Mostrando entradas con la etiqueta Jennifer Lawrence. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jennifer Lawrence. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de diciembre de 2025

Die, my love


Ésta película sigue la estela de Beau is afraid (2023), es una propuesta incomoda, molesta, exagerada, extrema, delirante. La dirige Lynne Ramsay de quien muchos gustaron en particular We Need to Talk About Kevin (2011), si bien con distancia su mejor obra es Ratcatcher (1999), la que aunque es una película escocesa dialoga con el free cinema, con el obrero, con la clase trabajadora, de donde proviene Ramsay. We need to talk about Kevin, que le dio popularidad, tiene algunas conexiones con la presente película. Ahora una mujer es la que carga la locura en lugar de un adolescente. El filme adapta a la argentina Ariana Harwicz. El guion es de la misma Ramsay junto a los dramaturgos Enda Walsh y Alice Birch. El irlandés Enda Walsh tiene su mayor logro como guionista por un relato que remite a su propio país y es una muy buena película, Hunger (2008), del británico Steve McQueen con un gran Michael Fassbender -de madre irlandesa y criado en Irlanda- en uno de los highlights de su carrera. La británica Alice Birch tiene su mejor pergamino como guionista con la interesante Lady Macbeth (2016) aunque ahí está para detrimento The Wonder (2022), ambas con Florence Pugh (con Lady Macbeth como su highlight junto a Midsommar, 2019). La trama propone a una mujer de fuego, como en la apertura y en el cierre observamos abiertamente. Lo que veremos de ella no deja ninguna duda, frente a su comportamiento desenfrenado. Jennifer Lawrence es la absoluta protagonista de ésta película incendiara, algo polémica si bien actualmente pocas cosas llegan a impresionar frente a esperar lo inesperable. La bella y entregada Lawrence, con 35 años, de cuerpo hermoso, voluptuoso, abundante y naturalmente estético y seductor, a la que veremos mucho desnuda en pantalla, es Grace, ésta mujer que no quiere una vida familiar, una existencia convencional, que a partir del nacimiento de su hijo empieza a enloquecer, a perder los estribos (mención constante visual obvia de un caballo sin ataduras). Primero bajo pequeños detalles, miradas como a la nada, que engañan, que implican esperanza o salvación, que buscan contenernos; pequeños gestos, corporales, faciales, sutiles, algunos bromeando en solitario, tratando de soltar la pesadez, si bien cosas se van gestando, acumulando y en el fondo no es que existan culpables externos o rígidos, somos nosotros. Comienza a molestarle vivir en el campo, empieza a no soportar a su marido, Jackson (Robert Pattinson, quizá demasiado común y corriente para el terremoto que es Grace), por la vida matrimonial que no parece compaginar con su personalidad, a lo Britney Spears, de lo que se dice irónicamente de Grace que en otra dimensión debe ser una popular rockstar (también señal de verse autoreflejado en una hipérbole), al poco de (fastidiarle) sentirse diminuta al ver hacia las estrellas o el universo por el telescopio, en sentido peyorativo (particular, atípico un poco) de insignificante. Grace, no quedan dudas, es una mujer problemática, y de ello que valga mucho la autenticidad y honestidad que propone la novela de Harwicz, el desentrañamiento absoluto. Ahí hay originalidad que aplaudir aun a costa de llevarlo todo al extremo, a lo insoportable, que con seguridad a muchos va a molestar, como a los que no quieren críticas en contra o lo manejan con mayor astucia. Grace quiere sexo todo el tiempo con Jackson, es una fémina intensa -erótica, se podría decir- en toda magnitud, la que se aburre de las convenciones, aunque hay una parte de ella que anhela ser una buena madre y una buena esposa y ser autosuficiente a ese respecto, pero algo la supera. La podemos asociar con las jovencitas loquillas sueltas, las que no pueden contraer compromisos con facilidad, no lo quieren en realidad, o están detenidas en el tiempo, lo cual suena a un punto políticamente incorrecto de decir/ver, donde se estila mucho más cinismo y no se pretende juzgar a nadie negativamente, aun mirando dentro de la actual época de liberalidad que parece enaltecerte. Harwicz lo lleva al límite de lo aguantable, llegando literalmente a la locura, a la explosión emocional, a la crisis de quien uno es. Puede que ni siquiera sepa que le gustaría poseer. Le falta comprensión de sí misma. Se percibe aun como una anomalía. A esa vera a Nick Nolte se le llega a confundir, haciendo inicialmente de anciano con deterioro cognitivo producto de la edad. Se puede ver como feminista que la mujer no quiere depender de ningún hombre en ningún sentido o se defina en su libertad sexual. Percibe a los hombres por juguetes en sus manos, como con la fantasía del motociclista (LaKeith Stanfield) que la persigue a Grace como en una alucinación, y que después se descubre un simple mortal como todos. No obstante lo que atraviesa Grace se ve como un problema, hasta mental. Se podría decir que existe cierta autocrítica, porque la obra se propone no ser placentera, no ser fácilmente empática. No puede criar a su hijo, tranquila, como muchas mujeres. No puede sostener un matrimonio con alguien que parece querer, o eso pensaba y vivir en pareja le ha quitado en buena parte esa ilusión, aun cuando la suegra le ofrece ayudarle, al sentirla golpeada por la realidad de la maternidad, mientras vive inicialmente en una casa medio tétrica. La suegra es interpretada por la gran Sissy Spacek, como una sonámbula con escopeta en mano, tras la muerte de su marido, cuando deambula por el campo abierto, cuando se expone, como quien hace mención de una psicología, que está alerta a no dejar entrar a nadie más en su vida, el opuesto entonces de Grace. No obstante al final se harta un poco de ella, de su actitud, y viceversa, no desea oír. Grace realmente no quiere aprender nada. La cuestión parece ser lo ingobernable (para Grace la relación es una cárcel), como quien deja fuego por donde pisa y no es algo romántico de decir, aunque tiene de narcisista, el canto de la mujer realmente salvaje, como con la mímica de hacer de tigres en el pasto donde Jackson "no sabe" en donde se está metiendo. Está, curiosamente, demasiado enamorado (no obstante la engaña con aventuras pasajeras). No quiere ver, ni ella tampoco. En lugar de exponer la trama poéticamente, bellamente, como si fuera un comercial de publicidad donde todos se identifican rápidamente, se observa el asunto de manera insoportable, de forma bruta, lo que significa en realidad el comportamiento y las reacciones de Grace (daño). Existen soluciones para salvar la unión, pero Grace no está hecha para ninguna de ellas y ahí el relato es realmente duro. La escena cuando se lanza contra el vidrio puede ser un poco irónica pero deja todo en claro. Lo mismo la escena donde se queda en ropa interior y se arroja a la piscina en la reunión formal donde ya la gente es grande. Que en ese momento Jackson se hiperventile pone en pantalla humor negro. El comentario de que el bebé no respira tampoco es gratuito y dice mucho más de lo que aparenta, como el propio título.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Don't Look Up y Silent Night

