sábado, 17 de marzo de 2018

Ingrid Goes West


Una chica que no sabe adaptarse socialmente y yace hambrienta de popularidad, suele seguir a gente cool y éstas la terminan marginando, socialmente es una perdedora, llora todo el tiempo su situación, hasta que descubre a una exitosa fotógrafa y social media de instagram, a Taylor Sloane (Elizabeth Olsen), y quiere volver a las andadas, ser su mejor amiga y llenarse de su halo de éxito social, para lo que Ingrid Thorburn (Aubrey Plaza) tendrá la suerte de recibir una herencia y poner en práctica su acercamiento, lo cual suena un poco tonto de arranque, pensando que el dinero solamente ya le podría servir para vivir bien. No obstante ella ansía ser parte del círculo de los más populares.

De aquí se saca la notoria mención de las redes sociales y las nuevas tecnologías como espacio cruel de aceptación o marginación, que no es nada del otro mundo porque es lo que la sociedad y el tiempo viene haciendo, en especial en EE.UU. donde les quita el sueño ser considerados unos losers. También en Taylor asoma la idea de las falsas apariencias y el cambio rotundo producto de la invención, de ciertas mentiras y de la impostura. En ese sentido Ingrid Goes west (2017) no aporta mucha novedad al séptimo arte que ha reflejado mucho lo de la aceptación y los perdedores, aunque toma la tecnología, como estar pegados al smartphone, como pretexto o, siendo indulgentes, actualización.

Sin embargo la película de Matt Spicer tiene otras virtudes, es muy entretenida y tiene ratos graciosos, y Aubrey Plaza es muy buena en el papel de una cierta locura, ella siempre está preocupada por agradar a los demás, especialmente a los más exitosos socialmente y ese cálculo y tensión aportan bastante gracia al producto, que contrasta con el enorme ego y la soltura de Taylor, su pareja, amigos, ese círculo.

El filme también deja ver que la gente cool puede ser insoportable, como el gran papel de Billy Magnussen como Nicky, un tipo guapo y muy expresivo que hace y dice lo que le da la gana, quien de arranque detesta a Ingrid y termina revelándola como la perdedora del inicio. Ella trata de defenderse, pero su falta de autoestima la trae a la misma situación de siempre. Esta propuesta es predecible y cambia rápidamente a ésta situación y termina con un remate también muy obvio, pero el filme ya ha cumplido con brindar entretenimiento.

El mensaje del filme puede ser –que no lo anuncia- que todo lo bueno ya lo tenemos en nuestras vidas, si sabemos ser observadores, porque lo bueno ya está en la vida de Ingrid antes de ganarse a Taylor y forzarse; como hacer que su casero, Dan Pinto (O'Shea Jackson Jr.), se haga su amigo, y luego se fije como pareja en ella, aunque ella lo haga bajo el mismo fin de su locura, que la acepten los populares. Con Dan hay buena química y los momentos que provocan son atractivos. Dan no es el típico afroamericano pendiente de su color, aunque es un tipo cool también –con un lado naif, ama a Batman, y muchos estamos en la misma situación, aunque él lo vive cada minuto-, pero Ingrid está más preocupada en los otros, que en lo que tiene enfrente, igual que con su herencia que aparece fácil para poner en marcha la película y nada más. Esto es bueno en sentido de que el filme fluye, pero en la mayoría de asuntos se extraña mayor introspección. El filme muestra despreocupación, no quiere ser profundo, más es entretenimiento con su mensajillo light. Pero igualmente se deja ver bien.

