jueves, 26 de abril de 2018

Godard Mon Amour (Le Redoutable)


Ésta película es interesante para hablar, es un poco picante, porque a muchos cinéfilos hardcore les parece lo peor de lo peor, teniendo en la mente al Godard que representa al cine experimental y al cine arte minoritario. Sería casi impensable querer ésta película. Encima el director que hace la Le Redoutable es el mismo que el de The artist (2011), el francés Michel Hazanavicius. The artist es una película que muchos amaron odiar, tanto como quienes disfrutaron su buena onda hacia el cine mudo, un cine poco o nada visitado por quienes se dirigía The artist. Se trata de esa pequeña lucha entre ser un cinéfilo hardcore, un cinéfilo respetado, o un cinéfilo light, un cinéfilo de cartelera digamos.

Jean-Luc Godard nunca ha sido un cine light, o sea un cine que no trasciende, que se olvida, pero el creador de maravillas como À bout de soufflé (1960), Le mépris (1963), Pierrot le fou (1965) o Alphaville (1965) entre muchas otras ha sido muy popular, su cine ha sido la representación del cine que más ama el mundo, el hedonista, un cine no sólo amado, sino sumamente respetado, mítico. Pero un día, Godard, como nos los cuenta fiel a la verdad Le Redoutable se aburrió de su mejor cine, decidió que la política vale más que el cine, que el cine en sí no tiene sentido, que el cine debe estar al servicio de la ideología, de su ideología maoísta, de cambiar al mundo, como pensar en Vietnam, y en todas las luchas sociales, en pleno mayo del 68, en medio de la lucha de los estudiantes franceses, de los nuevos revolucionarios, entonces Godard decidió participar no solo en presentaciones y reuniones socialistas o de los estudiantes sino con su cine. Ese día el Godard más amado murió.

El filme de Hazanavicius se basa en un libro de memorias de la que fue esposa de Godard con tan sólo 19 años, una actriz más tarde respetada aunque de pequeña carrera, nieta del Premio Nobel Francois Mauriac, Anne Wiazemsky, que aunque finalmente llega a ser parte del grupo de los decepcionados del cambio de Godard, guarda una eterna e irrompible admiración hacia él (como todo el mundo), e igualmente, por más que Hazanavicius ridiculiza -un poco- a éste genio del cine, por su inclinación política dominando su cine y renegar del anterior esto se mantiene finalmente, tanto que la última palabra del filme es el intento de suicidio de Godard y el auto-gestionamiento de su cine maoísta en el denominado grupo Dziga-Vertov que formalmente nunca iba a ser un cine popular, pero sí uno comprometido con las revoluciones, con la propaganda soviética, con la propaganda marxista.

Le Redoutable definitivamente no es una gran película, es sólo una pequeña comedia, una obra menor, un gustito pícaro del director, incluso para algunos un pastiche, ya que la película además copia un poco o, mejor dicho, juega, imitando algunas técnicas visuales de la nouvelle vague y, por supuesto, de su máximo artífice, el maestro Jean-Luc Godard. Como comedia no puede faltar bromear con la figura de Godard, a través de su historia y vida, contada de primera mano además por Anne Wiazemsky, de cómo se va haciendo imposible su matrimonio, como va destruyendo sin aflojar un centímetro al antiguo Godard, como defiende el movimiento marxista o de mayo del 68 y no tiene la simpatía de los estudiantes galos ni de los revolucionarios chinos, de cómo protestó e hizo cerrar el festival de Cannes un año, de cómo aunque hizo poco en sí en mayo del 68 anduvo en marchas y tuvo que correr de los golpes y persecuciones de los policías.

El filme muestra la cotidianidad de su matrimonio con Anne Wiazemsky que anduvo alrededor de la ideología de Godard, una fijación, donde todo debía centrarse y girar, no había espacio para olvidarse de lo terrible del mundo. Todo esto no suena malo en sí, es la preocupación por los demás, por los desfavorecidos y más sufridos, pero lo que duele y decepciona es destruir el cine como placer, como liberación, como escapismo, su libertad, su eclecticismo, su magia, su  cercanía con paradójicamente la gente de a pie, para proclamar la política, la ideología, la propaganda, el mensaje, por sobre el cine en sí, el cine ya no tiene valor para Godard como tal, la política es lo único que importa. No parece un mensaje muy cinéfilo, pero a pesar de todo lo admirable e interesante no es que un burgués y un director tan reverenciado haya echado a la basura un cine tan querido a cambio del marxismo, sino que Godard haya sido siempre él, tan auténtico, a pesar de (la banalidad de) la poderosa seducción de la celebridad y popularidad. Godard terminó enfrentando con convicción mucho rechazo.

