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viernes, 4 de enero de 2019

The Sisters Brothers


Western del francés Jacques Audiard con Joaquin Phoenix y John C. Reilly como Charlie y Eli Sisters, dos pistoleros mercenarios que simplemente siguen el dinero y a un jefe tras bambalinas, al Comodoro (Rutger Hauer). El filme es duro, no es del tipo del western clásico, aquí no se pretende hacer de los hermanos Sisters unos héroes modelo, son antihéroes en toda la palabra –con humanidad, eso sí, aunque suene contradictorio-, pero con crueldad y barbarie encima. No obstante aun así con cierta empatía para el público. Son los protagonistas y pueden ser muy salvajes como con Mayfield (Rebecca Root), que tiene de feminista.

Hay una línea narrativa que luego se reúne con los hermanos Sisters, la forman el químico  Hermann Kermit Warm (un notable Riz Ahmed) y el buscavidas romántico John Morris (Jake Gyllenhaal) que va en voz en off apuntando en su diario su discurrir por la vida y es alguien que ha dejado una cierta buena vida atrás, pero quiere hacerse su propio camino; lo mismo Warm que tiene una filosofía socialista, medio utópica y filantrópica, en contraste con los Sisters, pero que en general la apuesta es por una vida de paz en todo sentido. El filme tiene muchos diálogos ricos, medio atípicos al western más puro, en especial entre Morris y Warm, que profundizan sobre la existencia en el oeste, mientras entre Eli y Charlie hay hasta humor.

La propuesta tiene intensas y muy veloces escenas de acción, los tiroteos son secos, inmediatos, desde la aparición de los hermanos en una misión a un granero, pero se da poca mítica antagonista –más son estos accesorios- o muy poco tradicional –como con Mayfield-. Los hermanos Sisters se roban toda la mítica, se trata de su historia, de ellos, en casi la totalidad. Pero la llevan más relajada que antaño. Luce el filme fluir despreocupado en que tenga o no leyenda sus protagonistas, aun cuando los hermanos Sisters si hacen mención de su reputación, al menos a Charlie le interesa y tiene de vanidad y matonería.

El filme tiene un estilo fuerte, rudo, que puede no agradar y lo hace a un punto un western exigente, pero también tiene escenas sensibles o de comedia ligera; la amistad y la hermandad están muy bien definidas, son sólidas y aportan todo el tiempo, son un eje potente, brilla la lealtad a prueba de todo, incluso contra poder sobrevivir, ponerse en riesgo o enfrentar criminales y cazarecompensas inmisericordes. También el filme tiene muchas cosas impensadas, como con la araña y la fiebre o el arrebato de ambición y torpeza de Charlie que propone algo descomunal. Tiene la propuesta momentos de creatividad visual, como con las persecuciones a los hermanos Sisters y su reducción de acción y estructuración a esa vera.

El sueño del padre mutilado es también muy sugerente y fuerte, y aunque deja abierta la descripción exacta, con esto basta y sobra para más que entenderlo y dejar tremenda sensación y mezcla de sentimientos. El dúo Phoenix y Reilly es logrado, son creíbles, cuando no todo el tiempo son serios o tienen acuesta el humor en su carrera y pueden perder verosimilitud, aun cuando son muy carismáticos como actores. También la vestimenta y la actitud sobresalen en ellos; todo es bastante natural. El retorno de cuando Eli le cubre la espalda a su hermano de sus ex compañeros es glorioso visualmente, y maneja la elipsis.

Lo voluble en Charlie es coherente porque a ratos se muestra inmaduro y lo mueve mucho el dinero y la acción; no le falta la risa sarcástica de pasar todo por alto, de la mano de su furia, egocentrismo y rebeldía. Su sonrisa de ambición, la mirada perdida, su expresividad de tipo loco, es notable en Phoenix. Reilly es más el lado humano, suave, familiar, como con la prostituta o el caballo, pero es un gran apoyo y es ahí hacia donde finalmente se dirige la película, tras enfrentar la aventura juvenil, lo efímero, lo atrevido, que termina en golpe existencial, en la soledad y vacío del pistolero, en cierta derrota y en la naturaleza brutal del western moderno.

jueves, 20 de julio de 2017

Okja

Okja, la película del surcoreano Bong Joon-ho, llega para marcar una nueva época, como otra forma para apreciar y fomentar el séptimo arte, producida y estrenada por Netflix. Okja es un blockbuster pero también cine de autor, llamémosle cine comercial inteligente. El filme nos muestra a un animal mutado científicamente que es un supercerdo, pero que parece la mezcla de un hipopótamo y un tierno perro. Okja se llama el animal que es cuidado en la granja surcoreana del abuelo de una niña llamada Mija (Ahn Seo-hyun), niña que se encariñará con Okja al cuidarla y crecer con ella, por lo que cuando se da cuenta que Okja será llevada a un matadero para ser convertida en alimento decide ir a traerla sana y salva a su hogar.

