La
relación con la mujer da para mucho diálogo. La relación con Margaret Hammond
(Rachel Roberts). La mujer no quiere volver a comprometerse. Amaba mucho a su
esposo. Éste hombre estaba sumido en la depresión –no especificada- y terminó
suicidándose. Se da a entender que era un hombre débil, frágil. En cambio, el
protagonista es un tipo duro, rudo, realmente fuerte. Frank Machin (Richard
Harris). El opuesto al marido difunto. Dentro de su fuerza mental a prueba de
la realidad, que compagina perfectamente con el rugby o los deportes donde se
requiere mucha confianza en uno mismo para enfrentar violencia digamos, está
verse un poco primitivo, a ratos bruto, tosco, algo vulgar (que suma al
concepto), pero no obstante demuestra querer estar con Margaret, su especie de
casera, que yace desprotegida de la vida, con 2 hijos aun pequeños a cuestas.
La mujer lo rechaza formalmente, abiertamente. Depende económicamente del
protagonista y accede a dormir con él en varias oportunidades. Ella menciona
que esto le da mala fama como mujer y hasta genera burlas hacia él. El
protagonista busca una relación afectiva normal, convencional, pero Margaret no
quiere al parecer. Frank no habla directamente de matrimonio, tiene aventuras
sexuales, está muy libre, pero nadie le mueve el piso como Margaret. Desecha
varias aventuras. Se interpreta que quiere que ella sea su mujer, si bien todos
la creen así de cierta manera, aunque saben de la situación que los rodea, un
marido que ella no quiere olvidar –ahí están los zapatos como ejemplo literal-
y que se halla(ba) en el abandono, que incluye algo de culpa para la empresa
que dirige el equipo de rugby del protagonista. La mujer es terca (aunque en un
opuesto autodestructivo a Frank, la oscuridad y la luz frente a la existencia),
similar al marido difunto. Margaret es proclive al suicidio, a un idealismo que
curiosamente colinda con dejarse derrotar por el mundo, si bien ella ha perdido
al amor de su vida. No es que deba venderse, pero no quiere rehacer su vida,
darse otra oportunidad. Incluso se siente culpable por la muerte del marido,
por no llenar su vida, pero la melancolía puede ser muchas veces muy rara de
entender o de hallar culpables. Su muerte no es su culpa, a diferencia de
ponerle las cosas arduas a Frank. Ella incluso parece haber amado más al marido
muerto que a sus propios hijos, y eso continua hasta su presente. Margaret es
amable, los cuida, pero a ratos importantes los deja de lado. El protagonista
es un luchador neto, de los más bravos. No se doblega con facilidad. Quiere a
la mujer, a toda prueba, movilizando un canto de potente motivación existencial
que es parte de su personalidad. Frank es un cazador de triunfos, es de la
gente que crea éxito, y como bien dice, son pocos como él, aun cuando lo ven
como un simio. No obstante, se deja apreciar vanidoso, pero con Margaret puede
ser muy humilde, y también duro. Es un personaje complejo de definir. La mujer
es una meta, aunque sentimental, real, está enamorado. La mayoría de gente, la
gente común y corriente, se deja apabullar por la existencia, aunque todos
finalmente crean su camino, cuando el mundo es difícil. El devenir de Frank no
trae a colación suerte, ni destino, porque el protagonista jamás deja de
avanzar hacia adelante en pos del éxito, en ir a enfrentar las cosas, como en
el rugby. Perder 6 dientes no lo amilanan, lo que representa literalmente mucho
dolor. Ni cosas mucho peores, sufrimiento en el alma. Es un filme trágico,
triste, pero éste hombre hace gala de una simpleza que le retribuye, aunque por
una parte lo juzga negativamente. Llega a presionar mucho, a hablar más de la
cuenta, frente a un ser muy frágil, buscando abrirle los ojos. Frank Machin no
es una mala persona, como para esperar que el mundo haga justicia, aunque la
sugerencia de la araña muestra que se siente culpable. Aunque es un retrato
sobre la clase obrera, estamos viendo el triunfo del hombre que sale de abajo
hacia la gloria (no para de enfrentar el campo de batalla, ese escupitajo
señala carácter), que puede leerse de triunfo capitalista. Pocos pueden ser
como él, ahí hay una clase de cierta excepcionalidad frente a conquistar las
emociones, esas que tiran abajo a todo el mundo. Nadie es de piedra, uno es
pequeño frente al mundo. Richard Harris está magistral, a sus 33 años, perfecto
en el papel, incluso físicamente como jugador de rugby. Y gestualmente. Todos
sus ademanes imprimen personalidad al filme. Ésta película le da el estatus de
leyenda cinematográfica (junto al director, Lindsay Anderson, y al guionista y
novelista, quien se adapta a sí mismo, David Storey), esa que Clint Eastwood le
roba un poquito, para los entendidos, con Los imperdonables (1992). La película
está contada bajo mezcla de tiempos, aunque no tan lejanos entre sí, lo cuales
se descifran con facilidad, manejando maestría estructural, en ésta obra
maestra del free cinema, de principio a fin. Una obra de lo mejor del cine
británico. Está bellamente filmada, sobran las grandes escenas, tiene tremendo
realismo. En la trama se ve también que el éxito contiene el capricho y el engreimiento
de los poderosos. El deporte fuerte también trasuda sensualidad. En pantalla
hay dos socios que compiten entre sí y la esposa de uno de ellos también maneja
decisiones. Oímos de la visión de cada uno, lo cual rige el futuro del
protagonista. Acaso no soy bueno dice, justificando su fichaje millonario,
cuando él mismo se vende caro, pero se deja ver que él éxito puede no ser del
todo justo muchas veces, pero la lección es que el protagonista conquista el
triunfo con la mentalidad del campeón, con la autogestión de la voluntad más
grande. No voy a hacerlo siempre (el rugby), quiero algo eterno, menciona, yo
soy capaz de amar de verdad, como parte de alguien que intelectualiza
situaciones, aun cuando lo creen un simio. Aspira al amor verdadero. Pero puede
que su elección haya sido la equivocada y ahí le juega –jugarreta del destino-
en contra su perseverancia. El deporte del rubgy para él es un medio de éxito
solamente. Hay muchas escenas melodramáticas a lo Un tranvía llamado deseo
(1951), una maravilla con la que hay similitudes, dentro de una película que
tiene personalidad y originalidad.