Pero quienes aman el cine como vemos en el recuerdo que figura a Bernardo Bertolucci no necesitan dejarlo de lado en su libertad y se pueden mantener ideas socialistas, pero Godard escogió ser un radical, y lo que muestra Hazanavicius tiene su justificación –como Godard su libertad- aunque el filme lo haga desde la comedia, también único espacio para no satanizarlo, porque el filme no lo hace, no pretende tomarse demasiado en serio con su crítica, porque finalmente el cine es cosa de cada uno, y Godard también como ha defendido de manera tan digna a pesar de todo y a un punto y por una parte admirable es ante todo una persona como cualquiera, no un dios, aunque se diga que Dios también hizo mierda y la baba por el cine que dejó, su primer cine, haga tan difícil y abrumador haberlo perdido, aunque en realidad Godard vive en toda su filmografía, en absolutamente toda su variedad, y el filme no apunta a detestarle, sino a mostrar una decepción, como quien ha insultado algo sagrado, pero es alguien querido, y Godard es el triunfo de la personalidad, como hacer que su última película, Le livre d'image, una película radical, compita por la palma de oro 2018, aunque en el cartel oficial del festival de Cannes está la nostalgia por su mejor cine, el cine hedonista.

Louis Garrel y Stacy Martin lo dejan todo en la cancha, bromean hasta con las frases afiladas de Godard, un tipo que admiraba a los estudiantes revolucionarios y sentía simpatía por cada uno de ellos aunque estos lo pifiaban y atacaban en las reuniones públicas socialistas, según vemos en el filme. Garrel y Martin convencen, en papeles exigentes, sin lograr fuegos artificiales, como tampoco los logra el filme de Hazanavicius, pero tampoco es un bodrio, permite mucho diálogo, y tiene su lado interesante y hasta –dígase placer culposo- entretenido, como cuando Godard, esposa y amigos no pueden parar de discutir en su regreso de un Cannes frustrado por Godard, vemos a un Godard muy humano, muy de a pie, y uno gracioso (como dicen que no es). Garrel expresa que es un actor malo fingiendo ser Godard, hasta ahí llega su entrega a la broma. Pero apreciando que con su interpretación se ha ganado respeto. Martin bromea también así, con la facilidad para el desnudo. El filme no es uno de cine intelectual, es de acceso mayoritario, pero su tema y eje da para pensar.

sábado, 21 de abril de 2018

The Seen and Unseen (Sekala Niskala)


Tantri es una niña muy unida a su hermano gemelo, Tantra, quien enferma y toda su familia se prepara para lo inminente. Es el sufrimiento y como enfrentan la situación la que plasma con originalidad la directora indonesia Kamila Andini. El filme recurre a la filosofía y espiritualidad de Bali, de manos de Tantri, una niña de 10 años. En el filme hay momentos que pueden leerse como sueños pero se entienden coherentes dentro de la realidad, a pesar de que tiene un toque visual creativo. Hay mucha simbología también, como el sentir de colectividad en el dolor con unos niños siguiendo la meditación de Tantri, con coreografías de identificación y repetición. El filme tiene muchas puestas en escena bastante elogiables, desde unas sencillas con esperar afuera de la habitación del hermano enfermo o bañarse junto a su madre hasta aquellas caminatas nocturnas por la hierba o esas miradas melancólicas a través de la ventana.

Hay una fuerte vigía en la niña. La enfermedad y la sombra de la muerte está por todas partes, aunque también hay momentos de luz donde Tantra participa, no solo es un eje de observación, como cuando el niño hace uso del Wayang kulit, el teatro tradicional nacional de sombras de marionetas, en el cuarto de hospital. Hay mucho folclore en el filme, expuesto con suma naturalidad. En un momento la enfermedad se siente ser la luna llena que es cubierta por las nubes, más tarde Tantri le baila a la luna. En los mejores momentos del filme vemos a Tantri hallar inspiración en su entorno, como cuando aprecia una pelea de gallos o pasea por la playa entre los monos. Surgen disfraces artesanales sencillos, pero distintivos e ingeniosos, y unas danzas que tienen una suave mística, una belleza creativa de ver y una pizca inasible.