La primera hora del filme que es un viaje, desde que Mija se rebela con convicción a su abuelo, típico granjero (consciente del destino de los animales de granja), hasta que un grupo de animalistas quedan en un plan para sabotear la empresa que vende los supercerdos como alimentos es intensa, graciosa y muy entretenida, realmente maravillosa. Todo es perfecto, el periplo de Mija está lleno de la mejor acción, que termina en tremenda ironía escénica tras una mala traducción. La hora que viene después es menor, pero todo no va a ser una montaña rusa, hay una historia por crear y es muy aceptable lo que continua. Se abren las puertas de la (leve) fantasía de la mano de Okja que luce dulce y creíble.

En la propuesta se da la caricaturización de personajes, en el que es un filme notoriamente familiar en el estilo de Steven Spielberg, con Lucy Mirando y su hermana gemela (dos personajes interpretados por la camaleónica y orgullosa freak Tilda Swinton), dueñas de la empresa de los supercerdos, la Corporación Mirando; el presentador de tv y zoólogo Johnny Wilcox (un Jake Gyllenhaal entregado a los retos artísticos) que es estrafalario, alevosamente ridículo y el más extremo (y no me disgusta en absoluto, como a muchos sí); y en menor grado Shirley Henderson como una asistenta fiel a la Corporación Mirando. Ellos son la cara de lo malvado, sumado el sarcasmo del rol de Giancarlo Esposito en un reparto que aporta mucha diversidad en el que es un filme muy cosmopolita.

Lucy no es que sea mala persona pero anhela demasiado el éxito propio y publicita el embellecimiento de lo que finalmente significa sacrificio de animales (lo que no suena descabellado, un concurso de belleza/salud para premiar el mejor supercerdo, y la futura mejor carne, solo que aquí conviven en el mismo lugar). El Dr. Johnny es más un hipócrita y lambiscón, pero nacido de la caricatura japonesa y la comedia. Otros puntales del filme es el activista por los animales Jay (Paul Dano) y su mano derecha y experto en tecnología conocido solo como K (Steven Yeun). Paul Dano es un buen actor y se presta para un compromiso entre serio, teatral e irónico, igual que los animalistas que representa. Bong Joon-ho maneja mucho humor, pero nunca falla, lo cual es increíble, lo digo sobre todo porque no soy muy afín a la comedia y esta es una buena película, que maneja con soltura, frescura y tino el tema.

Okja es también un llamado a la consciencia para no comer carne y la forma en que se trata a muchos animales, llegamos a ver hasta el proceso de cómo son asesinados en los mataderos y cómo son procesados en comida, esto no es visualmente violento, pero hace pensar, aun cuando los supercerdos son una creación de la imaginación, son sintéticos, pero provistos de mucha mayor ternura y lealtad que los animales de granja comunes. Recordemos que Okja salva a Mija de morir con lo cual vemos en pleno el vínculo entre los dos. Bong Joon-ho maneja muy bien el tono del filme, y los cambios de drama a comedia y viceversa. En un momento Okja hace pensar como que se halla en un campo de concentración, preparada para ir a morir de la forma más fría con sus semejantes. Es un momento lúgubre y emocional que rompe con el colorido del filme. El mensaje es muy claro, pero el filme extremadamente divertido de ver, fácil de seguir, de compenetrarse y hasta para reflexionar.

sábado, 28 de enero de 2017

Animales nocturnos (Nocturnal Animals)

Esta película junta dos mundos diferentes y los une detrás de una lectura simbólica. Uno de los universos –el contextual en primera instancia - es el del director de ésta película, Tom Ford, famoso diseñador de modas, hombre de dinero y alta sociedad, que en su primera película tocó un tema sensible para él, su sexualidad, Ford es gay, y le resultó un filme poético y melancólico, en la adaptación de una novela de Christopher Isherwood, Un hombre soltero (2009), que fue un muy buen debut cinematográfico, y como todos sabemos/presenciamos Colin Firth estuvo más que iluminado y de esto saltó como actor a la fama. El mundo del dinero, la elegancia y la superficialidad es también el universo de Susan Morrow (Amy Adams), una famosa galerista, que presenta performances artísticas también, las que por lo general van en busca de lo distintivo o extravagante y muchas veces el arte moderno resulta esperpéntico en cuanto a significación. En pocas palabras, Susan es una mujer algo antipática (aminorado por la simpatía que exuda Amy Adams), como en buena parte se siente así igualmente su mundo.

