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jueves, 5 de febrero de 2026

Fearless


Ésta es una película interesante. Interesante porque escoge ser muy realista, justificar todo, cuando fácilmente pudo volar como un sci-fi o una película fantástica. El protagonista, Max Klein (Jeff Bridges en una de sus mejores actuaciones y mejores películas), parece que fuera un ángel (o medio que se descubre como uno), pero no lo es. Tuvo una epifanía con la muerte tras vivir un accidente de avión. En pleno vuelo que iba en picada sintió que era su hora de morir y en lugar de temer que pase perdió el miedo a la muerte. En pleno accidente empezó a ayudar a los pasajeros. Desde ahí se volvió un tipo raro, aunque lo miran como un buen samaritano. Se desprende de la existencia que llevaba -donde era feliz- y se pone a vivir hacia/para otros. La epifanía lo hizo sentirse un fantasma y querer buscar empatizar con otros fantasmas, como alguien que tenía/tiene que desaparecer. Esto empieza a quebrar la normalidad de su existencia, a destruir su matrimonio (con una guapa y sofisticada Isabella Rossellini con 41 años), a hacerlo fallar como padre. No obstante ayuda a todas las victimas del accidente. Es de ésta manera que forma un fuerte vínculo con una pasajera que perdió a su hijo de 2 años en el choque. Con Carla (Rosie Perez, en la actuación de su vida). El accidente de avión ha creado muchos traumas, incluso culpas y vergüenza. Max lleva también un trauma, aunque pasa por un ángel. El trauma que lleva se explica muy bien con los veteranos de Vietnam. Simple y al punto. Así es el filme y no deja de ser un filme filosófico, lleno de ideas y al mismo tiempo una obra atrapante y entretenida. El reparto no parece el más impresionante y todos dan la talla y mucho más. Es un filme que escoge ser austero y en ese trayecto es tremenda propuesta. El guionista es el americano Rafael Yglesias que adapta su novela.  Es una película que versa sobre el goce de la vida, y enfrentar perdidas demasiado complejas, es un filme que versa sobre la muerte y la vida y sobre el amor. Curiosamente puede verse como una lectura de enamorarse de una mujer fuera del matrimonio, pero inteligentemente el relato logra ser algo más particular. Carla trasciende con éste hombre, siente mucho afecto hacia él, él hace que ella sane espiritual y emocionalmente, justamente cuando llega a manifestar una fuerte crisis. La trama opta en éste momento capital, bastante tenso, por una escena y resolución muy práctica, la cual es cine (puro) a la vena, magnífica, perfecta, y lo hace como con toda la obra, esquivando la grandilocuencia narrativa y sobre todo lo gratuito. Es una película que remite a la percepción, cómo vemos la vida, plasmando positivismo, humanismo. Pero lo curioso es que Max debe también poner los pies sobre la tierra, enfrentar lo convencional, normalizarse, un mensaje a contracorriente de querer siempre llamar la atención o creernos especiales más allá de que cada ser humano es un universo. Es como si dijéramos que la normalidad, desde el panorama de la clase media (habiendo muchos mensajes donde los abogados lucen muy hambrientos), amar y cuidar una familia es muy importante, como también nuestra conversación con Dios. Es recoger de varias partes, está bien ser bueno con el prójimo, es bueno pensar en otros, como humanidad, mientras el pilar deben ser nuestros seres más próximos, a los que nos debemos. Max experimenta el delirio de ir hacia el extremo sin ningún temor (con varias escenas potentes que bien sostienen el título), dentro de un yo hiperbolizado. Pero amar estar en la tierra también es mantener una vida tranquila, ecuánime. Temer es parte de vivir, cosa que hay que aceptar y es más cómo lo manejamos. Es no escoger desaparecer, no huir de las normas o convenciones, sino madurar. Max no obstante no quiere ser famoso. Es como si Max por un tiempo se hubiera transformado en un ángel, como un reverso/relectura de El cielo sobre Berlín (1987). Fácilmente así mismo pudo inspirar al Kiarostami de El sabor de las cerezas (1997). El australiano Peter Weir es un director muy querido con varias obras populares en su filmografía y uno de los máximos artífices de la nueva ola de su país.