El filme recurre a una originalidad que le funciona, aunque se siente algo distante con la trascendencia que pudiera invocar. Pero el filme luce muy imaginativo en la habilidad para retratar el dolor y la preocupación de poder perder a alguien tan importante en nuestras vidas. Recurre también a lo directo, como el llanto, pero es cuando lo vemos a través de distintos ritos que entusiasma. Romper un huevo en la mano toma un sentir de sufrimiento, como simplemente comerlo o abandonar el plato, es curioso ver los cambios que atraviesa uno por el comer. El filme está organizado alrededor de su propia identidad, como de la música, el canto reflexivo, los instrumentos (y el no poder tocarlos), comer con la mano o el arroz en hojas, o los distintos rezos e invocaciones. El filme no tiene muchos diálogos, son más composiciones que actuaciones dramáticas. Trasmite desde lo esencial, a pesar de su curiosidad, y aunque le da al mismo tema una y otra vez jamás llega a agotar.

Mochila de plomo


Un niño recibe un arma de un amigo de su edad que le dice que la guarde, pero está pronto a salir de la cárcel el asesino de su padre. Hay una influencia social criminal que pasa de entre hermanos a entre los niños y mejores amigos. Tenemos una situación de cierta precariedad económica. El corte de pelo como identidad popular, los niños jugando en grupo, las bicicletas y el fútbol, el fervor deportivo, la reunión tras la parrilla y el alcohol en la comunidad. Tomás (Facundo Underwood) es indisciplinado, pero no es un mal niño, trasmite sensibilidad aunque se comporta rebelde -rayando el carro, escupiendo del puente, fumando-, yace descuidado por su madre y tiene un abuelo mecánico distante. Tomás tiene como eje el arma que carga a todas partes en su pesada mochila, va mientras tanto preguntando cómo lo veían a su padre, cómo era, cómo fueron sus últimos días. Tiene una presión, cree entender que el mundo parece empujarlo a vengar a su padre, pero él tiene sus dudas y miedos, no quiere hacerlo, aunque algo también en su interior se lo exige. En el filme del cordobés Darío Mascambroni existe poca información alrededor de la muerte del padre. Los adultos rehúyen explicar que sucedió. El filme mantiene el arma palpitando. Se mueve en base al suspenso y la intriga, ¿qué va a suceder?, Tomás es sólo un niño de 12 años y tiene un gran peso encima, aunque es un niño que está muy libre en la vida. El filme tiene su emotividad, sobre todo porque el centro de la propuesta yace en el amor familiar, hacia los padres, hacia las ausencias. En un momento Tomás utiliza un golpe que recibió en la cara para generar la atención de su madre, es un niño en busca de afectos. El padre es un elemento de admiración, también de oscuridad, no lo conoce exactamente, de ahí tantas preguntas. La situación crece en alcance por pequeños indicios y sugerencias. Es un discurrir hacia una hora señalada. Éste filme argentino apenas dura una hora y unos minutos, pero tiene tiempo suficiente para producir un panorama completo, el niño y sus andanzas, hacia el colegio, amigos, conocidos y familiares, su barrio, momentos en que departe con todos ellos bajo la sombra del padre, al que imaginamos en diferentes personalidades o en un mix, bajo distintos recuerdos. Un gran movimiento de lo mínimo.

Persepolis y Virus Tropical


La madre de Paola se ha ligado las trompas, todos los doctores están sorprendidos porque parece estar embarazada y tiene ésta operación, le dicen que seguramente sufre de un virus tropical, pero no, está embarazada de su tercera hija. Paola es ésta hija. La película del  animador colombiano Santiago Caicedo se basa en la novela gráfica de la ilustradora e historietista también colombiana Paola Gaviria, la que se hace llamar Power Paola. La película de Caicedo se basa en una novela gráfica autobiográfica. Paola Gaviria también fue la directora de arte de la película, hizo dibujos -brindando la estructura- especialmente para el filme.

Se nota que Virus tropical (2017) se inspira en Persepolis (2007), de la franco –iraní Marjane Satrapi quien logró convertir sus novelas gráficas autobiográficas en bestsellers en Francia. Sus novelas gráficas se convirtieron en Persepolis que codirige con el galo Vincent Paronnaud y trata de la infancia de una niña hasta la adultez joven frente al cambio político en Irán, a lo que es el extremismo islámico. Virus tropical habla de cómo Paola nace hasta se hace joven adulta, de su vida diaria y común con su familia, su madre que lee la suerte y su padre que quiere seguir siendo sacerdote y deja la familia por un buen tiempo, junto a sus 2 hermanas, la del medio es su ejemplo y una segunda madre para Paola, lo mismo que vemos en Persepolis donde la abuela de Marjane, así también se llama su protagonista, le enseña mucho de la vida, forma su personalidad, como también un tío –hermano de su papá-  le trasmite su idealismo como un revolucionario socialista totalmente integro. En persepolis hay un mejor trabajo al respecto, hay mayor profundidad, pero Virus tropical mantiene una gran simpatía y empatía básica. 