martes, 6 de enero de 2026
This Sporting Life
jueves, 25 de diciembre de 2025
Die, my love
Ésta
película sigue la estela de Beau is afraid (2023), es una propuesta incomoda,
molesta, exagerada, extrema, delirante. La dirige Lynne Ramsay de quien muchos
gustaron en particular We Need to Talk About Kevin (2011), si bien con
distancia su mejor obra es Ratcatcher (1999), la que aunque es una película
escocesa dialoga con el free cinema, con el obrero, con la clase trabajadora,
de donde proviene Ramsay. We need to talk about Kevin, que le dio popularidad,
tiene algunas conexiones con la presente película. Ahora una mujer es la que
carga la locura en lugar de un adolescente. El filme adapta a la argentina
Ariana Harwicz. El guion es de la misma Ramsay junto a los dramaturgos Enda
Walsh y Alice Birch. El irlandés Enda Walsh tiene su mayor logro como guionista
por un relato que remite a su propio país y es una muy buena película, Hunger
(2008), del británico Steve McQueen con un gran Michael Fassbender -de madre
irlandesa y criado en Irlanda- en uno de los highlights de su carrera. La
británica Alice Birch tiene su mejor pergamino como guionista con la
interesante Lady Macbeth (2016) aunque ahí está para detrimento The Wonder
(2022), ambas con Florence Pugh (con Lady Macbeth como su highlight junto a
Midsommar, 2019). La trama propone a una mujer de fuego, como en la apertura y
en el cierre observamos abiertamente. Lo que veremos de ella no deja
ninguna duda, frente a su comportamiento desenfrenado. Jennifer Lawrence es la
absoluta protagonista de ésta película incendiara, algo polémica si bien actualmente
pocas cosas llegan a impresionar frente a esperar lo inesperable. La bella y
entregada Lawrence, con 35 años, de cuerpo hermoso, voluptuoso, abundante y
naturalmente estético y seductor, a la que veremos mucho desnuda en pantalla,
es Grace, ésta mujer que no quiere una vida familiar, una existencia
convencional, que a partir del nacimiento de su hijo empieza a enloquecer, a
perder los estribos (mención constante visual obvia de un caballo sin
ataduras). Primero bajo pequeños detalles, miradas como a la nada, que engañan,
que implican esperanza o salvación, que buscan contenernos; pequeños gestos,
corporales, faciales, sutiles, algunos bromeando en solitario, tratando de
soltar la pesadez, si bien cosas se van gestando, acumulando y en el fondo no es
que existan culpables externos o rígidos, somos nosotros. Comienza a molestarle
vivir en el campo, empieza a no soportar a su marido, Jackson (Robert
Pattinson, quizá demasiado común y corriente para el terremoto que es Grace),
por la vida matrimonial que no parece compaginar con su personalidad, a lo
Britney Spears, de lo que se dice irónicamente de Grace que en otra dimensión
debe ser una popular rockstar (también señal de verse autoreflejado en una
hipérbole), al poco de (fastidiarle) sentirse diminuta al ver hacia las
estrellas o el universo por el telescopio, en sentido peyorativo (particular,
atípico un poco) de insignificante. Grace, no quedan dudas, es una mujer
problemática, y de ello que valga mucho la autenticidad y honestidad que
propone la novela de Harwicz, el desentrañamiento absoluto. Ahí hay
originalidad que aplaudir aun a costa de llevarlo todo al extremo, a lo
insoportable, que con seguridad a muchos va a molestar, como a los que no
quieren críticas en contra o lo manejan con mayor astucia. Grace quiere sexo
todo el tiempo con Jackson, es una fémina intensa -erótica, se podría decir- en
toda magnitud, la que se aburre de las convenciones, aunque hay una parte de
ella que anhela ser una buena madre y una buena esposa y ser autosuficiente a ese
respecto, pero algo la supera. La podemos asociar con las jovencitas loquillas
sueltas, las que no pueden contraer compromisos con facilidad, no lo quieren en
realidad, o están detenidas en el tiempo, lo cual suena a un punto
políticamente incorrecto de decir/ver, donde se estila mucho más cinismo y no
se pretende juzgar a nadie negativamente, aun mirando dentro de la actual época
de liberalidad que parece enaltecerte. Harwicz lo lleva al límite de lo
aguantable, llegando literalmente a la locura, a la explosión emocional, a la
crisis de quien uno es. Puede que ni siquiera sepa que le gustaría poseer. Le
falta comprensión de sí misma. Se percibe aun como una anomalía. A esa vera a
Nick Nolte se le llega a confundir, haciendo inicialmente de anciano con deterioro
cognitivo producto de la edad. Se puede ver como feminista que la mujer no
quiere depender de ningún hombre en ningún sentido o se defina en su libertad
sexual. Percibe a los hombres por juguetes en sus manos, como con la fantasía
del motociclista (LaKeith Stanfield) que la persigue a Grace como en una
alucinación, y que después se descubre un simple mortal como todos. No obstante
lo que atraviesa Grace se ve como un problema, hasta mental. Se podría decir
que existe cierta autocrítica, porque la obra se propone no ser placentera, no
ser fácilmente empática. No puede criar a su hijo, tranquila, como muchas
mujeres. No puede sostener un matrimonio con alguien que parece querer, o eso
pensaba y vivir en pareja le ha quitado en buena parte esa ilusión, aun cuando
la suegra le ofrece ayudarle, al sentirla golpeada por la realidad de la
maternidad, mientras vive inicialmente en una casa medio tétrica. La suegra es
interpretada por la gran Sissy Spacek, como una sonámbula con escopeta en mano,
tras la muerte de su marido, cuando deambula por el campo abierto, cuando se
expone, como quien hace mención de una psicología, que está alerta a no dejar
entrar a nadie más en su vida, el opuesto entonces de Grace. No obstante al
final se harta un poco de ella, de su actitud, y viceversa, no desea oír. Grace
realmente no quiere aprender nada. La cuestión parece ser lo ingobernable (para
Grace la relación es una cárcel), como quien deja fuego por donde pisa y no es
algo romántico de decir, aunque tiene de narcisista, el canto de la mujer
realmente salvaje, como con la mímica de hacer de tigres en el pasto donde
Jackson "no sabe" en donde se está metiendo. Está, curiosamente,
demasiado enamorado (no obstante la engaña con aventuras pasajeras). No quiere
ver, ni ella tampoco. En lugar de exponer la trama poéticamente, bellamente,
como si fuera un comercial de publicidad donde todos se identifican
rápidamente, se observa el asunto de manera insoportable, de forma bruta, lo
que significa en realidad el comportamiento y las reacciones de Grace (daño).
Existen soluciones para salvar la unión, pero Grace no está hecha para ninguna
de ellas y ahí el relato es realmente duro. La escena cuando se lanza contra el
vidrio puede ser un poco irónica pero deja todo en claro. Lo mismo la escena
donde se queda en ropa interior y se arroja a la piscina en la reunión formal
donde ya la gente es grande. Que en ese momento Jackson se hiperventile pone en
pantalla humor negro. El comentario de que el bebé no respira tampoco es
gratuito y dice mucho más de lo que aparenta, como el propio título.
