sábado, 13 de junio de 2020

Trilogía de los Karnstein: The Vampire Lovers

The vampire lovers (1970), de Roy Ward Baker, es una película de terror notable. Está cargada de erotismo, pero mantiene una buena trama y es entretenida, más allá de lo sensual que en realidad es un adicional y una característica de los vampiros que retrata ésta trilogía de la Hammer. Ingrid Pitt seduce jovencitas, con su lesbianismo poderoso, aun cuando las chicas no se declaran así y resulta trasgresor para la época retratada (siglo XVIII), más no los 70s, desde luego. Pitt también seduce hombres, todo para chuparles la sangre, conseguir víctimas, sin importar el género. En un castillo vivieron los Karnstein, los llamados no muertos, y fueron casi todos asesinados por un hombre furioso por la muerte de un familiar. No obstante sobrevivió Mircalla (Pitt), o Carmila, o Marcilla, como se hace llamar, para engañar y engatusar a nuevas presas. Una señora, una esclava, la introduce y ella queda al cuidado de alguna familia aristocrática, entra a un hogar y pone en práctica su vampirismo. El filme hace fría para matar a Mircalla, pero suele ser muy falsa antes, atrayendo emocionalmente a las muchachas, que la creen una gran amiga, y terminan de fiambre. Un general (el gran Peter Cushing) padece en manos de Mircalla. Luego sigue hacia otra familia, ese es su sistema. Mircalla es muy seductora, erótica y audaz, hay buenos momentos de juego lésbico o bisexual de ésta manera. Mircalla no se conforma con sólo el trabajo laborioso con las muchachas ricas, virginales, también mata al azar a la intemperie a gente del pueblo que cruza el cementerio donde yace su ataúd. Por todo hay muy buena mítica en el filme de Ward Baker. Hay una escena donde Mircalla presencia un cortejo fúnebre y muestra toda la bipolaridad femenina, se enoja, luego se entristece, es un mar de emociones. A esa vera se vuelve sugerente con su joven y lozana acompañante, hablando curiosamente de muerte. La idea general es que Mircalla parece una persona inocente, confiable, una buena persona, aunque en ella se esconde un monstruo. Alguien "suspicaz" llega a sospechar del vampirismo metido en casa, pero no la imagina a ella como la culpable de la enfermedad que ronda. El asunto es que la belleza y fuerte sexualidad de Mircalla los tiene embobados a todo el mundo; lo que deseas resulta algo perfecto y hermoso a tus ojos, no posee fisuras. Eso es lo que sucede. Drácula observa a la distancia, ríe diabólicamente. El terror se posa en todas partes. Es un juego pleno de manipulación, Mircalla es un vampiro inteligente. Sin embargo ella se rige al folclore y en ese lugar están las claves para derrotarla. Mircalla es semejante a un asesino serial que teniendo tantas muertes encima deja rastro de sí, aun cuando se cubre bien. El final es inevitable, bastante potente también. Pero antes el vampirismo nos entrega tremendo entretenimiento.

