El presente filme ganó la palma de oro. Costa-Gavras hace un
retrato contundente del inicio del gobierno militar de Pinochet. El retrato de
las calles es de un estado terrible de inseguridad, muerte y terror, que aunque
exagera un poco es un retrato artístico solvente y de los más potentes que se
han hecho del gobierno de Pinochet. El filme habla de la desaparición de un
americano socialista, idealista y pequeño activista en manos de las tantas que
ocurrieron durante el régimen dictatorial. Jack Lemmon y Sissy Spacek hacen del
padre y la esposa de éste americano que buscan hallarlo frente a un estado latino
que aliado de EE.UU. no pretendía hacerles daño a ninguno de los ciudadanos
americanos, pero como había tanta libertad de abuso y homicidio nos muestra el
filme hacían excepciones con todo tipo de opositores. El filme revela el apoyo
americano a la dictadura de Pinochet como una gran revelación de su año de
filmación, 1982. Pero en general luce un filme sencillo. Lo mejor de la propuesta
es el retrato visual que hace de las calles, de la inseguridad y la muerte.
Pone un buen suspenso en ésta inseguridad, proponiendo a un Lemmon valiente, muy
seguro de sí, hasta osado, pero pequeño frente a la gran maquinaria militar del
gobierno chileno de Pinochet. Es un filme que se centra en la desaparición de
un tal Charles Horman, un hombre común como persona pero excepcional al ser
extranjero, quien representa a muchos hermanados por la desaparición
extrajudicial, en un retrato humanista más que político, aunque queda bastante claro
que se trata de una dictadura y los buenos son socialistas, que dibujan como gente
pequeña que lucha contra un gran poder representado en un tremendo libertinaje
de violencia. Es como tener entre manos una causa perdida, una causa noble,
frente a un gran monstruo destructor, sanguinario y omnipotente. En ello el
filme es sólido, bueno, políticamente ya es secundario, aunque Gavras es de
política de izquierda. Lo que duele no es una ideología específica poderosa
–aunque hay de esto-, sino mucho más matar tan fácilmente seres humanos, como
lo que significa ese estadio lleno de cadáveres, clásico de las dictaduras. La
trama vale por una crítica general, de ello que aunque se identifica
rápidamente que se trata del gobierno de Pinochet no se menciona directamente,
pero es obvio, claro, al ubicarlo también en Chile. Horman es un tipo común al
punto que su padre lo cree un perdedor, pero ésta percepción cambiará cuando
vea que defendía ideas propias y planteaba la ayuda social y del prójimo. Para
ello Lemmon hace de un hombre capitalista y metido en sus asuntos, pero llegará
a valorar y comprender a su hijo, más allá de la sangre, porque inicialmente
–como muchos podemos pensar- lo cree medio absurdo y torpe, a lo que el estado americano
en un contundente monólogo agregará entrometido en asuntos que no le competen y
de un final más que lógico, comparándolo –irónicamente- con meterse con la
mafia. El filme no obstante es endeble cuando critica a los americanos y a la
derecha por buscar resguardar el tipo de vida americana y capitalista que los
identifica. También transmite muy poco en su hacer sentir la gloria de ser
socialista en lugar de capitalista, no propone ningún gran argumento en ello.
Pero lo deleznable a todas luces es el método, el verdadero talón de Aquiles,
el asesinato, la desaparición forzada, incluso de gente como Horman que puede
pasar hasta por un poco idiota. En esto se centra el poder del filme, en su
recreación de terror extremo, de grandilocuencia sobre la muerte. También
Gavras es entretenido, hila bien la dictadura a través de la historia de
Charles Horman. Tampoco tiene una estructura del todo convencional narrando los
sucesos. Hay creatividad estructural, pero dentro de la total claridad, sin
recurrir a lo paranoico, lo que hace del filme uno más notable. Con muy pocos
personajes enemigos el filme deja una figura muy precisa y firme global, gracias
a que en lo práctico el retrato posee tanto vuelo, proponiendo cine, un buen
relato, emociones, al tiempo que conocemos sobre una realidad histórica que
Gavras acomete con total fuerza.
