird, que tiene
su encanto y nunca es ridícula, por más que hace muchas cosas locas propias de
sus 17.
Sus problemas se adscriben a Sacramento, cree que es una ciudad
aburrida, que no le permite desarrollarse en la cultura y el arte. Lady bird es
una chica común, pero con ambiciones artísticas, es un claro álter ego de Greta
Gerwig, su recuerdo de la edad. Lady bird también pelea mucho con su madre (una
genial Laurie Metcalf), su madre es exigente y fastidiosa, está siempre sobre
ella, quiere hacerla una chica correcta, además como no tienen una vida
holgada, no faltan las recriminaciones económicas.
La madre de lady bird es como millones, pero en el fondo,
desde luego, ama a su hija, pero prefiere andar corrigiéndola, o sea fastidiándola.
Lady bird tiene una escena muy graciosa, ella yace peleando con su madre y
harta de escucharla se arroja del carro en movimiento, termina con un brazo
enyesado, y la madre aceptando llamarla como a ella le gusta, lady bird.
El filme pasa también por el amor, hay 2 muchachos en la
vida de lady bird. El primero (Lucas Hedges) es muy educado, un chico decente y
tranquilo, un chico muy católico, en pocas palabras, pero tampoco tonto. Éste terminará ofreciendo un momento algo forzado. El segundo es cool y snob (Timothée
Chalamet), en el fondo un solitario, un chico bonito que se siente por encima
del mundo, un poco como lady bird, pero más extremo y vanidoso, una mezcla del privilegio
y de la incomprensión.
Lady bird no es la chica más guapa del lugar, es más bien
una outsider de corazón, como su mejor amiga, Julie (Beanie Feldstein). Julie
es una outsider, pero no por decisión propia, aunque es una chica soñadora, romántica,
tierna, loca y muy divertida. Lady bird tiene un reparto sólido.
Notemos que a la chica más guapa del colegio (Odeya Rush), la
clásica antipática americana, se le descubre como una chica agradable, sencilla
y centrada, aunque con dinero y belleza. Greta Gerwig ha peleado por no crear
estereotipos, a pesar de que trabaja con la identificación del espectador; finalmente ha escapado del asunto creando o la vuelta de
tuerca, la desilusión, el profundizar en las personas o alguna pequeña
novedad.
Lady bird siempre se las arregla para jugar con lo que
conocemos, dándole un sentido personal. También se tiende a sobredimensionar a
lady bird, como en su genialidad y distinción y su total despreocupación de
cómo es, aunque es parte del encanto empático y la base que se quiere trasmitir,
pero a veces uno quisiera algo de duda y algo más de originalidad en ello. Ser
un outsider aquí es lo típico, algo bonito. Pero se entiende que lady bird no
pretende ningún gran problema ni perderse de ser algo amable e identificador.
Cuenta muchas cosas, y todo lo hace sin exagerar en el humor,
ni en detenerse por demasiado tiempo en los tantos momentos de crecimiento, en éste
resumen de vida hacia la madurez. La broma vuela, y no pretende el carnaval, prefiere
ser más contenida en ese sentido, no perder de vista su seriedad, su sentido de
trascendencia empática.
Llegamos hasta New York, la ciudad de la originalidad y la juerga,
porque lady bird ama lo particular, lo distintivo, lo cool, pero su simpatía
termina reduciéndose a lo básico, a lo tierno, termina sintiendo mucho amor por
sus raíces, esas que inicialmente desprecia y lo siente un pueblo chico, infierno grande; es decir, añora a su fastidiosa madre y a su aburrido Sacramento.