miércoles, 10 de junio de 2020

The lost boys

Películas así ya no se hacen -no igualitas-, películas familiares, con algunas cosas inocentes, como la participación de adolescentes como héroes frente a peligros mayores a su alcance, al mismo tiempo de hacer uso de formas duras, como lo son las muertes de los vampiros, aunque, claro, amparados en lo sobrenatural y la fantasía que lo permite y lo aguanta todo. Son filmes con cierto espíritu, amantes del entretenimiento, pero lo comercial y lo cinéfilo juntos, al estar provisto el filme de calidad, cosa que ha disminuido en general bastante hoy en día -aunque no todo es mediocre con la originalidad y cualidad de autor, desde luego-, a pesar de que ahora hay mayores presupuestos en juego y gran tecnología. El director es Joel Schumacher, un director excesivo en sus gustos personales, que lo hacen proclive al ridículo, declarado prácticamente unánime con sus películas de Batman. Pero Schumacher también es el director de Un día de furia (1993) y 8mm (1999), muy buenas películas, y The lost boys (1987) se suma a ese grupo, aun cuando hay sus momentos criticables que no escapan a la personalidad cinematográfica del director, a su exceso de inocencia.  The lost boys es una muy buena película de vampiros con su pinta juvenil y con su personalidad propia en el folclore, como cuando los vampiros duermen como murciélagos colgados del techo o como cuando atacan a sus presas viniendo volando y llevándose a su victimas por los aires como aves de caza. El filme tiene un aire cool, con Jim Morrison como ícono vampírico. Tiene bastante encanto también el grupito de chiquillos cazavampiros, con Corey Feldman y Corey Haim como maestro y amateur respectivamente. Jason Patric es un guapito heróico destacado y Kiefer Sutherland es un gran antagonista, incluso estéticamente, cosa que además distingue a Schumacher. Sutherland en mucho es la cara de la película. Se le reconoce bastante a ésta propuesta hoy en día por su participación y look. Jami Gertz luce bella, se presta perfecta para el romance juvenil y gancho hacia el mundo de los vampiros. El filme es muy entretenido, muy hedonista, tiene bastantes buenos momentos. Así mismo la película posee además una buena comedia, hace reír decentemente. El enfrentamiento contra los vampiros es emocionante y tiene su notable creatividad. Sutherland y compinches eran suficientes, pero qué importa. Dianne Wiest ofrece ternura como madre soltera, toda ella es entrañable. Como se aprecia, es un filme con muchas cualidades, muchos aciertos, para fans de las buenas historias de vampiros, enmarcado en el terror ligero.

lunes, 8 de junio de 2020

Maniac Cop (trilogía)

Lo que sorprende primeramente de Maniac Cop (1988) es que para ser cine B y de bajo presupuesto es de muy buen nivel estético, con efectos especiales bastante competentes, y aunque con una historia sencilla, sólida. La trilogía le pertenece a William Lustig y de guionista a Larry Cohen, gran dupla, maestros en el género, que hacen de ésta trilogía tres grandes películas de terror, lo cual es tremendo logro, cuando por lo general las secuelas de películas sobresalientes suelen tirar todo al traste a continuación. Maniac Cop tiene de protagonista a un policía apasionado de su profesión, hasta lo extremo, quien no duda en matar a los criminales en un pestañar de ojos, es de temible mano dura, sobre todo pensando en la corrupción del aparato judicial. Esto lo lleva  a ser despachado por las autoridades, lo conducen a caer en la cárcel y ser asesinado por la mafia, por quienes arrestó. Vemos una escena potente donde lo acuchillan varios presos en un baño, previa lucha. El policía en cuestión, Matt Cordell (Robert Z'Dar), lleno de furia, como siempre vivió, se resiste a morir y resucita, así se explicará -con mayor detalle- más tarde en la trilogía. Inicialmente despierta -increíblemente sobreviviente- y con daño cerebral se vuelve un demente, mata a inocentes, aterroriza la ciudad de New York. Varios policías fungen de héroes -a la vez pululan los oficiales corruptos-. La propuesta es notable en no temblarle la mano para despachar a cualquiera, tal cual el policía maníaco. Cordell no habla, no muestra su rostro desfigurado tampoco, solo inflingle violencia, se dedica a matar. De héroes tenemos a los actores Tom Atkins y a Bruce Campbell, y a la actriz Laurene Landon. Finalmente el policía maníaco enseñará el rostro por el final, cuando ya todo el terror esté consumado. Cordell es super fuerte y prácticamente inmortal, y encima usa una cuchilla para matar. Cordell llega a entrar -frontalmente, a lo Terminator- a la estación de policía y se enfrenta a todo el mundo, produciendo una notable escena de acción y de terror. Maniac Cop 2 (1990) no baja la valla. Al grupo anterior de héroes se le suma una psicóloga y brava policía, Susan Riley (Claudia Christian), empieza hablando -aconsejando- solamente, luego entra en toda gloria a la acción; y un policía que parece pistolero del oeste -con su súper breve escena de intro-, el detective Sean McKinney (Robert Davi). La psicóloga dará una escena en auto que es de otro planeta, por decir lo menos, intensa y espléndida, llena de adrenalina y suspenso, con ella colgando esposada fuera de un carro en movimiento en plena pista de alta velocidad. Más tarde a la historia central se le anexa una de un asesino en serie que es el mismo demonio (asesino de bellas desnudistas, mientras suman sus dulces bailes de rigor), aunque no a la altura del policía maníaco. Cordell tomará mayor consciencia de sí mismo -será más enérgico, en la anterior había melancolía- y querrá vengarse de sus asesinos directos, provocando otra escena más de esas míticas que hacen de Maniac Cop 2 una joya nuevamente. Cordell andará matando gente prendido en fuego de cuerpo entero. Aquí el maquillaje del policía maníaco será mucho más elaborado (aunque el anterior tenía su gloria), ya parecerá un muerto, quedarán bastante en claro las directrices del filme. Maniac Cop 3: badge of silence (1992), contra todo pronóstico, seguirá manteniendo el nivel de sus predecesoras. Ésta tiene una muy buena historia. Katie Sullivan (Gretchen Becker) es una policía de armas a tomar, como todos los agentes héroes de la dupla Lustig-Cohen, y cae en la acusación de brutalidad policial, aunque lo suyo fue defensa personal, pero con licencias -por el tipo de arma-. La desgracia de Katie le crea identificación a Matt Cordell, y éste se deshacerá de todos los que se meten con Katie o impiden sus anhelos; el filme trasciende el deber personal en todo esto. La escena maravillosa de acción del filme llega con una persecución en auto, nuevamente el fuego se hace presente. El fuego es poderoso y éstas películas saben sacarle bastante jugo. Jackie Earle Haley hace de un ladrón y asesino y es el que prende la mecha en el ambiente, es todo un loco de atar. Robert Davi está genial también, nuevamente. Por todo es un filme muy entretenido, con su curioso vudú incluído.