Cuando vemos como disfruta Susan con sus amigos y familiares esnobs, y su marido guapo y físicamente perfecto (Armie Hammer), del que se bromea orgullosamente a ese respecto, uno puede sentir cierta desidia como espectador, pero el filme no se queda ahí, por supuesto; Ford criticará -aprovechará más bien- su propio mundo, en otra buena elección de adaptación de una novela, “Tony y Susan”, de Austin Wright. La desidia se emparenta con la desilusión que siente Susan de su vida, producto de un marido infiel y distante, un trabajo en etapa de baja –y mediocre- inspiración, y de esa superficialidad que decidió escoger por sobre un amor romántico, poético, para quedarse con su alto nivel social y su dinero. En esto hay una gran escena con la actriz Laura Linney detrás de repetir/aceptar el lugar que uno tiene en el mundo, y del que se desprenderá tristeza, pesimismo e inmovilidad.

El filme coloca al romanticismo de las mano con la pobreza pero sin esa entrega, sacrificio y nobleza que suele acompañar como ideal de aceptación, la pobreza se dice que es producto de la debilidad de carácter, la del aspirante a escritor y primer marido de Susan, un sujeto noble y con un sueño –escribir- pero que a los ojos de la familia de Susan luce mediocre, Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal). No se le recrimina a Susan –en primer lugar- la debilidad por no querer apoyarlo ni creer en él. El filme termina exhibiendo en ese otro mundo más atrapante (aquí cinematográficamente más entretenido), el de un sur americano rural, pobre, medio primitivo y muy violento, el golpe de vuelta a la crueldad de Susan.

Edward Sheffield le envía una novela llamada “Animales Nocturnos”, escrito bajo la esencia que le señalaban faltante a Edward, lo que significaría que Susan lo inspira pero erra al mismo tiempo, de lo que se suceden múltiples lecturas con el manuscrito -que le dedica- por medio de la reflexión de su pasado en común. Hay solvencia en las similitudes libro-pasado, un lugar intermedio entre difícil y fácil de coger, pero hay más que suficiente genialidad en su interrelación. Ayuda mucho también en qué situación última se hallan los ex.

Jake Gyllenhaal interpreta también al protagonista de la obra literaria, y presenta una actuación magnifica, la mejor del filme, intensa y al filo de lo emocional. Mientras va leyendo Susan vivimos/presenciamos el libro, en un buen thriller, del que surge una propuesta emocionante y extrema, con dos puntales en estado de gracia, el rustico villano salido de la carretera, que hace Aaron Taylor-Johnson (que sorprende y bien mereció un Globo de Oro), y el oficial a cargo que no tiene nada que perder, del querido y talentoso Michael Shannon.

Lo entretenido que nos resulta la parte del thriller es la comprobación además (realista) del futuro éxito de Edward, que en la trama impacta y admira a Susan; como que el mundo de Susan tiene su salvedad, tal que Ford nos parece estar diciendo, es malo este universo porque Susan lo es, aunque se deja aflorar un lado humano en ella, claro que desde donde ahora tira menos la cuerda en esa especie de competencia en que se convierte el divorcio. No obstante, la melancolía inunda todo el filme, y lo torna más complejo, estando plagado de sucesos tristes, y ni que decir de la novela, que hace del filme uno bastante brutal, demostrando que Ford piensa/escoge muy bien qué adaptar, dando a entender compromiso artístico, identidad. 

viernes, 3 de julio de 2015

Primicia mortal (Nightcrawler)

Ópera prima de Dan Gilroy (coguionista de El legado de Bourne, 2012) que cuenta con una nominación al Oscar 2015 por guion original que él sólo escribe, y 2 premios en los Independent Spirit Awards del mismo año por guion y debut cinematográfico por esta película. Tiene la fenomenal actuación de un enflaquecido Jake Gyllenhaal como Louis Bloom, un tipo que no tiene rumbo, que se dedica a robar, mientras tiene una personalidad rara, habla mucho, miente, regatea todo el tiempo, hasta formar un lugar tenebroso de sí mismo, mostrándose medio antisocial, sociópata y solitario, estando anhelante de un lugar en el mundo, poder triunfar, para lo que –a través de una epifanía muy bien dibujada en el rostro de Gyllenhaal- descubre casualmente el periodismo freelance, con la grabación de violencia explícita, especialmente en accidentes de auto o balaceras, que sigue interceptando la radio de la policía, para venderlo a las noticias, para lo que sus antecedentes menores criminales sin castigo le sirven para buscar lo gráfico, los peores casos, incluso planear escenas sangrientas sin ningún tipo de ética, trasgrediendo la ley, de lo que es un protagonista oscuro capaz de todo por ganar mucho dinero, prestigio y llegar a crear una compañía. Primicia Mortal tiene una premisa chica, pero muy bien enfatizada, trabajada, sobre la vulgaridad y ausencia de valores por conseguir el sueño americano en nada menos que lo mediático, como un merodeador nocturno (un Nightcrawler), en la exhibición de otro especie de Travis Bickle.