martes, 23 de diciembre de 2025
It Was Just an Accident
La película abre con una conversación que va de la mano de la temática de la propuesta, las torturas para generar confesiones, los juicios políticos y las ejecuciones oficiales del régimen islámico, del gobierno actual de Irán, contra los que han protestado o se han opuesto al gobierno ante su rigidez institucional dictada por autoridades teocráticas. Una familia se moviliza en carro cuando el padre atropella a un perro callejero. Madre e hija pequeña intervienen en la conversación. Por un lado se dice que lo que ha sucedido es designio de Dios, y que son señales, y todo tiene un sentido superior. Por el otro que todo es casualidad, que no significa más que una realidad mundana, no hay nada místico ahí, está desprovisto de significación y no se le da mayor importancia, cuando ciertamente está muriendo un ser vivo. Así, de la manera más simple, se trata de analizar y argumentar sobre el actual régimen, que implica decir que es un gobierno de hombres, sólo un pensamiento o una forma de mandar que muchos no comparten y no quieren que exista, y no implica ninguna trascendencia espiritual. El final apoyará ésta idea con la confesión gratuita, que es lo más débil del conjunto, mostrando a una persona que más representa la idea que manifiesta la argumentación que proclama el director y guionista en solitario el iraní Jafar Panahi, que a un hombre de carne y uso. No se emparenta con lo que es, un agente devoto -con ansias de mártir- de la república islámica. No invoca realismo. Pero no obstante el filme tiene más que brindar, tiene varios aciertos y virtudes, como su tono de humor. Lo que mejor le cae como obra es que posee humor negro y un cierto absurdo de camino, lo que puede parecerle chocante a algunos amantes del cine político a secas, pero en realidad justamente de eso trata generar séptimo arte, de sorprendernos, sino para ello tienen muchos documentales tradicionales, muchos programas periodísticos, muchos noticieros y hasta muchos libros en su lugar. El cine necesita libertad, imaginación, originalidad, ser sorprendente, siempre (justificándolo). El cine no gana nada siendo anodino y en extremo formal, salvo estemos hablando de rememorar el cine clásico en su claridad y formalismo, del cual también escapaba porque nunca se presentaba estirado o cuadriculado, parapetado en una seriedad simplista. El humor negro del filme es bueno, aunque puede coquetear con cierta tontería, como terminar empujando la Van, quedarse sin gasolina, o que haya un histérico en el grupo dispuesto a ejecutar en el acto a su enemigo mortal, un representante de la república islámica, un enemigo de la guerrilla diríamos. Que haya una pareja joven de futuros esposos vestidos para la ceremonia corriendo de un lado para otro con un cuerpo sedado metido en un baúl el cual quieren desaparecer ya habla de que el filme tiene un halo de sarcasmo y es buena la película en ese sentido. No obstante el filme a ratos frena su humor negro para ser más serio, hay hasta debates en medio de discursos, y ahí más bien pierde un poco, porque lo mejor es ciertamente su humor sacrílego, dentro de una temática que toca mucho a los iraníes y que puede ampliarse a las luchas políticas en general poseyendo una notable universalidad. Ese absurdo proviene de hacer el bien odiando con justa razón al padre de una familia, con lo de dar a luz y sensibilizarse con el llanto de una inocente niña donde en el hospital hasta se arriesgan a ser detenidos (porque todos tenemos familia y eso humaniza, nos hace pensar en no hacer el mal a otros, porque hay gente para la que somos muy importantes y herirnos es hacer un daño mayor). Se exhiben muchos momentos en que nuestro grupo protagonista duda bastante en perpetrar su venganza, aun cuando se ha ejercido mucha violencia sobre ellos, en que se han dado violaciones, suicidios, traumas, cosas serias. El filme es curioso también jugando al pasado que no podemos olvidar con cosas que no están ligadas normalmente, como que pase la tortura por un antiguo amor -como quien menciona a la promiscuidad incluso- o abandonar a alguien por diferencia de impresiones dentro del pleito de pareja, rechazando al tipo violento por el tipo más sensible, más afín a perdonar lo imperdonable. Se habla de que vengarse es complejo para la gente que de verdad cree en Dios o tiene valores, que quieren en realidad una vida tranquila, convencional o que desean seguir adelante. No porque no puedan ejercer violencia, deslindando cobardía o pasividad (carecer de reacción), sino porque no está en ellos. El histérico dice que guerra es guerra, porque es matar o morir, todos discursos habituales de los guerrilleros, pero el grupo protagonista son realmente gente común y corriente, gente honrada, y no se les saca fácilmente de ese estándar, aunque están enfrentando una historia excepcional -acciones extremas- y ahí anida una película novedosa a un punto, porque no se rompen estándares para generar heroísmos cinematográficos, hipérboles o desenvolvimientos fantásticos, sino el grupo está lleno de dudas, de cortapisas, de autolimitaciones, de constantes reflexiones y disputas. El filme abre muy claro, decidido, la cosa parece se resolverá rápida y simple, enterrar vivo a una persona terrible tras el hallazgo en el taller. Pero va volviéndose más complicado de lo que parece cuando surgen más involucrados, cuando se pretende resolver el misterio de la identidad y se medita el asunto, que de eso va el filme con su aventura de comprobar que un tipo fue un cruel torturador del régimen, que se trata de Eghbal El pata de palo y hasta en eso suena irónica la propuesta, aunque ver su pierna amputada maneja una seriedad que se mezcla con el absurdo y el humor negro del conjunto. Absurdo porque no remite al accionar normal de la mayoría al apoyar a alguien odiado, pero se está proponiendo la humanización dentro del ideal (ayudar a un niño, ayudar a una mujer embarazada), frente a simplemente ser igual que lo que combatimos, sobre todo si rememoramos pensamientos de otras épocas políticas. El filme puede verse algo similar a esas persecuciones por el mundo hechas por agentes judíos tras los nazis fugados después de la guerra, pero que no fueron llanamente asesinados, sino llevados a juicios primero. El mensaje es no proclamar la venganza, no deshumanizarnos por el odio, la ira, aunque tampoco el ser humano es de piedra, tiene emociones, vínculos afectivos, y el sufrimiento nos puede secar el alma. El cierre con el ruido siniestro de la pata de palo da a entender que vienen por Vahid (el hombre de baja estatura que cree reconocer al torturador, al topárselo casualmente), que puede verse si bien realista (posible), un poco efectista, contradiciendo el mensaje humanista del filme y viéndose un colofón panfletario -el hombre entonces es un mentiroso y nada agradecido aun luciendo confesiones contra su propio bienestar- como en la película de gloriosa estética y movimientos de cámara prodigiosos, pero destilando propaganda a la vena con narrativas primitivas, Soy Cuba (1964). ¿O es una alucinación?, el miedo de lo que ha quedado suelto, o quizá viene simplemente a dialogar (no confesó ser un simple peón del sistema, hacer todo para escalar la pirámide social, que suena más lógico que lo que proclamaba el histérico, el tipo de mente cerrada). El presente filme parece la continuación de The seed of the sacred fig (2024). Es curioso ver que la policía iraní también pide coima/soborno, hasta mediante la maquinita de la tarjeta de crédito, valga la notoria ironía. Lo mismo el grifero que hasta se toma el soborno a broma (con calle y no de manera dogmática como lo que suele pensarse de Irán que con sus últimos exponentes parece modernizarse de cierta manera), tras pensar que la pareja que se va a casar han tenido relaciones sexuales previas, producto del vomito, vista la escena de manera literal.