sábado, 30 de mayo de 2020

Tu vicio es una habitación cerrada y solo yo tengo la llave

Película clásica del giallo con asesino serial suelto por la ciudad, pero aquí está ubicado en un pueblo, donde en una mansión señorial Oliviero (Luigi Pistilli) realiza fiestas para los muchachos locales. En sus reuniones busca ser el centro de atención maltratando a su esposa, a Irina (Anita Strindberg). Irina es dócil y sufrida. Oliviero es déspota y cruel, y actualmente yace sin imaginación para continuar su carrera de escritor. Es un tipo frustrado y amargado, que suele abusar hasta sexualmente de su mujer. Con éste escenario lo del asesino serial suena secundario, pero de esto se cree sospechoso a Oliviero ya que una de sus amantes fue asesinada. El filme de Sergio Martino adapta muy libremente el cuento El gato negro de Edgar Allan Poe. Oliviero tiene un gato negro llamado Satán y el gato fastidia a Irina, que tampoco es la mujer ideal, odia al animal, le trae recuerdos de la madre de Oliviero, que ella odiaba, y él reverencia, como con un vestido de baile de la madre que todos anhelan. Hay una mujer de color que es la sirvienta y es también amante de Oliviero. Irina sabe de todos su affaires y vive sumida en el dolor. Pronto harán entrada 2 personajes. Uno es la sobrina de Oliviero, Floriana (Edwige Fenech), que es una mujer liberal y promiscua, y tendrá sexo con todo el mundo, proponiendo harta intriga a diestra y siniestra. Oliviero no se aguantará, desde luego. Hay una escena de gran suspenso cuando Oliviero escribe a máquina, Irina lo observa inquieta, desesperada. El gato Satán también será protagonista, como observador de todo y hasta es participante directo. Hay su historia de terror con el animal que será vital en la historia. El filme tiene escenas de sexploitation, como acostumbra el giallo, y no falta su misterio e investigación, su traición y su sorpresa. Es un filme muy rico, no faltan tampoco las muertes. El otro personaje lo interpreta Ivan Rassimov y será inicialmente a simple delivery man. Hay conversaciones muy buenas en el filme. Todos actuan muy bien en un filme sencillo, pero ameno. Tenemos la belleza de Strindberg, de Fenech, de la mucama negra con sus escenas eróticas respectivas; y Oliviero es un gran malvado despreciable. Todo sumando un gato macabro y un asesino suelto, condimentos jugosos para una muy buena película de terror y del subgénero del giallo.