La memoria de la familia es importante dice el tío revolucionario a Marjane pequeña. En Persepolis esto trasciende porque vemos los cambios políticos y la guerra en Irán, mientras que en Virus tropical es algo más propio de la individualidad. No obstante lo que nos muestra se asemeja a muchos como problemas familiares, una familia disfuncional, sobrevivencia económica, drogas, novios, inmigración, adaptación social, hallar el amor, vivir en una sociedad peligrosa, pequeños placeres y dolores de cabeza, un sinfín de momentos sencillos. Persepolis es una propuesta muy política, pero apunta a la identidad y al amor a la patria a pesar de todo -del maltrato a la libertad de uno-, al mismo tiempo es una película feminista como Virus Tropical, también ambas son historias coming of age y ahí, sin haber demasiado como en Virus tropical que se centra en la vida común de Paola y su crecimiento, Persepolis es más potente, entretenida y simpática, con una Marjane amante del punk que igualmente busca el amor con pretendientes que luego la desilusionan. Pero como es un filme político incluye el divorcio que está mal visto en su sociedad, pero a la vez se adscribe a la mirada común hacia la mujer en general, de cómo son vistas tras saber que ya han tenido sexo.

La abuela de Marjane impone feminismo y eso lo recoge la protagonista. Paola es mucho más simple, una chica muy común, que pasa de vivir en Quito, Ecuador, a ser una adolescente en Cali, Colombia. Trata de independizarse, algo –muy pequeño- influye la disfuncionalidad familiar, pero en Persepolis la situación política empuja a esta independización haciéndola madurar más rápido a Marjane que además es muy graciosa y cool. La lucha entre propia personalidad, política y realidad nacional afloran todo el tiempo, se combinan, formando un quehacer más definido y argumentado que en las raíces ecuatorianas de Paola viviendo en Colombia. Marjane con cada cosa que hace más que un acto de rebeldía juvenil es un acto de libertad, de derecho y esto hace grande al producto, de forma natural, con la misma espontaneidad que es la base y el mayor logro de Virus tropical.

La rebeldía juvenil está en Virus tropical, aunque Paola es una chica más centrada que el resto y se maneja bien en sus experiencias de crecimiento –novios, poder adquisitivo, drogas, integración social- pero es algo muy común, en sí Virus tropical es un recuento por la vida general de todas las personas con algunas diferencias como el apego religioso del padre que genera cierta ambigüedad pero que no trasciende. Esto tiene originalidad, pero en Persepolis lo religioso es histórico y cargado de tremendo conflicto por lo que la comparación es abismal. Marjane de chica habla con Dios, hasta termina peleando con él y más tarde reconciliándose, la adolescencia la pasa en represión por dogmas extremos. Persepolis habla de temas que hoy conocemos bien, pero su trato es muy creativo e imprime originalidad. Virus tropical también tiene su parte de creatividad, pero se siente mucho menos. Persepolis proclama la libertad, el feminismo, la independencia, la individualidad, occidente –reflejo de nuestro derecho al hedonismo- vive en nuestra libertad pero se ama -se mantiene en el corazón- al propio país, Virus tropical es también reflejo de su realidad –centrada en la familia-, de nuestra idiosincrasia, cotidianidad, de cómo piensa y actúa un latino sencillo y promedio.

