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lunes, 7 de septiembre de 2026

Solaris



Solaris (1972), del ruso Andrei Tarkovsky es una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia del séptimo arte, que adapta la novela del mismo nombre del polaco Stanislaw Lem, novela de 1961 que es considerada un hito dentro del sci-fi de la literatura, con un Lem que prefirió colocarla en la ficción, pero contiene mucha ciencia, ensayo y filosofía. Solaris es una película honesta, que destaca intelectualmente porque sostiene lo que propone, una obra tremendamente profunda que uno puede llegar a comprender, a pesar de que la idea general suele dar más crédito a lo críptico -e incontables veces gratuito- y así lo valoriza, creyéndolo más complejo, cuando la profundidad dentro de la claridad, que tampoco entregarlo todo servido sino hay que pensar también, es el mayor logro de una mente privilegiada. Los hermanos Strugatski han confesado que la obra de Lem ha sido una inspiración para ellos y se puede ver que su famosa novela Roadside Picnic (1977) que Tarkovsky convirtió en Stalker (1979) tiene semejanzas con Solaris, pero a mi ver Solaris es una mejor película y novela, aun cuando Tarkovsky prefería Stalker. Encuentro a Solaris con mucha más sustancia, profundidad, mejor filosofía y existencialismo. Al ver tanto drama -hay imágenes de cuerpos moribundos y caminatas afiebradas-, uno de los 2 científicos y psicólogos que acompañan al protagonista en la estación espacial, el Dr. Snaut (Juri Jarvet), dice algo como, no conviertas un problema científico en un "común" sufrimiento de amor, y es tal cual, está latente la hondura filosófica, aun cuando lleva una sólida lectura existencial -que vista en conjunto gana muchísimo más- o visto de manera más pedestre, va sobre amor y sufrimiento, al igual que memoria que duele, ausencias, aunque también del vacío existencial y la decadencia. El filme hace notar nuestra simplicidad como humanidad frente a poder abarcar mayor conocimiento, aludiendo temor, a la vera de nuestra natural dependencia humana hacia otros seres humanos, como podemos ver que el protagonista pasa. Kris Kelvin (Donatas Banionis) es un científico/psicólogo enviado al planeta Solaris donde hay una estación espacial y un enorme océano que lo cubre todo, el que tiene vida en sí mismo e intelecto superior, extraterrestre. Kelvin ha perdido a su mujer, Hari (la bella Natalya Bondarchuk), hace 10 años atrás, cuando estaban distanciados, y él como que quiso dejarla. Actualmente carga con la culpa de su muerte, porque ella se suicidó, y el amor que mermó ha vuelto a surgir en él. Para eso Lem hace una lectura bastante interesante sobre el sueño. El océano de Solaris genera clones, producto de los pensamientos, cuando uno duerme. Se mete en el inconsciente -o la consciencia- y materializa lo que llevamos muy arraigado en nosotros, que deviene en una lucha existencial, la que produce no sólo miedo, sino vergüenza y depresión. El sufrimiento como algo innegable para todo ser humano, sea como sueño o como realidad, que yacen muy ligados entre sí. Hari es una mezcla entre replicante (Blade Runner, 1982, basada en las ideas de los 60s y comienzos de los 70s de Philip K.. Dick) y ser de Matrix (1999, palabra y concepto que se menciona directamente en la trama de Solaris). Ambas películas parecen recoger ideas de la presente película o tienden puentes entre ésta. El concepto de sueño se entiende como cuando pensamos en el deja vu o