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miércoles, 24 de noviembre de 2021

36 Mar del Plata: Jesús López


Jesús López (2021), del argentino Maximiliano Schonfeld, trata de la muerte de un joven llamado Jesús López que tenía de rebelde, algo de abusador, pero también era muy querido por sus amigos; fue un líder con algunas cosas dudosas o reprochables, muerto en un accidente. El filme se enfoca en como su primo, Abel, un chico un poco tímido y más perfil bajo discretamente trata de imitarlo, coger su aura de chico cool. Suele quedarse en casa de sus tíos, padres de Jesús, y como que empieza a llenar el vacío que ha quedado. Entre estos dos personajes hay una pequeña lucha abstracta de personalidades y aceptaciones y rechazos en la provincia de Entre Ríos, en zona rural argentina. El filme en la primera mitad de éste es convencional, pero aun así cautivante y entretenido, luego se torna un poco surreal y toma una forma más explícita con sus abstracciones sobre la usurpación de la personalidad. Abel mediante la simple magia del cine se convierte literalmente en Jesús (o éste se apodera del cuerpo que está invocándolo), hasta coge sus malas mañas. Mientras Abel es un chico más humilde, más del campo, Jesús es atrevido y más propenso a cruzar límites, de toda clase. Abel puede pasar por un poco tonto, Jesús es un muchacho más sensual. Con éstas diferencias el filme plantea su juego de roles, lo maneja de manera sutil -a pesar de su toque surreal-, nunca exagera, es todo propio del cine indie argentino si se le quiere llamar de alguna forma. Es un retrato muy cuidado, no lleva sobredimensión, pero todo luce propio de detalles. Es un filme sencillo finalmente, pero bueno, algo que se disfruta, y no requiere de golpes efectistas ni bajos. 

sábado, 8 de octubre de 2016

La helada negra

Lo que indica el título es un fenómeno climático que malogra la siembra, y de paso enferma a los animales. El escenario del filme se halla en Valle María, Entre Ríos, en una comunidad de alemanes del Volga. La película se inspira en un acontecimiento real que escuchó alguna vez el director Maximiliano Schonfeld, en su natal Crespo, Entre Ríos, sobre la santidad de un niño.

Una foránea, de cabello oscuro, Alejandra (Ailín Salas), llega de forma rara al lugar, en medio del que parece otro fenómeno. Pronto se forma la idea de que ella es una santa, y puede solucionar el problema de la helada negra, sabe uno de donde nace esa idea, quizá porque su cabello es distinto, y sus rasgos criollos, mestizos, novedosos en contraposición al rubio dominante de la comunidad,  crean fascinación en el lugar. También inspira una sensualidad velada y una atracción respetuosa en los varones lugareños. Además no faltan las habladurías de que es todo una farsa, pero así se mueve el filme, sin confirmar nada, ¿es o no todo un truco o en efecto posee divinidad?, la propuesta se desarrolla bajo una extrema sutilidad y ambigüedad, que incluso el tema de la helada parece desaparecer de la trama.

El misterio va en aumento (como con algún vínculo afectivo que surge repentinamente) en medio de la total naturalidad y aceptación general. El filme se abstiene de dar veredictos. Ese es el estilo que maneja y lo que le otorga distinción, dentro de una muy buena producción. El misterio es parte trascendente y lograda de la propuesta, tratando de crearse un equilibrio, aunque podría desesperar. Me recuerda a El verano de los peces voladores (2013) donde uno puede perderse de su esencia y hallar un filme inferior a lo que exhibe y pretende.

No parece pasar nada en el filme, que no puedan ser coincidencias. Alejandra acepta el lugar que le otorgan, de manera sosegada y siempre mostrando autosuficiencia, incluso tras lo que pareciera un ataque sexual. Recibe regalos de “pretendientes”, sin ningún inconveniente, y otros prestamos más ostentosos (habiendo una cierta superficialidad en todo esto), ella vive de la fascinación que produce, la que tiene soporte también en lo pedestre, ella genera deseo carnal en los hombres del lugar, en viejos y jóvenes, y hasta incluso entre las chiquillas.

El filme juega a “creer” en la santidad de Alejandra que luce como cualquier mortal, simplemente con un aplomo que es intimidador, pero sin perder esa juventud, lozanía e inocencia que proporciona la figura de Ailín, y a hacérselo creer al espectador, mediante atmósferas (con ayuda del sonido), sugiriendo a ratos algo extraño por suceder –como cuando una mano aplasta un tomate- y cierto misticismo trabajado con imágenes distorsionadas tipo vídeo arte.