El extraño vicio de la sra. Wardh (Lo strano vizio della signora Wardh)

Un hombre sádico, Jean (Ivan Rassimov, que curiosamente en la figura de sus personajes, en su aspecto físico, en su representación, siempre me recuerda al Jaguar de Juan Manuel Ochoa), persigue a su ex, a Julie (Edwige Fenech), la atormenta, le manda rosas con mensajes, fastidiandola -de ahí saldrá la célebre frase que dará nombre a otro famoso giallo de Martino; Tu vicio es una habitación cerrada por dentro y sólo yo tengo la llave-. Ella se ha casado y no quiere saber nada de éste hombre del pasado, que la maltrataba (hay una muy buena escena bajo la lluvia de eso). Julie tiene hoy un amante, el galán George (George Hilton), a quien bien le calza la frase de seductor de: quien la sigue, la consigue. En el trayecto hay un asesino en serie suelto matando prostitutas; como Julie es infiel entra en ese grupo para el asesino; así igualmente la mejor amiga de Julie que ironiza sobre su libertinaje y belleza física. El esposo de Julie, Neil (Alberto de Mendoza), no luce como un mal hombre, incluso es protector, pero es medio viejo, anticuado, muy formal, poco sensual, poco seductor, poco interesante. George es más del tipo latino macho -con moto incluida-. Julie es muy apasionada, muy sensual. Vemos las infaltables escenas eróticas con Fenech, que tiene un cuerpo delicioso, escultural, grande, bien curvilíneo, voluptuoso, que presenciamos especialmente desde una toma desde el techo con ella teniendo sexo, observamos majestuoso su trasero. El filme tiene al asesino en serie como relleno en realidad, para las escenas típicas del slasher, de asesinatos, con una vistosa y brillante larga navaja de afeitar. La propuesta más bien va de crímenes e investigaciones, aunque fáciles, pero con no demasiado suspenso, pero harta acción. La trama tiene varios giros de quien puede ser el asesino en serie. Al final, a media película, se descubre quién es, y éste sale de la cuenta, para volver luego. Es como si estuviéramos viendo dos películas por el mismo precio, una de terror con un asesino matando prostitutas -buena la escena en un lugar laberíntico de mucha vegetación, harto suspenso del bueno- y otra dramática con el triángulo amoroso de Julie más su ex acechador. El filme tiene su trampa con la impactante y escalofriante escena de la bañera ensangrentada. Todo es típico del cine de Sergio Martino, que tiene giallos muy entretenidos. La presente película no será muy original, pero tiene cierto parecido por debajo con su futuro popular giallo Todos los colores de la oscuridad (1972). En la carretera, cuando todo se aprecia finiquitado, aparece una deslumbrante figura fantasmal; aunque breve ésta escena es sobresaliente, con final "anunciado". Después viene la explicación express para juntar las piezas del rompecabezas y dar una solución -clásica del giallo- bastante improbable y rebuscada, pero qué importa si nos hemos divertido ya tanto.