The Post
Ésta es una película sumamente limpia, clara, muy bien
explicada sobre un informe de análisis del propio gobierno americano sobre la
guerra de Vietnam, denominado los Papeles del Pentágono, que señalan que el
Departamento de Defensa sabía que era una guerra perdida y aun así seguían
mintiéndole al pueblo americano, además de tener otros intereses anexos no
oficiales desde los gobiernos de Harry S. Truman y Dwight D. Eisenhower que propiciaron
la intervención americana. Esto se filtra de propia mano de un analista del
Pentágono, Daniel Ellsberg, y llega a manos del periodismo, primero al The New
York Times y después al Washington Post. El Post estaba dirigido por el
legendario periodista Ben Bradlee y le pertenecía a Katharine Graham que también
era la editora. Se enfrentaban a comienzos de los 70s con el gobierno de Richard
Nixon.
El filme es una exhaustiva exposición del desarrollo de las
publicaciones y la reacción del gobierno de Nixon que quiso detener las
publicaciones y amenazó con llevar a la cárcel a Graham y a Bradlee por poner
en peligro la seguridad nacional. En el filme Katherine Graham, interpretada
por una talentosa Meryl Streep, tiene sus dudas de publicar estos papeles
porque era amiga cercana del secretario de defensa Robert McNamara que tuvo
mucha injerencia en la guerra de Vietnam y a quien le iba a caer gran parte
del peso de las críticas sobre éste informe. Pero Bradlee (Tom Hanks), por lo
que se ve en el filme, estaba muy decidido y era muy aguerrido e impávido y
trataba todo el tiempo de convencer a Graham de publicar.
Katharine Graham luchaba contra un espacio periodístico
machista y patriarcal, de hombres de negocios, donde las mujeres solían estar
relegadas o prácticamente no existían en las altas esferas del poder, pero
tenía carácter y mundo, y un compromiso con demostrar que podía llenar el lugar y sentirse orgullosa de su labor y entrega al pueblo americano. Graham
es una mujer de dinero, y reuniones sociales, que estuvo dedicada a su
matrimonio e hijos, pero el deber le llamó y en eso se enfoca mucho el filme de
Steven Spielberg. Graham tiene dudas y temores en su cargo, pero tiene mucha
voluntad y quiere dejar una marca.
En varias oportunidades vemos como la puesta en escena de
Spielberg pone a Graham algo achicopala, pequeña, frente a la predominancia
masculina, con ellos tratando de minimizarla o dominarla, haciéndole ver todo
el tiempo que el Washington Post era una empresa y dependía de inversiones,
banqueros y la bolsa, que se espantarían con éstas publicaciones. Graham
lentamente sale a la luz y va tomando mayor fuerza y convicción, porque tiene
ante todo un deber con el periodismo y la libertad de prensa, y el pueblo requiere
la verdad. Vemos como Spielberg la coloca más tarde en la gloria de los reflectores,
semejante a un ave fénix, ante un llamado de personalidad, brillando frente a
la mayoría masculina.
En una escena Meryl Streep atraviesa un lugar lleno de damas
esperando afuera de una entidad gubernamental (las mujeres dejadas en segundo
plano), e ingresa a un lugar de puros hombres y ella queda por encima de todos
(reubica a las mujeres bajo su representación), tal cual un conglomerado patriarcal que
no puede con ella, que no puede sojuzgarla. Es una pequeña revolución
feminista, donde una brillante mujer se impone, justificada por un deber mayor,
universal e idealista, luchar contra la mentira, y el poder que yace a espaldas
de la ciudadanía.
Katharine Graham es la protagonista de la película, es la
mujer que tiene que definir su destino y del periodismo americano, o vivir
pusilánimemente –frente a los amigos, el dinero y el poder- o brillar con
fiereza, pero con razón, ayudada por ese soldado y subalterno valiente que es Ben
Bradlee, quien también recapacita, no es un tipo cerrado o unidimensional, como
pudo quedar plasmado, teniendo momentos de reflexión y relajo; uno de ellos
llega por su esposa (Sarah Paulson), una ama de casa, que aunque está más
encargada de llevar y pasar la comida a los periodistas también es inteligente
y entiende la situación y puede influir en su marido; la otra lección llega a
razón de la amistad con John F. Kennedy y es pensar que el deber está por sobre
las relaciones, por sobre los amigos políticos, uno siempre tiene que decidir.