martes, 16 de diciembre de 2025
Roofman
Roofman (2025), de Derek Cianfrance, parece una historia imaginada, de lo fantástico por ratos que se ve lo que cuenta, pero realmente es verídica, como se anuncia en la apertura. Ésta película es universal como todo buen cine americano, puede identificarse cualquiera, pero de la misma manera ésta en particular se percibe una historia muy norteamericana. En un momento al protagonista lo llaman con una palabra de uso americano habitual, weirdo (un bicho raro) y de eso hay por una parte en el ADN de Jeffrey Manchester, un ladrón, un criminal, que robó más de 40 restaurantes de fast food y fue a prisión para que a 4 años de estar ahí escapase de la manera más sencilla, pero inteligente, no cabe duda. Curiosamente, y hay muchas curiosidades en su biografía, no se fue del estado donde fue atrapado sino se escondió en una enorme tienda de juguetes. Hizo un especie de cuarto secreto en el lugar y por la noche salía y utilizaba las cosas de la tienda, como colchones o se alimentaba con dulces. Se bañaba en los baños del mismo centro. Jeffrey tuvo entrenamiento militar 2 años antes de empezar sus robos, robos que empezaron ante no poder sustentar a su familia, donde tenía 3 hijos. A Jeffrey la policía lo llama un tipo superdotado y a la vez un idiota. Lo de idiota viene porque muchas de sus decisiones sonaban infantiles o poco precavidas con su propia seguridad. Muchos lo creían audaz al tomar muchos riesgos y hacerlo todo de manera muy práctica, sin demasiada elaboración, pero siendo arduo de atrapar aun usando el mismo modus operandi, entrar por los techos, abrir un forado por arriba. Al mismo tiempo lo consideran torpe con otras cosas, como cuando lo vemos lanzar una enorme escultura de Buda contra un vidrio de seguridad para poder huir habiéndose equivocado antes del lugar que quería entrar. Un amigo lo llamó un observador privilegiado y éste se lo tomó al pie de la letra. Empezó con ello lo que él mismo llamaría sus malas elecciones existenciales, lo que lo llevarían a ser condenado a 45 años de cárcel. Jeffrey es interpretado por Channing Tatum quien hace gala de su buen físico emparentado con el entrenamiento militar que su personaje tuvo y puso en acción en sus robos. También se muestra sentimental. Llora hasta en 3 oportunidades a solas (una sintiéndose sólo en una muchedumbre), frente a situaciones que lo superan, que siente no puede controlar. Otro punto clave de quien es Jeffrey es que a diferencia de muchos norteamericanos le importa mucho lo familiar (no sorprende tanto entonces, más allá de cierta ironía, ver el cumpleaños de su hija pequeña celebrado con mariachis), y así participamos de lo triste y difícil que se le hace dejar atrás a su familia, una vez que cae en prisión y ésta se rehace fácilmente sin su persona. Tan importante es lo familiar para Jeffrey que éste es el motivo principal de que termine preso en varias oportunidades. Es así atrapado. Los vínculos facilitan los arrestos, como bien decía Neil McCauley. No te aferres a nada que no puedas abandonar inmediatamente. Jeffrey es conocido por robar sin proponer violencia verbal, se mostraba educado, amable con la gente, si bien estaba armado y ponía en peligro a su entorno, asunto que él mismo reconoce como negativo. En un momento un seguridad no le obedece y Jeffrey lo golpea para dominar la situación. Lo deja inconsciente. He ahí el peligro que ejercía, las cosas podían salir mal, generar reacciones, descontrolarse o salirse de sus manos, y en ese instante hubiera surgido violencia explícita, más allá de que estaba robando armado. Un año después de su escape planificó un nuevo y distinto robo, para poder salir del país. Jeffrey entabla una nueva relación con Leigh Wainscott, interpretada por la bella y ya madurita (con 43 años) Kirsten Dunst, y así se plantea su personaje, una mujer bastante correcta, recién separada, con 2 hijas (una de 16), aficionada a la iglesia, pero con mucha frescura propia de su edad. Jeffrey lo hace desde un universo un poco freak. Yace escondido viviendo en una juguetería, perseguido por la ley, arriesgándose a ser reconocido, pero como él mismo dice, todas las personas se olvidan de todos. Muy poca gente, la que de verdad te quiere, te tiene siempre en mente, cuando dejas de estar presente. Explica que pasa lo mismo con la policía, cuando no le fastidias mucho. No se lo toman personal. Les pasas desapercibido de cierta manera. No eres un apremio. Jeffrey comete muchos errores pero sus observaciones personales -en voz en off- siguen teniendo sentido. Llega a explotar una calle entera tras un error de cálculo. Lo ven desnudo bañándose en la juguetería y catalogan aquello la intromisión de un vagabundo. La familia de Wainscott lo llega a llamar una aventura en sí mismo. También es interesante el malvado irónico que hace Peter Dinklage, quien es un típico administrador capitalista, dicho sin exagerar la nota y así va su personaje. En un momento Jeffrey se muestra fetichista y creen que le gustan los tacos altos solos, cuando claramente es lo erótico que representan las bellas piernas femeninas contorneadas acompañadas de éstos. En otro momento Jeffrey juega en la juguetería sólo y recuerda a la muy entretenida Big (1988). Y algo tiene de Home Alone (1990), porque otra curiosidad es que es una película de navidad igualmente, si bien bajo la historia algo freak de un criminal real. Toda la música (las canciones) que se expone en el filme es parte notoria, muy afín, yace bien escogida y ejecutada en la trama, como la de la iglesia, parte importante de esa vida que pudo tener el protagonista, que le hubiera ido bien. Nosotros también somos las personas equivocadas que decidimos escuchar. En todas las acciones criminales que realizó Jeffrey no hubo nunca un muerto y en cierta manera el filme, como con las palabras del verdadero pastor en los créditos, miran a Jeffrey con cierta estima. La película tiene buenos secundarios en Ben Mendelsohn, LaKeith Stanfield y Juno Temple.
lunes, 15 de diciembre de 2025
Blue Moon
Richard Linklater hace un filme a su completo estilo, lo hace elevándolo incluso a la potencia. Es una propuesta donde se habla todo el tiempo. El protagonista lanza extensos monólogos durante todo el metraje. Habla sin parar, pero es seductor, manifiesta habilidad con la palabra, tiene muy buena dicción. Implica a un conversador inteligente, culto. Él es Lorenz Hart, un nombre que puede no sonarnos conocido a los que no somos norteamericanos, pero el filme nos dice que fue un pilar de los musicales del Broadway de comienzos del siglo XX, y maestro de unos de los compositores americanos más admirados y populares, Richard Rodgers, con quien formó una sociedad. Lorenz escribía las letras y Rodgers las musicalizaba. El filme de Linklater, con guion de Robert Kaplow, abre con Lorenz tambaleándose por un callejón ebrio a oscuras por la noche para caer muerto al suelo en plena lluvia. Tratamos con una película sentimental, como indica su título, Blue Moon (Luna triste), que remite a la canción más popular de Lorenz, la que habla de soñar con hallar a una persona especial en nuestras vidas. El relato basado en unas cartas reales entre Lorenz de 48 años y una jovencita universitaria de 20 se contextualiza en un conocido restaurante neoyorquino, Sardi´s, donde era habitual que celebraran los artistas participantes de Broadway, y que es famoso por sus paredes repletas de caricaturas profesionales sobre artistas del medio. Tras la introducción del final de Lorenz participamos de un día en particular cuando Lorenz dejaría de asociarse con Rodgers, que iniciaba una nueva sociedad para hacer musicales, con el compositor Oscar Hammerstein II. Ese día celebraban su primera participación conjunta. Lorenz mira lo que (le) sucede inmerso en un constante aislamiento que lo perseguía. Él menciona que era producto de su alcoholismo, que mermaba su trabajo como compositor. Su falta de orden y disciplina. Lorenz aunque buen conversador era un tipo en realidad solitario que vivía con su madre. Era alguien a quien se le dificultaban los afectos humanos. No tenía fácil empatía a pesar de las aparencias de siempre hallarse hablando o parecer muy sociable, sobre todo en el bar, como tanto norteamericano. En el fondo no lo conocían. Lorenz se miraba como un tipo más sofisticado que las letras que componía. El negocio del arte, como a todos con los que quería hacer dinero, te hacia más comercial, más masivo, más popular, más simple y más accesible. Rehuía a esa intelectualidad que Lorenz poseía, aun ostentando un humor distintivo. Lorenz estaba lleno de ideas que le costaban poner en práctica ante el dominio de lo popular y el éxito de obras de espíritu superficial. Rodgers, un elegante Andrew Scott mediante un personaje con facilidad para enamorar a grandes audiencias, es amable con Lorenz. Le agradece el