domingo, 15 de septiembre de 2019
sábado, 14 de septiembre de 2019
La venganza de Jairo
Jairo Pinilla es un cineasta colombiano de 75 años, pionero
del cine de terror en su país (en los años 70s) quien por deudas y derechos de
autor terminó condenado al ostracismo, al olvido. Casi 20 años después intenta
en éste documental, de Simón Hernández, dejar constatación de la que ha llamado
su última película, de su realización, como
también de su historia, legado y su cinefilia. El documental de Hernández es
interesante porque Jairo es un personaje bastante rico, con harta verdadera
cinefilia, quien es un fan acérrimo del cine de terror. Es un cineasta que hace
de todo en producción y no cuenta con grandes sumas de dinero, pero intenta
hacer algo muy personal con el cine de género. Nos dice que no escogió el cine
que hace por fácil, como muchos pueden creer –en lugar de cine arte- o menosprecian,
porque él nos da a entender que lo aborda con complejidad, involucrándose en
cada detalle y, a su ver, haciendo algo especial. Vemos partes de sus filmes,
algunas partes son muy buenas, otras lucen re-baratas y terribles. De esto
pende que el cineasta y su compatriota Luis Ospina lo llame maestro y lo señale
como un hit de popularidad en la historia del cine colombiano, una recepción de
taquilla que pocos han llegado a tener agrega Ospina, llegando incluso a mencionarse
lejano humildemente. Pero a la vez la crítica dominante de su tiempo y país lo
consideraba el Ed Wood nacional. El director colombiano Ciro Guerra también habla
con admiración de Jairo Pinilla, aunque lo que dice suena mucho menos
interesante que lo que dice Ospina, comparando a Jairo con Orson Welles. El
documental tiene unas partes burocráticas que son bastante sosas, pero la
historia de Jairo, quien es, que ama, su lucha, su pasión, hacen del presente
documental uno valioso. A Jairo se le menospreciaba diciéndole que sus películas
estaban en la línea de las de Superman que en las de Bergman. Pero Jairo
menciona que siempre buscaba retarse (en lo que amaba), frente a inventar
recursos y ser original en lo suyo. La venganza de Jairo (2019) es un buen
documental para descubrir a un cinéfilo autentico, ultra fan del cine de terror
-que muchos amamos y disfrutamos- y alguien importante en la historia del cine
colombiano y en el séptimo arte de género hecho en Latinoamérica, es una buena oportunidad
y llamado para recuperarlo.
lunes, 9 de septiembre de 2019
La caja de música (Music Box)
Se han hecho muchos filmes sobre el Holocausto, hay muchos
filmes muy buenos, y Costa-Gavras pertenece a ese grupo, con una película
poderosa, interesante, ágil y entretenida. Un hombre de nacionalidad húngara (Armin
Mueller-Stahl) nacionalizado americano es acusado de ser un nazi, un asesino,
en su país de origen, le espera la perdida de la nacionalidad americana y la extradición,
pero recurre a su hija, una prestigiosa abogada, Ann Talbot (Jessica Lange),
asegurando que es inocente, que el que buscan es otro hombre. Ann tiene una
imagen radicalmente distinta del hombre que piden por criminal de guerra, ama a
su padre y éste la ama, tienen un fuerte vínculo. El hombre ha sido intachable
en lo que recuerda su hija. Pero un juez acusador, Jack Burke (Frederic Forrest),
está empecinado en llevar al padre de Ann, a Mike Laszlo, a prisión. Está completamente
seguro que es el hombre que buscan. En esto Costa Gavras fija su atención y su
quehacer cinematográfico, en ésta dicotomía de un posible mismo sujeto, en un
hombre que es un desgraciado, asesino frio y sumamente cruel, asesino de
mujeres y de niños; y un hombre que es noble como padre y cariñoso como abuelo.