The Post (2017) es una clase maestra de periodismo, una
película que es muy entretenida, que no es difícil de seguir y entender, que se
explica maravillosamente, cuando pudo faltarle el dinamismo y ampararse en
mucha información, ser verborrea. Ésta se halla muy bien distribuida y
entregada, tiene ritmo, fuerza y amabilidad, es notable.
lunes, 19 de febrero de 2018
Dios y el Diablo en la Tierra del Sol, Tierra en Trance y Antonio Das Mortes
Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964)
Ésta es la obra más aclamada y famosa del brasileño Glauber
Rocha, la figura mayor del movimiento llamado cinema novo. Es la película más
narrativa, más clásica y más clara de su trilogía, también la más potente y
entretenida, cargada de folclore brasileño, historia nacional y mística popular.
Hay varias figuras claves y representativas en su trama, figuras que hablan
también de cine social y lucha de clases, pero que se adscriben a contar una
historia ficcionalizada con cierto background real, apoyada de una estética y
un estilo muy personal, no sólo por el típico blanco y negro.
En un lugar llamado el monte santo un hombre se autoproclama
santo y lo siguen fielmente, dan la vida por él, el pueblo le tiene fe a
detrimento de la religión oficial con la que yace separado y repudiado.
Sebastián (Lidio Silva) es éste santo de descendientes africanos. Un vaquero común,
pobre, llamado Manuel (Geraldo Del Rey), exige justicia, la que la ley oficial
le niega, porque es una ley que está al servicio de los terratenientes,
entonces va en busca de Sebastián, a quien cree la justicia. Sebastián es un
tipo extraño y a ratos cruel y violento. Éste maestro popular depara grandes
escenas, llenas de esa fiesta y locura típica de carnaval brasileño; como
cierta penitencia con una enorme piedra y después un doble crimen –ocasionado
por un simbólico pueblo- en busca de la destrucción de ésta fe marginal.
Todos los protagonistas de ésta película son ambiguos,
tienen crímenes en su haber o hacen cosas perversas, a veces obligados por las
circunstancias, pero finalmente todos son como llaman al vaquero Manuel, satanases.
Antonio Das Mortes (Mauricio do Valle) es un cazarrecompensas, un matador de cangaceiros.
Los cangaceiros son bandoleros de espíritu revolucionario identificados con el
pueblo, pero que le dan una mala imagen, son perseguidos por el ejército y el
gobierno, están en su última época (los 30s), luego los desaparecieron.
Antonio vive sintiéndose culpable por quién es y qué hace,
pero es el único sentido de su existencia, matar cangaceiros, pero su trabajo
lo obliga a trabajar para terratenientes y enfrentar al pueblo, que convive con
estos bandoleros y santos ambiguos, pero es un pueblo a los que se les ilustra
indefensos, constantemente maltratados, sojuzgados, hambrientos, pacifistas. Antonio
es un antihéroe, y tiene su mítica de cowboy, en un mundo perdido. Este mundo
es el sertón, tierra casi desértica.
Corisco (Othon Bastos), es el cangaceiro de la historia, el número
uno tras el más famoso cangaceiro de todos, Virgulino (alias Lampiao), de quien
sólo se habla, pero se le menciona bastante, también se canta sobre su nombre y
leyenda. Se oye por la voz admirativa de Corisco y el afán asesino de Antonio Das Mortes. Corisco es un extremista, un salvaje, un hombre que vive de la
violencia. Es un tipo mujeriego y ladrón, pero también es un tipo con folclore
y mítica; representa a los grandes bandoleros históricos. Tendrá que enfrentar
a Antonio Das Mortes, dejando ver que tiene el filme un romance con ambos, lo
cual se hace muy interesante, en una propuesta que ensalza en toda épica a sus
protagonistas.