Todos los colores de la oscuridad (Tutti i colori del buio)

Una mujer, Jane (Edwige Fenech), teme por su vida siempre; recuerda constantemente al asesino de su madre que vio matarla cuando tenía 5 años. Ella sueña que éste la persigue hoy en día, un hombre de marcados ojos azules y sonrisa diabólica, burlona, interpretado por Ivan Rassimov. A ese respecto somos partícipes de terror psicológico, ella cree ver al asesino acechándola, a puertas de matarla, pero es sólo su imaginación que provoca harto suspenso y tensión como con la subida por la escalera o cuando lo ve por la ventana. Una vecina le propone curiosamente una celebración pagana como cura. Aquí entra a tallar la otra mitad de la película. En todo esto hay algo medio tramposo, con el asesino de los ojos azules, pero aun así tiene coherencia la película. Jane se queja con su marido, Richard (George Hilton), pero éste es inútil calmándola o dándole seguridad o que ella sienta protección, aun cuando la ama. Jane se la pasa con miedo todo el tiempo. Desde la apertura del filme lo vemos con una fuerte y representativa pesadilla de austera estética, con la visión machacona y medio desértica de una mujer muy poco agraciada despeinada de embarazo avanzado desnuda sangrando y una vieja horrible pintada como muñeca de época que se ríe como una enferma. Una imagen barata ciertamente, pero bastante efectiva para generar miedo, agregándole una banda sonora siniestra de acompañamiento. Cuando en un momento, después de ver por la ventana, el asesino entra al apartamento de Jane se maneja una estética y perspectiva visual, con un cuarto encendido en rojo de fondo y el sentir del giro de la imagen como uno a punto de desmayarse. Ésta escena es notable por sus suspenso. Igualmente sobresale estéticamente la escena de la orgía dentro del culto -de aspecto grotesco, erótico y propio de la mascarada- con desnudo de la hermosa y deslumbrante Fenech incluido. Éste giallo es un thriller en toda gloria, a su estilo; por la mitad final las fichas se mueven sobre éste género. Se torna una investigación policial, una película de misterio, ya no una película de terror psicológico, habiendo mucho menos suspenso. El director Sergio Martino tiene talento para cambiar de figura, tanto como para jugar con la mezcla, aun cuando hay que ser un amante del terror poco purista para disfrutar de la película y pasar del terror en toda regla a la acción de una investigación policial, a una película criminal, pero que es tan propio de éste famoso y entretenido subgénero italiano del terror, del giallo

jueves, 28 de mayo de 2020

In Vanda's room (No Quarto da Vanda)

No Quarto da Vanda (2000), documental -o docuficción si quieren, actuando la propia vida- del portugués Pedro Costa, nos habla de una muchacha llamada Vanda Duarte. Vanda es drogadicta, adicta a la heroína, pero no es la única en su barrio. Incluso vemos también en la misma situación a su hermana Lena con la que comparte bastante tiempo en su habitación, el punto donde se drogan y para metida la protagonista, salvo cuando sale a vender coles y lechugas por los alrededores. Vemos en el transcurso de las 3 horas del filme mucho drogadicto drogándose, como presenciar inyecciones colgando de los brazos. El filme gira sobre esto mientras expone la pobreza del barrio de Fontainhas, barrio ubicado en Lisboa, Portugal. Costa muestra la sobrevivencia de los inmigrantes caboverdianos que dominan la zona de Fontainhas; o es que en realidad simplemente andan ahí sin más proyección. Una persona hace una lista de los trabajos y ocupaciones que sólo le permitía -según él- su existencia, su situación, apunta también al crimen como opción; su rostro yace triste, desilusionado de la vida, de su realidad. En lo que observamos abunda la gente de color, aunque Vanda no es negra. La adicción es el centro de la propuesta, de eso hablan bastante, en toda naturalidad. Así refiere una de las tantas conversaciones a la abundancia de hematomas que dejan los tantos pinchazos que se dan. Es un filme duro de ver, se puede apreciar a Vanda drogándose muy a menudo, aunque también interactúa de otras cosas con su madre o con algunos amigos y vecinos. Fontainhas es un lugar temible en cuanto a realismo, a drogas y pobreza. Los callejones andan con barriles encendidos en fuego, buscando la gente calor en la oscuridad, en un filme de muchas sombras y muchas tinieblas. De ésta manera andan los niños jugando. Vanda es muy flaca, está en los huesos, su físico denota bastante su adicción. Su cara está demacrada, maltratada. Pero ella sigue inhalando los vapores de la heroína, no baja el ritmo, es algo ubicuo. Ella, que habla mucho en el filme, comenta sobre la cárcel y el hospital, lugares que le rondan, que se le avizoran, aunque toma algunas precauciones, como deja oír. Pedro Costa logra coger toda la destrucción del barrio de Fontainhas, que se puede ver además simbólicamente en que están derrumbando muchas casas del barrio. Por todo es un retrato doloroso, aun cuando Vanda parece alguien bastante fuerte.