Un hombre excepcional, gigantescamente perverso; y uno sencillo, pacífico,
amable y común. Gavras propone mantener la duda hasta el final, pero manipulando
varios indicios de culpabilidad –como con pequeñas semejanzas salidas de la
actualidad-, contrastado siempre con la imagen que tiene Ann y su relación
presente, que vamos viendo. Va sembrando ambigüedad y posibilidad, es un filme muy
rico a esa vera. Mientras tanto uno piensa que duro debe ser descubrir a alguien
tan amado como un tipo tan ruin, que terrible posibilidad, hay un interesante
quehacer emocional. Ann, una espléndida Lange, va sintiendo la pegada de los
descubrimientos de lo hecho por el nazi buscado, a través de un juicio, que
nunca es pesado para el espectador. Ann es justa y moral, cree en la imagen de un
padre noble. Pero el fiscal va sembrando la posibilidad de la hipocresía y
maldad máxima en él. Armin Mueller-Stahl luce como un buen hombre, su cara muestra
seguridad. No obstante siente también la pegada. El filme es muy astuto con los
detalles, con éste tira y afloja continuo de culpabilidad. Al final saca un as
bajo la manga, una audacia de cine comercial, pero un recurso muy eficiente y
simpático como séptimo arte, aunque simple, por medio de una visita y un marco. El filme propone la culpabilidad en
mayor parte, sin cerrar la imagen de una protagonista fuerte y su gran inteligencia para
defender a su padre, con una Ann que es una idealista, una humanista, muy
presente en las aguas húngaras de la perfidia. Madre e hija cariñosa; divorciada,
pero con la sutil chance de retornar con el ex marido; mezcla que apoya la ambigüedad general, en
éste justo merecedor del oso de oro de 1990.
viernes, 6 de septiembre de 2019
Z
Costa-Gavras hace una película política entretenida, que
tiene arte. Es una película de 1969 y se ve todo lo clásico que hay en una
película de su tipo, pero es porque la presente película sentó bases en el cine
político. Me hizo recordar un filme posterior, The Act of Killing (2012); un
genial Marcel Bozzuffi me trajo a la memoria a Anwar Congo, como un matón
paramilitar ejecutor de izquierdistas. Yves Montand es un senador izquierdista
que los de derecha quieren destruir por sus aspiraciones políticas e ideología.
Finalmente lo asesinan, y empieza una pequeña investigación o exposición del
complot homicida que es toda la película. Gavras no hace una película
paranoica, sino una película directa, clara y realista, con toques de cine
arte, como con el propio asesinato del senador que es con un mazo y mediante una
camioneta en movimiento. Jean-Louis Trintignant hace del juez investigador,
tiene una postura elegante e inteligente, que contrasta un poco –para bien- con
la frescura de la narrativa. Es una película seria pero entretenida, porque es
suelta, no es demasiado formal. Irene Papas aporta muy poco en su actuación y
personaje. Es un filme fácil de ver, pero bien ejecutado, que aunque es cine
político no agota, es muy ágil y con personalidad. Están todos los lugares
comunes del cine político y las ideologías, está la imagen por antonomasia,
pero porque es un precursor, pero aun así no molesta ni es un filme de mala
calidad en absoluto. Es una propuesta que reúne todas las de su tipo, es ver la
eterna lucha esencial entre derecha e izquierda, militares y activistas. Ganó
el Oscar, por tanto es un filme comercial, popular y masivo, amable y
hedonista. Gavras es bueno en el cine político, con miras a un gran público,
pero con arte, no es panfletario ni cansino. El filme tiene elegancia, pero
también su audaz toque de relajo. Inclusive los matones paramilitares pueden
ser un poco infantiles, o los eventos alrededor del golpe en la cabeza de un héroe sencillo y delator es retratado como algo campechano.
viernes, 30 de agosto de 2019
Parasite
Fue la ganadora de la palma de oro 2019. El coreano Bong
Joon-ho se coronó en popularidad en el cine arte, siendo muy querido por la
cinefilia internacional. Le faltaría sólo un cupo al Oscar a película
extranjera para completar toda popularidad. Bong ha hecho cine social
inteligente y de cine arte. Aunque su mejor película sigue siendo Madeo (2009)
y la más aclamada Memories of murder (2003), Parasite es una muy buena
película. Bong no es críptico, pero sí muy inteligente con ésta propuesta. Es
cine social con arte en mayúsculas. El filme no necesita de montón de rareza
para ser bueno, tiene solo una cierta cuota por el final. No obstante todo el
filme es una construcción artística. Al mismo tiempo es una obra seductora, que
se ve muy bien, que entretiene bastante, que mantiene el interés y la sorpresa.