que ya todo está escrito, y en Solaris es que los sueños -el acto de dormir, habiendo una curiosa mención a la novela el Quijote- fabrican literalmente nuestro camino "terrenal", lo cual se llega a decir puede hasta crear cosas descomunales, señalando libertad en ese acceso. Así mismo el filme se puede leer como poseedor de muchos elementos del cine de terror. Los llamados invitados pueden tenerse por fantasmas que están ligados a nuestro existencialismo, como lo manifestaba El sexto sentido (1999). Hari muere y resucita, literalmente, porque sigue presente producto del pensamiento de Kelvin y las características del océano de Solaris, éste especie de Dios, de ser superior y al mismo tiempo mundo extraordinario, artificial, como deja apreciar el final cuando la lluvia cae desde adentro sin haber correlación natural o normal desde el cielo. Igualmente es interesante ver el concepto de replicante que maneja Hari como clon y materialización mental, que puede aprender y sentirse humana, convertirse en más que un ser artificial, auto-percibirse, pensar por ella misma y ayudar a Kelvin, entenderlo. Es una lucha entre las emociones más fuertes y la mirada científica, que lo arguye el Dr. Snaut y el Dr., Sartorius (Anatoliy Solonitsyn) resaltando a la ciencia y de paso su valor ético. Hari atribuye frialdad a Sartorius, además que la mira de menos, como una rata de laboratorio. Hari, desde su posición, no ve a la pasión como un defecto sino todo lo contrario. El guion lo escribe Tarkovsky junto con Friedrikh Gorenshteyn y se puede observar que Tarkovsky pone su pequeño grano de arena en la trama o se le siente bastante compenetrado con lo que adapta, como se percibe al respecto de la presencia de los padres de Kelvin desde un recuerdo en particular con la madre lavándole una simbólica herida -como quien puede sacarlo del caos de la culpa y el vacío o que lo siente así con su sola presencia- que hace pensar que lo inspiraría más tarde en algo en El espejo (1975). La proyección mental tiene muchas posibilidades, pueden ser cosas muy distintas, como lo que se puede suponer lleva a la muerte a uno de los científicos, o ver a un niño de 4 metros de altura, tras la niebla que construye las figuras como si manipulara arcilla, o a un enano escondiéndose en la estación espacial, o al candelabro flotando sin gravedad. Es ser parte de un universo donde la mente lo puede todo. De la trama recogemos que el misterio -no poder resolverlo- más bien alimenta la vida y la felicidad. Se dice que la muerte parece llegar cuando acaba el misterio -si bien muchos se van sin saber mucho- o cuando entendemos muy bien el mundo, lo que representa amar y sufrir. Del mismo modo se apunta que la razón de existir radica en ser simplemente feliz. El que es feliz en general no se pregunta mucho -aunque la calma también facilita la reflexión-, pero lo curioso viene a llamar la puerta con que siempre asome el sufrimiento, un disparador de pensamientos. Tenemos un poco de juego por parte de Tarkovsky, divaga un poquito, pero el filme tiene argumentos sólidos en varios aspectos. La propuesta tiene ratos que no se sienten propios de un sci-fi, como cuando se colocan a debatir en una sala de estudio o que Hari se ponga a fumar, pensativa, o mande una carta de despedida. Luce como si fuera un cierto defecto, pero así mismo es proponer a la ciencia ficción como algo más que futurismo y acción con tecnología, sino un lugar para pensar al ser humano y su evolución como tal. 