★


Para hacer ésta película de 90 minutos de duración el austriaco Johann Lurf requirió de más de 500 filmes y los ordenó de manera cronológica. El título es simplemente el símbolo de una estrella, que es de lo que trata, se aboca a poner fragmentos de cielos estrellados sacados de todo tipo de películas, de aventura, terror, suspenso, religiosas, ciencia ficción, románticas, musicales, experimental, hasta de animación -pero no se nota casi la diferencia con las de ficción-. Lo que no incluye es documentales, lo cual hubiera sido más fácil y quizá poco original. Comienza desde el cine silente, lo cual desconcierta un poco por su precariedad. En cambio cuando aparecen las bandas sonoras empieza también un juego y un disfrute, una cierta identificación. Las bandas sonoras, los sonidos, las voces en off en distintos idiomas dan distinción a cada fragmento. También es importante lo visual, como complemento, fusión, destaque. Vemos diferentes explosiones galácticas, viajes a la velocidad de la luz, estrellas fugaces, el espacio, el firmamento, la galaxia, gas y polvo interestelar, nubes, luz. Aunque el eje temático –la ilustración de las estrellas en la historia del cine, que Lurf ha dicho continuará actualizando- pareciera algo pequeño y sencillo hay sorprendentemente una gran variedad. Está desde lo más simple y utilizado, un fondo negro y minúsculos puntos brillantes, a lo más elaborado y bello visualmente. En uno de los mejores momentos del filme, bien avanzado el metraje, surge el silencio total, la pantalla yace en negro y empieza a verse muy lentamente, de a pocos, pequeños brillos, aparecen las estrellas, es algo místico. El filme nos hace experimentar muchas sensaciones, que incluyen el entretenimiento en un filme muy curioso y cinéfilo. Se oyen a los Rolling Stones, sobresale muy claramente el habla en japonés, hay una voz en off en español, la sombra de Star Wars asoma por doquier –tiene sonidos que parecen repetirse-, en el juego difícil de la adivinanza, pero es más el dejarse llevar por la creatividad de la variedad de un tema tan sencillo, el mirar hacia las estrellas.

miércoles, 18 de abril de 2018

Azougue Nazaré


El filme del brasileño Tiago Melo se sitúa en Nazaré da Mata, Pernambuco, una zona rural, donde es muy importante el maracatu, tradición afrobrasileña de baile y música que se celebra como carnaval y es fuente de identidad y hedonismo. El protagonista, un hombre grueso de color, ama ésta tradición, pero su mujer lo restringe, también porque él se convierte en Catita, se traviste y se comporta con desorden. Su mujer, Darlene, es muy religiosa, asiste donde un pastor evangelista que detesta el maracatu, éste lo ve como un lugar de pecado. Pero el filme satiriza el fanatismo religioso, a lo Pasolini, hace que el cura se avispe y trate de cumplir un sueño de Darlene donde ella debe tener un hijo con el pastor. Ésta propuesta tiene esa lucha, entre religión y carnaval, aunque la mayoría de la población participa del maracatu. Mientras todo esto sucede hay una atmósfera de ciertos acontecimientos sobrenaturales, en que gente del campo se viste como salidos de tribus y se dedican a secuestrar gente haciendo ritos populares. El filme es bastante variopinto y algo extravagante. Tiene un sentido del humor que pondrá a prueba nuestro convencionalismo. Hay mucha juerga y cotidianidad, como la introducción de batallas de samba, que imitan las batallas de rap en que uno trata de decir la última palabra audaz frente a algún contrincante, revelando lo que al otro le tortura, y como están en un pueblo chico todo se sabe, pero de todas maneras no faltan las sorpresas como aquella joven mujer morena casada con un cerrajero que tiene un amorío con un músico. El filme muestra el tonteo de los amigos de Catita, todos amantes de la fiesta, del maracatu. La religión y la superstición ponen la nota discordante. El pastor es visto como un extremista. Es un filme loco, como su protagonista, lleno de humor y escenas llamativas, como la de la mulata teniendo sexo en el carro o los secuestradores paganos que parecen extraterrestres corriendo detrás de sus presas como historia de terror por los sembríos de caña.

Teatro de guerra


Es un documental algo especial, plantea hacer performances, poner a actuar a veteranos de la guerra de las Malvinas, o la guerra de las islas Falklands, según como la conocen a cada lado del conflicto. La directora argentina Lola Arias como actriz, performer y directora teatral hace que veteranos argentinos e ingleses actúen para ella haciendo una película a ratos extravagante, pero que ausculta los sentimientos de haber participado en ésta guerra. Los veteranos se manifiestan desde el lado humano, e igualmente exponen sus buenos argumentos y cada lado siente que tenía la razón, se habla de colonialismo británico y de la sucesión del colonialismo español, de la ocupación armada británica de 1833 o del primer ataque –por Argentina- por la recuperación de las islas, también del plebiscito.

Más allá de argumentaciones personales y una fuerte carga emocional unida no sólo a nuestra sensibilidad general, también a su país, se ve camaradería entre ingleses y argentinos, se prestan para el juego que busca la película. Hay muchos ratos graciosos y otros irreverentes, muy propios de la labor artística de las perfomances. Se ve como hay una elección de cierta gente excéntrica o predispuesta a mostrar un lado infantil. Éstas performances llevan una carga de seriedad y otra hasta de la que se le escapa de las manos, chacotera, con adultos envueltos en una temática sí, pero también prestos a cierta espontaneidad desbocada.