Soldado


Un chico serio, muy concentrado en lo que hace, de rostro melancólico y sutilmente sorprendido es el protagonista de éste documental, del argentino Manuel Abramovich, que parece un poco docuficción, por recoger ciertos momentos perfectos, tan tranquilos, donde el ejército no es todo lo molesto que uno creería que es para un cadete, pero el muchacho por su sensibilidad dice que no es lo que creía en un inicio. No obstante quiere un trabajo y hacer feliz a su madre con su decisión de ser parte de éste. En el filme vemos constantemente tomas de primer plano, muy próximas al rostro del muchacho, lo demás queda fuera de campo, y para la imaginación, aunque está claro qué hay ahí, marcialidad, ordenes, disciplina. Un discurso enaltece al ejército argentino, dice que son 200 años de éxito. Todo ejército siempre anda preparándose para una hipotética guerra, para un eterno enemigo, pero éste yace antes fantasma, y todo ejercicio militar se enfoca en ello, pensar que es ridículo es subjetivo, pero hay un cierto estado de sobredimensión y cierta paranoia normalizada. El cadete protagonista de ésta película se mete a la banda, toca el tambor, y el filme se vuelca a un lado musical que parece desligarse de lo castrense. Suaviza la realidad militar, y sólo cuando se oyen voces señalando la importancia del ejército -aun para una banda y viceversa- es que regresamos al lugar objetivo. Son nuevos tiempos, el ejército argentino trata de dejar atrás su mala reputación, y enfocarse en un lado más sensible, el protagonista aporta mucho a ello. Abramovich muestra un ejército más humano, ser tambor es light y eso es mucho el filme.

lunes, 12 de marzo de 2018

La vendedora de fósforos


Película del cineasta argentino Alejo Moguillansky, que tiene mucho parecido con el cine de su compatriota Matías Piñeiro, con quien ha trabajado como editor. Se basa en el famoso cuento de Hans Christian Andersen. El músico alemán Helmut Lachenmann se interpreta a sí mismo, cuando presentaba una ópera basada en el mismo cuento del título,  en el teatro Colón de Buenos Aires. En la película el protagonista llamado Walter es organizador de la ópera. La mujer de Walter, interpretada por María Villar, que ha participado en varias películas de Piñeiro, trabaja en casa de una pianista, la argentina Margarita Fernández que se interpreta a si misma también. En el filme casi no hay trama, todo es muy simple y como que nada importante sucede, pero se trata de jugar con las posibilidades imaginativas que le otorga a Moguillansky el cuento de Hans Christian, como ver a la hija pequeña de los protagonistas ser como una sutil doble de la niña del cuento, escuchar que nos leen el cuento casi por entero o ver la audición de niñas complementándose entre sí interpretando el momento intenso y triste de los fósforos apagándose en medio de las alucinaciones y la cercanía de la muerte. También hay un par de  menciones a los guerrilleros del Ejército Rojo del Ruhr de los que se extrae una crítica al arte como expresión burgués, pero que finalmente se entiende que toda arte hasta la más culta le pertenece a toda la humanidad, por destilar belleza, sensibilidad y profundidad. Al filme lo recorre un poco el halo socialista, aunque se sufran las huelgas y los paros.  Au hasard Balthazar (1966) tiene una pequeña injerencia, mostrando afinidad emotiva entre cine y literatura, la hija de los protagonistas ve el filme con ojos atentos y enamorados, es una cinéfila en estado puro, que se deja llevar por la delicadeza y nobleza del arte. Luego veremos una breve recreación de ésta gran obra de Bresson. En el trayecto la ópera muestra alguna estructura, pero prima lo gaseoso, lo evanescente, como el filme, la idea de una construcción, de pensar en cómo expresarnos de manera original, coger la esencia del cuento y hacer un lenguaje personal que ya va creando identidad de un cine arte argentino minoritario.

La telenovela errante


Película filmada en 1990 por el cineasta más admirado y prolífico de Chile, Raúl Ruiz, y completada el 2017 por su viuda, la cineasta Valeria Sarmiento. Es una película que usa a la telenovela para retratar lo social y político típico del ser chileno, con su buen toque de humor, a través de la parodia de los lugares comunes de la telenovela, ya que Raúl Ruiz encontraba a la telenovela muy propia de la identidad latina como de la específica chilena. Ese aprecio y cercanía con éste entretenimiento popular lo mezcla con un quehacer político y social algo más difícil de digerir y seguir –desde el inicio parte importante de su cine-, permitiéndose bromear con su tendencia social, la izquierda.

La telenovela errante se divide en 7 episodios, son 7 días, 7 telenovelas también, con vínculos entre sí, no sólo temáticos sino por repetición de personajes. Un hombre bromea (Francisco Reyes) con la escritura de su nombre mientras deja ir a su mujer con otro, prefiere ir por unos tragos. Unos vuelven, otros se van, dentro de una mezcla de relaciones amorosas y dictaduras. Las relaciones son volubles e inesperadas. En un auto pasamos de declamar proclamas y poemas altisonantes a convertirnos en blancos de renovados francotiradores, así hasta el infinito; cada vez que surge una proclama un nuevo enemigo es señalado y muerto. 