Son 2 películas apocalípticas, Don´t look up, del americano Adam Mckay, y Silent Night, de la británica Camille Griffin. Silent Night (2021) recién éste último fin de semana navideño estuvo estrenada comercialmente en España y fue recibida por el público español con cierto entusiasmo. Don´t look up (2021) se estrenó igualmente en ésta semana navideña, pero en netflix y a puertas de año nuevo lidera el ranking de las películas internacionalmente más vistas en ésta popular plataforma. 

Silent Night es una propuesta pequeña, no maravillosa, pero decente. En ella un grupo de amigos de infancia se reúnen familiarmente por navidad y empiezan las típicas peleas y sorpresas de toda cena de éstas fechas. Silent Night es una comedia de humor negro pero también una comedia de terror. El elemento de miedo del filme es que afuera de la casa un extraño gas está matando a la humanidad y el gobierno británico ha entregado pastillas para que la gente no sufra, y se suicide. Toda la cena no es nada del otro mundo, es lo que se suele ver, aunque con humor británico, y esencia europea, como con la mujer que pelea por el amigo enfrente del marido, en un tono no tan vulgar pero de subtexto liberal sexual. Los presentes en la cena son todos antipáticos, por más idealistas que se pongan, cunde no lo chusco, pero sí el engreimiento. El filme tiene un mensaje sencillo, pero bueno, sobre el sufrimiento, representando en un niño idealista, que entiende que el sufrimiento no lo puede detener y que hay que enfrentarlo, la muerte no es una opción para él, aun no habiendo futuro. El niño quiere luchar. El resto que representan al mundo son escapistas, no quieren sufrir, buscan la evasión. Éste niño la tiene difícil porque aun es pequeño y depende de sus padres. No obstante aun así intentará triunfar en su pensamiento poco popular. Todo el filme está plagado de idealismo, no todo es interesante, hay cliché, mientras el gobierno es prácticamente una nada para los presentes, seguramente hay una crítica al gobierno británico en su quehacer político de los últimos tiempos, pero lo más valioso es la individualidad de éste jovencito proponiendo pelear y no claudicar, incluso frente a lo que luce irremediable. Léase una lectura que se puede plegar a todo señalamiento del sufrimiento, tan común a la humanidad. 


Don´t look up como base le dice a casi a todo el mundo estúpido, porque no quieren ver, solucionar, razonar, luchar un cometa que va a acabar con el mundo en tan solo 6 meses. Éste filme es una sátira y una película muy frontal, no deja nada a medias, es todo y sin límites, esto le juega en contra, no sólo porque insulta a todo el mundo desde un pedestal -en realidad ecologista, sobre el cambio climático- sino que se extraña mayor intelecto para exponer y pensar algún tema, sobre todo importante. Subestima a la gente, lo dice todo por eso como para bruto y encima menospreciando literalmente, abundan las bromas directas sobre lo estúpida que es mucha gente. Se escuda en que está diciendo la verdad, entonces es correcto y elogiable lo que hace. Lo gracioso es que nadie se siente identificado con la estupidez, en realidad todos creen que son esa minoría que en un momento el hijo de la presidenta salida de la era Trump señala sin dar muchas pistas, como para que los más "astutos" se rían sin verse en el espejo. El filme se ríe de las redes sociales y un gran público con éste, cuando más bien deberían agradecer la oportunidad maravillosa de poder expresarse, aun cuando efectivamente hay de todo y hay que escoger la paja del trigo. Lo virtual efectivamente imita la vida. El filme también ríe bastante de la clase política, de la americana, una curiosidad, cuando siempre han solido salvar al mundo, pero son los residuos de haber vivido la era Trump y alinearse con el resto del mundo. Es verdad que las clases políticas se prestan para la sátira, pero tampoco esto apunta a producir soluciones. El filme es básico en su pedido, en un momento la ambición de mucho dinero destruye una salida fácil. En sí es un filme que puede estar pecando de simplista, igual de facilón como a quienes señala de brutos. El filme es atractivo, porque hay grandes actores, muy populares y talentosos. No lo hacen mal, desde luego, y hay líneas narrativas que no son necesariamente malas, hay alguna comedia franca rescatable, lo de la amante conductora de tv es dar en el clavo. Pero la superioridad, el menosprecio continuo, la historia como para bestias hacen que uno no se ría mucho o nada. McKay se la juega toda es cierto, es osado, tiene personalidad, pero eso tampoco necesariamente significa grandeza. La verdad que quiere movilizar el pensamiento debe tener su tino, debe tener su educación, debe tener cierto respeto. En un momento dicen que expliquen sin matemáticas; más claro, imposible, pero ya se siente todo alardeando (vacío). Si bien no es que uno alabe la filosofía mas oscura (y por lo general torpe en comunicación), pero tampoco el otro extremo. El filme se la pasa renegando de los estúpidos, que incluye cosas valiosas como las redes sociales, aun cuando es verdad la libertad requiere de responsabilidad y madurez y cantidad de gente no la tiene ni la valora. Justo ahí es otro punto, hay que valorar, agradecer, ser un poco humilde, y eso va para todos, hasta para genios y gente muy popular. Hacer algo contra el cambio climático es urgente, pero requiere otro tipo de "arreo", no tan vulgar, porque el trato es chusco, es como imitar el mismo método del que se quiere reír. No es necesario decir estúpido para explicar algo, tampoco la literalidad. Hay mejores formas. Hay chistes que no son graciosos. También, aunque un final más breve y más humilde, mejor final el de Melancholia (2011). 

domingo, 1 de octubre de 2017

¡Madre! (Mother!)