Es importante también la banda sonora, original y representativa
de la película y que ayuda a contar la historia sin fastidiar, sin exagerar su
presencia, sin asumirse una carencia visual
o una sustitución, aunque es notorio que el filme no recurre a un gran
presupuesto. Genera mayor presencia en los protagonistas y en como contar la
historia. Hay un estilo particular de canto.
La trama trata de la búsqueda, del hombre humilde y maltratado, de algún
tipo de justicia, detrás de un líder y guía salvador, escarbando en el propio pueblo. Así mismo se ve mucho el rechazo y abandono de la mujer, que en Rosa (Yoná Magalhaes) se
repite una y otra vez, obligándola a actuar, corrompiéndola. También está la búsqueda
de la fe y de la paz interna, al caer en la violencia, como en la historia del
mar como si fuera el cielo.
Tierra en Trance (1967)
Ésta película es muy política, impresionantemente frontal y
audaz. Glauber Rocha no esconde en absoluto su deseo de denuncia del abuso y mediocridad del
poder. Tiene un potente cine social, inteligente, que abarca toda arista. Inclusive cree algo idiotas a los votantes, pero más es una crítica a la
pasividad, desechando el sobrenombre de extremistas.
Posee una composición compleja, los tiempos de los sucesos están
mezclados y puestos muy libremente y se hace algo complicado de seguirles, pero
yacen en una estructura coherente. De forma directa el filme se defiende del
señalamiento de ser una simple propaganda, y aunque tiene infaltables lugares
comunes aduce -y tiene razón- ser más bien un cine de ideas, de defensas sociales
y críticas racionales y argumentadas, quitando que ciertamente tiene un cierto mensaje
extremista y algo belicoso.
En el filme vemos a dos tipos de políticos, uno de
izquierda, otro de derecha, uno populista y demagogo, otro empresarial, mercantil,
religioso, manipulador a través de los medios de comunicación, pero los dos o son
mentirosos o cobardes –en principios- o aprovechados. Postulan primero a
gobernadores, luego a presidentes. Yacen en el lugar ficticio de El Dorado. Nuestro
héroe social es un periodista idealista y poeta llamado Paulo Martins (Jardel
Filho), quien trabajará con ambos políticos, Porfirio Diaz (Paulo Autran) y Felipe
Vieira (José Lewgoy).
El filme con su protagonista hace un recorrido por las
campañas de ambos políticos, en principio Paulo seguirá a Porfirio Diaz como a
un mentor, luego pasará a ser parte de las filas del izquierdista Vieira. Paulo
tendrá -como el Manuel de la anterior película- la influencia final de su
pareja, de tendencia social, que igualmente terminará en la soledad como en
aquella predecesora carrera desesperada, poderosa y furiosa hacia el mar. Antes,
Paulo desencantado de la política llevará una vida bohemia, tendrá mucho sexo,
con mujeres hermosas y liberales. Pensemos que Brasil es un país muy sensual y erótico,
como también uno de lucha social.
Antonio Das Mortes (1969)
La tercera y última película de la trilogía de Glauber Rocha es una
continuación notoria de Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964), Tierra en
Trance parece que no tuviera mucha relación con ellas o fuera una película bastante independiente de las otras dos. Esto se nota tanto que hasta repite muchos
lugares de la primera y hasta se repite a sí misma en demasía, o prolonga momentos
sin mucho suspenso. Le falla además exagerar cosas pasadas de la primera, como
la banda sonora de mismos rasgos sonoros y hasta letras, pero que llega a ser
molestosa de lo ubicua que es.
Como anuncia el título se enfoca en Antonio Das Mortes (Maurício
do Valle), que presentará su redención, al poco de ver que el pueblo necesita
de la comida y las tierras de unos insensibles terratenientes que solo quieren
llenarse de dinero. Antonio enfrentará al fantasma de los cangaceiros que tanta
pasión y culpa le provocaban, en uno nuevo, del que duda, y es propio de una
decadencia de su especie, el cangaceiro Coirana (Lorival Pariz), al que
enfrentará con facón –cuchillo de trabajo o de pelea- en una lucha típica, con un pañuelo agarrado a
un lado y a otro por sus bocas. Luego Antonio también luchará con otro asesino
a sueldo, Mata Vaca.