Hay mucho absurdo que puede llegar a recordar el humor grueso de los programas cómicos de los sábados. La última es la telenovela más extravagante y surreal, vemos a tres hombres pasar por sentenciados como colgadores de ropa humanos, desconfían entre sí e intercambian roles, en medio de sus mascotas, hasta de un chanchito chillón.

El filme tiene un lado básico –en mayor cantidad- y otro un poco inasible, nunca es tan erudito ni tampoco demasiado bruto, es una fusión que se dirime en lo lúdico y relajado, que acusa la justa elección del melodrama telenovelero –que queda claro observando en varias oportunidades los episodios desde el interior de un televisor-, igual que la política diría. La propuesta de Raúl Ruiz es muy nacionalista, pero por el uso de la telenovela en general tiene cercanía con la cosmovisión latina, Chile tampoco es una isla, y la comedia es universal. En resumidas cuentas es el divertimento de un intelectual, el lado más laxo de una identidad.

viernes, 9 de marzo de 2018

Baby Doll


El director de ésta película, Elia Kazan, tiene joyas como Un tranvía llamado deseo (1951), On the Waterfront (1954), Al este del paraíso (1955) y Esplendor en la hierba (1961). Baby Doll (1956) es otra muy buena película suya, tiene 2 líneas narrativas, placer/amor y negocios. Archie Lee Meighan (Karl Malden) es un tipo bruto y con cierto halo infantil, un tipo propenso al alcohol que se ha casado hace 2 años con Baby Doll (Carroll Baker) que en 2 días cumplirá 20  años y perderá su virginidad o eso espera Archie Lee que muere por ella, pero ella lo maltrata, siempre le está recriminando la vida que llevan, como los muebles que les quitan por falta de pagos. Archie Lee es acusado de incendiario por quemar la desmotadora, una máquina para separar la fibra de algodón de sus semillas y vainas, de su competencia, el terrateniente siciliano Silva Vacarro (Eli Wallach) que lo ha venido a perseguir hasta su casa.

Ésta película es una adaptación de una obra de teatro de Tennessee Williams que se encarga del guion y, desde luego, no faltan las vidas maltratadas y los choques en las relaciones sentimentales, en especial para Archie Lee, que llega a ver como Silva enamora a su esposa, una muchacha del tipo de una  lolita, una muchacha que despierta sensualidad a su paso, desde que la vemos dormir en una cuna y chuparse el dedo hasta el camisón de dormir que lleva encima y quedaría inmortalizado por ésta película, que en un inicio se resiste a Silva, con un Eli Wallach como un latino seductor y que recuerda físicamente a Pedro Infante.

El filme tiene escenas de persecución muy logradas, desde cuando Silva trata de sacarle una confesión a Baby Doll de que su marido es un incendiario, y en el camino la va seduciendo. Baby doll es una mujer fácil, desesperada de que la alejen de Archie Lee, que preocupado en hacer dinero para ella llega a cometer el error de abofetearla cuando ella quiere prevenirlo. Es una película muy pícara y de humor negro, por lo que los exabruptos, audacias y sorpresas están a la orden del día, con un Archie Lee torpe hasta la medula. El filme se presta para lo lúdico, con una seducción de corte teatral, donde abunda el diálogo, en dos largas ocasiones en especial, hasta cuando Silva corretea a Baby Doll en la casa donde él juega a los fantasmas, con una limonada como afrodisiaco.

Baby Doll tuvo cierta censura, la sentenciaron de muy sensual o atrevida, por señalar el deseo abierto de una infidelidad y a una jovencita voluptuosa a la que los vecinos no se le resisten, pero vista en la actualidad es una película clásica, elegante, aunque típica de lo rural, del sur americano, del Mississippi, con personajes rústicos, muy simples, con su buen toque de picardía y en la sugerencia, con su sarcasmo, pero para nada en lo explícito o vulgar. Es una propuesta que tiene mucha intensidad, movilidad, frenesí, hay un cierto deseo de ser irreverente, con pequeñas audacias como con la tía de Baby Doll que vive con ella, Rose Comfort (Mildred Dunnock), que visita a las moribundas en el hospital para comerse los dulces que les regalan. Es un filme donde el marido es el malo de la película, pero se siente por él cierta pena, quizá porque en parte se le idiotiza, se le muestra medio perdedor, pero dándole cierta dignidad propia de los perdedores que suele imaginar la obra de Tennessee Williams.

