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domingo, 19 de abril de 2020

La Gomera

Con ésta película hay que prestar mucha atención, si no lo hacemos nos perderemos con ella. Es una película donde muchos persiguen una gran cantidad de dinero, para esto policías y gángsteres luchan entre si en busca de éste dinero, hay traiciones, mentiras, aliados con el bando contrario. A un gángster (Agustí Villaronga) le roban esa gran cantidad, quien lo roba es arrestado, pero éste hombre tiene de su lado a nuestro protagonista más importante, Cristi (Vlad Ivanov), un policía que tiene un affaire con una femme fatale, Gilda (Catrinel Marlon), que es pareja secreta del que se llevó el dinero y quien también espera su parte, pero luego quedará prendada de Cristi. El filme del rumano Corneliu Porumboiu es un poco enredado, pero se llega a entender; como uno tiene que estar muy atento y la acción o asesinatos llegan al final tenemos un filme digamos que para pensar y no tan entretenido y dejarse llevar, pero no es una mala propuesta, Porumboiu también es un director talentoso. El filme habla de una isla española donde se comunican silbando, esto no es tan entretenido en la práctica, pero tiene su lado llamativo y tiene un uso maduro y mayor dígase en la película. El silbido como comunicación toma vuelo táctico, y no tan hedonista. Vlad Ivanov es un actor que por lo general ha tenido roles muy chicos o secundarios y siempre mostraba habilidad y uno esperaba que le dieran un papel principal para que muestre todo su potencial, aquí finalmente llega, pero en cierto sentido es de perfil bajo, no lo hace mal, pero no brilla demasiado, cosas de la vida. La Gomera (2019) mezcla tiempos y ahí medio que uno no los distingue del todo pero es una película muy milimétrica. Va presentando a sus personajes, todos ricos en cierto background, y vamos juntando las piezas del rompecabezas. No es de las mejores de Porumboiu, pero tampoco es mala película.

viernes, 17 de junio de 2016

El tesoro (Comoara)

La ópera prima del rumano Corneliu Porumboiu, 12:08 al este de Bucarest (2006), era una película que exhibía a un cineasta atractivo y que auguraba un futuro muy prometedor, alguien a seguir creciendo, y cimentando un buen nombre en el cine, y con su segundo largometraje de ficción, Policía, adjetivo (Politist, adjectiv; 2009) para quien escribe llegó artísticamente a lo más alto, logrando una pequeña obra maestra, una película perfecta, con la mezcla de la gramática-semántica rumana (una de las lenguas más estrictas/poco-maleables que hay) y la fuerza de la ley, a través de un caso chiquito, sobre un policía que duda bajo su propia moralidad de arrestar a un chiquillo por hacerse del hábito de fumar marihuana, cosa que está fuertemente penado en Rumania, con hasta 7 años de cárcel, por lo que éste joven policía siente que va a destruir la vida de un muchacho por casi nada, sin embargo el filme se encarga de valorizar la situación desde no solo ese ángulo sentimental y de propia experiencia (el policía ha estado en Praga donde se dice que la ley se hace de la vista gorda al ver fumar marihuana), sino a la vera de la firmeza de la ley y el ejercicio disciplinado de la policía, conteniendo  a un lado la metáfora del orden público desde lo policial en la historia de Rumania, que, como se sabe, tuvo la dictadura de Nicolae Ceaușescu, entonces es también el juzgamiento y expurgación de la policía a esa sombra ineludible, y por otra parte estudia el sistema por el que el hombre yace sometido en la sociedad. Todo desde lo más cotidiano, real, aparentemente más ínfimo, como estila el cine rumano, por lo que vemos la figura harto humana, de a pie y total de este policía protagonista. En pocas palabras, una verdadera maravilla, sobre todo de la condensación y la iluminación de la vida práctica.

Todo lo que nos lleva a El tesoro, una propuesta que no es para nada una mala película, pero si una que pasa sin pena ni gloria, aunque estando muy bien hecha, siendo decente, dentro de los estándares típicos del cine rumano, y hasta parece repetir  a un punto la fórmula de Policía, adjetivo, no obstante no consigue el mismo efecto ni igual alcance que su predecesora. Aun conteniendo una mirada tan dulce y luminosa (pero también cándida), si se quiere, queriendo a su vez ser redonda con aquel final de la figura de un buen padre haciendo del duro mundo material y restrictivo un lugar bello, optimista, lúdico y soñador para su pequeño e indefenso hijo, afirmándolo con una sub-trama de bullying, y un anhelo discreto de ganarse el entorno.

Es la historia de una aventura típica de los cuentos, querer encontrar un tesoro en el jardín de una vieja casa de campo familiar, según la sospecha de algunos diálogos pasados de una otrora familia acomodada y una época revolucionaria, donde el vecino de Costi (Toma Cuzin) le pide que sean socios de la búsqueda, a cambio de que compre un detector de metales, ya que Adrian, el vecino, no tiene dinero, solo deudas, y puede perder su casa, por lo que el foco está en la clase trabajadora, luchadora y más austera de Rumania. Por algo la idea de Robin Hood sobrevuela, lugar en que se suele ver Costi y quiere ver a su pequeño, donde Porumboiu nos habla de la sociedad ideal, la que vela por el pueblo, por los necesitados y oprimidos económicamente, desde una sutileza enorme, de un cine social camuflado. Agregando que Costi es un hombre intachable, ultra honesto, incluso en lo romántico, salvando la distancia de generarle una ilusión y un background sólido emocional a su hijo de cara a un mundo tan duro, en el que te sueles ahogar en las responsabilidades y cuentas que hay que pagar en el día a día.