Es un filme que medio que dispone todo para el final, con esos remates
poderosos del séptimo arte. Es cine social efectivo e inteligente, como no lo
era Snowpiercer (2013). La sátira o el humor negro que ven muchos lo veo en un
inicio mostrando la pobreza de los protagonistas. Pero va menguando. La
narrativa lleva cierta calma hasta el final explosivo. Por el final se vuelve
brutal, híper violenta y gore, donde la lectura social está más diluida, es más
metafórica y más complicada de entender por mayor impacto y hedonismo. Es una
historia de estafadores, pero sin subrayarlos, dándoles humanidad y algo de
discreción. Es la historia de unos arribistas, que luego por un lado se enfrentan
a la consciencia. Pero que buscan escapar de ella. El primer suspenso surge
cuando sus planes ya están ejecutados, cuando los lugares de trabajo están
ocupados y reemplazados, es ahí que vemos tocar el timbre a la antigua ama de
llaves. De esto se desprenden dos líneas de pobreza. No veo tanta lucha de
clases, de ideología, aunque si deja qué pensar. Bong es más sutil que esto,
piensa en hacer cine. En un momento la esposa compara al marido (el genial Song
Kang-ho) con una cucaracha, y en ese momento anida el meollo del filme, el
marido atisba violencia frente al menosprecio. Todo ello se manejará en la relación
de la clase alta con la clase baja, entre servidumbre y patrones. El detonante
es algo nimio, pero que hiere el amor propio, se manipula a través del olor, aunque
en realidad es el olor del desprecio, del menoscabo, más que de algo físico u
olfateable. El chofer entra por tanto en depresión silenciosa, le molesta el
vender su alma por dinero, el humillarse, pero su realidad lo empuja a obedecer.
De no ser así le espera un borracho meando por su ventana (la sátira), o un
electrocutamiento tras una inundación (el drama). Nuevamente Bong se muestra
inteligente, lo hace de algo aparentemente insignificante, hacer que el chofer
se disfrace de indio para alegrar la fijación del hijo del dueño. La explosión
de violencia surge por dos vertientes, por medio del desprecio y la venganza.
El hijo del chofer, pobre, duda y pregunta si puede encajar en la clase alta a
la hija de la familia privilegiada que enamora, él cree que no, al ver tanto
goce. Su padre antes le dice que no hay que tener plan porque la vida se ríe de
los planes. Pero el hijo no hace caso de nada y propone un plan y buscar el
dinero como solución de todo. El filme vuelve al ciclo de destrucción que nos
ha mostrado previamente. O quizá no, habrá éxito, y es porque ahora es
distinto, al ejecutarse por el buen camino. De todas formas queda todo como una
cierta ilusión. El problema es que como dice el padre la vida no permite que
exista un plan efectivo a lo que uno tanto delinea, y se habla de pesimismo o del
realismo de la frustración. Puede también que la salida venga de lo improbable,
ese es el mensaje, el llamado de la eterna sorpresa, como la violencia del
filme.
domingo, 18 de agosto de 2019
Homeland (Iraq Year Zero)
Éste documental del iraquí Abbas Fahdel está dividido en 2
partes, antes y después de la ocupación americana de Irak. En la primera parte muestra
la vida familiar de su país tomando de retrato a su propia familia, hermanos,
sobrinos y cuñados. El filme muestra a ésta familia iraquí y todos sus miembros
hasta los más pequeños se ven educados, dóciles, coherentes y se muestran siempre
afecto entre sí. Los iraquíes a través de ésta familia modelo se ven
tradicionales, pero entendibles, un poco cercanos a todos, no hay tampoco cosas
muy extrañas o distintas, pero igual se siente que no son idénticos a
occidente, y se ven diferentes en sus costumbres y eso los hace un poco curiosos
y a la vez marca un poco de distancia, pero no resta humanidad, producen
emociones y sensibilidades. No se percibe odio, hablan con naturalidad y hasta
sabiduría, incluso el niño protagonista que tiene 12 años de edad, al que se le
oye bastante conocimiento político y coraje para hablarlo. El documental muestra
al pueblo, a la gente humilde, con la familia modelo de clase media o culta de guía.