jueves, 8 de marzo de 2018

Vincent y Theo


Robert Altman es uno de los grandes directores del cine moderno, su cine se remonta a comienzos de los 70s. Vincent & Theo (1990) ostenta una mirada sórdida, pícara, despierta, audaz, sarcástica, intrépida. Tiene una puesta en escena abundante, llena de mezclas, un poco desordenada, pero aun así elegante. En Vincent Van Gogh (Tim Roth) existe una mirada mística -amaba el arte japonés y el misticismo oriental- junto a una mirada vulgar -propia del burdel al que es asiduo y que incluye tener de pareja a una prostituta embarazada-. Vincent repudia a su familia, en especial a su padre, la mirada del filme de Altman es más agresiva, menos lacrimógena, no lo plantea desde el menosprecio del progenitor y el deseo de aceptación familiar. Vincent luce como un obrero, sucio, humilde, tiene los dientes descuidados, una apariencia y comportamiento tosco, algo grosero, apareciendo algunas veces histérico.

Parte importante del filme y de la biografía de Vincent Van Gogh es su relación con Paul Gauguin (Wladimir Yordanoff). Vincent sentía gran admiración por Gaughin, le llega a dedicar un cuadro, lo veía como un maestro y amigo, aunque en la propuesta de Altman tenemos a un Vincent que llega a retarlo. El genio de Altman se toma notorias libertades, hace cine de autor en toda la palabra (ya lo dice aquella línea: cocinar es como pintar, hay que usar la imaginación), como cuando el pintor holandés se hace llamar el espíritu santo a través de lo que parece un graffiti en la pared y termina pintándole con óleo el rostro a una cortesana en un bar, con lo que muestra su enojo con Gaughin. Inclusive Altman exagera un poco, cuando Vincent deja caer vino de su boca ante el fastidio con Gaughin. Se muestra a un Vincent abiertamente violento. Gaughin genera una mala influencia en él, por más que el holandés se siente atraído por las similitudes entre ambos, como su rechazo a lo burgués. 

Ya lo anunciaba la llegada de Gaughin, cuando sopla el viento con polvo elevándose del suelo, que significa amenaza, aunque en éste filme vemos a un Gaughin más pasivo que su leyenda, aunque se suelta que es un mentiroso, a pesar de que ha tenido una vida muy dura, sobrelleva una cojera y se recuerda que llegó a limpiar baños públicos. No obstante se propone con fuerza a un Gaughin inocente de culpa. En cambio en Vincent hay hasta una mirada salvaje homoerótica hacia su admirado compañero de vivienda, llegando del apasionamiento a morder un cuchillo. Tim Roth le pone una cierta mirada psicótica a su interpretación, a lo que hará más tarde con Tarantino. Altman plasma una estética oscura, con aquel espejo roto, una navaja y la sangre en la oreja y el cuerpo. La Locura de éste famoso pintor holandés es repentina, no está en toda su vida, y se señala al alcoholismo como posible razón.

Dentro del atractivo del filme está que es un biopic no sólo de Vincent, sino también de su hermano Theo (Paul Rhys), en igualdad de importancia, cuando uno no lo suele ver así. Theo dice: Yo tengo mis propios gustos y debo ser mi propio dueño. Es la declaración de principios del cine de Robert Altman, y esto hace que su atrevimiento y personalidad roce a veces el ridículo, como con el comentario del bigote de Theo, pero nunca cae en éste. Theo no es rico, como muchos pueden haber pensado al sostener el arte de Vincent. Theo es clase media. Theo también discute. No es ningún santo. Sufre de sífilis y tiene problemas por tener ésta enfermedad para hallar pareja seria. En el filme de Altman se difumina un poco el amor entre hermanos, que se da por entendido (como al ponerle Theo el nombre de Vincent a su hijo), para darle al filme mayor realismo. Theo es un buen hermano, pero ésta propuesta propone un retrato general menos simpático que el más propagado, Theo tiene carácter, lo vemos más humano, imperfecto, menos romántico, es una versión menos educada de su figura también.