martes, 26 de mayo de 2020

Las criaturas (Les Créatures)

Las películas de ciencia ficción de grandes presupuestos y efectos especiales impresionantes tienen bastante encanto y cinefilia con obras y sagas con historias sólidas como Star Wars -aun cuando la última trilogía bajaba bastante el listón-, pero el sci-fi chiquito, sin (o casi sin) efectos especiales y con historias curiosas, siempre son cosa especial, excepcional y atractiva, al menos para éste servidor. Tiene un encanto especial también que la obra en cuestión pertenezca además -no es, obviamente, indispensable, pero sí un plus- a un autor respetado que no se dedica al cine de género en particular. Las criaturas (1966) le pertenece a Agnes Varda, autora que cumple a cabalidad con lo antes expuesto. Su película pone a Michel Piccoli como Edgar, un escritor que está justo elaborando una obra literaria. Lo curioso viene a ser que lo que escribe se confunde con su vida íntima; realidad y fantasía se mezclan sin ser tan fácil diferenciar donde empieza uno y donde acaba el otro, aunque se ven indicios decentes para distinguirlos. La cuestión es jugar en estos dos ámbitos fusionados. Edgar nunca deja de escribir, de soñar digamos. Su vida personal bien diferenciada también es particular, el filme arranca con un accidente a razón de la irresponsabilidad de Edgar para con su mujer, la bella Catherine Deneuve como Mylene. Edgar está en el trance de convertirse en papá. Ésta relación tiene su ambigüedad, en varios niveles, se cuela la ruptura de la pareja, y la muerte y la locura además. Pero Varda opta por un cine amable. No obstante siempre interesante y exigente. El filme tiene una escena de una caída sumamente explícita y violenta, híper realista. Como se aprecia, a Varda tampoco le falta carácter como directora y como una profesional de alto nivel tiene mucha apertura mental. Edgar dice en un momento que lo que está escribiendo es una obra de misterio y un sci-fi, y eso es lo que presenciamos. El filme es un poco raro, pero tiene tacto y aunque raro tiene coherencia. Edgar llega a jugar con el mundo contra un ingeniero demiurgo, como en una partida de póker a través de las historias de las personas, esto es el sci-fi en sí. También las pequeñas historias que acompañan versan sobre la ruptura del amor especialmente, pero con otras cosas más -como un anexo atractivo sobre 2 ladrones-, y la interacción con Edgar se hace muy entretenida y llamativa, aparte de que hay buenas actuaciones y buen cine arte. Ésta es una película que en su estreno no agradó y hoy pocos la valoran y conocen, pero, sin duda, no solo es curiosa, tiene su atractivo.