Hay personajes estrafalarios, como el coronel Horacio y un
profesor borracho que se ríe de todo y para buscando revolcarse –literal- con Laura,
una mujer ajena y de la vida, que dan un toque lúdico y curioso al producto,
provocando, uno, escenas berrinchudas y el otro poco sentido narrativo, pero
teniendo en cuenta que pasan por el tamiz de lo popular. El jefe de policía
Mattos también tiene un aire a caricatura y exageración; sólo Antonio Das
Mortes y su clásica canción se mantienen en el movimiento lento y calmado,
esperando entrar en acción, como con aquel tiroteo final, en una propuesta que
lleva de western tradicional, folclórico y moderno, en un filme que ocurre 29 años después de la primera película de la trilogía.
Éste es un filme que es más un pequeño divertimento. No le
falta cierta gracia, aunque es como una pequeña versión de la magnífica Dios y
el Diablo en la Tierra del Sol. El otro título con el que se le conoce es El
dragón de maldad contra el santo guerrero, nombres y significados que se
mencionaban en la primera película, y que aluden a San Jorge y su mito, un
santo cristiano hoy muy popular en Brasil, en el que prácticamente se
convertirá Antonio Das Mortes, asumiéndose en pleno la mirada híbrida de lo
popular, lo histórico y la fe.
Labels:
acción,
aventura,
cine latinoamericano,
crimen,
crítica,
Glauber Rocha,
séptimo arte
viernes, 16 de febrero de 2018
El aficionado (Amator)
Un hombre de familia y vida humilde, Filip Mosz (Jerzy Stuhr),
junta sus ahorros y compra una pequeña cámara de cine, quiere filmar a su hija
recién nacida. En poco tiempo el asunto cambia de intención, empieza a
entusiasmarse con la cámara y a hacer películas, los demás también se
entusiasman, el cine es una fuente de emociones instantáneas. Filip desarrolla
una afición que como él mismo dice le da sentido, pero a su mujer le molesta su
pasatiempo y su apasionamiento. Filip desarrolla una carrera alterna y toma
rumbo social.
El filme del polaco Krzysztof Kieslowski es muy sutil en
enfocarse en la responsabilidad que otorga hacer una película, para el caso
documentales sociales o de denuncia. Lo que filmas sale del estado privado e
íntimo a algo público, digamos que pierde su candor. Un amigo y jefe de trabajo
le dice a Filip que su labor cinematográfica le traerá mucha satisfacción, pero
también un poco de culpa y generará beneficio como algún perjuicio.
Pilip es un tipo de espíritu mujeriego y deseoso -como
todos- de que le den importancia. Su antigua vida familiar, pacífica y anodina,
la que representaba su mujer, Irka (Malgorzata Zabkowska), ya no le llena. La
cámara le trae popularidad y entusiasmo de la gente de la calle, de la gente de
su barrio y de afuera. Aunque Pilip es amateur y lo que hace se ve simple, todo
el mundo reacciona como si fuera un director consagrado o estuviera haciendo
una gran obra. Quizá Kieslowski ironiza un poco, de manera muy discreta. Pero
también genera soportes reales, como el festival de cine amateur. Pilip va
tomando vuelo.
El filme es también toda la revolución que ocasiona hacer
cine, se dice que el cine quiere generar un impacto, una transformación, pero
la consecuencia real suele ser mínima. Sin embargo, en esta propuesta el
impacto es grande. La gente toma mucha importancia a los documentales sociales
de Pilip, se despide gente, se cierran y abren lugares, se cambian los lugares
de inversión, se genera una imagen social empresarial. En el filme toma mucha
importancia la empresa donde trabaja Pilip, que está muy receptiva a sus
películas.