Tenemos a un nepalí, un voluntario militar al servicio británico, que enseña un ataque con cuchillos en una puesta en escena con un perro interrumpiendo la demostración. Éste hombre ya mayor muestra un desgaste y sus exhibiciones son muy precarias, pero tiene un espíritu fuerte y empático que se gana al espectador. Un veterano argentino en buen estado físico cuenta su cercanía con la natación en un acto de liberación existencial, lo vemos como señala el título del filme actuar como en un teatro y recrear su momento de epifanía. Un inglés conocido por haber llorado una experiencia de guerra en un popular documental revela una y otra vez que es llevar ese peso encima –el de la muerte- e incluye el de la notoriedad.

El documental se presta a trasmitir un legado, una memoria, le enseña literalmente a los niños lo que fue aquella experiencia como psicología, también le pasa la antorcha a la nueva generación de aspirantes militares. El filme tiene un lado bélico marcado que es mostrado a ratos más como curiosidad que como algo profundo. Son un montón de momentos llamativos, fuera de lo común, pero expuestos con suma sencillez y austeridad. También aparecen en escenarios básicos, como un set de televisión. Se percibe la intención de querer abarcar lo íntimo, hasta lo más mínimo, como cuando se revelan pensamientos personales sobre razones y manejos para hacer éste documental.

Una banda de música de rock formada con todos los veteranos presentes promueve el espectáculo o llámese la unidad; el dolor de la mala vida por trauma asoma a ratos a la vez que el orgullo y la identidad con lo militar per se; un tipo se desnuda como si estuviera en una fiesta alcoholizado; alguien enseña defensa personal. Se intenta dar a entender que somos ante todo seres humanos y no nacionalidades, un cúmulo de emociones y locuras, como lo es la misma guerra. Puede sentirse como que va a saltar la fricción entre argumentos, porque muchos lo tienen muy claro y no parecen querer dar su brazo a torcer, pero prima y brilla cierto primitivismo amical, la simpatía y la ocurrencia. También un legado de humanidad.

domingo, 15 de abril de 2018

Morgiana


El checo Juraj Herz es un director bastante atrayente en el cine de terror, sobresalen en especial tres de sus películas. La mejor de las suyas es El incinerador de cadáveres (1969), una película de horror, pero también cine arte complejo, cargado de estilo y detallismo, sobre un incinerador amante de la muerte que pasa de ser un inofensivo extravagante a un insano partícipe del Holocausto en su país. Otra es La virgen y el monstruo (Panna a netvor, 1978), una adaptación del cuento de la bella y la bestia, bajo una ilustración gótica, pero también algo sucia y violenta, con un monstruo con cuerpo de pájaro que habla consigo mismo como un psicótico en pugna por su humanidad, que por el amor aparentemente imposible de una dama bondadosa e impoluta sufre doblemente su bestialidad, su fealdad física, pero por ella trata de ser diferente a su naturaleza animal y controlar sus trastornos producto de verse rechazado por el mundo. La tercera es Morgiana (1972).

Morgiana nos pone a dos hermanas, interpretadas por la misma actriz, Iva Janzurová, que por el maquillaje y color y forma del cabello increíblemente parece dos personas distintas, uno fácilmente las puede confundir por físicamente individuales. El filme juega con la dualidad, a dos personalidades, psicologías, que escenifican una, aunque en la trama se trata de dos personas, pero una está muy unida a la otra. Viktorie envidia a su hermana Klára, envidia su belleza y sensualidad, sus apasionados encuentros sexuales, su fortuna y propiedad, ya que ella ha recibido la mayor parte de la herencia familiar. Viktorie planea matarla y la envenena lentamente, ocasionándole alucinaciones, distorsiones.

En el trayecto vemos que Viktorie odia prácticamente al mundo, está insatisfecha de todo, la observamos apedrear a una mujer por ser simplemente bella, por yacer libre y desnuda bañándose a la intemperie con otras féminas. Viktorie tiene una cierta locura a cuestas. Klára es libre y superficial, pero una buena persona al final, está feliz con su existencia y vive despreocupada. La hermana en cambio sufre cada minuto. Una representa el placer, la otra el dolor, dos caras capitales de nuestra humanidad.