desarrollo de su carrera. Lo considera un factor importante en el prestigio del Broadway del siglo XX. Le reconoce maestría. Le dice que seguirán trabajando juntos. Hablan de nuevos proyectos. Hammerstein también se le acerca a Lorenz y le demuestra admiración. Lo llena de elogios. Lorenz es generoso y humilde con los compañeros, aunque puede bromear criticando a otros, pero él ironiza mucho todo el tiempo, incluso su situación. Así es más fácil con los demás, dar a ver no dar importancia a los golpes de la existencia, aunque el patetismo de Lorenz en el relato es grande, a ratos un poco obsceno. Es un filme triste y sentimental. Muestra muchas deficiencias de Lorenz. Lo dejan de lado sutilmente. En cierta manera es la historia de personajes anónimos chancados existencialmente. Lorenz es irónico en extremo que hasta poetiza su cierta impotencia proponiendo una declaración existencial a su favor. A Lorenz se le define como un homosexual cansado, con 48 años pesados. Por ello no extraña que quiera sucumbir a las convenciones sociales, hasta así querer mejorar su figura profesional, sobre todo para la época donde ni siquiera se podía decir públicamente su verdadera orientación sexual, cosa que Lorenz en confianza y frescura –atípica a los años 40s- lo repite mil veces, como al barman que hace Bobby Cannavale, eficaz en su sencillez y amistad cómplice, que era lo que profesaba Lorenz, parafraseando Casablanca (1942), que uno se ampare en la amistad más que en el amor, así como en el trato amable y no en las pasiones. De ésta manera pretende enamorar a una universitaria veinteañera aspirante a artista (Margaret Qualley haciendo de chica dulce con 31 años), que no le corresponde y se lo dice directamente en el cuarto para guardar ropa, inmersa en un halo de exacerbada sensibilidad (bajo la expresividad facial apenada de Qualley, en un filme a los que no le faltan éstas expresiones, así como momentos de asilamiento, que es la verdadera trama del filme), a la que se le trata de exhibir como una buena persona, auténtica, incluso lenta al caer a consciencia en amores tóxicos, pero ni así. Elizabeth (Qualley) sólo siente estima y admiración intelectual por Lorenz. Hasta le manifiesta que su madre le ha dicho que parece que es homosexual. Ésta conversación intima entre ellos nada en el cliché del mejor amigo gay. Durante todo ese momento se exhibe bastante patetismo forzando una orientación heterosexual en Lorenz. La conversación no parece tampoco digna del intelecto de Lorenz. A Elizabeth se le da más protagonismo del que aguanta su personaje, cuando se le percibe por fuera de las intenciones formales del relato o la abundante palabrería poética de Lorenz sobre su persona (sólo daba para algo abstracto). A Elizabeth se le percibe, en persona, superficial, banal, anodina, en realidad, cuando Lorenz plantea otra cosa dentro de sus prodigiosas palabras, por más inteligente que se le pretenda en el a ratos exagerado patetismo y sentimentalismo del guion, dentro de un oasis de inocencia y extrema bondad (si tomamos en serio al Lorenz heterosexual, ¿acaso mujeres bellísimas no se meten con hombres poco agraciados por querer alcanzar el éxito profesional?, ¿o eran épocas más altruistas e idealistas?). Lorenz Hart me recuerda un poco a Toulouse Lautrec, un artista de baja estatura, alcohólico, propenso a las prostitutas ante sus deficiencias de interrelación afectiva, un tipo intelectualmente interesante y el que murió joven. Ethan Hawke interpreta a Lorenz Hart, con 55 años de edad. Se transforma –cosa que le gusta y premia Hollywood, aun emparentado con rendir culto a la belleza y la atracción que ejerce- en alguien poco agraciado físicamente y con un aire a perdedor –lo que tiene un público masivo cautivo-. Lorenz se muestra extrovertido. Reta a la inseguridad mediante la palabra inteligente. Exhibe gracia. Sostiene sin problemas conversaciones audaces. Éste filme es en mucho un homenaje a la seducción de las palabras, al amor y elogio hacia ellas. Al poder que ejercen y que reinvindican al protagonista.
viernes, 12 de diciembre de 2025
High Sierra
Ésta película tiene muy buenos antecedentes. La película la dirige Raoul Walsh, que tuvo una filmografía prolífica y dominó el noir. Éste es uno de los noir más celebrados de la historia del cine clásico. El guion está hecho por William Burnet quien escribió la novela que adapta Little Caesar (1931) que guionizó, película seminal y de las más destacadas del noir. Burnet escribió la novela que adapta el presente filme y con el tiempo cimentó su nombre en el género tanto en literatura como en el cine. Lo acompaña como guionista John Huston quien ahí no más debutaría como director con otro noir capital, El Halcón Maltés (1941). El protagonista es un criminal, un asaltante de bancos que recién ha salido de la cárcel tras 8 años encerrado, Roy Earle, interpretado por Humphrey Bogart que con ésta película pasó de actor secundario a actor principal, es el punto de inflexión en su carrera. Es una película muy detallista, muestra cada cosa, pero lo hace con esa edición magistral que posee el cine americano, maestros del tiempo y de la exposición. Cuando a la pareja de Earle se le dice que mañana va a tomar el bus para huir, sobrevivir, efectivamente lo hace. Se ve como se despiden besándose a cada rato. Cuando Earle requiere conducir el auto de un estado a otro lo vemos en pantalla. Se plasma visualmente lo que muchos suelen evitar mostrar y lo hace de manera harto frontal. Cuando Earle sale recién de la cárcel y quiere volver a descubrir el mundo lo vemos a continuación pasear al aire libre de manera sencilla. Expresa querer corroborar que las cosas (mínimas) siguen tal cual las conocía. La brevedad va de la mano con la precisión y con lo exhibido proyecta nuestra imaginación. Ciertamente podrían durar algunas acciones un poquito más, no obstante no se percibe como un defecto, sino siempre es competente. Tomemos en cuenta que hacer un filme demasiado/prolongadamente especifico fácilmente podría catalogarse de defecto en sentido no de realismo positivo, que la escena muestre un alto grado de verdad hacia la comprensión del espectador sin darle algo vacuo, sino que al ser uno muy lento con el cine es por lo general una deficiencia. Earle es un criminal hecho y derecho, es la vida que lo define. Se dice varias veces. Se podría adjudicar que es un hombre malo. No duda en dispararle al policía cuando éste lo enfrenta. No le queda otra dirían. Lo mata, a poca distancia. Cuando los jóvenes ladrones muestran debilidad, les falta el temple y pierden el control y se desbarrancan, Earle los desestima sin ambages, por frágiles, por no estar hechos para la vida que han escogido seguir o practicar. Dice también haber optado mal por no matar al cómplice interno del robo de los diamantes. A él le dice abiertamente que se le nota que terminará como un soplón. Pero sólo le cuenta una historia para asustarlo. Así mismo a Earle también le aflora un buen corazón en otros momentos, como con la chica coja a quien nunca le falta el respeto aun cuando ella se comporta cruel con él. No reniega de haberles ayudado. Otra manifestación a favor de él es que puede cambiar de juicio (no es un tipo intratable, a pesar de estar inmerso en un mundo violento), tiene comprensión, oye a los demás, como con Marie, interpretada por Ida Lupino, que tiene una performance a la altura de su protagonismo. Marie ha sido bailarina desnudista, pero quiere otra vida, quiere a un hombre de verdad, quiere ser leal. Llora en un momento como damisela abandonada para convencerlo y lo conmueve. Earle la llega a querer, hasta ser capaz de morir por el otro. Pero como bien dice el doctor, ahí está la estela del mítico John Dillinger, morir en la ley del hampa. Earle no va a regresar a prisión. Se siente reflejado en una paloma que asciende libre al cielo. El criminal prefiere morir a ser otra vez atrapado, enfrentar en esa gloriosa escena de Sierra Nevada, tras las montañas, a una gran cantidad de policías que lo tienen rodeado, lugar que se ve es imposible de escapar. Entra la mítica del perrito simpático, pero malagüero, similar al propio Earle, quien ya ha escogido su destino. El jefe mafioso se justifica, todos vamos a morir dice, que no te importe pensar en ello. La ley del criminal. Hay persecuciones en auto bastante notables, al puro estilo clásico. Llevan potente adrenalina y por entonces sin efectos especiales. Participamos de muchos disparos, tenemos mucha acción, más su toque melodramático. Earle es de los de verdad. Earle es realmente duro. Ya el corte militar o alemán lo manifiesta todo, al estilo del corte de Dillinger. Pero se permite hablar de las estrellas con tremenda sonrisa. El rostro iluminado de Bogart. El hollywood fundacional en toda grandeza. Se permite ironizar con la bondad, tras traer al perro en el auto, mostrando amabilidad.