El filme tiene sus escenas deslumbrantes, como la del Jardín natural de girasoles, una puesta en escena artística, sobresaliente, con el viento, las flores moviéndose, Vincent entre ellas pintando, de pronto surge la irreverencia, violencia, Vincent destruye su cuadro, surge un apasionamiento vistoso, extremo, algo chocante, Altman termina arrebatándole la belleza inicial a la escena, nulifica la poetización, prima el realismo duro. Otra puesta en escena sobresaliente, la pintura de los cuervos (llamada “Trigal con cuervos”), metido Vincent en el paisaje, el sonido alto de los cuervos de fondo mientras pinta. Una tercera gran escena es la de un momento clave en la vida de Vincent, la de la oreja. Vincent yace bañado en sangre en la mitad del cuerpo, la cámara se enfoca, pone el cuadro, en las piernas y en la caída de la sangre, el pantalón está roto y sucio, lo vemos caminar con dificultad.

Otro momento clave, el suicidio de Vincent Van Gogh, lo define por una parte, aunque de forma pequeña, el Doctor Paul Gachet (Jean-Pierre Cassel), un padre dominante. Vincent escucha del rechazo del doctor para salir con su hija, en una escena discreta, muy sutil. Luego en otra, Vincent oye de forma directa de las necesidades de la familia de Theo, ésta escena es grandilocuente, la mujer de Theo yace llorando y fastidiando. El filme culpa a la mujer, a Jo (Johanna ter Steege), del último acto de Vincent. Jo mantiene un aire rústico en toda la película. Vienen a la mente rápidamente dos frases del filme. La primera: Yo daré de comer al bebé, tú dale de comer a tu hermano. La otra, de los dueños de la galería que administra Theo: no podemos permitirnos un salario extravagante.

domingo, 4 de marzo de 2018

Loving Vincent


Ésta película tiene la originalidad de que primero se grabó a actores como una película normal y después 125 pintores hicieron 65000 pinturas al óleo de toda la película, que serían 65000 fotogramas, que luego fueron animados por ordenador, donde los artistas imitaron el estilo de pintura de Vincent Van Gogh de lo que se tomó de base directa, total o parcial, más de 100 pinturas suyas. Todo el proyecto requirió de 7 años de trabajo.

Sin duda, está es la parte más grandiosa del filme de Dorota Kobiela y Hugh Welchman, pero ésta propuesta no sólo se queda en eso, la trama es una historia de detectives, donde el hijo del jefe de correos, Armand Roulin (Douglas Booth), es encomendado por su padre -amigo cercano de Van Gogh- a entregar una última carta a Theo. Pero en el camino se va interesando cada vez más por su vida y por resolver como fue su muerte, que según Armand guarda más de las 2 teorías populares que se dicen de él.

La teoría de Armand señala a un grupo de jóvenes marginales con los que en su soledad y proclividad al alcohol Vincent anduvo y uno de ellos tenía un arma, y se dice que fue quien le disparó a van Gogh. Pero Vincent no lo culpó, como señala en su lecho de muerte de no culpar a nadie de su muerte, al igual que cuando se cortó la oreja y pudo también haberse incriminado. Pensemos que se llegó a internar voluntariamente en un sanatorio mental, con lo que parece mostrar una baja autoestima, a pesar de ser un genio de la pintura que en menos de 10 años pintó cerca de 900 pinturas y cimentó tremendo legado.

El filme es un viaje visual y estético hermoso, deslumbrante, y una historia escueta pero interesante, donde escuchamos de las teorías de su muerte. Una de ellas es la de que se enamoró de la hija del doctor Gachet, doctor que lo veía, y éste le prohibió ver a su hija, teniendo una fuerte pelea con él por forzarlo a que se aleje de ella, que luego el mismo doctor explica en su propia versión de haberle movido hacia la otra teoría, la de que era una carga económica para su hermano Theo que tenía deberes para su bebé recién nacido y no podía tener una vida holgada y tranquila por su culpa. En ésta teoría se dice que es una carga para la enfermedad de Theo también, la sífilis, que lo estaba empeorando por tener la presión de que Vincent lograra trascender y subsistir, y que esto movió a Vincent a suicidarse, pero suena un poco improbable, porque más bien la muerte de Vincent terminaría matándolo de la impresión, pero ambas teorías pueden ser complementarias, creando un estado de depresión.  