Una mujer hacendosa, una mujer dedicada a su hogar y a su marido, interpretada por Jennifer Lawrence, desea tener un hijo y reparar la vieja y enorme casa que tienen; su marido (Javier Bardem) es un escritor sin inspiración hace buen tiempo y se siente decaído. Un día un fanático (Ed Harris) llega sin invitación a su casa y el personaje de Bardem –que no tiene nombre en la película- hambriento de celebridad y reconocimiento lo hace su huésped. El invitado incomoda a la madre –así solamente se le conoce al personaje de Lawrence- y esto irá en aumento, y se desbordará –hasta lo inimaginable, fantasioso y artístico- en un estado de frenesí y locura propio de una pesadilla; llegará más tarde su esposa (Michelle Pfeiffer) y sus 2 hijos adultos. La madre –Lawrence- sólo quiere una vida apacible, humilde y familiar, y la gente le mortifica, pero su marido es un hombre que ansía lo público y su deseo invadirá a su mujer que sufrirá la fama y popularidad del escritor que vuelve a saltar a la palestra.

En un inicio el filme es sutil, la pareja de huéspedes generan pequeños fastidios, son conchudos/frescos, mientras tanto ella toma algo para controlarse, siempre está a punto de caer en una crisis (el filme maneja mucha tensión). Esto, desde luego, no es nada, para lo que nos tiene preparado más adelante el director, Darren Aronofsky. Tras un incidente de violencia fortuito, en realidad todo sucede como una explosión, lleno de absurdo, vuelve la calma. Pero esto dura muy poco tiempo, Aronofsky vuelve a encender la llama de la intranquilidad de Lawrence. Regresan a la casa los huéspedes. En la segunda parte del filme Aronofsky se dice, vamos por más, vamos con todo, y estalla el pandemónium.

El filme se transforma en una invasión absoluta, en una muchedumbre destruyendo la casa, la que literalmente sangra y late (y representa a la madre naturaleza, maltrecha por el hombre); también en una fiesta tipo rave o como en una intervención de la policía especial contra secuestradores, en un saqueo, en un culto de fanáticos paganos enardecidos. Esto entretiene, todo resulta muy loco. Pero Lawrence con lo que sucede yace pasando las de Caín, todo se concentra en su emotividad, frustración, en su desesperación. El filme a ésta altura genera reacciones distintas, por un lado todo ese desborde tiene hasta de gracioso, pero la histeria que rodea al personaje de Lawrence encrespa, fastidia. 

La propuesta de Aronofsky se vuelve muy cruel y sádica con la madre, pero si uno conoce la filmografía de éste director sabe que no es nada nuevo en su tipo de cine (Aronofsky suele apretar sin pena ni contemplaciones). La madre pasa por tremendo, intenso y largo tormento, es todo un tour de force para su actriz protagonista y pareja (para generar un pequeño cristal, una ofrenda surgida en el sacrificio, malagradecido), producto de ser dejada de lado por su marido, el que se aboca a su egocentrismo y tiene de muy básico.

Se da una crítica a la popularidad, hacia el creador obnubilado –que deja de lado a su familia y a la paz e intimidad de su existencia- y hacia el fan ciego de pasión animalizado, intrusivo e inclusive peligroso. Lo que vemos es sólo la exageración de éstos patrones (el terror, digamos); el resto, que muera gente sin mayores justificaciones (una editora disparándole a la gente, Kristen Wiig), o que el contexto parezca como el de una turba enloquecida por un día de suculentas ofertas es sólo la montaña rusa cayendo hacia el precipicio, diversión pura y dura.  

martes, 19 de enero de 2016

Joy: El nombre del éxito

El director David O. Russell hasta su anterior película ha sido un engreído de Hollywood, nominado tres veces seguidas al Oscar por mejor director y en dos oportunidades por guionista, hoy parece que su suerte ha virado de cierta forma y se ha encontrado con un duro rechazo de la crítica hacia Joy: El nombre del éxito, aunque su actriz protagonista Jennifer Lawrence ha resultado nominada por la presente, logrando su cuarta nominación profesional (3 veces gracias a O. Russell, una de estas le mereció una estatuilla dorada, por Silver Linings Playbook, 2012).

Su última historia se basa libremente en una persona real, en Joy Mangano, inventora del Miracle Mop, el trapeador milagroso, un trapeador que no necesita escurrirse y puede lavarse fácilmente, hecho de plástico, ligero, y que cuesta 4 veces más que un utensilio simple pero resulta más higiénico, efectivo y duradero. Mangano es además una exitosa empresaria que sale vendiendo sus productos e invenciones en televisión. Con esto parece que tuviéramos una historia particular, con un invento poco deslumbrante o no tan atractivo para muchos espectadores, diga lo que digan las amas de casa, las tantas que llegaron a comprar el producto. Fácilmente el filme pudo caer en el ridículo, y no lo hace.