miércoles, 3 de diciembre de 2025
Reflet dans un diamant mort
El cine tiene que seguir inventando para seguir existiendo. La literatura existe antes de Cristo y sigue vigente, está viva. El cine es un arte joven en comparación a la literatura. Tiene apenas 130 años de existencia. Pero en poco tiempo se ha hecho muchísimo cine y se sigue haciendo a ese ritmo. Es un arte efervescente. Reflect dans un diamant mort (2025), de los directores franceses radicados en Bélgica y esposos, Helene Cattet y Bruno Forzani, es una típica representante del cine que se hace hoy en día, el cine del presente y del futuro próximo, si bien uno prefiere por mucho lo clásico donde hay montón de obras maestras que cuesta superarlas. Tener una buena historia entre manos siempre es atractivo (más que la nada haciendo malabares para impresionarte), pero la cuestión del séptimo arte siempre ha sido como contarla. No es que abunden éste tipo de películas extrañas pero se distinguen del pasado, con sus múltiples lecturas, con su cierto estado de locura, con su uso de la fragmentación como no historia lineal, con su psicodelia, con el juego constante de las formas, con su extravagante pirotecnia, con su misterio imposible, con su elegancia formal pero con cierto cine B impreso, con ser una obra que busca tener estilo, con su explotación variopinta estética, con sus inagotables fusiones, aun cuando en realidad es la copia de la copia, llena de homenajes se diría y mucho reciclaje a lo Tarantino. Recurre a ser imitación mezclada, del giallo al poliziotteschi, del cine de género de culto italiano. Hay escenas que huelen a Hitchcock, aunque a ratos parece histérico el protagonista. Esa escena de homicidio y venganza tras la muerte de una ilusión crepuscular es Hitchcock a la vena. Igual toda la idea del asesino recluido en un hotel cinco estrellas de la Costa Azul, en medio de cierta decadencia económica, notoria inquietud, muchas culpas que lo persiguen, va por ese mismo camino del maestro del suspenso, del thriller. Serpentik es la versión feminista del Diabolik (1968) de Mario Bava, de donde hay mucha presencia, homenaje a éste célebre director. El relato nos muestra a un escritor de novelas thrillers de espías, John D., que parece seudónimo, interpretado por el gran Fabio Testi, con 84 años de edad, un actor que trabajó en todo tipo de películas, hasta de cine B. La versión "joven" la hace el belga Yannick Renier con 50 años que hace de un especie de James Bond. El escritor protagonista parece inmerso en el delirio del asomo de la demencia senil. Sus memorias, los personajes de sus libros, lo persiguen. Sus libros parecen beber de su vida cotidiana, convertido esto en historias fantásticas donde hay un aire a cómic, enemigos como salidos de la serie B o de una película de James Bond, con armas extravagantes, como uñas postizas o un vestido como cuchillas o incluso el propio cine como arma literal. En un momento se dice que uno de los enemigos del agente espía John D. lo tiene atrapado como en el libro de La invención de Morel (1940), donde el escritor se percibe como un personaje de ficción de algún sci-fi. Lo que vemos a la vera de la idea de Muerte en Venecia, un viejo escritor en sus últimos años descansando en un balneario con la fijación de una jovencita, cuando en efecto John D. es un mujeriego consumado, son pasajes de los libros que ha escrito, mucho neo noir como con esa muerte en aceite negro, mucho suspenso, mucho thriller, mucho cine de culto italiano, mucho agente secreto, némesis y femme fatales. Por ello seguir una sola historia o una historia lineal o convencional, la resolución de un misterio, no va por ahí ver así la película, sino son varios fragmentos de una saga policial, cantidad de relatos entremezclados, como con la artista afrodescendiente y agente asesinada inmersa como vecina de habitación, y a continuación el mismo político homicida y gángster muerto por un sicario nipón con una máscara a lo Onibaba (1964). La misma Serpentik de ésta manera tiene miles de rostros, representando enigma, anarquía y tensión. Pasa de rubia a caucásica de cabello azabache a mujer de piel morena. Ella parece representar un punto de ebullición para el escritor y el agente secreto, en su aspecto de mujeriego y no querer doblegarse a una relación formal, luego surgiendo una doble traición, quedándose sólo en ambas vidas, así mismo hacia una especie de agencia secreta gubernamental, lo clásico, tras el robo de unos diamantes en la aventura de la imaginación, en el que es un filme que parece homenajear a la propia arte de crear en sí misma. El escritor descansa, en su último acto, en una playa perdido en sus textos, imaginando compartir vidas fantásticas, historias increíbles. Por un lado la calma en la orilla de una playa y por el otro un auto volando por los aires para explotar al chocar.