Loving Vincent (2017), que es como se despedía Vincent en la infinidad de cartas que escribió, empieza a un año de su muerte y sigue los pasos de poder entregar una carta que se va dilatando al no hallar destinatario y se van descubriendo en el camino los pormenores de la vida de Van Gogh, en base a las personas con las que se relacionó que van hablando de su visión personal de cómo fue, que incluye detalles como que llegó a renegar de la religión, entendiendo que la mística la buscaba y la hallaba en la pintura. No obstante en general se señala a un Vincent amable, educado, cariñoso y atento con todos, pero amigo de lo marginal y del alcohol, un solitario capaz de arrancarse una oreja de la furia, aunque esto queda expuesto como secundario que incluso vemos la historia de la amputación de la oreja pasar bastante rápido. El filme prefiere mantener la mirada de admiración a Van Gogh quien recién a los 28 años decidió emprender la pintura tras tantas derrotas existenciales que en vida no terminaron nunca, pero que finalmente la inmortalidad lo esperaría tras su trágica y poética despedida del mundo.

The Breadwinner


En la época del control de los talibanes sobre Afganistán, el 2001, una familia sufre en la capital, Kabul, de la ideología reinante que maltrata a las mujeres. No les permiten andar tranquilas por las calles (se dice en un diálogo que sólo los hombres van a donde quieren), hasta llegan a golpearlas salvajemente si no las acompaña a la calle un hermano o un esposo, y deben cubrirse los rostros con las burkas. Para eso el padre de una familia, un profesor que le falta una pierna, minusvalía que no les produce misericordia alguna a los extremistas, es arrestado al ser señalando de darle mucha libertad a su hija de 11 años, incluyendo la libertad intelectual en la lectura de libros indicados como prohibidos. La niña, Parvana (voz de Saara Chaudry), al ver que su familia sin la figura paterna o una masculina pasa hambre, no pueden ni comprar comida porque no le venden a las mujeres, decide cortar su cabello y vestir de niño.

El filme señala muchos abusos a las mujeres, es como un compendio de los sufrimientos que traen consigo el gobierno de los talibanes, es un filme lleno de dolor, pero también de valentía como en la historia que se cuenta a la par, la de Sulayman y del hermano mayor de Parvana, que hace de catarsis para Parvana, como de algo menos trascendente, pero entretenido, en ser un cuento para dormir para el hermano pequeño. El cuento de Sulayman tiene los dibujos menos definidos por la idea de estar supeditado a lo general, en éste un joven considerado débil debe enfrentar a un malvado elefante y a sus fieras que sojuzgan al pueblo. Ésta historia es un llamado a la valentía para enfrentar las dictaduras y al maltrato de los poderosos.

The Breadwinner (2017), de la directora irlandesa Nora Twomey adapta la novela de la canadiense Deborah Ellis, es una historia de sobrevivencia y de unidad familiar. La madre de Parvana también demuestra coraje, propone el sacrificio en pos de sus hijos. Se trata de una familia intachable, el padre cree en la libertad de la mujer, a pesar de que en su territorio prima todo lo contrario, le ha enseñado a Parvana a amar a su país aun con los talibanes y a creer en el poder revitalizador de los cuentos.  The Breadwinner exuda nobleza por varias partes, como con el amigo escolar que halla en la calle, o el señor que ha perdido a su mujer. La violencia y la dureza comparten espacio con pequeños actos de amor, la mayoría salidos de la familia, que mantiene los corazones limpios. Es una buena película, aunque su mensaje contra los extremistas y el abuso a las mujeres no contenga sutilezas.

Invasión


Lo peculiar de éste filme del argentino Hugo Santiago es que puede leerse como un sci-fi, sin ver nada tecnológico, futurista o distinto de lo común, pero la idea de una invasión extraterrestre está en toda la película. Invasión (1969) también, desde luego, se lee de forma directa, es una invasión –una guerra- de un país equis a otro país, ideológica o literalmente –a pie- de seres humanos, a la ciudad de Aquileia, que designa una mítica Buenos Aires.

El filme de Hugo Santiago tiene un claro referente del tipo de sci fi que se hace en Alphaville (1965), y para lograr un filme tan bueno como su predecesor depende del genio en el guion del escritor Jorge Luis Borges que trabaja con Hugo Santiago en éste, sumando que la historia proviene del mismo Borges y de otro escritor y su amigo entrañable, Adolfo Bioy Casares.