sábado, 17 de noviembre de 2018

The Last Picture Show


Estamos a comienzos de los 50s en un pueblito texano, seguimos la vida de unos muchachos, en especial de 2 mejores amigos, Sonny (Timothy Bottoms) y Duane (Jeff Bridges). Están en la edad de buscar sexo, asunto por el que girará bastante la propuesta, y Sonny termina siendo el amante de la esposa del entrenador de su colegio, de Ruth Popper (Cloris Leachman). Lo que resalta de una de las mejores películas de Peter Bogdanovich es que no se hace mucha diferencia con la edad en cuanto a manera de ser, los adultos se comportan como chiquillos, y los chiquillos como adultos, y entre ellos surge una interrelación horizontal. La relación entre Ruth y Sonny aunque toca la diferencia de edad, ella se siente vieja a los 40s, en el trato es muy similar a cualquiera, ya que Ruth parece una niña enamorada. También tiene importancia que ambos son emocionales, y quieren vencer sus aflicciones mediante el soporte del otro.

Bogdanovich a ratos en sus diálogos hace ver medio cursis a sus personajes, no provocan sensibilidad, sino que lucen demasiado sentimentales. El héroe del pueblo, Sam El León (Ben Johnson) se mete un discurso de aquellos sobre una relación extramatrimonial en el pantano, igualmente por separado Ruth Popper –sobre su situación sentimental y matrimonial- y Lois Farrow (Ellen Burstyn) –sobre Sam, cerrando el círculo-. El filme retrata la realidad de la gente del sur, pero pierde cuando pone la música popular de la zona en momentos que considera típicos de ellos; suena la música country cuando se le quiere dar identidad al producto, y resulta fácil, redundante y hasta molestoso. Salvo además cuando le rompen a Sonny una botella de cerveza en la cabeza, que se ve bastante falso, como de utilería, el resto está bien.

El deseo de todos los muchachos, incluidas las jovencitas, de tener experiencias sexuales, está tratado con naturalidad, soltura y una dosis de realismo vulgar o corriente. Jacy Farrow (Cybill Shepherd), una chiquilla guapa rubia del pueblo, entra en esa búsqueda. De la mano de Jacy los dos mejores amigos pelearan; es la mujer como trofeo, pero que manipula por su sensualidad y físico a todos los machos a su gusto. Por otro lado sorprende descubrir que en la relación de Ruth y Sonny hay más amor y empatía que en las relaciones más convencionales. Entre ellos hay hasta diversión, chacota, se siente mucha complicidad. Por lo demás es vivir en un pueblito sin muchas aventuras extraordinarias, hay un cine, un billar, una cafetería y paramos de contar, en estos sitios vemos la sencillez de sus vidas. Es un filme muy americano, pero propio de sentirse uno identificado por su universalidad. El título alude al cine, los muchachos son visitantes comunes del séptimo arte, hasta vemos que ven una película de John Wayne.

Está grabado en bello blanco y negro, como buen cine independiente. Sonny es el personaje principal, aunque no habla mucho y es muy común; no presenta maldad, es un muchacho bondadoso, aunque se toma libertades con una mujer casada –pero es ella la que se le insinúa-; esto proviene también de la exaltación del sexo que hay en el filme, como de la admiración y ejemplo que produce Sam en los muchachos, también el dueño de casi todo, pero un tipo llano, humilde, aunque típico vaquero. Realmente vemos mucha intrascendencia en éste filme, observamos lo habitual en el sur digamos, sin poner énfasis tampoco en su aspecto más rural, lo rudo o rustico. Se producen dos muertes que tratan de tocar la sensibilidad del espectador, una expresada de manera elíptica, otra de forma muy visual. Apuesta por la emotividad, aunque no es tan audaz; y lo palia con el sexo, sin explicites, sino con mucho cuidado, como con los muchachos desnudándose en una fiesta, en una piscina, un clásico acto de juventud. The Last Picture Show (1971) es un filme coming of age entretenido.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Comanchería (Hell or High Water)

Ésta es una película del siempre interesante David Mackenzie (Perfect sense, 2011) donde 2 hermanos vaqueros en éste western moderno roban pequeñas sucursales bancarias en Texas. Tanner Howard (Ben Foster, creíble a un rango decente) es el impetuoso y loco hermano quien es un ex presidiario, un hombre proclive desde siempre a lo criminal, sin exagerar la nota –sin crear una figura de cómic o caricaturas- con sus maneras rebeldes e inesperadas. Toby Howard (Chris Pine, que sorprende a lo que le conocemos como actor, ya que no suele tener actuaciones tan exigentes, serias, rudas y realistas) es el hermano pensante, quien tiene todo un plan para vencer al capitalismo ramplón y más aprovechado (el que representan los bancos, que para el caso se quedan con los hogares y tierras tras las hipotecas).