miércoles, 26 de noviembre de 2025
Nouvelle Vague
Ésta película tiene bastante verborrea, se habla mucho, hay mucha información, mucha cita erudita expuesta casualmente, como bien se dice. Se hace un poco abrumador si prestamos atención a todo lo que se habla, pero así es Richard Linklater desde siempre, le gusta hablar bastante. Quién no lo va a reconocer inmerso en su trilogía de Antes del amanecer. Es interesante mucho de lo que se dice, pero te sobresatura también, como si usaras un aparato tecnológico y no supieras escoger. Es una película chiquita a pesar de todo, una película que se podría categorizar de austera, si bien muy profesional, muy competente, está hecha al estilo del cine que entretiene, que no es difícil de sobrellevar, aunque con tanta verborrea se vuelve un poco molesta, te mantiene un poco tenso. Si eres del espectador que mira de manera muy relajada, sin darle mucha importancia a lo que ves, pasa desapercibida ésta sobresaturación y lo que la hace un poco fuera del canon hollywodeense, pero también se nota más un defecto que una virtud. Más allá de esto es interesante saber cosas sobre como se hizo la película debut de Godard, Breathless (1960). Se dice mucho de él. La idea es expurgar mucho de lo que se sabe. A ratos Linklater parece Tarantino hablando como loco. Se nota también que Linklater es cinéfilo, como el mencionado Tarantino. Ésta película parece notoriamente la película de un cinéfilo, pero con atributos cinematográficos. Linklater se nota que sabe muy bien lo que hace, aunque en un diálogo minimiza su propio talento y en general da más cabida a ser intrépido, valiente, o tratar de salir de apuros que al regalo del don, de la virtuosidad. Linklater admira a Godard como cinéfilo que es, como cualquiera, aun no pensando igual que él en todo, como la gente que piensa por sí misma. En la película se puede ver sutilmente algunos puntos disimiles con su cine e ideas. Linklater se nota un tipo con personalidad, sin duda sabe su valor, es un buen cineasta. A veces en general puede ser imperfecto, como todos, pero es alguien talentoso, con ya bastante agua bajo el río, mucha experiencia, y sus buenas obras. Linklater llama genio a Godard, pero se permite bromear con su exageración, con su exceso de poética, con su revolución constante, con su querer ser distinto, con sus desmedidas ganas de dejar una marca, con querer ser original a toda costa, con su autosobreestimación juvenil, con su legado postmortem, con toda esa pasión de quien está cumpliendo sus sueños. Esto hace que Godard se vea más humano, más real, lo cual es una virtud del filme, la naturalidad, la cierta normalidad. Aquí no hay gente de otro planeta, sino seres humanos. Se nota también inteligente que el filme muestre las cosas prácticas, mostrando que ser genio es un trabajo, no algo hiperbolizado, inalcanzable, o irreal, fantasioso. Godard es intrépido, como quien da a ver que puede con todo, no obstante se nota que no controla todo en realidad. Linklater lo minimiza para bien, sus logros se vuelven tangibles, concretos, y así más contundentes, porque son más lógicos, más humanos. La mítica nace potente en ver como se hace, en el detalle, en la aparente simplicidad visual del detrás de cámaras y hasta lo que parece todo lo contrario a la trascendencia. En no convertirlo en un Dios a secas. El humor que se imprime en Godard, lo vuelve más simpático para una gran audiencia, porque de por si se nota narcisista como personaje, en sus maneras, en sus anhelos, en un aire a intelectualoide. Linklater lo hace de carne y hueso, y a todo el grupo, donde brilla el talento. Godard tiene un aspecto como encasillado físicamente, interpretado por el debutante Guillaume Marbeck que tampoco lo hace mal, con sus lentes de sol y fumando todo el tiempo, como quien lo quiere hacer ver cool, y se nota al cinéfilo Linklater ahí y quien ama a su propia profesión. Godard está lleno de ocurrencias, que puede verse alguien repleto de caprichos o cosas inmaduras, como tanto dolor de cabeza para la maquillista, y sobre todo para el productor Georges de Beauregard con quien se define muy bien el uso y el anhelo del dinero, y algo hay de verdad en tanta libertad (se dice que no es tan fácil vencer tantas reticencias, en varios sentidos, para lograr manifestarla, cosa con la que Godard siempre luchó, busco su total autenticidad y es de respetarse, triunfo como resumen, incluso autosabotiándose en varias oportunidades de cierta manera, reinventándose para bien y para mal tantas veces), pero también ahí yace su genialidad, su excepcionalidad, en ser un tipo lleno de ideas propias, lleno de creatividad (aunque también se le señala que hurtaba), de montón de motivaciones. Es una película que se centra en Jean Luc Godard, pero como reza el título habla de todo el movimiento de la nouvelle vague, de donde Linklater hace desfilar a todo el mundo con muy buena mano a través de la producción debut de Godard, muchos expuestos con brevedad pero logrados, donde emociona ver sus nombres en pantalla. Se le compara con Truffaut y Chabrol, de los que se anuncia su consabida propia genialidad, por entonces más celebrada que Godard, quien irá a superarlos, cosa seria. Destacan en pantalla el asistente de dirección Pierre Rissient y el camarógrafo Raoul Coutard. En particular se le da bastante pantalla a Jean Seberg (Zoey Deutch) de quien se ve varias facetas, algunas simpáticas, algunas menos, sobre todo al inicio, hasta evolucionar en una mejor versión. Se le propone alguien interesante en el relato, que aporta matices y momentos diversos. Incluso quien hace de su marido luce importante para ésta narrativa, Francois Moreuil. Linklater sabe retratar a la juventud, como hemos visto en sus películas y de cierta manera así acomete el filme presente. Genera ratos brillantes con la representación de Rossellini, Melville y Bresson, directores que Godard admiraba y con quienes compartió amistad. Seberg pasa de deslumbrar a Godard y a todo el mundo con Bonjour tristesse (1958) y mencionar ochenta mil veces a Otto Preminger, cuando empezaba su carrera, a ser nombrada À bout de souffle como la película más icónica de su filmografía y por ésta obra como máxima musa de la nouvelle vague. Así mismo está bastante bien Jean Paul Belmondo y su aporte al conjunto. Hay mucho debutante y nombre poco reconocible, pero Linklater contiene un grupo que se sostiene solvente.