La propuesta capitaliza el sueño americano, marcadamente, de forma obvia, con diálogos que empiezan diciendo literalmente que Joy es una perdedora, tal cual lo refleja su madre echada en la cama absorbida por las telenovelas hasta que llega el amor romántico a sacarla de su sopor (en una línea endeble), cosa que evita la trama central, y se inspira en el éxito laborioso pero realizable de todo ciudadano promedio. No obstante la narrativa banaliza un poco el triunfo del sueño americano, donde O. Russell simplifica todo, y lo entrega bien empaquetadito y fácil, como para que el público masque bien su canchita, para ello todo se dice directamente. Joy fue una niña con grandes sueños, que se convirtió en una divorciada con 2 hijos a cuestas, aunque con un gran ex marido, que es su mejor amigo, aun siendo en parte un fracasado. Tenía un trabajo agotador, muchas cuentas y poco dinero, una madre mueble, inerte, cero productiva, y un padre y una media hermana que son un bache constante en su vida, y hasta incluyen la intromisión de una madrastra igual de ambiciosa, tacaña y de cierta forma aprovechada, ganando realismo en cuanto a la realidad de la familia americana no del todo afectiva, sino conflictiva. Sin embargo, Joy ve a través del surrealismo ese cambio que necesita, por medio de las telenovelas de la madre, y se lanza a inventar algo útil, práctico, que esté en el diario vivir.

Lo que viene después son dos giros bastante pobres que lastran la credibilidad del conjunto y su mayor alcance, ya que son capitales. Uno es un conflicto descubierto semejante a cuando John Cusack halla esa pequeña puerta en una oficina a tremenda revelación, en Cómo ser John Malkovich (1999). En el otro aparece una salida arbitraria y simplista en todo sentido, en una habitación de hostal, otro de esos encuentros milagrosos, tras revisar el papeleo, como con el trapeador, tal cual éste salta de ser menospreciado a ser visto como una mina de oro por Neil Walker (Bradley Cooper), ejecutivo de un canal de ventas.

Joy: El nombre del éxito inicialmente tiene un lado tipo comedia de enredos, donde todo luce barroco, altisonante y extravagante, que es muy entretenido, además de que el asunto del trapeador y la fortuna tiene cierto humor en sí, aun teniendo el lema de esa frase que dice de que lo ordinario se topa con lo extraordinario y hacen perfecto maridaje, tomando de ejemplo al legendario productor David O. Selznick y a su esposa, la popular actriz Jennifer Jones.  

O. Russell hace todo el trayecto del filme espolvoreando sencilla simpatía, una buena onda en ideas y lugares, apreciando que uno rápidamente se identificará con la protagonista, una magistral Jennifer Lawrence que realmente está perfecta en todo momento, aun cuando pueda estar diciendo algo tonto o poco elaborado, que en buena cantidad hay en el filme, tratando de ser empático de forma tan clara y poco original. Lo único que faltaba era que Joy cayera en algún romance y todo quedaba como un cuento de hadas, tanto como un manual básico para triunfadores, donde los esplendidos Robert De Niro, Isabella Rossellini y la desconocida Elisabeth Röhm son los parientes de miedo, en una falsa fachada de ayuda, habiendo un diálogo de negocio y préstamo que impone un deber y retribución, unas preguntas de compromiso y una reunión donde se ve una familia caótica y compleja que es lo mejor del filme. Así sobresale la comedia coral inicial, hasta que llega la decepción empresarial. Pero a continuación enseguida el filme se vuelve predecible, convencional y va perdiendo su encanto.

Se trata del sueño infantil del verdadero yo de la protagonista –y el de cualquiera, no ser perdedores- y el aliento y fe de la abuela que espera un matriarcado de Joy. Manos a la obra debe imponerse en acción; ponerse ruda, decidida, feminista, a través de -valga la curiosidad- un utensilio de limpieza, hasta triunfante colocarse sus lentes de sol y venderle al espectador una historia más del gran sueño americano. Tiene que evitar caer en la nada, la inutilidad y el desperdicio que representa la madre interpretada por Virginia Madsen (y todo el lastre familiar, en otro grado).  

lunes, 3 de febrero de 2014

American Hustle

Es notorio que David O. Russell divide a la gente, tiene el respaldo de los Premios Oscar que por tercera vez le concede abundantes nominaciones, The fighter (2010) le dio 7 y obtuvo 2 triunfos, en El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook, 2012) fueron 8 y ganó una estatuilla dorada, y en ésta oportunidad American Hustle le da 10, y hace nuevamente pleno en la categoría de nominados a actores. Con lo que se denota que tiene el aliento de un importante sector del público que es lo que define la mayoría de candidaturas de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas Americanas. Pero también hay una corriente que cree que está sobrevalorado. Y yo en lo personal me ubico dentro de los que lo apoyan, porque sin ser espectacular, alguien extremadamente original, disfruto de sus filmes.

American Hustle puede verse como que tiene un aire o parece intentar emular (algo) al idolatrado Martin Scorsese, mucho teniendo bastante fresco su último ataque de genialidad, El lobo de Wall Street (2013), de quien no discutimos su mención y la seducción que emana, ya que se debe a su talento fuera de resultados discutibles, sin embargo creo que en conjunto es totalmente distinta ésta película a cualquiera preexistente, por el estilo propio que impone finalmente O. Russell, además de que no pienso que sea restrictivo a un solo autor hacer un tipo de cine.

El tema de los gánsteres, los fraudes, policías en pos de la celebridad y la corrupción política lo maneja muy bien ésta propuesta, con un toque –que no completo porque fluye, tiene ritmo y vida- de idónea sequedad, cierta impuesta ligereza y su infaltable ironía, no dejarse tomar muy a pecho en lo que exhibe, que se da como subterfugio para permitir no ajustarse a una trama cuadriculada, aburrida digamos, sino moderna, y poder moldear al gusto el juego personal, una autoría. Porque no se trata de retomar en absoluto lo clásico, aun manipulado séptimo arte precedente, como una falsa fachada de otra década, los 70´s (que invoca referentes de esa época, como el cine de denuncia o policial, el arte de Sidney Lumet), entendiendo que también depende de hechos verídicos y detalles que “obligan” un retrato. No obstante, se observa sin dificultad, que David O. Russell pretende yacer en su libertad de director, y vemos que se caricaturiza intencionalmente un poco a los personajes, pero sin borrarlos de una película seria, de un drama de criminales, ya que no es para nada una comedia, sino que quiere destilar una capa de consabido relajo en cómo nos lo cuenta.