En el otro lado tenemos a dos rangers de Texas, a Marcus Hamilton (Jeff Bridges, en una magnífica actuación) y a su compañero medio indio y medio mexicano Alberto Parker (Gil Birmingham, excelente compañero) que siguen las pistas de los asaltantes. El dúo de la ley está muy bien trabajado y sobresale bastante en el filme, Hamilton es siempre políticamente incorrecto con su compañero, le hace mil bromas sobre su ascendencia mexicana e india, pero tienen ambos una sólida amistad, así de rara. Parker es astuto y despierto, tranquilo, de respuesta estoica y avispada aunque respetuosa. El dúo de los hermanos está también bien trabajado, pero es más algo muchas veces visto en el cine, de ellos sobresale su periplo, en lo cual no todo es criminal, muestra afectos y juegos entre ellos, simpatía con gente que van conociendo, y a la vez van chocando con el mundo. Los dos están en una misión, más Toby que Tanner, éste último respalda a su hermano, proponiendo experiencia, aun cuando fuera el hermano loco y uno esperaría menos de él, pero aun así resulta muy verídico. La relación de cariño entre los hermanos es un gran puntal, “malos” o buenos todos tienen emociones aquí.

El viaje de los hermanos por las carreteras de Texas y la persecución racional y básica de los rangers, la sencillez del método físico de los robos, pero de suma inteligencia como complejo plan contra los bancos, tiene todo un toque muy cotidiano y sencillo, un tono híper realista y natural, alejado de lo grandilocuente, recurriendo a  personajes secundarios pintorescos, algunos secamente cómicos. El filme trata de coger y crear una gran cercanía con la vida común y silvestre, con unos robos que más son una necesidad de vencer al mundo y al sistema que pura y banal maldad o criminalidad sin escrúpulos. La propuesta tiene de único guionista a Taylor Sheridan, también único guionista de Sicario (2015), otra gran película, y más que traer originalidad, se trata de estilo, de recurrir mucho a la vida tal cual, evitando más bien lo aparatoso y fantástico, en lugar de buscar impresionar, todo es muy vital y directo, buscando lo audaz en el realismo, como la seducción de una recepcionista bella con el piropo preciso (para la mujer candente escondida en las formas) o ser atendidos en un restaurante de parrillas por una mesera anciana cascarrabias e imponente.

El filme deja en claro por su parte figuras conocidas de comportamientos, aquí esta lo rudo y llano, sin pose, gente naturalmente extrema amante de lo rural y social cansada de lo citadino y capitalista. Hay hasta una escena obvia con el choque entre gente tipo hip hop versus vaqueros, gente del interior americano. Escuchar música típica de la zona es otro realce y gran acierto, el cariño por lo autóctono y primario, que canten los asaltantes la música que los refleja. En Hell or High Water, aunque cumple con su tiroteo y esperado enfrentamiento con la ley, más vale el viaje y sus formas comunes audaces, originales porque el cine sobredimensiona las realidades y aquí se busca el opuesto. 

lunes, 24 de enero de 2011

Temple de acero


Ethan y Joel Coen nos traen el remake de True Grit, película de 1969 en donde trabajó John Wayne y que le permitió alzar por única vez una estatuilla dorada. Ésta vez “Rooster” Cogburn es personificado por el ganador del Oscar, Jeff Bridges, en una actuación exaltante del tuerto, barrigón, de disparo fácil, alcohólico aficionado al whisky y comisario enjuiciado por un par de asesinatos en defensa propia, quien acepta que la jovencita de catorce años Mattie Ross (Hailee Steinfeld) lo contrate para liquidar al asesino de su padre.