Invasión no especifica tampoco a que se debe la invasión, aunque obviamente al control de los ciudadanos de Aquileia, a la subyugación a un poder mental y a un orden establecido. El filme empieza con apenas un camión de contrabando cruzando una tranquera militar y tratando de ingresar un sistema de radio a Aquileia, es una infiltración de a pocos. Pero se enfrentan a una resistencia, de orden paramilitar. El líder intelectual de la resistencia es Don Porfirio (Juan Carlos Paz), un anciano típico que se acompaña de su gato y lo vemos tomando mate. El cabecilla del grupo armado de la resistencia se llama Herrera (Lautaro Murúa) y maneja un grupo variopinto, entre mujeriegos, amantes de los western y cantantes de milonga.

La película tiene mucha acción, disparos, peleas, persecuciones, pasando por algún arresto e intento de tortura, hasta un cerco en un estadio que invoca a la despersonalización con clones, la misma que veríamos más tarde en The Matrix (1999). Los de la resistencia –que suponen ser los buenos- visten de traje más oscuro que los invasores. También hay una pequeña línea de misterio con la esposa de Herrera, Irene (Olga Zubarry), que remite a la lucha por la igualdad de género. El filme se mueve en base a 4 fronteras por donde la resistencia trata de contener a los invasores. Los invasores son una suma mayor de entes, tienen las de ganar, aunque la resistencia se mantiene perseverante, firme. Se podría decir que Invasión es un sci-fi criollo, creativo, y que funciona perfectamente.

jueves, 1 de marzo de 2018

Mala junta


Un chiquillo, Alejandro (Andrew Bargsted), Tano, se dedica a robar, le falta en su vida un modelo a seguir, y finalmente medio a la fuerza lo consigue cuando es entregado al cuidado de su padre que ha estado ausente en su existencia. Su padre, Javier (Francisco Pérez-Bannen), un mecánico, vive en una comunidad mapuche en la montaña, en Wallmapu. Tano conoce allá a Cheo (Eliseo Fernández), un muchacho mapuche retraído y maltratado en su colegio, y se hacen amigos, como cabía esperar. En adelante la directora mapuche Claudia Huaiquimilla en su ópera prima pone a Tano y a su padre a discutir, tratando de que el muchacho descarriado tome rumbo y se enderece, y no caiga en manos de ninguna institución reformatoria del gobierno. Tano junto al padre y a Cheo tomará consciencia, se sentirá apreciado e identificado, y pegará el salto, pero antes las circunstancias lo arrinconaran.   

Es un filme muy naturalista, como ver comer muy humilde y tradicionalmente. El espacio rural se presta para una noble recreación sin que tenga mucho de romanticismo, todo en ello obtiene una cierta belleza en su sencillez formal, sin aspavientos. El filme de la chilena Huaiquimila comparte parecido con otra ópera prima, Temporada de caza (2017), de la argentina Natalia Garagiola, que también nos habla de un chiquillo problemático que es enviado con su padre a la Patagonia, donde a través de la simbología de la cacería se reformará, le perdonará la ausencia al progenitor y lo aceptará como ejemplo de vida.

En el filme hay un problema social general, la comunidad mapuche hace una pequeña manifestación de descontento y enseguida el gobierno se le tira encima, con lo que se revela la fricción con la comunidad indígena que suele tener problemas con el gobierno. Hay un cierto desamparo de los mapuches en Chile, que se sienten amenazados en su libertad, igualdad y derecho. Es por eso que Cheo sufre de bullying en el colegio, lo creen un incendiario, un pirómano, producto de señalarlo como estereotipo de manifestante social, con lo que se tiende a banalizar socialmente la lucha por los derechos de los mapuches. Hay una voluntad de sojuzgamiento con lo que representa algo “distinto” a uno.

Cheo es maleable con el entorno, puede verse fácilmente corrompido, sobre todo por su deseo de ser aceptado por el resto, y Tano es un tipo poco meditativo que se ha acostumbrado a hacer lo que le da la gana y esto quiere decir que lo criminal y la vagancia le vienen bien en su total libertad, perpetrándose como el opuesto de la comunidad. Tano y Cheo, de cierta manera son la representación de Chile y los mapuches interrelacionándose, una comunidad indígena marginal aceptada finalmente por un statu quo a corregir su libertinaje.