De ahí que todos tengan peinados ridículos, Irving Rosenfeld (el siempre sacrificado, comprometido hasta la médula y vastamente versátil Christian Bale) una calvicie mal escondida, aparte de una voluminosa barriga, congruente con lo que representa, un estafador de suma inteligencia aunque de pequeños movimientos de engaño. El alcalde de New Jersey Carmine Polito (Jeremy Renner) un peinado a lo Elvis en medio de una elíptica pesada vida familiar –tiene 5 hijos y una esposa que nos recuerda a la de los típicos gánsteres italoamericanos que nos ha dado siempre el cine contemporáneo, mujeres de barrio- y un mal disimulado pésimo gusto, siendo un hombre capaz de ensuciarse en el desarrollo de su ciudad, como él mismo dice, hacer todo por ella, en un mandato que conjuga avance a costa de algunas licencias, poder tratar con mafiosos dueños de casinos en pos de trabajos e ingresos para su estado. Y por último, el oficial federal Richie DiMaso (Bradley Cooper, que se esconde en varias capas, siendo hilarante, un poco tonto o imponente dependiendo las circunstancias) que ostenta una permanente, rulos, como la cabellera abundante de la compañera de estafas Sydney Prosser (en una sensual –mención especial de sus escotes- y compleja en sus emociones Amy Adams); luciendo un aire a sex symbol latino de música disco, mientras hace todo lo que puede por consagrarse en su profesión de policía encubierto, hasta manipular los hilos para que congresistas, senadores, criminales y alcaldes caigan en su red, en un plan sustentado predominantemente por el anhelo de notoriedad, atraparlos infraganti, aun incitándolos más que descubriendo y desbaratando negocios ilegales. Algo que juega con la audacia de quien se desnuda como fabulador y desmitificador, en caso de O. Russell, un generador de artificios que crea un universo creíble, solvente en sí, lo que hace todo cineasta. Y nos invita a observar y desentrañar como se fabrica arte, en una especie de alter-ego en la piel de DiMaso conjugado con Rosenfeld al que se le instiga para que perpetre un fraude que enmarañe a criminales, aunque no todos los son pero se verán tentados a ello, y que puede ser visto como un sutil meta-cine. Una película que mirada detenidamente es bastante inteligente siendo fácil de entender aunque sacrifique una parte de la cotidiana ilusión y pueda molestar, como quien nos da la sensación de revelarnos que quiere tomarnos el pelo o enseñarnos una verdad que no atendemos y nos mantiene “inocentes”, fieles a nuestra calidad de espectadores.

No obstante, si bien juega a concretar un contexto de forma discretamente atípica, rompiendo la narración convencional pero como quien pretende normalidad, provocando el conflicto “arbitrariamente” para luego decirlo, por si pasaba desapercibido su pequeño toque particular, y hacer una última jugada en que se sigue explotando la capacidad de fraude, ya como historia lineal y ordinaria, no deja de asumirse como entretenimiento, es su basa, pero con su infaltable impronta, y es que David O. Russell puede ser bastante extravagante, a diferencia de lo que creemos de su séptimo arte, como se puede ver en I Heart Huckabees (2004).

Es como lanzar al ruedo una chispa de ingenio o algo poco manipulado, dentro de una trama, más que visto como defecto, un cariz anodino o una tonta ocurrencia, en donde se falsifica a un jeque árabe para que caigan los ratones a la trampa, con el que se les llama y entusiasma a los criminales y a los potenciales delincuentes (lo cual no es que suene descabellado), aunque incluye meterse con algún peligroso gánster (la historia crece con sus pormenores, que le catapultan y nos centran para seguir atentos un hilo), el ejecutor Victor Tellegio (Robert De Niro, en una figura que le persigue eternamente dado el talento en ello, que domina, aun en una breve caracterización y ya habiendo hasta bromeado con esos roles) pero sin que por ello atrofie el conjunto, o sea la historia, más bien la alimenta desde coordenadas personales.

Al final se ve que son pequeños pretextos lo que hacen una estructura, algo notable en el papel de Rosalyn Rosenfeld (la prodigiosa Jennifer Lawrence, a la que se le exige roles exigentes de engañosa simplicidad, maduros pero imperfectos, y siempre da la talla, iluminando un personaje rico en arrebatos, mucha emotividad, e incongruencias a flor de una personalidad de vulgar sapiencia que termina ganándose nuestra empatía bajo su carisma todoterreno), una joven hermosa pero chabacana, voluble y con falta de autoconsciencia.

Puede que American Hustle no sea una gran historia como tal, no sea tan cautivante en bruto, siendo relatos ya muy gastados, una vez visto de que se trata el embrollo en sí (engrandecido por sus artificios, véase su banda sonora que imprime fuerza  y personalidad a las secuencias, con Tom Jones y la nostálgica Delilah, la estupenda Live and let die de Wings, o las icónicas I feel love de Donna Summer y -la a su vez dulce- How can you mend a broken heart de los Bee Gees, entre otras, que imponen una atmósfera en toda plenitud; o sus escenarios familiares, bendecidos por el aura de lo vintage, donde se citan los personajes modelados dentro de un curioso glamour, el setentero, que no pelea con lo austero por ser propio de su tiempo), sin embargo no desfallece nunca, genera mucha atención, entretiene mucho más que suficiente, y maneja perfectamente la temática del fraude, la hace suya, teniendo atributos innegables de valía, como explotar a sus personajes, revestirlos de disfraces, matizarlos y hacerlos interactuar con verdadera intensidad, tales son sus dos protagonistas Irving y Sidney que tienen vidas apasionantes gracias a su rabia interior (lo dejan ver sus voces en off,  cuando describen quienes son, y el flashback que termina regresando a esa sala privada con el jeque y Polito, que los justifica de alguna forma, aunque sobrellevarlo canse o intimide), por sobre el orden de la derrota y la frustración que les ofrece a ellos la cotidianidad, dándose controlados como ameritan sus farsas –hasta en el acento británico de Sidney que es muy significativo para cambiar su biografía, su pasado de desnudista, que como dicen uno quiere creer lo quiere, todos mentimos o lo hacemos con nosotros mismos- en una oculta vehemencia que los motiva. O. Russell es, sin duda, un director que sabe sacarle sustancia a sus actores, no es banal tanta nominación al respecto, generando vínculos y panoramas portentosos con ellos, más allá de lo concreto. Continuos cambios de ánimo o en apariencia, en un buen manejo variado de conflictos, entre lealtades y deshonestidades. Lo que hacen del filme una especie de juego de cartas lleno de intenciones y adivinanzas con sus roles, y a nosotros observadores de ese intercambio de movidas maestras, siendo las mejores, las más importantes las de torpeza dentro de la atracción del argumento.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Silver Linings Playbook