sábado, 22 de mayo de 2021

Masacre ven y mira y La Ascensión

Dos obras maestras bélicas pertenecientes a la URSS y hechas por separado por un matrimonio, Shepitko fue esposa de Elem Klimov, ella murió temprano, a los 41. Ambos hicieron su respectiva obra maestra como su última película y tienen mucho en común. Hablan del ataque brutal de la Alemania nazi sobre los soviéticos; la película de 1985 contextualizada en 1943, la de 1977 sin fecha pero por el mismo tiempo. Se ubican en Bielorrusia, es la lucha de los partisanos soviéticos por sobrevivir y triunfar. 


Masacre ven y mira (1985)

La presente obra la dirige el director Elem Klimov y es una película que puede pasar fácilmente por una película de terror, es una propuesta sobre la locura también, sobre el trauma psicológico de un niño de 13 años, Flyora (Aleksey Kravchenko), al verse tan de cerca ante el horror del ataque nazi que destruyó 600 aldeas bielorrusas y masacró una enorme cantidad de seres humanos. El momento donde Flyora atraviesa el pantano es locura en estado pura, es un momento intenso, como toda la película. El trato con Glasha está también lleno de emociones y de una demencia palpable en medio de una lluvia de bombas y una tormenta infernal, para más tarde mostrar una horrible violación. Es un filme sobre el dolor, sobre el sufrimiento físico, mental, sobre lo más abominable del ser humano. Flyora padece todo, con la vida en un hilo. Vive incluso la traición de algunos compatriotas -traducido en muertes- y cómo los propios partisanos se hacen cargo de la misma manera, de forma atroz. Se da una gran escena cuando las balas, fosforescentes, mismas laser de luz, atraviesan el cielo y muere una vaca. Los bombardeos por doquier también dan la sensación de un poder sobrenatural constantemente acechante, dando a entender que la vida no vale nada. Es un filme un poco machacón con la violencia y super claro en su mensaje, los nazis son el demonio mismo. Pero es notable haciéndote sentir todo el horror de una guerra, el mensaje antibélico también es poderoso. El niño Kravchenko soporta bastante tensión, momentos muy fieros y traumáticos, éste sostenimiento es de principio a fin. Su leva es chocante, aun por su bando llamado patriótico; incluso pisa unos pichones a punto de nacer augurando todo el infierno que vendrá y no lo dejará jamás en paz. Éste filme fue hecho en conmemoración de los 40 años de la gran victoria de la URSS sobre los nazis. El guionista y novelista de la obra que adapta Masacre ven y mira, Alés Adamóvich, vivió esto y convenció a Klimov de seguir con el proyecto cuando él temió estar haciendo una obra demasiado dura, cómo es que se vive, muy intensa, que te mueve, te impacta; es toda una experiencia cinematográfica, una experiencia muy especial, y es cine en estado puro, como cuando Flyora va en busca de su familia y pasa por un lado de su casa y la toma deja ver al espectador -no necesariamente a Flyora- cadáveres desnudos apilados en una esquina. Luego viene un túnel propio de un shock. 


La ascensión (1977)

Dirigida por Larisa Shepitko. Aquí vemos el horror a través de mucha actuación, incluyendo un poco de melodrama; es un lugar para que los actores nos llenen de emociones, para que se trabaje el miedo y la valentía a fondo, no un registro extremo de presión, sino algo más propio de Shakespeare. Dos partisanos soviéticos van en busca de comida para su gente y son atrapados por los nazis, nazis que no son ilustrados de manera rígida -como se suele hacer-, estos exudan vida, aun siendo crueles. Uno de los partisanos, Sotnikov (Boris Plotnikov), representa la valentía, el sacrificio y la convicción, es el ideal humano, un hombre casi santo, el héroe fantástico soviético, pero lleno de grandes momentos, como cuando es transportado en un carro alemán y su cabeza sobresale sobre el paisaje, sobre esa nieve tan fría y dura, tan simbólica. ¿Qué pasa por su cabeza en ese momento?, en esa propia interpretación de cada espectador yace uno de los momentos más mágicos del cine, ésta actuación es soberbia. El otro partisano es Rybak (Vladimir Gostyukhin), un hombre débil, humano, pero visto como trapo sucio, como una rata de la peor calaña, un judas para la causa soviética, un hombre que tiene demasiado miedo encima, aunque luego muestre consciencia y arrepentimiento. Entre los dos hay una interacción shakesperiana de lujo, lo mejor del filme, y no dejan de haber actuaciones así en ésta propuesta, sobre todo cuando aparece el traidor máximo, un soviético hecho jefe policía nazi, Portnov (uno de los grandes actores del séptimo arte, Anatoliy Solonitsyn). De esto surge tremendo interrogatorio, una clase de la mejor actuación. Solonitsyn tiene una manera de mirar, de expresar con la mirada, de quedarse pegado en el aire, que es maravillosa, muy natural. El filme articula mucho la toma en las expresiones de los actores, cuando hablan tan potentes, sin caer en la obviedad. Es un filme que puede tener personajes muy marcados, pero aun así hay riqueza en las performances, hay momentos de mucha sensibilidad, de mucho detallismo. Es una película que trabaja con lo que quiere la URSS, pero al mismo tiempo hace un cine memorable, muy humano.