Es un thriller intenso, inteligente y cautivante, uno que no baja la guardia nunca, el cual se enfoca en las noches criminales y peligrosas de Los Angeles, como lo hacía Drive (2011), viendo cómo el protagonista se moviliza a temeraria velocidad en su auto deportivo, con un joven empleado, un tipo pobre como Bloom que se acopla y busca sobrevivir, pero termina tan ambicioso como su patrón. Toda la información se la entrega a una directora veterana de un programa de noticias, Nina Romina (gran rol de Rene Russo), quien lo apoya para sacar también provecho y que bascula entre el carácter de lo que quiere, el poder que maneja, y la sumisión frente a las exigencias y justificaciones de cuando se hace tan necesario Bloom que va creciendo y creando repercusión, imponiéndose, cuando inicialmente era constantemente maltratado, menospreciado, concibiéndose como un ser calculador y temiblemente audaz al fin.

Con Nina a su vez existe una relación sexual, aunque como ella dice le dobla la edad, estipulada como una transacción, una más en la escalera del ascenso, pero dejada como una prominente elipsis, ya que en pantalla no vemos ningún roce físico, que sorpresivamente no se hace extrañar, el meollo del asunto es la brutalidad, la violencia (más allá de lo literal de la idea, porque no se trata de un gancho visual, y es que no todo efecto impacta primariamente, sino es lo que proyecta con ello), su compra y su demanda, y no el sexo, solo bajo (hermosas) palabras, muy bien creadas/ubicadas, que engrandecen el conjunto, de lo que hay que acotar que no le falta nunca la acción como soporte argumental. La propuesta tiene una interacción verbal que es de lo mejor del filme, como lo es igual con el ayudante, y con la competencia en las calles en el papel del actor Bill Paxton. Los diálogos son demasiado buenos, mayúsculos, su fuerte, perfectamente combinados con lo trepidante, bello e impredecible del mundo nocturno de L.A. que como vemos se presta para muchas historias.

En el deseo de seguir escalando, y proponiendo mayor sensacionalismo, Bloom cada vez se supera, en donde implica un antihéroe en toda cabalidad, que exuda algo de simpatía o atracción en sus discursos analíticos, informados, motivadores, pero obsequia más repulsión en realidad, en quien es, que hace y como lo aplica, en una propuesta que no va con la corrección política que suele plasmar cierto cine complaciente de Hollywood, como lo hiciera en su tiempo Taxi Driver (1976), habiendo una crítica corrosiva al periodismo y hacia la sociedad consumista.  

lunes, 5 de enero de 2015

Enemy

En nuestra alicaída cartelera del 2014, lo de siempre, donde es como estar a cuentagotas en el infierno, buscando a ver si algo notable cae, lo cual sucede una vez cada tiempo, aparece ésta película, la que por su cualidad de críptica y surrealista es todo un logro que se haya encontrado en nuestras salas de exhibición, siendo un simpático “descubrimiento”, al ponerme al día con las que se me pasaron o se postergaron demasiado, pero que llamaban mucho la atención, sorprenden y valen harto la pena. Y es que el director canadiense Denis Villeneuve no es una novedad en cuanto a seguirle el paso, como a su talento y al interés que provoca, ya que Incendies (2010), que fue nominada al Oscar, lo dio a conocer al mundo con una excelente película. 

Así vemos que en su filmografía estila la autoría irreverente. En Maelström (2000), con la historia de una joven, bella y fresca mujer caótica, tras la extrema lucha existencial. La cual se hallará a sí misma en el amor, no sin antes enfrentarse a sus trágicos errores. Y la profundidad, seriedad y reflexión de la fragilidad de la condición humana en Polytechnique (2009), sobre la Masacre de la Escuela Politécnica de Montreal a manos de un desquiciado que asesina a más de una docena de compañeras de estudio arguyendo odio al feminismo como causante de injustas ventajas, disparidad aprovechada y muchos daños sociales que lo incluyen. Éstas películas son menores a un punto pero valiosas, como para echarles una satisfactoria mirada.