El asesino Tom Chaney (Josh Brolin) escapa a territorio indio con dos monedas de oro que robo a su víctima, se une al bandolero “Lucky” Ned Pepper (Barry Pepper) y a su pandilla. Hasta él quiere llegar la jovencita Ross, de terco, valiente y astuto carácter, dispuesta a todo por vengar a su progenitor. También está detrás de Chaney un ranger de Texas de nombre LaBoeuf (Matt Damon), que lo busca por la recompensa que hay tras su cabeza por otro asesinato.

Éste remake, True Grit (2010), te atrapa con rapidez, Bridges se apodera del personaje y te hace creer en éste hombre sencillo de grave habilidad con el gatillo, sujeto que tiene una vida quebrada y sin rumbo, pero eso no lo hace ningún melancólico, sino mucho más que eso, un tipo avejentado, rústico, seco, descuidado, irresponsable pero también justo, seguro de sí, superlativamente osado, un poco sabio, leal, transparente, entre otras virtudes que enriquecen su figura. Él es un antihéroe que se gana la admiración del espectador, que demuestra que es alguien a quien temer sin tanta alharaca, el que es un hombre peligroso sin parecerlo, al que se le puede subestimar y llevarse un tremendo impacto.

Otro personaje de hábil manufactura histriónica es LaBoeuf que parece un parlanchín, alguien falso, que luce demasiado serio, un poco torpe, además de vestir algo bufo con un traje mismo explorador americano de cuentos infantiles, pero resulta ser también un pistolero de temer. Mattie viaja con ellos, quiere que a Chaney lo ahorquen en su pueblo por el crimen que le arrebató la vida a su padre. Cogburn la respalda; LaBoeuf quiere llevar al asesino a la tierra donde sucedió el crimen que lo ha convocado para recoger una recompensa. No se ponen de acuerdo y se separan, luego se reencuentran y empieza la balacera.

La película tiene dos tiempos. Primero Mattie busca quien pueda hacer el trabajo, quien pueda acabar con su enemigo; arregla los negocios abandonados de su padre y empieza su odisea tras Chaney. En esos momentos se presentan los personajes, se les conoce, lo que le da sustancia al relato. En la segunda parte empieza la acción, con errores, sorpresas, enfrentamientos memorables, persecuciones, encuentros con consecuencias, un ritmo de aventura con picos y bajones que reparten bastante emoción.

Ésta es una película que no solo aborda el salvaje oeste y su código de tirar a matar, la ley del más fuerte, sino que le da un matiz humano dándole forma a los personajes, sobre todo a Mattie y a Cogburn, empleador y empleado, que entablan una conexión de franca amistad mostrándose tal cual en el caso del comisario, mientras la chiquilla tiene todas las características del ser fuerte y decidido, que destaca con una personalidad más masculina que femenina.

Cogburn es complejo, muestra tantos defectos como se puede uno imaginar, incluso es violento como cuando mata a sangre fría al asesino de alguien que le está dando información, tampoco es que sea un dulce, tiene una sensibilidad innata que fluye sin que se dé cuenta pero es un tipo bravo al fin y al cabo, pero sin entrar en el típico pistolero de apariencia atemorizante, él se muestra mediante sus actos. Por todo lo dicho, Cogburn es una magnifica creación en manos de Bridges que llena perfectamente la imagen. Mattie también luce excelente por la actuación de Steinfeld, tiene el carisma propio de su juventud y representa la madurez que le da la seguridad para cumplir una misión complicada, de la que llega a hacerse cargo de manera creíble.

Chaney y LaBoeuf son más limitados, realmente acompañan la historia. Chaney tiene mucha importancia por lo que representa, una motivación general, que un artífice de grandes encuentros dentro del filme, en realidad aparece en contadas ocasiones y sin parecer un némesis impresionante. No obstante es una actuación realista de un tipo ruin y vulgar, muy bien desarrollado aún en su corta presencia, por el muy buen actor Josh Brolin que coloca una fiel interpretación de un ser mezquino en pantalla. El otro proporciona los giros necesarios para darle mayor valor a ésta realización, es el ayudante de las hazañas. Cogburn no brilla solo, dando una mirada irreal, sino todo lo contrario, se asienta en una performance verosímil al compartir las escenas de violencia con el ranger de Texas.