sábado, 22 de noviembre de 2025
Le Couperet
En todo puede haber excepciones, pero si una película te hace dudar si es realmente buena o no, esa no es tu película. La película que instantáneamente, sin esfuerzo, te entusiasma, esa es. Le couperet (2005) es una película de humor negro sobre un tipo que era muy eficiente en su trabajo, era de la plana superior, pero al haber una ola de recortes lo despidieron, a lo que el filme del griego-francés Costa Gravas remite, al cine que le guste e importa, el cine social. También le gusta el cine político, pero aquí está ausente o como adapta la novela thriller The Ax (1997) del americano Donald E. Westlake puede leerse como una crítica constructiva contra el capitalismo extremo. El hombre lleva 2 años sin poder superarlo y entra en un trance de enojo y lo descarga convirtiéndose en un mix entre asesino en serie y asesino a sueldo para si mismo. Investiga prospectos de competidores al puesto que quiere tener y saca una lista de 5 nombres más un jefe, a los que planea matar, para hacerse indispensable, convertirse en el más calificado. La idea es que el capitalismo nos vuelve muy competitivos hasta deshumanizarnos visto como crítica en plan de sátira. Estos jefes no temen tampoco hacer ningún recorte, aun cuando tu puedes ser muy bueno en lo tuyo, dejándote en total segundo plano. El protagonista, Bruno Davert (José García, francés de padres españoles), quiere matar y simplemente lo hace. Una de las tantas frases existentes mencionan que la falta de oportunidades incrementa la criminalidad. Empieza con muchas torpezas, y anda cargado de inseguridad, no representa para nada al típico asesino, broma que se utiliza bastante, es un burgués dirán algunos, de paso huele al Chaplin de Monsieur Verdoux (1947), pero es como si el destino le ayudara a cumplir con su estado de locura. Utiliza una pistola luger, perteneciente a su padre que fue veterano de las guerras mundiales, un arma que también se puede identificar con el nazismo. Davert entiende perfectamente qué le sucede, comprende sus emociones, pero nunca se detiene. Es un talentoso Mr Ripley más pedestre, mata sin mucha planificación, sin demasiado ingenio. No lo atrapan porque el destino no quiere que lo atrapen, donde entra a tallar el humor negro. Es una película entretenida. Cada cosa es expuesta de manera muy práctica, casual, ligera. El humor puede ser algo naif, pero nunca se excede para ningún lado, ni muy tonto ni más listo de la cuenta. José García está perfecto, es creíble en su ligereza con respecto a su crueldad y frialdad como asesino. Es un filme sencillo, sin grandilocuencia, como la que lleva la muy celebrada y más pomposa Ocho sentencias de muerte (1949), con la que comparte algo de parentesco. El presente filme está mucho más depurado, pero curiosamente lo hace bien. Así siendo más pequeña la película le funciona excelentemente. Davert por su condición naciente de antisocial tiene problemas maritales, con lo que se complementa con una subtrama y lo resuelve mostrándose muy familiar. Por un lado está su quehacer criminal y por otro su familia. No es una película que quiera ser tremendamente divertida, no va por ahí, es un poco como para pensar y no matar su cualidad de thriller tampoco, aun cuando va por el camino de lo casual. Es una película sin duda curiosa, tiene mucho de cine social, pero como conjunto es mejor que sus anhelos reflexivos. Logra salir a flote, triunfar, más allá de ser engullida por tanto mensaje lanzado a vuelo constante. Hay además una cierta énfasis en lo publicitario que pasa medio desapercibido. La gente que Davert mata son como él, están pasando penurias siendo sobrecalificados, no parecen malas personas igual, pero piensa que debe matarlos para tener éxito. Es un mensaje obvio, pero trabajado en una medida, que busca ser más que superficial, algo normal de hallar en Costa Gavras -si bien su filmografía tiene altibajos pero también grandes películas- y lo que así mismo hace que no sea un producto como para ver y botar, sino que logra distinguirse, aun en su practicidad y su deseo de ser una comedia, y que se entiende que Park Chan wook haya querido hacer un remake (fijo más exagerado, pero no es una crítica, sino lo menciono por su sello, como del cine coreano), aun cuando los remakes no suelen superar a sus antecesores. Una broma que hallo ciertamente mala es justificar la corrupción cuando la hija de 14 años sube la escalera para acaparar la atención. También los policías se ven más tontos que el asesino, algo quizá clásico en los franceses. El final propone una mirada feminista de todo el asunto. No hay que dejar de anotar que cuando un autor serio hace una buena comedia, cosa rara, es de celebrarse.
domingo, 16 de noviembre de 2025
Repo Man
Repo Man (1984) es una película de cine B, una película de medianoche digamos, un sci-fi de bajo presupuesto. Da en el clavo en todo, se zafa de ser una película de cine B más, aun cuando al director en su debut, el británico Alex Cox, se le nota que quiere ser irreverente, quiere ser cool y uno puede querer ser y no lograrlo, pero Alex Cox si lo consigue. Ésta es una merecida película de culto. Alex Cox ama el punk, y quiere ser entretenido. El protagonista es justamente un joven punk, un pequeño criminal en potencia, Otto (Emilio Estevez, con 22 años de edad), quien entra a trabajar como agente de reposición de vehículos, un repo man, un tipo que recupera autos embargados que llevan un precio por su hallazgo y devolución. Otto halla un mentor en Bud (Harry Dean Stanton, con 58 años). Bud le dice, hay que parecer un detective, verse formal. Le expresa que todo Repo Man ama la intensidad, la aventura, de paso un poco el crimen, si bien se mueven dentro del límite. Lo que hace un Repo Man parece que fuera algo delictivo, pero es legal. Otto es punk, pero se le ve humilde frente a comportarse como un criminal. Es más un muchacho sólo un poco rebelde. Se puede decir que en realidad es un buen chico. Otto es bastante simple, puede ser tonto a ratos. Es típico de su edad. Se podría decir que ser punk en el filme es un estado de eterna juventud. Así llegamos a oír humor sobre formalizar una familia, una pareja o tener hijos, como quien se jubila, y dejar de lado la trasgresión o la incorreción. Suena Iggy Pop en el soundtrack. Vemos a los Repo Man en acción, en mucha acción de su labor. Son como un grupo de camaradas, pero hay fricciones también en los equipos y hay diversas agencias en competencia. Es una película que tiene actores curiosos en su reparto. El afroamericano Sy Richardson es un poco más del tipo de armas de tomar. No le espanta lo criminal, como cuando intercambia disparos contra una casa de donde no quieren que les quiten el auto. Hay en la película varias frases memorables o ideas que disparan momentos. Se dice -para sortear el miedo, para autoconvencerse del riesgo, andar de relajado- que nadie mata por un auto en EE.UU, como manifestando que es algo ordinario tener uno, hablando de los más básicos o tradicionales. Pero es una idea sarcástica puesta en el ambiente, porque hay tremendos bolondrones/quilombos por los autos. El filme se basa justamente en estos, en los autos, como si dijeras, el mejor amigo del hombre. Para eso Alex Cox hace una película brillante a esa vera, aun cuando pasa por simple, una película de entretenimiento puro y duro. Otro actor/actriz curioso/interesante es Richard Foronjy como Plettschner, un policía que se ve identificado con John Wayne y tiene un aire a Poncherello, si bien para eso están los personajes de los hermanos Rodríguez. El filme se ubica en Los Ángeles, por las calles más picantes de la ciudad. Los Repo Man se mueven como decir por los asuntos en conflicto del pueblo, de lo que puedes sentir un discreto aire social, como al vagabundo que le hacen puñito, aunque Cox ironiza en varias oportunidades sobre política y creencias religiosas. Aunque a los Repo Man puedes confundirlos con criminales o policías corruptos o tipos fuera del sistema (que algo leve llevan), son en realidad clase trabajadora y no sólo ello, están a pesar de todo llenos de optimismo, son gente de espíritu fuerte/joven y de ambiciones económicas, como todo buen gángster, en el mundo popular, dígase de paso. Los Repo Man están esperando el gran golpe de su vida. Pasa por la pantalla mucho latino y mucho afroamericano. Vemos mucho barrio. Ya desde su ópera prima se nota que a Cox le atrae lo latino. Se tiene mucha imagen de tipo duro, aunque al natural, sin rimbombancia. Cox maneja su cuota de humor negro e ironía en su propuesta y hasta de tontería juvenil. Tiene un lado sci-fi muy libre que es más juego que otra cosa, pero suelta varias ideas como lo conspiranoide, el ataque de extraterrestres, el peligro nuclear, los viajes en el tiempo, hasta tenemos una previsualización de Volver al futuro (1985). Así igualmente destaca Vonetta McGee con 39 años de edad, la parte romántica de la magistral El gran Silencio (1968). Vonetta tiene su gran momento en la sala de interrogación, el hospital. El filme tiene conversaciones del tipo de los locos que matan el rato entre bebidas (aquí mientras queman basura en un cilindro de metal, a lo bien casual), pero como es un sci-fi se convierte en realidad. Es una película que entretiene bastante, está llena de buenos momentos, hay persecuciones en autos y su buen suspenso de cine B, cómo quien se vaporizará con la maletera del auto.