Se ve la calle, el campo, lo pobre, lo social, la denuncia, el fastidio ante la
necesidad. La primera parte empieza en febrero del 2002. Sadam Husein aparece
haciendo mucha propaganda política en la tv., propaganda que la familia de Fahdel
simplemente observa y luego sabremos que callan por intimidación, miedo a represalias,
y que luego se mostraran contra él en la segunda aparte -al estar derrocado-,
por muchos abusos, diferencias sociales y asesinatos que le señalan. El
documental es nacionalista, hay mucho amor por el país y por el pueblo, pero no
está a favor de Husein, al que critican abiertamente más tarde, pero tampoco están
a favor de la ocupación americana a quienes también critican y hasta tachan de inútiles
por no darle calidad de vida al pueblo iraquí en la remodelación de la sociedad
que ellos han prometido en democracia. Hay una fuerte militarización en las calles,
están llenas de vehículos del ejército americano. Fahdel tiene un sistema de
documentación muy dotado, él filma valientemente absolutamente todo, hasta sale
a filmar disparos en la calle, mientras sus familiares hablan, hacen
comentarios inteligentes o entrevistan a mucha gente en sitios claves de
destrucción y padecimiento. Los familiares de Fahdel hacen de analistas políticos,
sociales y de periodistas. En el filme se exhibe gente que ha dejado voluntariamente
el judaísmo por el islam y se han integrado pacíficamente. Esto señala un
fuerte nacionalismo en el documental. Hay mucha novedad en el filme, hay
escenas emblemáticas, dotadas de cotidianidad. El filme defiende el respeto por
el país y aunque no comparte afinidad con Husein si de que los invasores son un
problema. En un momento una niña habla de la justicia mediante un libro de filosofía
y hace hincapié en que debería estar de lado de los iraquíes. En una escena
tradicional y potentemente religiosa un hombre viejo y ciego canta típicamente en
un mercado mientras la cámara muestra a iraquíes sonriendo. El documental
plasma que los iraquíes anhelan la tranquilidad, la cotidianidad y simpleza de
antaño, paseando por un museo de la vida clásica del país. Vemos también a un actor iraquí
de cierta edad y de poder adquisitivo hablando sabiamente, y celebrando la boda
de su hija, aquí podemos cotejar sensibilidad, sobrevivencia, modernidad y
costumbre. La propuesta da cabida a lo intelectual, junto a lo diáfano,
sencillo y claro. Se hace llamado a la cultura, al arte, y al respeto por ello.
La segunda parte empieza en abril del 2003. Un vendedor de armas pro guerrilla
amante de Husein debate con el niño protagonista, de quien en un inicio sabremos
morirá después, en medio de la inseguridad de ladrones y asesinos iraquíes sueltos
en plaza. Produce tristeza ésta muerte en especial, de un niño tan inteligente,
valiente y afectivo. La segunda parte merma un poco ante la primera maravillosa,
pero el conjunto es sólido. En la segunda parte se ve la destrucción de muchos lugares,
lo terriblemente peligroso de las calles, la militarización americana, la queja
del pueblo, todo muy bien explicado. Es un gran documental, para conocer la
mirada del que tiene poca visibilidad, el punto de vista complementario,
humano, no violento, porque finalmente el planeta es uno solo.
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domingo, 21 de julio de 2019
El discreto encanto de la burguesía
El discreto encanto de la burguesía (1972), de Luis Buñuel,
es una película celebrada por la puerta grande, incluso ganó el Oscar a mejor película
extranjera, pero parece algo un poco desproporcionado, no parece una película de
las más grandes –no de las que generan entusiasmo rabioso y hedonista-, aunque
es una película más que decente. Es una película rara, pero entendible. Buñuel
hacia cine amable al 85% más o menos, mostrando al mismo tiempo una autoría mayúscula,
un estilo, personalidad y originalidad.