Habrían que pasar 3 años para que vuelva, no con una sino con dos propuestas muy atractivas que nos lo pone muy claro, Denis Villeneuve es un estupendo director. Una de ellas es Prisioneros (2013) donde la perversión, la sombra de la contaminación de un pueblo –por medio del abuso y el miedo- y la deformación moral o esencial, y las salidas anti-éticas por presión, frustración o desesperación son el camino común a seguir en medio de una lucha por subsistir bajo éste tipo de impiadosas -hasta sucias y deplorables- reglas, en un contexto muy duro en que se da pie a la tortura de un retardado, rol del eficiente y exigente actor Paul Dano, tras ser un posible pedófilo, o cómplice de secuestro, habiendo un manejo delicado pero seguro e incluso osado que sortea temas espinosos con el ánimo de implicar una rabiosa intensidad y el mejor suspenso, que el canadiense consigue en muy buena medida en sus propios términos, a la par de un sencillo pero contundente estudio en lo que invoca el título. Con esto hay razones para odiar tanto como para amar el filme en su libertad funcional. 

Posee gran ritmo, varios giros, dos grandes protagonistas. Uno, el infravalorado pero bastante mejor de lo que se le concede, Hugh Jackman, con una interpretación de sumo carácter, y el otro, Jake Gyllenhaal, con una prominente sugerencia expresiva y un quehacer fuerte y gravedad, sin forzarse como policía de acción. Con ellos muy bien la irreconocible Melissa Leo y el convincente, fuera del estereotipo, Terrence Howard. Muchas audacias y una elogiosa imprevisibilidad hacen que caiga preciso en su categorización de thriller criminal, asegurando un gran momento de entretenimiento, mientras trabaja mucho el misterio y cierto intrincamiento, aunque lleva de trampa en el proceso, que en ese sentido vemos que Villeneuve toca el límite de lo arbitrario o inverosímil, pero sabe ser finalmente coherente, como con la otra película que nos llega de él, y es la que tratamos, Enemy (2013), que se basa en una obra de José Saramago.

En Enemy se sirve el misterio desde el arranque con ese cuarto de libertinaje y perversión que recuerda a Requiem for a Dream (2000). Con ello el plato está servido. Son las reglas del juego que seguirá y desilusionarse es culpa de uno, porque cumple lo que promete, siendo un cine que en lo personal confieso que me cautiva, filmes que son un especie de laberinto que nos dejan mucho que pensar, en cuanto a armar un rompecabezas. Y no se trata de dejarse llevar, asunto al que suelo oponerme por lo general, sino prestar atención y entender cada pieza.  

La atmósfera es vital, gana puntos el filme con ello tanto como “molesta”, para entrar en las coordenadas del asunto. Busca no solo inquietarnos, también desconcertarnos. Predomina un aire de anormalidad, de suspenso, da la impresión de que algo malo va a pasar, asoma la sensación de una ruptura perenne. Nos ponen en un espacio geográfico lúgubre, apagado, desértico, de cierto mal estado, indeterminado a un punto. Entonces aparece un descubrimiento, el punto que nos define y nos confronta, por “accidente” vemos que alguien se nos parece físicamente al punto de lo idéntico, tenemos un doble, para lo que surge la inevitable figura ¿qué si mi vida fuera otra?, palpando la noción de un desdoble mental, la proyección de una fuerte necesidad reprimida, una potente carencia, que yace en lo prohibido, en lo vulgar, en la simplificación del yo, en el dejarse ir, a la vez que en el alejamiento de las responsabilidades que es uno de los elementos que une a Adam y Anthony (tremendo Jake Gyllenhaal, por partida doble), y a todo ser humano, tanto como las convenciones, el orden, la ética y lo moral, el hastío, el rechazo a lo que tenemos, el desencanto, la frustración. Empieza o, mejor dicho, retorna el sueño, mientras sopesamos los pormenores del contexto (hay que recordar que el espectador vive al personaje a través del misterio y el juego, hay una fusión), una mujer embarazada –también un ideal de paz que no se tiene; otra proyección mental en disputa, o una posible salida, de lo que se espera del protagonista y quizá de sí mismo en una autocensura- y una novia conflictiva que nos rechaza sexualmente, a nuestro hedonismo descarnado. Atendemos que más que algo literal, el thriller, la aventura y la historia de los hombres iguales y como chocan entre sí frente a verse en el mundo reconocidos por el otro, se trata en realidad de un simbolismo, un mundo mental en medio de un llamado a cierta corrupción, un especie de limbo psicológico.