Amator (1979) tiene una narrativa de esas que parecen contar
las cosas transversalmente, porque como que todo es muy pequeño, sencillo y
discreto. Ciertamente es una película inteligente que ausculta la propia
profesión, sin exageraciones ni polémicas ni satirizar nada. Kieslowski es un
cineasta con un humor sumamente fino, con una audacia controlada, en su punto,
es un cineasta culto, pero a la vez dueño de un cine amable y cotidiano.
Finalmente la película parece centrarse en escoger entre la
paz y la tranquilidad de una vida humilde sin estridencia alguna –monótona
quizá- o una vida de aventuras, muchas caídas, soledades, viajes, iras y grandes
entusiasmos –lo impredecible-. Lo curioso es que muchos dirán que la opción
inmediata es la segunda, como que así es la vida en sí y además la mayoría en
realidad así la prefiere, pero, desde luego, en el éxito y lo rutilante, y lo
otro –además- es el anhelo general que nunca llega a concebirse por mucho
tiempo (la paz prolongada prácticamente es una utopía). Pero el filme de
Kieslowski pone las cosas de tal forma –sin ser barato y subrayado- que Pilip
siente el embate de aferrarse a su nueva vida. Lo “pequeño” le cobra factura,
eso que uno llama anodino –y el propio Pilip minimiza y deja en segundo plano-
presenta mucha dignidad, y se da su lugar, un lugar que reorganiza nuestras
prioridades y sentidos sin ser en el trayecto inocente o característico de la
ilusión de la buena voluntad.
Labels:
cine europeo,
comedia,
crítica,
drama,
Krzysztof Kieslowski,
séptimo arte
Good manners (As Boas Maneiras)
Todo empieza como una película de cine social. Una mujer de color (Isabél Zuaa), pobre, sin un buen currículo, se presenta a trabajar donde
una mujer joven con dinero (Marjorie Estiano). La dueña es exigente y
fácilmente la rechaza, pero por un momento de esos repentinos ella cambia de
idea, ve su potencial práctico. Es contratada y demuestra que es muy competente,
comprometida y sensible. La mujer dueña de la casa, Ana, tiene una enfermedad y
es sonámbula. Esto traerá la curiosidad de que la película de los brasileños
Marco Dutra y Juliana Rojas es una película de cine fantástico y de terror,
aportando mucha imaginación.
Una parte es como cualquier película dramática. Una mujer,
la empleada de Ana, Clara, tiene un niño que cuidar, pero no es cualquier niño,
tiene que hacer uso de su ingenio para que éste no deje salir a la bestia que
lleva dentro. El filme sería común sin ésta parte, además de que en algunos
momentos los efectos son austeros y la propia historia muy sosegada. En la
parte fantástica hay creatividad, la manera de combinar una historia sencilla
de cotidianidad entre madre soltera e hijo y una de monstruos clásicos tiene
distinción, sumando que el cine fantástico latinoamericano aun no es muy
prolijo o abundante.
Los momentos fantásticos están dosificados, no son muchos,
pero cuando llegan generan suma atención y espectáculo. Es como presenciar dos
películas en una, que van cediéndose la posta en las dos horas de metraje, una
de género, intensa, emocionante, llamativa, propia del entretenimiento, y otra
de cine indie, de cosas mínimas, comunes y donde no pasa nada extraordinario.
En el filme entra a tallar mucho las relaciones humanas, se sostiene de ellas,
como en la parte indie de una relación homosexual.
Los vínculos son muy importantes, generan una sensibilidad
especial, que en el filme está muy bien tratada, como cuando Clara tiene que
decidir entre su humanidad y caridad y la indiferencia por la fealdad del mundo
y el miedo a la violencia. En el filme Clara siempre está dispuesta al sacrificio,
a la responsabilidad especial. En esto hay mucho tratamiento, es parte central
de originalidad. No hay que esperar una justificación de origen seria (sobre lo
fantástico), un filme de género se vale más del movimiento de sus fichas. Es
una película que no tiene tanto de terror, es más cine fantástico. Sabe
combinar música pop brasileña con memorias románticas, puedes ver el loable maridaje
entre cine comercial y cine arte, como de buenos resultados teniendo un
presupuesto pequeño. Exige un poco de paciencia, no es cine de género
frenético, pero exhibe una construcción hibrida interesante.