David O. Russell regresa dos años después de The fighter (2010) a competir en los Oscar, ostenta 8 nominaciones, 1 más que su anterior participación en la que su película logró alzarse con 2 estatuillas, una para Christian Bale y otra para Melissa Leo en actores de reparto. Esta vez los 4 puestos a interpretaciones están convocados y es una hazaña que se repite tras treinta años que no sucedía, desde Reds (1983) de Warren Beatty.

El filme es una comedia romántica que no evita serlo desde luego, y sería una mala crítica decir que trate de no seducirnos con algo de sencillez, buena onda, algo de comedia ligera y afecto que son los atributos generales de este subgénero, sin embargo para hacer la diferencia logra no regodearse en el lugar común mientras es efectiva en su idiosincrasia, es lo que tiene que ser pero con más ingenio, cierta originalidad, buena estructura y un valor rescatable de complejidad de lo que se acostumbra y por ello que la tengamos postulando a los premios de la Academia. Su primera hora está bastante creativa (desde lo identificable) y atractiva hacia un paso más allá de ser solo para románticos y asiduos al actual entretenimiento light por antonomasia, con un tipo al que conocemos como Pat (Bradley Cooper) que es bipolar y atraviesa ciertos conflictos en su vida, es un perdedor que trata de resarcirse y tomar camino (en lo más primario e indispensable, pareja, optimismo o amor por existir y estabilidad emocional), estando desempleado (no es tampoco que sea un tipo con muchas ambiciones), tratando de manejar problemas mentales de adaptación social (a los que él mismo parecía no reconocer y estar en un estado con algunos exabruptos y alteración, pero después vemos que sí, la carta que escribe al final nos lo confiesa, sobre un tiempo que tiene pensando en su estabilidad afectiva de la que parten todos sus problemas y desequilibrios, así lo enfoca y resuelve el filme) y con una orden de restricción de no acercarse a su esposa a la que hallo teniendo sexo en la ducha con otro hombre al que golpeó naturalmente enardecido, y eso le llevó a ser recluido por 8 meses en una institución mental por mandato de un juez.

El filme luego inevitablemente pierde fuelle, no se vuelve insoportable pero pierde el encanto primigenio y ya no asume el estado bipolar, lo simplifica bastante, y es que el filme lo ve de forma bastante superable y es una opción que tampoco resulta desestimable (no es un filme trágico ni dramático recordemos), al final es algo que se trata de que uno se recomponga en una introspección personal y asumida, cambie dirección, encuentre nuevos motivos, se calme y sea más pacífico y vea el lado bueno de las cosas como reza el título en español. Los miedos psíquicos no son abordados con la profundidad necesaria –aunque una canción alude idóneamente a ello, solo eso- y la medicación es superflua –la toma cuando le da la gana-. La salida es el amor, en ello yace el vínculo con una mujer, Tiffany (Jennifer Lawrence) que también tiene problemas de sociabilización que la han llevado a recibir pastillas pero en ella es algo menos conflictivo, muy cool como se luce en el diálogo en la mesa (parecen dos freakys que se echan el chiste de su extravagancia), y se resuelve también con bastante sencillez, una muerte muy íntima implica un pequeño trauma, que le acarrea  a ella volverse una especie  de adicta al sexo casual, se acuesta con 11 hombres de su trabajo, y cuando ve a Pat no parece la excepción (qué valiente él, resistirse a esta completa belleza, joven pero madura e inteligente, sumamente guapa, de cuerpo atlético y segura de sí aunque eso no lo vea aun al tener una obsesión  –no tan lógica vista con detenimiento y eso el filme permite verlo-). Y del rechazo nace una secreta –y no tanto para el espectador- atracción y una personal reflexión que también le redirige y le permite salir de su atolladero, una unión en que se siente pronta a ser valorada (una constante en un mundo donde amplifica lo sexual), algo que no halla con facilidad. Aparentemente ella parece ser una mujer del montón, un buen polvo eso sí pero de una noche (o de un par), sin embargo es su desequilibrio emocional el que oculta lo maravillosa que es como persona, y en su compenetración y conocerse (tranquilos, mediante trotes diarios, diálogos punzantes por ambos lados –el por enfermedad, sin la gracia y el filo audaz de As good as it get (1997) dejemos en claro aunque se viene a idea, y ella por inteligencia-  y el pretexto de un concurso de baile, no es que tampoco Russell reinvente la comedia romántica debemos acotar pero pues juega bien sus fichas; junto con lo importante de que hay química, nada complicado con Jennifer Lawrence que es extremadamente espontánea y dotada para la película). Todo se va gestando gracias al buen tacto y visión de Tiffany que sabe lo que quiere una vez que siente el flechazo (el que le digan que no), y es entendible, la nueva mujer de siglo XXI -si me permiten la falta de pudor en el habla- son más de acción y practicidad que de otra cosa. Y lo ve como el príncipe que le va a llenar el vacío que siente, la va a complementar, sin esfuerzo, muy natural aun no siendo del todo fácil lograrlo, es la otra mitad como espeta el cliché, aunque no sean los típicos ejemplos al uso, y esa rotunda imperfección fuera de que sean muy atractivos los dos es la que los acerca –aparte de la ironía, que no es para tanto y creo que es flagrante en su inocencia, de que él la ve más loca a ella- y los hace verse en el contrario, ella lo anticipa, los defectos son como heridas de guerra. Tiffany lo busca pero parece que él la necesita más, y realmente están a la par.