Ésta película son como viñetas de sucesos extravagantes, no una narrativa
convencional con presentación, conflicto, drama y desenlace, tiene una unión
general tenue, con 6 personas que se suelen reunir a comer y siempre terminan
sorprendidos por algún hecho fuera de lo común. Buñuel es ingenioso en presentar
montón de sucesos, con un toque surrealista, onírico, social, político, jugando
a desmenuzar a la burguesía en un tono inteligente y suavemente irónico. Hay muchas
pesadillas de por medio, incluso encadenamientos de sueños. Con esto Buñuel se
permite hacer lo que le place con sus personajes. La sátira va audaz en ésta
condición, pero hay que ser perspicaz para coger toda la ironía. También es un
filme entretenido, donde hay mucho suceso impactante e interesante así a secas.
Buñuel es inteligente, y en ese trayecto es un director claro. Su sapiencia
para hacer cine es cosa de autores excepcionales. Estamos frente a una comedia,
pero antes cine arte. El reparto de los 6 protagonistas centrales también es privilegiado,
con Fernando Rey como un embajador de un país latino imaginario y quien es
narcotraficante como hobby; Paul Frankeur y la bella Delphine Seyrig son el
matrimonio Thévenot con la infidelidad de la mujer con el embajador de Miranda;
Bulle Ogier hace de la hermana de Seyrig; la sexy Stéphane Audran y Jean-Pierre
Cassel son el matrimonio Sénéchal. Estos 6 burgueses pasaran mil aventuras en
cada comida en que se plantean juntarse, donde se incluyen militares, la
iglesia, comerciantes difuntos, policías fantasmagóricos y violentos, la
inmersión entera en un teatro, historias de terror y venganza y cosas bastante curiosas.
Todos sueñan, todos dejan volar su imaginación, hay hasta terroristas y hartos homicidios.
Es un filme raro, aun siendo comedia, único de cierta manera, pero no es un
filme hedonista en toda magnitud, es más para pensarlo, aunque pueda no parecer
así por sus viñetas de sorpresas. Es un filme que tiene cierta seriedad, no es
una comedia tradicional, un simple divertimento superficial, Buñuel es más
inteligente que eso, aunque siempre diáfano. Buñuel es igual de franco y
directo que la empleada que sirve la comida en la casa de los Sénéchal, sin embargo se te escaparan cosas porque el nivel intelectual también es alto. Aun
así el filme mantiene su humildad con los Sénéchal corriendo al jardín a
tirarse un polvo tras ponerse calenturientos poco antes de que lleguen sus visitas
y puedan notarlos por la costumbre de gritar al excitarse la mujer; igualmente
con el embajador deshaciéndose de una bella joven terrorista. Lo sueños aportan
la cualidad de cuentacuentos de Buñuel, su calidad de entretener. El filme
posee dos lecturas, una intelectual e irónica de lo social y político, y otra
de aventura y novedad. El filme nunca es vulgar, barato o facilista como comedia.
No obstante puede ser sencillo.
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miércoles, 17 de julio de 2019
Ensayo de un crimen
Un niño recibe una cajita de música y oye una historia con
ella que lo define durante su existencia. La cajita dicen tiene un poder, ésta
mata a los enemigos de uno. Archibaldo de la Cruz (Ernesto Alonso) crece con dicha seducción de su infancia, con la idea de esa cajita de música, es decir, del
asesinato. Durante su adultez planea matar a alguien, a una mujer, pero nunca
puede llegar a ser el autor de ningún crimen. Surge una suerte de destino de esquivar
que lo lleve a cabo; sucede, pero nunca es por su mano. Archibaldo parece una
buena persona, es rico, refinado, simpático y muy educado, pero esconde esa
perversidad, quiere ser un asesino. Luis Buñuel perpetra ésta maravilla de
película, con ésta ironía como leitmotiv. Hay una escena donde Archibaldo
muestra su maldad en toda potencia. Quema un maniquí, doble de una persona que
quiere matar. Se dibuja como una escena de terror. Observamos el plan
siniestro que quería llevar a cabo y, como siempre, queda frustrado. Archibaldo
es un seductor, aunque no es un tipo tan atractivo. Pero su verdadera
motivación es perpetrar un homicidio. La bella Rita Macedo hace tremendo papel,
como Patricia Terrazas, una mujer desenfadada, sexual, avispada, una mujer promiscua
en plan de juego, aunque finalmente fiel. Tiene una escena fetichista con sus
tacos altos en un casino que la dibuja de cuerpo entero como una bomba sexy. Carlota,
otra mujer en la vida de Archibaldo, se pliega lúdica también a la dualidad y a
la corrupción, es una mujer que aparenta ser devota católica pero anda con un hombre
casado. Archibaldo se enamora de ella, quiere casarse, pero termina queriendo
matarla tras descubrir su affaire. La trama, como con la monja, repite la ironía
del esquive de la cualidad/calidad de asesino que ostenta Archibaldo, hombre sofisticado y perverso,
como es ésta obra de Buñuel.