Labels:
cine latinoamericano,
crítica,
Juliana Rojas,
Marco Dutra,
séptimo arte
martes, 13 de febrero de 2018
El loco del pelo rojo (Lust for Life)
Película de Vincente Minnelli, sobre la vida de Vincent van
Gogh (Kirk Douglas). Douglas le da mucha dignidad a un
personaje que aunque fue un genio de la pintura en vida fue más bien un
perdedor, además de un tipo considerado desequilibrado. En la película dicen de
él los pobladores que es el loco del barrio, pero Minnelli muestra
toda la complejidad de van Gogh. Se menciona que sus cartas estaban repletas de
pasión, emoción y una sensibilidad muy grande, como también que van Gogh se dedicó
a predicar la palabra de Dios en la zona más marginal, y vivía con los mineros
más pobres de la misma manera, sin ninguna ventaja o privilegio.
El van Gogh de Minnelli es un genio atormentado, no se
percibe que dude de su arte, sino que vive de epifanías y apasionamientos, los
cuales lo conducen a una crisis y a un empeoramiento de su salud mental, que
tiene como uno de sus puntos picos el famoso cerceno de su oreja, lo cual tiene
de discutible y misterioso en la vida real. Aquí en la película se atribuye a
la versión más típica, que fue producto de un arrebato del propio van Gogh.
El personaje de Paul Gauguin (Anthony Quinn, que ganó el
Oscar) da momentos muy ricos de interacción, no es muy extensa su
participación, pero provoca mucha intensidad, se le pinta de un tipo salvaje (lo
admite y se vanagloria), solitario, frío, duro, rudo y hasta antisocial y mal
padre (de todo esto demás no quiere hablar), lo cual hacen ver a van Gogh más
normal de alguna forma. Deja duda de que pudo ocasionarle en una pelea la
extirpación de su oreja, por como es el personaje de Gauguin en el filme que
por lo que vemos del hecho en sí, que queda precisado en el propio acto loco,
desesperado y crítico de van Gogh ante la lejanía del amigo y ser admirado.
También la interacción con el temperamento de Gauguin provoca un diálogo analítico
sobre la violencia en la existencia de van Gogh, que es un tema interesante,
visto que el pintor holandés tendía también a enojarse, a gritar y a discutir.
Mucha gente lo marginaba por ello, aunque se ve en gran parte que el van Gogh
de Kirk Douglas no deja de tener una clásica empatía y simpatía propia de la
mayoría de los protagonistas.
Minnelli aunque le otorga dignidad a van Gogh, y Kirk
Douglas lo realza en mucho, tampoco evita mostrar el lado perdedor y derrotado
que siempre acompañó a éste genio de la pintura, como cuando van Gogh pretende
a su bella y joven prima viuda y ésta lo repudia. Finalmente van Gogh termina
teniendo por pareja a una sencilla lavandera madre soltera. El filme muestra la
obsesión de van Gogh por la pintura, en esto no caben dudas, van Gogh se
esfuerza, vive cada motivo de su obra, se ve como surgen sus epifanías y
entusiasmos, se entiende qué lo mueve, y se explica un poco su estilo y búsquedas.
El filme propaga y enaltece el lado genio de van Gogh, haciendo un contraste
que tiene de real, y que justifica la dignidad que presenta.