Es un filme muy simplificador, muy alegre a fin de cuentas, sí, la bipolaridad ya está presentada y adaptada al contexto (ya es una rasgo de esa personalidad que relacionamos con el protagonista), que recurrir a ella continuamente  o sobreexplotarla explícitamente cambiaría el sentido del filme, recordemos siempre el título que es muy determinante en lo que encontraremos, y se busca movilidad, pero eso de todas formas hace que pierda el poder de su trama para ir a otra parte (que hay que decir que yace dentro de su propia coherencia). De llegar a ser golpeado por su padre tras derribar accidentalmente por una mala reacción a su madre o de gritar alterado en medio de la madrugada por una nimiedad –que comparto sin enardecimiento por supuesto, el desenlace de Adiós a las armas de Ernest Hemingway es lo más ilógico que uno puede imaginar, léase la metáfora del filme, no estamos para ese tipo de desasosegantes e inesperadas tragedias- pasa a ser casi invisible a comparación de su primera mala e imprevisible conducta, a verse como un sujeto bastante estable, capaz de pensar dos veces sobre las consecuencias  de su conducta (algo en cierta medida razonable pero claramente insuficiente, aunque la existencia es impredecible por lo que démosle el beneficio de la duda, porque es un caso especial y ha pasado por mucho, viniendo de un procesamiento mental), y bueno el filme termina usando momentos menos impresionantes en su segunda parte, el hermano llamándole perdedor en contraposición de sí como triunfador no es del todo inverosímil pero parece una carta demasiado abierta, la apuesta que luego se normaliza (y resulta mejor así) está bien pero va sobre agua muy conocida (pero es tan perspicaz el director que echa a bromear con el resultado de la calificación, de ese penoso 5, y ahí uno recuerda Pequeña Miss Sunshine (2006), no tan loser y desenfadada en su escena de baile pero igual de limitada en cuanto a sus cambios de ritmo musical). Russell en algunos momentos claves trata de zafarse  de ello y resulta innecesario en parte, naciendo la pregunta, ¿hasta qué punto la originalidad ataca la naturalidad? y esa será siempre una lucha eterna, un requerimiento del éxito de que una película sea vista como obra maestra, y habrá cosas que no se puedan evitar como otras que transformar. El padre explicando que debe ir por ella o él diciendo que su amor no es de golpe sino ya lo sentía y lo veía de un tiempo atrás, como sería en la realidad.

En el filme hay tres tipos de locura, la de Pat que hay que curar, desde enfocar la vida más que observarla como una enfermedad, que es lo que hace el relato, la de Tiffany desde la que todos aceptan y quieren hasta emular, y la del personaje de Robert De Niro, que es la que a él mismo no le importa, que es tal cual, que ni le pasa por la cabeza algún arreglo, y parece más común de lo que creemos, sus supersticiones y sus arrebatos de violencia los siente muy justificados, pero el fanatismo por su equipo es bastante irracional. La escena en que Tiffany explica con estadísticas que estar en compañía suya es algo que brinda suerte más que lo contrario es de las más curiosas y audaces que alguien puede darle a un tipo raro, como jugar con sus propias reglas. Para ello Lawrence es lo mejor del filme, ella se empapa en su interpretación, resulta fuerte, atrevida y debajo destila sensibilidad y carisma; lo contiene en repetidas oportunidades. Vuelve a lograr el mismo nivel superior de actuación precedente en cada intervención de ésta trama, como si fuera un alarde de contundencia, de asimilación, nada de migajas ni de contados estados sublimes, ella es fehaciente, y sin duda  esa persona de la que se reviste no sería ni la mitad de encantadora en la vida real sino fuera por su compenetración y su participación. Su enojo y reacción en el café, otro punto potente del filme, memorable,  la colocan como una de las mejores actrices que Hollywood tiene para ofrecer. 

Chris Tucker siempre me ha parecido insoportable, su voz chillona y su comedia me hacían creer que su mejor actuación era la de Jackie Brown (1997) donde  solo sirve para que lo metan en la cajuela de un carro y le metan dos tiros, sin embargo parece reivindicarse con un papel simpático en este filme, y sin dejar de ser afroamericano pero uno mejorado. En cambio Jacki Weaver a la que como no adorar en Animal Kingdom (2010), que para quien escribe entregó la mejor actuación de las nominadas en su categoría ese año, está muy endeble. No entiendo que le ha hecho yacer nuevamente nominada. No ha hecho nada. De Niro está bastante bien pero mucho menor de lo que se suele mencionar, tiene un papel secundario peculiar y visible pero nada del otro mundo en realidad. Y Bradley Cooper está cada vez mejor, más que cumplidor y si sigue en esa forma se convertirá en un estupendo actor, que todavía se siente que le falta, aunque definitivamente ya es una estrella.