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martes, 16 de julio de 2019
The Ox-Bow Incident
Éste filme tiene un arranque fenomenal, con un Henry Fonda
buscando entusiasmo en peleas de bar, para terminar desmayado por un botellazo
del cantinero. Todo en son familiar por más extraño que suene. Así se presenta
el filme, nos habla de un pueblo donde todos son como una gran familia que deliberan
y debaten juntos, aunque tengan diferencias y rencillas de paso. El debate
central y meollo del filme lo ocasiona la muerte de un ganadero, un hombre
ejemplar y muy querido, ha sido robado su ganado y asesinado. El pueblo, los
amigos, los compañeros, los vecinos, la comunidad, enardece, quieren venganza,
quieren hacerse cargo de los asesinos, para eso quieren ir a buscarlos,
atraparlos y lincharlos, ahorcarlos. El debate surge porque antes algunos pretenden
que se les arreste y pasen por un juicio, pero la mayoría no quiere tanto
tramite, están furiosos, quieren el linchamiento. Deliberan rápidamente, y
salen en busca de los asesinos, la gran escena se muestra con montón de jinetes
cabalgando. El filme se define por la justicia en manos de la gente contra la
de la ley. La consciencia viene más tarde con un toque sentimental, con una
declaración de por medio. El filme tiene un mensaje claro y muy certero. Es
también una propuesta entretenida, muy ágil, muy simpática, aun cuando acción
no es que abunde, es más un drama, una película para pensar dígase aunque no sea
para nada compleja de ver. Como uno de los bandoleros está Anthony Quinn aunque
como secundario. The Ox-Box Incident (1942), de William A. Wellman, es un filme
en su punto de tiempo, dura menos de hora y media, y es muy potente.
jueves, 11 de julio de 2019
La muerte en este jardín (La mort en ce jardín)
Luis Buñuel hace una película de aventuras, con un país
equis en América latina que está gobernando por militares y que un día prohíben
a los extranjeros extraer diamantes. Esto genera el choque entre los
extranjeros y el gobierno dictatorial. Así comienzan las persecuciones, se forma
un grupo que quiere escapar, se van rumbo a la selva del Brasil. Un extractor
de diamantes, Castin (Charles Vanel), quiere casarse con la prostituta local,
con Djin (Simone Signoret), ella lo considera viejo, pero por interés acepta.
De esto saldrá una pequeña aventura sorpresa más adelante, con francotirador
incluido. El héroe es un tipo corrupto en varios sentidos, un tipo violento con
las mujeres, Shark (Georges Marchal), un ladrón que simplemente sobrevive como
puede y se une al grupo de la fuga. Michel Piccoli es el padre Lizardi, un tipo
común, curiosamente una rara avis de Piccoli que en el cine hace mucho de hombre extraño y extravagante. Junto a ellos la hija sordomuda de Castin (la
hermosa Michèle Girardon). El filme recuerda el cine de aventuras de John
Huston, pero con un toque de personalidad propia. Buñuel es más primitivo para escenificar
los comportamientos. El filme es bastante práctico, tiene buen ritmo. Está
explicado con suma facilidad, pretende la movilidad. No hay grandes
protagonistas, están a media caña, les falta grandeza, por más que se intenta,
pero se distinguen, no son personajes planos. Las acciones son decentes e interesantes,
pero muchas muy simples, aunque es un filme que escapa del rótulo final de típico.
Shark es un tipo bastante rudo y aporta cierto realismo, aunque carece de
carisma. La mort en ce jardin (1956) es una película entretenida, pero no una
gran película. Esta propuesta es una mezcla mexicana con francesa. Un nado
entre europeo y latino. Sobresale la actuación de Piccoli.
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