El trato con su hermano Theo (James Donald) no puede faltar,
queda también muy delineado el amor y la paciencia que le tenía Theo, su ayuda
y respeto. En esto Minnelli muestra todo puro e ideal, Theo es un gran hermano,
y van Gogh lo ama y muestra agradecimiento. El filme exhibe una relación muy
limpia y natural. Pero no se magnifica tampoco la ayuda. Van Gogh demuestra que
puede manejarse, aunque su apasionamiento le cobra factura. En todo el filme
hay una línea que habla de los tantos defectos del pintor holandés, pero no se hace escarnio de ello, siempre hay respeto,
sensibilidad, tino y humanidad. Minnelli no necesita del golpe bajo ni de la
exageración, hay clímax sí, pero efectismos baratos no. Hay delicadeza, pero
también franqueza en mostrar a van Gogh, en un tono clásico, inteligente y
amable.
Días sin huella (The Lost Weekend)
El director de ésta película fue uno de los máximos genios
del cine clásico americano, Billy Wilder, con obras maestras como Sunset Blvd.
(1950), Ace in the Hole (1951) y Love in the Afternoon (1957); películas muy
populares y queridas como The Seven Year Itch (1955), Some Like It Hot (1959) y
The Apartment (1960). Tiene muchas comedias de gran nivel en su filmografía,
donde fue un maestro del humor inteligente, elegante y afín a muchos. Pero
también tiene películas dramáticas o más serias en su haber. La máxima de éstas
películas es Días sin huella (1945), ganadora de 4 premios Oscar.
Días sin huella nos pone a Ray Milland –ganador del Oscar por
ésta actuación- en la figura de un alcohólico, Don Birnam, que no puede
controlarse y quiere beber todo el día, todo el tiempo piensa en esto. La
película tiene un realismo y una dureza bárbara, no da pie a medias tintas, el
alcohol se asemeja a un uso mortal y extremo propio de las peores drogas. Don
es un tipo al que vemos vivir para emborracharse. Tiene una novia hermosa,
bondadosa y refinada (Jane Wyman) y un hermano preocupado por él y caritativo (Phillip
Terry), pero Don siempre trata de engañarlos y alejarse de ellos en el alcohol.
Desde el principio Wilder nos pone las cosas claras con Don,
con una botella que cuelga de una cuerda en la ventana para que no se la quite
el hermano. El tipo se siente un perdedor, sabe que sólo vive para beber, para
engañar a su hermano y a su novia, y poder conseguir una botella. Alguna vez
quiso ser escritor, pero su miedo lo venció, aún tiene la máquina de escribir,
pero no tiene la perseverancia para sentarse a hacerlo. Su lucha con el alcohol
también es por su autoestima, no confía en sí mismo. Es una película clásica, pero
oscura y muy dura, aprieta al protagonista hasta las últimas consecuencias.
El filme tiene una escena magistral en que Don está en una
ópera, mira La traviata, y cuando todos en escena beben, celebran, Don piensa
en la botella que escondió en su gabardina. Entra en fijación y empieza a
sufrir cada segundo por un trago cuando observa a todos beber. No sólo ahí se
muestra de cuerpo entero, suplica y roba por licor. Se humilla hasta lo máximo.
El filme de Wilder no pretende ser una historia bonita,
cándida, es ciertamente muy cautivante y entretenida, como la mayoría de las
películas de éste gran director, pero es brutal en su figura, en mostrar la
total degradación de éste hombre, que pone en segundo plano a sus seres
queridos. Hasta el barman lo mira con desprecio, no puede creer que sea digno
de su novia. Mención especial de una mujer de la vida enamorada de Don,
interpretada por Doris Dowling.
Don es un tipo que se mueve en la cultura, pero se muestra
como el tipo más vicioso, tiene la mente encerrada, pero éste sabe su
situación, sabe que es un alcohólico de lo peor, que todo para él es beber. En
ese lugar entra a tallar la nobleza, lealtad y sensibilidad humana. Es un filme
visceral, cargado de emotividad, de sufrimiento y también del amor verdadero de
los próximos. Es una poderosa y magistral historia que muestra el abismo de un
hombre.
Labels:
Billy Wilder,
cine americano,
cine clásico,
cine negro,
crítica,
Ray Milland,
séptimo arte
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