La llave es el recordatorio de la tentación que vuelve, como la carta que “usurpamos” al "doble", si bien es más que compartir la semejanza física, tienen una conexión psicológica, habiendo una preocupación constantemente oculta, que sería el leitmotiv en las arañas como demonización o estado de locura, que remite indefectiblemente al mundo surreal de David Lynch. Pero aunque a todas luces es un conflicto, nos atrae indeteniblemente en todo sentido de manera subyugadora y determinante, como justifica que sea como una investigación anónima al comienzo y no algo simple en un encuentro. Hay algo oscuro detrás, siempre latente, que invita a pensar en Eyes Wide Shut (1999), un tema sexual que invoca el poder y la libertad, que como vemos puede ser principal y más complejo de lo que creemos. 

Son distintos en lo literal, uno es un profesor académico, racional, convencional; el otro, un actor de tercera, aventurero e irresponsable, mujeriego, libre de alguna forma para dar rienda suelta al instinto y a la infidelidad, viendo a la promiscuidad y la perversión como camino o meta. Me viene a la mente Dead ringers (1988), en el anhelo de libertad en pos del amor/liberalidad y extremismo sexual, un punto de partida que puede indicar más, de secreta búsqueda, de cambio, tras una dependencia de imposible desunión, que puede indicar la vida misma, y que se contrapone con lo autodestructivo como en ese accidente en auto que significa el rechazo en varios niveles, como en lo femenino, lo sexual tanto como la desconfianza de la deslealtad, en un difícil y hasta imposible anhelo de complementariedad, en ambos filmes, dadas las circunstancias. 

No obstante son un único cerebro en pugna, ya que el otro aunque más mundano es parte de su interior, en un sentir que agrede al protagonista que es el catedrático, viendo que la película es más una representación de la psiquis en conflicto, enfrentándose a lo contenido y continuamente trunco, tratándose de un opuesto a nosotros y a nuestras creencias o a las de la mayoría de la sociedad. Puede que esté hasta enfermo (que sería lo secundario o irrelevante frente a las ideas y el manejo que destila, cómo se asume), o mejor dicho, sea el encuentro audaz con los recovecos mentales dispuestos para su entendimiento visual. Nos hace apreciar una profundidad que aunque en el ecran sencilla al fin y al cabo, permite volar mucho la imaginación tanto como entretener en su juego críptico y su cualidad de thriller. Proporciona una pequeña gran oportunidad de reflexión por su lado, y el final nos lo pone claro. No es en absoluto gratuito. Representa un callejón sin salida en nuestro laberinto conceptual y existencial. La hipnótica (terrorífica y deliciosa) tendencia o llamado a la perdición, como en The Wrestler (2008).

jueves, 29 de septiembre de 2011

Zodiaco

Siempre se habla del crimen perfecto, ¿es posible?, y aunque uno cree responderse que no, la historia que tenemos entre manos refiere todo lo contrario. Sin embargo a costa de cambiar el destino de esa realidad la cinta de David Fincher hace una investigación pormenorizada basada en el libro de Robert Graysmith personificado por Jake Gyllenhaal en el que sería el gestor de la ebullición detrás del asesino serial llamado como Zodiaco.

Muy bien articulada la trama acomoda los datos que denuncian el camino que perpetró el criminal hasta concebir una hipótesis sobre quien pudo ser ese anónimo personaje. Se puede ver la recreación de los asesinatos y en general las pesquisas que siguió la policía. Otro de los puntos ejes del relato es el oficial a cargo del caso, David Toschi (Mark Ruffalo), alguien probo de quien se dice se copiaron algunas características para crear el personaje de Steve McQueen en Bullitt (1968). No obstante éste finalmente es casi un ente pasivo en comparación con la energía que desprende el caricaturista Robert Graysmith que obsesionado con los enigmas que envía el petulante e inteligente homicida codicioso de fama decide adjudicarse la misión de descubrir quién es el hombre detrás de la señal del reloj y de los criptogramas astrológicos que mantiene en vilo a San Francisco, escurriéndose de la ley y hasta burlándose de ella con mensajes en los medios de comunicación.