El filme de Juraj Herz estéticamente es exagerado, es muy abundante en todo sentido, gótico pero con su toque de mal gusto, todo lo que hace del filme un lugar de originalidad visual, más no como se pudiera pensar de daño o asco estético. Como curiosidad está decir que Morgiana es el gato de Viktorie quien observa toda la maldad de su ama, nos ponemos en varias oportunidades aunque de manera sencilla desde la vista del animal que pareciera seguir cada acto cruel de Viktorie. En el filme hay un quehacer de cine B, como que la muerte no es determinante por más que antes, el último suspiro, ha sido muy claro. Se hace un especie de juego de ruleta rusa donde el veneno apunta a matar y se escabullen las predicciones.

El galán del filme, un militar, juega a las cartas con habilidad y pasea con compañeros alcoholizados y con prostitutas. No obstante el galán enamorado finalmente rechaza acostarse con una puta, que no aguanta la negativa y le arma un espectáculo. El filme tiene un cierto sabor barato, donde abunda el color. En un momento Klára se topa con un vagabundo y éste intenta emborracharla y violarla. Una mujer chantajea a Viktorie, se dan –entre éstas dos brujas ambiciosas y amorales- unos diálogos jugosos, aun cuando huelen a telenovela, a su grandilocuencia expresiva y emotiva. La desesperación toma otro nivel en el filme, en la vida de Viktorie. Es como si Herz se propusiera utilizar todo lo malo y convertirlo en arte, sin perder el sentido popular, por más que estemos viendo gente adinerada.

El comportamiento es medio salvaje en el filme, camuflado en ciertas formas. Esta propuesta recuerda indefectiblemente a What Ever Happened to Baby Jane? (1962). Un poco lo malo del filme es la banda sonora, ayuda en varios momentos, pero su omnipresencia llega a molestar, a hacerse sentir demasiado. Por ratos es hasta incongruente, un rasgo más de esas fusiones “inverosímiles” propias de éste genial director checo.

miércoles, 11 de abril de 2018

Un lugar en silencio (A Quiet Place)


Unos extraterrestres han dominado el planeta y para sobrevivir las personas no deben emitir ningún sonido, por más pequeño que éste sea, los extraterrestres destruyen a los seres humanos en cuanto los perciben, pero son ciegos y se guían por el ruido. En esas circunstancias una familia trata de sobrevivir. El padre (John Krasinski) y la madre (Emily Blunt) plantean la preocupación de cuidar a sus hijos, hiperbolizando la situación normal del amor maternal y paterno. Los padres sufren pensando en el porvenir de sus hijos. El filme arranca aún más grave todavía, cuando el hijo pequeño es asesinado por uno de los monstruos. La sensación de culpa acompaña su recorrido y la atención se duplica.

La primera parte del filme es no emitir sonido, se mantiene el suspenso, la muerte asecha al mínimo error. En la segunda parte empieza la acción, se desencadenan secuencias muy bien preparadas y ejecutadas. Un clavo brilla por su premeditación. En la bañera la madre va a dar a luz y no puede gritar, el escenario es tenso y sublime. Los monstruos están cerca. Así, secuencia tras secuencia abunda la emoción. En la caminoneta los hijos están a la merced de los extraterrestres y surge una acción desesperada, aunque mecánica y predecible para tanto background cinematográfico. Krasinski un actor cómico hace gala de un buen histrionismo, se vuelve un conductor y protector melodramático efectivo. Blunt y la hija que hace Millicent Simmonds sobresalen al respecto, provocando gloriosos momentos emotivos. La familia ama y muere por cada uno de sus integrantes.

El filme que dirige John Krasinski tiene cohesión entre la responsabilidad de ser padre y la amenaza sobrenatural de la muerte. En una escena el padre enseña a su hijo (Noah Jupe) a ser valiente a pesar de la adversidad, le trasmite seguridad, con la pequeña caída de agua. Los monstruos están muy bien manejados, recuerdan al uso de la saga de Alien. El final aunque se va preparando no luce excepcional ni especialmente argumentado, tan sólo correcto. Termina con el remate clásico de que ya la humanidad está preparada para hacer frente a los monstruos, tienen el valor correspondiente, ya no se trata de ser sigiloso, que es parte trascendental de la propuesta, que lleva un uso magistral del silencio y la amplificación de sonidos en especial. A quiet place (2018) es memorable en su lenguaje de señas y falta de diálogo, creando mucho suspenso y luego mucha acción, como con la inundación del sótano y el ruido del llanto del bebé que atrae el miedo y la zozobra, la obra del peligro latente.

martes, 3 de abril de 2018

Ready Player One


Steven Spielberg es un gran nombre del entretenimiento y el cine en pantalla grande, así que casi cualquier cosa que se le ocurra hacer por ser él será motivo para que asista a ver lo que ha hecho, y lo que ha hecho es un cine familiar y juvenil. Ha puesto de escenario un mundo virtual llamado el Oasis, creado por un hombre amante de la cultura popular americana, como el mismo Spielberg, llamado James Halliday (Mark Rylance).