En el filme prima lo realista, trabajándolo con ingenio, siendo impredecible. A pesar de la idea de hacerse ricos con un tesoro salido de lo improbable, lo endeble e ilusorio, donde Costi y Adrian también, como los niños, mantienen esa saludable fe en lo maravilloso. En ese sentido Porumboiu consigue superar lo literal de lo fantástico, teniendo presente el mundo práctico del cine rumano, querer solventar credibilidad y entretenimiento con la ligereza de un tesoro, creyendo en una humanidad más sana y feliz, por encima de la vulgar, deslucida y fría ordinariez vivencial. 

viernes, 6 de mayo de 2011

12:08 Al este de Bucarest

Película dirigida por una promesa del cine rumano Corneliu Porumboiu, ésta es su primera cinta y ganó la cámara de oro del festival de Cannes que es el premio a las óperas primas, todo un aliciente para seguir mejorando. El filme se presenta como una sátira sobre una pregunta que vuela como contexto ¿hubo o no revolución al este de Bucarest? Para ello el dueño de un canal de televisión invita a dos personajes que supuestamente participaron de dicho levantamiento, el problema es que existen dudas sobre la versión que intentan sostener, al parecer la gente salió al ayuntamiento frente a la plaza principal a celebrar cuando ya habían visto por televisión que el dictador comunista Nicolae Ceausescu huía en helicóptero, es decir salieron después de las 12 y ocho minutos cuando ya toda estaba finiquitado, no antes, queriendo dar a entender que no hubo tal movimiento rebelde en la zona que da cabida al título.

Sin embargo Tiberiu Manescu, profesor de historia que es alcohólico y que dilapida todo su dinero en bebida, dice haber estado antes de la hora mencionada y haber ido a la plaza a gritar arengas contra Ceausescu, incluso haber sido golpeado por un agente de la securitate. El otro invitado es Emanoil Piscoci, un anciano que suele vestirse de papa Noel y que irrisoriamente termina contando detalles que no importan que al final lo descubren como un cobarde, que era el accionar natural en la mayoría de los ciudadanos ya que todos temían al gobierno militar que ejercía mano dura contra sus habitantes.

La primera parte de la película describe el hábitat familiar y la personalidad de tres personas, Manescu, Piscoci y Virgil Jderescu, éste último es el dueño del programa al que los anteriores son llevados uno dubitativo otro queriendo escaparse de la cita, por eso a través del comienzo que nos ofrece la película sabemos claramente quienes realmente son ellos cuando están ante las cámaras de la emisión local y pueblerina al que asisten en la segunda mitad del filme en donde empieza una discusión que ya tenemos resuelta en la mente pero que no deja de ser hilarante ante los ataques a los que se exponen ambos participantes.

El público televidente hace llamadas muy resueltas como contundentes y desenmascaran a Manescu que se defiende enérgico y terco pero que no se hace creer, Piscoci en cambio afloja y cuenta la verdad, encima su ansiedad al ser observado resulta patente y se comporta tontamente. Ante un programa improvisado y torpe que es clara parodia de uno político se da cabida a diálogos cómicos y a una exposición vergonzosa, no solo quedan notoriamente mal uno por franco otro por mentiroso sino que el sufrimiento se alarga en una muestra excesiva de falta de escrúpulos al exhibirse en un tema en que no se han involucrado de ninguna manera y que al querer pasar por lo que no son o sea héroes son desacreditados por gente que los conoce al milímetro. Y eso es lo que busca el director, ridiculizar y hacer mofa de pseudo revolucionarios.

La película se sostiene bien pero no es que rebose de encanto, su manifestación cómica puede no ser tan entretenida porque es algo seca debido más a la temática que a la realización que sale airosa de sobra y más producto de identificarse con las circunstancias, de ponerse en el lugar de un ciudadano rumano para llegar a coger todo el pensamiento desplegado, sin embargo la recreación de la película da cabida a que nos compenetremos con la historia porque es clara y facilita el entendimiento, la burla es tan descarada que no hace falta mucho esfuerzo para asimilarla y seguir el hilo de la narración. Puede que no guste a algunos porque al final es un tema serio aunque visto con un cariz relajado, sin embargo se ve la buena mano de un director que maneja muy bien su lenguaje cinematográfico permitiendo que el espectador más lejano haga suya la trama, no es un filme que uno escuche mucho ser elogiado por el común denominador porque no tiene gancho muy vistoso, pero estoy seguro que a cualquiera que la vea le resultara una buena fórmula de conocer otras realidades y encima con una espontaneidad que se debe al talento de un buen guión que despierta admiración por el ingenio intrínseco que hace de algo complejo y cerrado todo lo contrario, es una buena oferta de un cine pensante que baja al llano a buscar un espacio. El final con la metáfora de las luces justifica el accionar de una población que si hizo la revolución pero a su estilo.