El tercer centro de la película lo forma el periodista Paul Avery (Robert Downey Jr.) que lleva al pie de los hechos el acontecer noticioso provocado por las muertes del serial killer, aunque desprovisto del glamour de su celebridad mediática y más cerca del disfuerzo éste lo hace por puro interés personal. En cambio Toschi y Graysmith esperan atraparlo por altruismo y por una necesidad de justicia; como dice el caricaturista, para ver el rostro que esconde el monstruo que no deja de ser un ser humano sin los engrandecimientos que acostumbran ciertos retratos, y que para sí mismo lo logra en el colofón.

El ritmo del filme es fluido, no se siente el tiempo que trascurre, muy efectivamente repartidos los elementos indagatorios y conclusivos del que dispone el guión tan persuasivo que uno percibe hasta el latir del corazón de Robert que en un momento teme por su vida en uno de los pocos sótanos que sindican de alguna forma al verdugo. Se ha de decir que el filme presenta un marco general muy coherente y completo sobre los sucesos, con la dirección de señalar un culpable en medio de dos razonables propuestas de la que termina desechando una posibilidad para dirigirse hacia un único sujeto. Hay también una expurgación de la amplia gama de información referida a la investigación, se asumen cuales son los acontecimientos superficiales, toda la parafernalia se procesa y se separa de lo que para muchos fue un acontecimiento muy importante, parafraseando a Graysmith, nuestro pequeño héroe que lentamente deja de ser impertinente e impone su motivación y toma predominancia mereciendo el respeto que su dedicación se gana, un ciudadano común tan comprometido que es capaz de sacrificar la paz de su matrimonio por lo que el trascurrir de los años terminó olvidando.

En un momento de inspiración vemos el gran paso de Graysmith, acercarse a Toschi en medio del estreno de Harry el sucio (1971), una trama policial que tenía de enemigo a Escorpio, nada menos que el mismo Zodiaco, y en adelante ambos trabajaran juntos, no sin algo de conflicto en pos de solucionar el misterio.

Fincher se las arregla para mantener la tensión y el interés del público en dos horas con cerca de cuarenta minutos, en una cinta neuronal de grave y entretenido despliegue que puede integrar los dos sentidos, similar a la muestra de un plano de estrategia bélica en diáfana y fácil trasmisión como ejecución que vemos progresivamente hasta llegar a tener la certeza que adjudica la tesis de nuestro personaje principal. Cada movimiento lleva un respiro, en una articulación que ordena las piezas para que el panorama esté despejado para el entendimiento. Si se presta atención estaremos jugando al detective, en ello hay mucha habilidad para involucrar la curiosidad, anotando señales y rechazando distracciones, y aunque el desenlace no logre quizás el éxito mágico, hemos vivido cada instante de intranquilidad, de pasión, de persecución, de interrogación que se nos ha impartido.

Pocas veces una cinta puede albergar tanta emoción visual con lo que estaría bastante empatado con la escritura periodística de no ficción, fabricando su propio impacto a través de la imaginación y la creatividad que ha sabido llenar vacíos, mantener una credibilidad y materializarse de forma accesible, natural, como para hacernos creer que tenemos potestad omnipotente para estar en todas partes y verlo todo desde el privilegio que otorga las cámaras de Fincher, que ha sabido detener el reloj y meternos en la historia entregándonos minuciosamente información de primer orden en diestra armonía.

Zodiaco se convierte en algo físico partiendo de abstracciones y oscuridades, un logro invalorable que se puede ver como una cacería, como el álbum de memorias de un psicópata o como la radiografía de un sueño.

sábado, 5 de febrero de 2011

De amor y otras adicciones (Love & Other Drugs)


La historia comienza veloz, se mete de lleno en el romance, la primera parte es el enamoramiento de Jamie (Jake Gyllenhaal) y Maggie (Anne Hathaway) que empieza siendo puro sexo y termina convirtiéndose en amor cuando empiezan a contarse sus vidas en plan relajado, desde el sinceramiento de Maggie con Jamie para irse a la cama, bajo una exposición audaz que evita rodeos, luego de una entrada sin mucha imaginación en la que el personaje de Gyllenhaal logra verle un seno a Hathaway. Después entramos en la etapa en donde se ve la enfermedad de Maggie, el Parkinson en primera fase, su disconformidad con su estado y su reticencia virulenta a tener una relación seria porque lo cree un sacrifico demasiado grande para una posible pareja. Mientras tanto Jamie busca destacarse en su oficio, vender medicamentos de Pfizer, entre los que está el viagra que lo hace escalar de posición en su trabajo; su sueño es llegar a Chicago, para eso Jamie aunque es un seductor muy aplicado y talentoso no confía mucho en su capacidad de triunfo a pesar de que se esfuerza y posee la sociabilidad necesaria para lograrlo. Entre lo que le enamora de Maggie está que ella en un pequeño discurso amoroso le saca a relucir sus tantísimas cualidades, las que él no distingue.