jueves, 21 de mayo de 2020

Nunca subí el Provincia

Puede sonar aburrido filmar simplemente la esquina de nuestra calle, pero el documentalista chileno Ignacio Aguero hace una película decente de esto. Se nota su habilidad para el documental y luciendo, lo que hace, siempre de un alto estándar, empezando por tomas y recorridos bien hechos que dan tono y profundidad al filme. Filma desde el interior de su casa, incluso los jardines próximos, quedándose a ratos en la visión sencilla del revoloteo de algunas aves. Entrevista a gente que anda cerca. Un hombre que vive en la calle, un anciano flaco de mirada perdida y cansada, dice irónicamente que él hacía de todo para subsistir, como el mentholatum. No tiene el cariño de sus hijos y eso es lo que recoge la cámara introspectiva y sentimental pero tranquila de Aguero. Desde la casa actual de Aguero se alcanzaba a ver el cerro Provincia, y ahora un edificio le cubre el panorama, pero igual Aguero lo busca y lo enfoca al majestuoso cerro, proponiendo nostalgia. Niños juegan propios de su edad, ven una película de Chaplin y ríen felices, hermosos e inocentes. Aguero busca indagar y conocer a todos sus vecinos, los enumera por su respectivo piso y va comentando de ellos, así como sale en busca de personas entrañables que trabajan cerca de su casa o menciona a otros que ya han muerto, como un hombre del tipo dandy que señala lo recuerda bastante por su parecido a Peter O'Toole. Por todo el filme se convierte en una obra interesante. Toda ésta gente es atractiva, desde la mayor normalidad y sencillez. Un zapatero, un panadero, una costurera, todos gente humilde, pero atractiva de ver y conocer por el documental presente. La cámara se posa en simples transeúntes también, que pasan por la calle, y algunos de ellos hasta parecen actores de cine actuando para la película que vemos, pero son ellos mismos, sin darse cuenta de la potente imagen que recoge la obra de Aguero. Algunos otros saben de la cámara y se prestan a un poco de artificio, como el hombre que toca la puerta y lo recibe la cámara subjetiva de la presencia de Aguero, pero el concepto queda muy bien, las personas muestran naturalidad y tranquilidad, el hombre habla un poco simplemente de sí mismo. Otro artificio son las cartas que escribe el director chileno a una cineasta, joven y aprendiz, en tono de anécdota y de contarlo como un diario personal. Se puede entender un cierto amor platónico con éstas cartas. 

martes, 19 de mayo de 2020

Siete años en mayo

Mediometraje documental perteneciente al brasileño Affonso Uchoa. Cuenta la historia de Rafael Dos Santos Rocha. El mismo Rafael casi en lágrimas monologa su propia historia, con la cara melancólica mientras la cámara yace estática, él quieto contando, y el fondo desenfocado. Esto domina el filme. La historia es una que va contra la brutalidad y el abuso policial, es una denuncia de la realidad brasileña generalizada. La propuesta parte de un pandilla que se disfraza de policías y rapta de su casa a Rafael y lo tortura psicológica y físicamente. Lo de los falsos policías es también un simbolismo para referir a la policía que no es realmente policía porque es corrupta y abusiva. Por buen tiempo Rafael cuenta como termina inducido a ser dealer y drogadicto, cuenta sus 7 años de perdición, influenciado por ésta corrupción. Más tarde un amigo de Rafael lo compadece y lo conforta, le dice que esto viene de mucho tiempo atrás y sigue, señala que hay muchos muertos, muchos abusos e impunidad. Para terminar hay una representación de asesinato y sobrevivencia de lo que se denuncia, de los muertos bajo la policia violenta y corrupta. El juego infantil se presta para señalar lo macabro. Se trata de escenificar con pocos recursos. Lo de la brutalidad policial también puede venir de más arriba -aunque el filme se dirige en imágenes a la policía corrupta-, de un Estado permisivo con esto, de un Estado también malogrado. Lo que ofrece Uchoa es algo con cero agresividad o incluso libre de ira de parte de los denunciantes, es algo que busca la compasión, es un llamado a algún tipo de solución arguyendo algo masificado, refiriendo a los denunciantes como gente ordinaria, completamente alejada del tipo del pandillero o aspecto criminal, pero en realidad el retrato luce incompleto porque también refiere ciertamente a criminalidad de parte del otro lado a la policía, hablamos de tráfico de drogas por dar una mención. Sería bueno completar el visionado con una película magistral como Tropa de élite (2007).