“Lucky” Ned Pepper provoca los duelos vistosos, hace más brillante la persecución. La interpretación de un sucio pistolero cruel le queda perfecta a Barry Pepper. La batalla de su grupo y él contra un Cogburn respaldado por el rifle a manera de francotirador de LaBoeuf es magistral, llena de la adrenalina que solo un intercambio de buenos tiros, de planos vibrantes, con sus riesgos y altibajos, puede brindar. Los hermanos Coen han creado un western brillante, que hará disfrutar al espectador de un momento especial. Charles Portis debe estar feliz con lo que se ha hecho con su mejor novela.

viernes, 7 de enero de 2011

Tron el legado


“Tron El legado” es una película de ciencia ficción que continúa la historia de 1982, ésta vez el hijo de Kevin Flynn (Jeff Bridges) busca sacarlo del programa que inventó –y escapar también- ya que no puede olvidarse de él tras su alejamiento cuando tenía solo 12 años al punto que a razón de la perdida ha quedado desmotivado de su propia existencia. El padre sale en su moto despidiéndose de su vástago y no vuelve nunca más. Me recuerda a tantas historias populares que se escuchan siempre, salvo que por 20 años el tipo está atrapado en el software de una computadora. Éste programa es un juego, un mundo paralelo que está dominado por la creación de su padre, quien es el mismo Kevin Flynn pero joven; y para ello ha sido digitalizado Jeff Bridges y aunque lógicamente se parece al real (el viejo) luce un semblante extraño. Clu es el dictador de ese universo, quien anhela conocer los secretos que guarda su inventor, el que se encuentra escondido escoltado por la fiel Quorra (Olivia Wilde).

El hijo, Sam Flynn (Garret Hedlund) se mete en el programa por accidente y descubre todo un lugar de combates en moto, luchas cuerpo a cuerpo con discos luminosos y batallas en naves espaciales, las que se forman de los trajes que usan, gracias a los discos de memoria que llevan en sus espaldas. El ambiente está rodeado de luces y se utiliza mucho el color azul. Los escenarios no son muy extravagantes ni alejados de interiores sofisticados contemporáneos. La trama pretende únicamente fomentar el entretenimiento, es decir no tiene aspiraciones de darse una mirada filosófica como en “Matrix” ni mucho menos un contexto épico como en “La Guerra de las galaxias”; ésta es una cinta sencilla que asemeja a lo que es, un juego de vídeo donde hay combates de diferente índole que buscan la acción.

Tron es un guerrero que protege a Clu, quien aparece en contadas oportunidades para perseguir a Sam ya que ha olvidado la vieja amistad con Kevin Flynn. Después otro personaje resaltante es Castor (Michael Sheen), el dueño del club “End of line”, que parece un guasón futurista con tanto disfuerzo y payasada. Lo acompaña Gem, la despampanante Beau Garret que en una larga toma -que no pasa desapercibida por ningún hombre- da la espalda contorneando su voluptuoso trasero en una licra ajustada que dibuja su atractiva figura. Ambos parecen salidos de uno de los musicales de David Bowie, productos del glam rock. Aunque la banda sonora sea más moderna, siendo la música electrónica del grupo francés Daft Punk la que se encargue de dar ese toque.

El filme seguramente alegrará a los fanáticos tanto de los videojuegos o de la cinta origen pero para los simples mortales que recién se enteran de ello va a pasar sin entusiasmo. No existe mucha materia para admirarla, ni siquiera los combates son espectaculares, muchos de ellos son bastante rápidos, además existe un ambiente algo dormido, demasiado calmado, quizás en 3D hubiera sido más llamativo, porque en pantalla normal no se siente emoción.

La historia no se explica mucho y está ausente de ideas, hay que imaginar algunas partes, uno se pierde en varias preguntas que den mayor soporte al filme, todo es muy ligero que no te atrapa. Tiene mucho bombo publicitario detrás y poco que ofrecer. Que la vea quien tenga curiosidad pero preparados para decepcionarse si buscan “algo más” que la esperada acción, aquí sin tantos efectos especiales ni con un espectáculo vistoso. El filme me parece que es una construcción que ha quedado en una estructura débil, se pasaron de simplistas y seguramente los vídeojuegos sí son divertidos porque manejar motos y naves, luchar y destruir contrincantes funciona para matar el rato en este tipo de recreo. Realmente pudo ser mejor con guionistas más hábiles y eso que fueron seis los que estuvieron detrás. Definitivamente intrascendente y encima ni siquiera buena fórmula comercial.