El filme es un juego virtual, es estar inmerso en un videojuego lleno de referencias pop, de la música, el cine, la literatura, el cómic, el anime, los mismos videojuegos o la televisión. Hay pasajes muy logrados como el que utiliza de base El Resplandor (1980). El héroe virtual se hace llamar Parzival (Tye Sheridan), tiene una vida conflictiva y humilde en la realidad, y se escapa en el mundo virtual, aunque en él hay una pasión por el mundo de Halliday. Parzival es un personaje propio de su edad, alguien poco meditativo, aunque no sea ningún chico rebelde ni frustrado, es como cualquier muchacho, lleno de alegría y vida, y de superficialidad. A él por el tipo de personalidad y el manejo de su conducta le queda perfecto el mensaje final de Halliday, que busque despegarse del mundo virtual y ame la realidad, a pesar de que suena algo contradictorio, porque la vida de Parzival no es muy amable.

La parte real parece ser un mundo post-apocalíptico, tener el planeta destruido, como si refugiarse en lo virtual fuera una salida necesaria para poder tener una mejor vida. Pero luego esto queda desmentido, y se ve más bien que la gente está ciega por jugar, simplemente buscan el placer virtual, cosa que luego se descubre no hizo feliz al inventor en cuanto a su propia vida, que fue un hombre solitario y fracasado social que finalmente había desperdiciado su vida en lo virtual, y que debió de aprovechar más el mundo tal cual, como salir a bailar y ser menos nerd. Parzival y sus amigos son chiquillos, y se aplican a éste mensaje, de que deberían jugar en el mundo real, que es más valioso que el virtual nos dice el filme.

El filme es puro entretenimiento, a eso se aboca, sólo difiere en donde debemos andar más, es el llamado de lo natural, del pasado, de la tradición. Al final Hallyday agradecerá a quienes jugaron su juego, implicando humildad y melancolía, se irá tipo perro triste, mismo final de Big (1988), dejando entrever que su mundo virtual tampoco es tan malo, pero no representa la verdadera felicidad. Hallyday a pesar de la edad –no luce físicamente natural- es como un muchacho más, un tipo común, y no el semidiós que se ha ganado ser con su creación. Visualmente es un filme impresionante, hay tantas referencias en pantalla que hasta abruma, aunque hay semejante abundancia que pierde cierta estética y toma una presencia kitsch. Además no todos los avatares por computadora lucen cautivantes.

La trama consiste en que una vez muerto Hallyday deja un juego donde los participantes –apunta a toda edad, pero en adultos con pelo en pecho se luce un poco ridículo- deben hallar tres llaves, tras tres acertijos mediante un juego de acción, donde entra a tallar un mundo más que de sci-fi del género de fantasía. El que encuentre las tres llaves ganará el premio mayor que es la fortuna de Hallyday con la que se podrá acceder al control del Oasis, en que los retos implican el significado de la felicidad.

Entra a tallar también que éste lugar virtual que aman todos jugar es una empresa, de lo que queda flotando en el aire que uno debe recurrir a la esencia, a lo básico, en una clara crítica al futuro, a la tecnología y al propio entretenimiento. Como también es una película de aventura no faltan los villanos gestores de acción, guiados por Nolan Sorrento (Ben Mendelsohn) y su tropa de mercenarios virtuales salidos de lo casual. Sorrento ambiciona el Oasis, pero lo ve sólo como un negocio, no ama ni conoce demasiado lo pop –es un frío y monetario empresario-, por ende se entiende que tampoco ama a la gente. Es gracioso ver que Sorrento era el que servía los cafés como practicante en la empresa de Hallyday.

En un mundo que ama las referencias Ready Player One (2018) tiene las fichas ganadoras, desde una carrera de vehículos que incluye la moto de Tron (1982), el DeLorean de la trilogía de Volver al futuro, el auto de la película de terror Christine (1983), la camioneta de la serie de tv The A-Team, el batimóvil de la serie de los 60s y la moto de Akira (1988) en medio de la persecución de un T. Rex de Jurassic Park (1993) y de King Kong, hasta El gigante de hierro (1999) despidiéndose a lo Terminator 2 (1991) o un Goro (Mortal Kombat) explotándole el pecho por un xenomorfo pequeño, como en Alien (1979).