La película de Edward Zwick, director de Glory (1989) y Leyendas de pasión (1994), tiene momentos tiernos, Hathaway está en plan de llorar todo el tiempo aún con la falsa apariencia de ser muy fuerte y decidida, cosa que no es cierto, es una actuación bastante decente aunque por ratos es melosa y melodramática, contiene mucho rato el rostro compungido que llega a convertirse en un esfuerzo para ella y algo insensibilizador por su carácter de sobreexposición. Gyllenhaal está detrás de ella, su actuación es menor, tan solo se presenta como el príncipe azul que está dispuesto a sobrellevar la enfermedad de su amada, la que en palabras de un tipo con quien se encuentra en una convención sobre el Parkinson y que se refiere a su esposa aquejada de éste mal tarde o temprano empeorará hasta hacerse insoportable y matará el amor. Ese es el mensaje del filme, que lo tiene muy claro, el amor puede contra todo o es capaz de resistir aún en el infierno y si es verdadero toma obligaciones así sean las más arduas. Cierto que no vemos lo peor que ofrece la enfermedad, pero en la historia está el compromiso de afrontar lo que venga; Jamie llega a decir que la cargará si es necesario para llevarla a donde quiera. Algunas frases son condenadamente buenas aún en su sencillez, cuando trata de hacerle cambiar de parecer a Maggie para que vuelvan a estar juntos. Jamie le dice que no quiere la perfección sino a ella, y se explaya como buen orador. Convence y enternece.

La cinta es ligera, es una comedia romántica, con algunos toques serios, pero realmente nada extraordinario, si bien toca una enfermedad compleja y un amor bajo ese contexto. Se quiere implantar la fórmula ganadora, tema difícil expuesto sencillamente, en la mezcla de romance, humor y drama, ¿funciona?, claro que sí, aunque no llega a trascender en el género, pero resulta agradable en su medida. Tiene algunas buenas interpretaciones, especialmente por parte de Anne Hathaway en quien recae la parte difícil y hay que alabar que no luce pretensiosa sino bastante normal como cualquier chica linda que no se considera un monumento sino que pretende imponer su personalidad y tiene simpatía aparte de algunas neuronas. A la misma vez es un buen compañero y galán Jake Gyllenhaal que exuda inteligencia por sobre belleza.

Abunda el sexo por doquier sin ser pornográfico como se acostumbra en el buen Hollywood contemporáneo juvenil, pero que se presenta apagado y sin demasiada gracia para ser franco, la pareja yace desnuda bastante rato aunque vemos poca sugestión, por ahí los dos pechos de Hathaway y el trasero de Gyllenhaal. Algunos chistes son pésimos, el humor es una molestia para el guion más que una forma de relajar la tensión del tema. El personaje del hermano de Jamie es un tipo grueso y tonto de lentes anchos, mismo nerd, llamado Josh (Josh Gad), que yace abandonado por su pareja (una bella rubia de fácil disposición sexual), quien deprimido se escabulle a recuperarse en el apartamento de su hermano mayor que recientemente ha salido del desempleo, del menosprecio de sus padres y quien trata de formalizar luego de vivir en medio de tantas aventuras sexuales. Como secundario con mucha parte de estereotipo el menor solo sirve para rellenar espacio, proporciona una performance pasajera que no sirve de mucho a la trama y ya cansa ver en el cine. Otros que están son Bruce Winston (Oliver Platt), el amigo de trabajo que tiene experiencia y es guía de las esperanzas de Jamie; y El Doctor Hans Wright (Hank Azaria), quien no puede conseguir mujeres bellas e intercambia el servicio de “proxenetismo” por publicitar medicamentos. Ambos tienen problemas existenciales expuestos más no resueltos, que dejan en el aire el lema “así es la vida, mala suerte”. Al guion le faltó más pantalla o quedó con huecos.

La película sirve como un paso más en las carreras de los principales que se ganan al público, finalmente el tema es conmovedor, el drama no nos es ajeno y la sensibilidad obliga a no desestimarla. Es una puesta en escena de un romance que nos exige responsabilidades, un punto a su favor, pero sin tanta hondura, como para que no nos quite el sueño. No tiene alardes pero tampoco demasiadas ambiciones. Finalmente es un drama romántico con el espíritu de entretener y en el pequeño jaleo por ser algo, hay que rescatarla como una obra positiva.