El filme es típico americano, pero enarbola una cotidianidad gringa de la que suele convertirnos en cómplices, casi sin darnos cuenta (incluso habiendo football americano, algo que no ha calado en el mundo, que no se suele practicar como deporte en general pero que es muy nacionalista). Arte del que solemos alimentarnos en una cultura universal aprendida desde sus canteras cinematográficas, porque suele entretenernos ya que lleva todo lo que suele tocarnos como seres humanos, romance, felicidad, superar problemas, vivir la familia (algo más latino) y no preocuparnos tanto, y poder ver el lado positivo de las cosas, ya que ciertamente para males la vida misma.

jueves, 24 de febrero de 2011

Winter´s bone

Ganó el premio del gran jurado en el festival de Sundance 2010. Ésta película del cine independiente, dirigida por Debra Granik, es una grata sorpresa. Tiene como personaje central a Ree Dolly, por la que Jennifer Lawrence está nominada al Óscar por actriz en rol principal, una muchacha de 17 años que cuida de sus dos hermanos menores y de su madre enferma desentendida del mundo, que tiene la necesidad imperiosa de hallar a su padre porque éste ha dejado de garantía para su fianza de libertad condicional la casa de ellos, y sin ésta quedarían abandonados en la nada, para esto son una familia muy pobre del deep south, el Estados Unidos profundo. Ella tiene que hacer que se presente a la corte para que no pierdan su propiedad. Sin embargo el padre que es un comercializador de drogas no pretendía ir a la cárcel y ha colaborado con la policía. Producto de abrir la boca parece que lo han asesinado y ahora la única salida que le queda a Ree es encontrar su cadáver para probar que está muerto, otra forma de inutilizar el contrato de deuda de su progenitor, el problema es que nadie quiere ayudarle y peor aún preguntar por su ubicación puede costarle la vida a la joven.

Ree muestra una dureza y una valentía inigualable empujada por el deseo de proteger a su familia de quedarse sin un lugar donde vivir, empezando su búsqueda sola y enfrentándose a un grupo criminal que pulula en la zona y del cual son parte vecinos suyos, porque todos viven muy cerca pero en su propio espacio y sin inmiscuirse los unos con los otros. Existe un respeto que nadie quiebra porque saben que en el territorio en que se encuentran matar a alguien puede ser una opción a tomar, una realidad por donde se movilizan los pobladores de esa región americana. Ree padece el castigo de quien hace muchas preguntas, recibe una golpiza brutal y queda en manos de quienes pueden enviarla al otro mundo, para eso interviene su tío, Teardrop (John Hawkes), un hombre temido, violento, salvaje y vulgar que es aficionado a la cocaína pero que muestra una cara positiva, se preocupa por su sobrina y por el paradero de su hermano menor, si bien inicialmente hace lo que todos, amenazarla de que no ande indagando sobre su padre porque representa un riesgo tanto para ella como para él. En la película todos entienden porque han matado al padre de Ree, nadie quiere justicia, consideran que ha recibido lo que él mismo se ha prodigado, pero tanto el tío como su sobrina siguen sus pesquisas porque sin el cuerpo no salvaran su vivienda.

El personaje de Ree luce frío y demuestra ser bastante recio, es una mujer de carácter a pesar de su corta edad y de una belleza escondida en su pobreza material. Enseña a disparar a sus hermanos, despelleja una ardilla para comerla e instruye a su hermano en sacarle las tripas. Es orgullosa y no mendiga comida aún teniendo hambre sabiendo que su vecina vive mucho mejor que ella y tiene para darle. Representa un ejemplo para sus hermanos dándoles claves para subsistir en un medio rural tan desolado y crudo. Quiere entrar al ejército porque sabe que pagan 40 mil dólares en los años venideros, no tiene pareja y es aunque segura de sí bastante seca y callada por naturaleza, suele dar cara a las situaciones, todo en ella es sumamente fuerte si bien es solo una menor de edad de cuerpo frágil. Su dulzura no existe pero si su amor por sus hermanos manifestado en acciones más que en palabras. Suele ser franca al hablar como cuando le recrimina a su mejor amiga el que no le discuta las decisiones a su esposo; teme a su tío pero se arriesga a pedirle ayuda, va contra el mundo con osadía decidida porque tiene una sola pretensión que es no permitir que sean echados de su hogar. En una frase dicha al hombre que le devuelve un dinero de su padre ella saca pecho y dice: ¡qué esperabas, soy una Dolly! Por todo esto Jennifer Lawrence tiene un papel protagónico bendecido por un guion que la nutre de una personalidad rica y no suena en absoluto descabellada su nominación viniendo de una producción modesta, la segunda película que dirige Debra Granik, basada en la novela de Daniel Woodrell de mismo nombre.

La película tiene como defecto que es algo apagada, tiene un ritmo no muy ágil. Sin embargo sabe salir de un lugar hacia otro con habilidad siguiendo el camino que lleve a Ree hacia su requerimiento. En ningún momento aminora el interés del espectador por dar correcta dirección a la ruta de la jovencita. También tiene escenas que destilan adrenalina, Teardrop enfrentando al gordo Blond Milton, el presunto responsable de la desaparición junto con sus parientes, lo mismo al ser detenido por el comisario Baskin que duda cuando éste lleva en sus manos una escopeta y no accede a bajar de la camioneta estando con su sobrina, o cuando sale de la cantina y rompe el vidrio de un vehículo, todo incrementa el peligro que se cierne sobre sus cabezas.

Éste cine independiente de muy buena factura tiene una escena impagable, muy fuerte e impactante, cuando Ree se mete en un bote en un río lleno de neblina. Ese hermoso paisaje agreste y rústico se presta para otorgarnos una experiencia cinematográfica bestial, entre la repulsión y el dolor de atreverse a hacer algo de excepción común, bajo el control de los nervios, aunque se escapan unos sollozos.

Toda la trama no parece muy complicada, se suele explicar mucho lo que sucede, se peca de exhaustivo en los detalles, lo que simplifica el relato que tampoco viene a ser una mala fórmula porque no deja dudas aunque eso quita la cuota de imaginación. Es de resaltar el mostrarnos el pantanoso sur angloamericano empobrecido, ambiente que da pie a toda la historia, imagen que no se utiliza demasiado en Hollywood. Toda la recreación se destaca, como la fiesta de cumpleaños en una casa común donde se toca la armónica y melancólica música country. Es un cine que sale a competir seriamente y es para disfrutarse.